Las componendas liberales de la asalarización perpetua

Por Agustin Franco

“Lo mismo que el trabajo esclavo, lo mismo que el trabajo siervo, el trabajo asalariado no es sino una forma transitoria inferior, destinada a desaparecer ante el trabajo asociado que cumple su tarea con gusto, entusiasmo y alegría”. (Marx, 1864, Manifiesto inaugural de la Primera Internacional).

Por Agustin Franco

“No matter how long or loud or passionately the good-hearted Keynesians beg for jobs and other New Deal-type reform programs, their pleas for the implementation of such programs are bound to be ignored by governments that are elected and controlled by powerful moneyed interests”. (Ismael Hossein-Zadeh, 26/08/2014).

Desde una posición crítica radical democrática es posible desvelar no sólo los trucos aporofóbicos postkeynesianos contra la RBU y en defensa de la RBE (vía subsunción en un programa imaginario de garantías monetarias y salariales estatales), sino también las componendas liberal-keynesianas sobre el trabajo asalariado perpetuo.

En particular, cabe decir que el funcionamiento del capitalismo se ilustra bien a través de la imagen de círculos concéntricos (Iglesias y Badenes, 2011: 42-59), distinguiendo entre un núcleo duro (en el que rige a rajatabla la ley del valor) y un núcleo blando en el que se dan cita las áreas grises y sombreadas (alegales e ilegales) tanto del capitalismo delictivo como del solidario, funcionando a modo de espita para regular la presión del sistema y que no salte por los aires ante la incapacidad regulatoria estatal.

Del capitalismo solidario (cubriendo los defectos y espacios a los que no llega el Estado) y de sus efectos macroeconómicos limitados y perniciosos (si tales actividades buenistas se generalizasen) ya sabemos bastante.

En cambio, del capitalismo delictivo (drogas, prostitución, armas), de ése sabemos y queremos saber bien poco, sólo algunas cifras estimativas que, al parecer, no sirven de mucho, no sirven para cálculos macroeconómicos y cosas así del gusto keynesiano, por lo que se escapan del análisis y aquí no pasa nada.

¡Ojo, no se te ocurra hablar de RBU!, que entonces la economía se desploma, los indicadores macroeconómicos implosionan y la inflación se vuelve intolerable…

Más allá de otras consideraciones, parece que hay quienes se han olvidado del carácter (cada vez más) intrínsecamente laboral del consumo, del consumismo, del acto consumista. Eso que algunos llaman optimistamente como ‘prosumidor’ y que otros más realistas simplemente reconocen como una extensión de la lógica explotadora hacia los espacios de ocio (el reino del consumidor). Aquella sensación muy real de estar siendo explotado cuando chateas, gugueleas, clickeas, guasapeas, tuiteas, feisbuqueas y fabricas contenidos (voluntaria e involuntariamente) para tus redes sociales.

Y es que el consumidor en el mismo proceso y acto de consumir sigue generando valor para los capitalistas, sigue trabajando para el capital.

Y es que sigue siendo válida la explicación marxista sobre la necesidad en el capitalismo de un ejército laboral de reserva. Y cuanto más grande sea éste, más importante es tenerlo entretenido con múltiples opciones consumistas, aplicaciones para el móvil, videojuegos, apuestas on-line, porno gratis y escape rooms. ¿Para qué emplearlos con un contrato si ya trabajan ellos solitos?

En este sentido, tras la reciente crisis Hossein-Zadeh sugiere la superioridad del planteamiento (post)marxista frente al (post)keynesiano señalando y argumentando varios puntos clave (que se resumen en los dos siguientes) que le hacen exclamar, con razón, que “¡Keynes está muerto, larga vida a Marx!”:

-La visión keynesiana no tiene enfoque de clase (ni de género), necesario para implementar las políticas que prescribe.

-El error macroeconómico keynesiano consiste en no considerar que los salarios (y los beneficios) son categorías microeconómicas, esto es, que son los productores individuales (grandes o pequeños) los que primera y principalmente conciben los salarios como un coste de producción (que deben minimizar todo lo posible) y sólo después como un componente de la demanda agregada nacional que contribuye a la venta de sus productos.

Y es que para el buen funcionamiento del capitalismo, como ve agudamente Marx y miopemente Keynes, hay que tener en cuenta los tres puntos siguientes:

-El pleno empleo no es un objetivo real para empresarios y gobiernos puesto que no necesariamente es compatible con el principio de maximización de beneficios.

-Para la rentabilidad capitalista tan importante es contratar a los trabajadores que necesita como mantener cierto nivel de desempleo (para que la clase trabajadora sea dócil y sumisa).

-En el trade-off entre paro y salarios, la preferencia capitalista tiende más hacia alto desempleo y bajos salarios antes que hacia bajo desempleo y altos salarios.

En definitiva, la movilización social contra la explotación laboral en todas sus formas (incluida la asalarización perpetua y sus entornos amigables de alienación permanente) es más de carácter postlafarguiano que postkeynesiano (excesivamente elitista, académico y esencialmente apolítico).

La utopía rifkiana del ‘fin del trabajo’ es cada vez más una distopía orwelliana, una pesadilla kafkiana, la asalarización perpetua promovida desde el postkeynesianismo.

COLABORA CON KAOS