Las cultura no nos salva de la Barbarie ( II)

Cambiemos de paradigma

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Siempre se nos dijo que un pueblo culto es un pueblo civilizado enemigo de la barbarie y de la violencia. Se nos dijo, pero se nos mintió.

Los gobiernos de las naciones cultas y escolarizadas  venden sus armas  a los de las naciones incultas y subdesarrolladas, les endeudan, exterminan a quienes se oponen a su dominación  y colocan sus propios gobiernos títeres sumisos a los ricos extranjeros. Estos  arrasan el medio natural  extrayendo todos los recursos útiles para sus industrias y acaban con los  medios de vida tradicionales generando sin cesar  pobreza y generando inacabables movimientos migratorios. Y el mundo llamado “ civilizado” , la gente normal, mira para otro lado…excepto en Navidad. Entonces aparece la palabra “ solidaridad”.  En cambio las alambradas contra los que huyen de sus guerras nunca son solidarias, nunca se abren para dejar paso a sus víctimas. Ni siquiera en Navidad. Y los soldados que vigilan las alambradas de Europa o de Estados Unidos, han asistido a las escuelas, celebrado cada año el Día Internacional de la Paz y hasta acostumbran a llamarse  “ cristianos” ,como sus mandos.

Cayó el muro de Berlín, y eso se celebra por todo lo alto. Pero ¿cuántos más quedan?… Las concertinas en la frontera sur de España, el muro judío contra los palestinos, el muro creciente  de Trump… Pero hay otros aparte del que separa a ricos y pobres o a migrantes de nativos: el racial, el religioso, el político, el cultural, el espiritual, y por supuesto, el muro machista que coloca a las mujeres al otro lado de los derechos de los hombres. Muchos muros.

Los gobiernos de las naciones escolarizadas nos  recordarán en Navidad  que hay hambre, epidemias, marginados y enfermos sin ayuda. Los responsables de ese salvajismo, para lavar su conciencia, facilitan cínicamente la existencia de ONG “de ayuda humanitaria” mientras envían ejércitos de pacificación internacionales, manteniendo así una cínica apariencia de ayuda humanitaria o defensa de la democracia, los derechos humanos y todo lo que dicen siempre mientras bombardean  a las gentes, imponen  gobernantes y niegan los derechos humanos a  quienes les molestan, si es que no acaban con ellos directamente. Y esto tiene suma importancia porque revela  que las enseñanzas recibidas en las diversas escuelas públicas o privadas ni  las peroratas de curas  contribuyen a mejorar a la Humanidad.

 Los que dirigen el mundo han conseguido que  el mundo funcione al  revés.

La barbarie que presenciamos en el mundo moderno, con sus guerras, su machismo asesino, su explotación laboral y sus sangrantes desigualdades es el más cruel exponente del fracaso educacional y del fracaso de las Iglesias. Atiborrar  de datos a los alumnos y hacer trabajar su intelecto, mientras se les enseña una doble moral farisaica impregnada de moralina no les hace mejores seres humanos, sino sirvientes sin conciencia de las fuerzas de la oscuridad, las visibles y las invisibles.

Hay una tarea urgente por hacer. Se llama EDUCAR  BIEN.

Algo está fallando y necesita ser corregido.  Una labor esencial, que no realiza la escuela, está por hacer; pero tampoco la hacen las familias. Y esto es lo que haría mucho más fácil la evolución para todos nosotros. Lo que está faltando es una filosofía integradora de la educación, una educación  transpersonal, o impersonal, una educación espiritual no religiosa, con metas compartidas en favor de la justicia, la libertad, la cooperación entre nosotros y con la Naturaleza y los animales, la unidad y la paz. Esa meta debería ser compartida tanto por los padres y madres como por los profesores y profesoras y los gobiernos. Y eso exige un salto evolutivo de la conciencia que ya existe, pero no es mayoritario todavía. Lo será sin duda si queremos sobrevivir como especie en un Planeta pacífico habitado por gentes evolucionadas que respetan el medio ambiente y el mundo animal.

Una educación  transpersonal no consistiría en ningún caso en atiborrar a los niños de conocimientos sobre nuevas asignaturas como hasta hoy. Tampoco tiene nada que ver con una educación doctrinaria al servicio de una ideología política o religiosa, con que los gobiernos y el clero han intentado siempre orientar la escuela. Estos son precisamente los dos modelos de fracaso en las escuelas que facilitan el intelectualismo, el individualismo, la competencia egoísta, el fanatismo  y las guerras, como venimos apuntando.

 Una educación transpersonal debería tener en cuenta las nuevas experiencias que para el conocimiento de la realidad aportan  la física cuántica, las experiencias místicas y los mandamientos divinos, en especial el mandamiento universal del amor desinteresado, tan común a todas las creencias espirituales y tan  escasamente practicado por la mayoría. Así que se trataría de conciliar mente y consciencia; de trabajar tanto para abrir la mente como trabajar los sentimientos positivos, estableciendo la relación entre experiencia sensorial y experiencia emocional.

 No se trata- debe quedar claro- de iniciar a los niños en ninguna clase de religión. Si acaso en la única universal: la religión del amor. Para ello, los padres y madres deben acordar qué valores son los que deben trabajar tanto en casa como en los colegios con el fin de proporcionar a los jóvenes una educación consensuada para evitar en el futuro los males que padecemos en el presente por situar  las razones del intelecto sobre las razones del corazón en vez de procurar su equilibrio.

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