Las camisetas del comandante. A 40 años de la caída del Che

Las camisetas del comandante. A 40 años de la caída del Che

«…si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es más importante»

Ernesto Che Guevara



El fusil del comandante lleva callado ya cuarenta años pero ha seguido resonando en innumerables luchas- pacíficas y armadas- de América y el mundo.


Como ha sido imposible ignorarle, se le atacado tratando de frivolizar su figura. No pretendo invitarte, querido lector, querida lectora, a que eches bala (así que pueden tranquilizarse Garzón y Marlaska) pero sí a reflexionar sobre la saturación de objetos que llevan al Che como icono.

No es que desee que todo el que lleve una camiseta del Tatu se ponga a declamar las o­nce tesis de Marx sobre Feuerbach pero al menos que sepan quién llevan sobre el pecho.


El melenudo Ernesto parece una de esas estampas comerciales de “sé rebelde” de los anuncios televisivos dirigidos a la juventud: Compra caca-phone, el sabor de la libertad. Bebe mierda-cola, la bebida revolucionaria.


Uno está un poco harto de que le vendan al Che como alternativo, pandillero, moderno o que sea utilizado por muchos de esos grupos dizque aniglobalización y o­nGs con un pacifismo pazguato que haría vomitar al propio comandante.


Ernesto Guevara, también llamado Fúser, Chang-cho, Martín Fierro, Tatu y, por supuesto, Che es un revolucionario, un guerrillero, un comunista y un firme defensor de la lucha armada como método para alcanzar la liberación de los pueblos.


Acuñó la expresión “hombre nuevo socialista” porque le otorgaba un importantísimo papel a la ética individual del revolucionario, que debía estar movido por la fraternidad y las búsqueda del bien común sin esperar recompensas por ello.


«Me siento tan patriota de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica, como el que más y, en el momento en que fuera necesario, estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie», dijo el comandante en la Asamblea General de la O­NU.


A sus hijos, explicó en su carta de despedida: «…y sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario.»


Y en El socialismo y el hombre en Cuba leemos: «Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor».


Ernesto Guevara, así como Camilo Torres, Mario Roberto Santucho, Raúl Sendic, Miguel Enríquez, Genaro Vázquez, Lucio Cabañas, Carlos Marighela, Camilo Cienfuegos, Victor Polay Campos, Inti Peredo, Jorge Ricardo Masetti y muchas y muchos otros durante la segunda mitad del siglo XX empuñaron las armas para pelear por la liberación de América Latina y la construcción de un mundo más justo.


«El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así: un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal.»


Hoy, 40 años después de la caída del Che, el mejor homenaje que se le puede realizar es continuar en la lucha sin desmayos ni vacilaciones, cada uno desde la trinchera en que se encuentre: en el plantón, en el sindicato, en el partido, en el piquete, en la barricada, en la manifestación, en el frente, en el campamento, dibujando, escribiendo, discurseando, fotografiando, filmando, concienciando… La lucha es una y planetaria



Raúl Calvo Trenado

8 de octubre de 2007

+ Dibus de Kalvellido

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