Las confesiones de un asesino convicto, y…

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Por Inaki Urdanibia

 

No es todo lo que a primera vista parece, sino que la apreciación inmediata puede llevarnos a equívoco, afirmación que aplico, en primer lugar, al propio título que he elegido para este comentario, a pesar de la conjunción y los puntos suspensivos que dejan abierto el campo interpretativo. El título resulta engañoso como también pueda resultar de entrada el título del libro y hasta la portada que casa sin duda con parte de los hecho narrados, que sin embargo puede despistar con respecto a lo que el libro contiene; y conste que no es por ponerme estupendo, ni buscar pelea con el autor o con Enrique Redel o el enmaquetador Daniel Matías, y…me explicaré.

Me estoy refriendo a un libro que nos lleva a la Escocia decimonónica y a un asesinato que es cometido por aquellas tierras: « Un plan sangriento. El caso Roderick Macrae» de Graeme Macrae Burnet ( Kilmarnock, Escocia, 1967), publicado por Impedimenta. El título amenaza sangre al igual que la cubierta del libro , y reitero, el título con el que he encabezado este artículo, y es que si nos ceñimos a lo anterior no damos cuenta de la extensión y amplitud de la narración , ya que aun siendo cierto que se da la palabra, y la pluma, al asesino, que es el que narra su situación, sus pensamientos, y los motivos del recurso a la violencia, nos quedaríamos cortos ya que Roderick Macrae nos dibuja con precisión el ambiente que se respiraba por aquellos pagos en los que algunos poderosos, y sus lacayos, imponían su ley en un draconiano régimen de aparcerías y unas normas, no escritas, que hacía que las dificultades recayesen en los más pobres del lugar, mientras que los señores vivían a cuerpo de rey, dedicados a sus cacerías y a sus francachelas, y en este trabajo que es un retazo de microhistoria local ( con claros tintes sociológicos y antropológicos, me atrevo a decir) que da cuenta de las relaciones, de las imposiciones y de las trampas ad hoc de los poderes fácticos del lugar.

Fue en 1869, en Culduie, aldea perdida de las Hihlands escocesas, cuando Roderick, conocido como Roddy, muchacho un tanto particular que cierto es que había dado sobradas muestras de su inteligencia en la escuela hasta el punto de que el maestro, Gillies, propuso al padre del joven, huérfano de madre, que Roddy debería seguir estudiando lo que le abriría horizontes más amplios…El padre rechazó con rotundidad los planes del maestro, rechazo que coincidía con la manera de pensar del joven que pensaba que su destino debía ser permanecer junto a su padre con el fin de sacar adelante a la familia, que se componía además de él y su padre, de su hermana Jetta y dos hermanos gemelos, menores que Roddy; digo que fue aquel día cuando el joven mató a tres personas entre ellas un niño.

Nada dado al trato con los demás, amén de marcado por el carácter solitario y tosco de su progenitor, Roddy andaba solo y no se movía con soltura ante los demás; obviamente tras los hechos por él cometido las opiniones con respecto a él variaban en los testigos y la gente de aquel conjunto de escasas nueve casas: para unos era un joven atento y educado, para otros parecía llevar marcado el signo de lo diabólico, el combativo y amenazador párroco, Galbraith, ve los hechos como signo inequívoco del salvajismo creciente que invade a los habitantes del lugar …El caso es que delante de todo el mundo y en especial de su abogado Sinclair él admite haber cometido el crimen múltiple, si bien también es cierto que el ambiente en el lugar no es que fuese muy acogedor para el muchacho y para su familia que parecían estar siempre bajo la vigilancia del nuevo aguacil, Lachlan Broad, que dependiendo del factor, imponía su ley, sus cambiantes normas…a lo dicho se ha de sumar, que el padre del muchacho aceptaba a regañadientes las imposiciones y normas de nuevo corte que el todopoderoso caballero se sacaba de la manga siempre en beneficio de sus intereses y el de su familia, además, claro está, que los de los propietarios de las tierras del lugar. La extensión de las tierras que le correspondía al padre de Roddy, se vieron limitadas por disposiciones que decían favorecer a familias más necesitadas; igualmente algunas prácticas de recogida de ovas de mar para ser utilizadas como abono, le fueron vetadas…La pasividad de su padre, que parecía caer un un estado de conformismo depresivo, hacía que las tierras que estaban bajo su responsabilidad comenzasen a dar muestras ostensibles de dejadez, lo que por una parte suponía multas por no atender debidamente las tierras concedidas, y por otra hacía que Roddy hubiese de buscar otros trabajos con el fin de llevar dinero a casa, lo que como la pescadilla que se muerde la cola, hacía que las tierras continuasen en un creciente estado de abandono. Súmese a lo anterior, que algunos movimientos de su hermana Jetta, cuya existencia concluirá con un fatal y temprano destino,, daban por pensar que estaba siendo chuleada por el tal Broad, al tiempo que él se sentía atraído por Flora, hija del anterior, que flirteaba con él al tiempo que no disimulaba signo de desprecio, y no se cansaba de repetir que como les pillase su padre, la paliza iba a ser para el. Algún amigo que había hecho en un ocasional trabajo relacionado con la caza, del que fue expulsado Roddy debido a que en vez de colaborar en la caza de un ciervo lo espantó…en un encuentro casual con el tal Archibald, que había subido de status, acude a festas y a lugares que le estaban absolutamente prohibidos, dándole al jarro , y padeciendo los desprecios de su adinerado amigo…

En este escenario que se alterna con las conversaciones, ya en prisión, con su abogado, se van planteando una serie de interrogantes acerca del destino, el libre albedrío, el orden establecido por la voluntad divina, y con el telón de fondo de las arbitrariedades del poder y las continuas humillaciones, no cabe duda que nunca cobra mayor pertinencia aquello de don José: yo soy yo y mis circunstancias, y resulta indiscutible que en el caso de Roddy, ésta tienen un peso que hace que todo lleve a pensar que las cosas no se pueden quedar así sino que se hinchan. De tal hinchazón, y de sus consecuencias prácticas, nos iremos enterando por medio de la escritura del propio Roddy, de sus ya mentadas conversaciones con su cordial abogado, con sesiones del juicio en el que era el acusado, a lo que se ha de sumar un informe médico, complementado con un último añadido , Viajes por los confines de la locura, que resulta jugoso donde los haya. Así, aun partiendo de que existen unos hechos indudables, tampoco se puede eludir a lo largo de la lectura de la construcción de la realidad, por medio de diferentes voces y visiones. Resulta así el libro además de la crónica de un asesinato, la crónica de las condiciones de vida cuasi, y sin, feudales que se daban en aquellos años en las bucólicas tierras altas escocesas, y una crónica de los recovecos de la mente humana y sus variaciones y secretos, que anidan allá adonde la razón no alcanza.

Tras seguir atrapado, y con la respiración contenida, lo que se va narrando de manera dosificada, se aplica de manera paradigmática lo que comentaba al principio nada es lo que parece, de modo y manera que aquello que estaba cantado, hasta por el propio Roddy, y se daba por todo quisque sufre un giro que descoloca al lector, no siendo, desde luego, éste el menor de los méritos de esta novela que fue finalista del Man Booker Prize, llegando a vender en el reino Unido casi doscientos mil ejemplares, y obteniendo otros premios de prestigio como el Vrij Nederland Thriller of the Year o el Saltire Society Fiction Book of the Year.