Las cabezas de la hidra

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Estos tres pilares: ausencia de conciencia ética, fundamentalismo y militarismo son el alma de la globalización, la expresión mundial del fanatismo aplicado. El capitalismo neoliberal militarista es consciente de que es preciso asentar bien esos pilares en la conciencia de las gentes mediante estrategias de pedagogía popular que le aseguren la paz social (o sea la impunidad de sus infinitas injusticias y crímenes), y por ello recurre en occidente a las doctrinas de las iglesias falsamente cristianas para obtener un barniz de honorabilidad mientras corrompe los medios culturales y la televisión, la educación, los políticos y los sindicatos. ¿Consecuencias? Iglesias cada vez más fanáticas y agresivas, desinformación y mediocridad televisiva, deterioro de la educación pública y fortalecimiento de la privada, tal como sucede en la medicina y es tendencia general de los estados el privatizar, incluso con dinero público. Esto precisa una política conservadora, pero no simplemente conservadora, sino fundamentalismo político. De ello dan buenas muestras el auge del conservadurismo y hasta del fascismo en Europa, amparados estos movimientos por iglesias y por el capitalismo neoliberal que induce al a la agresión social y a la anulación del siempre escaso poder de los parlamentos nacionales, y al creciente poder del sionismo y su hermano siamés: el permanente imperialismo norteamericano. Al otro lado el amigo chino aprendió rápido la lección y tiene sus propios discípulos…

Todo esto no podría existir en los pueblos a nivel mundial, o al menos a un nivel suficientemente amplio, de existir un sentido desarrollado de la conciencia personal, una idea inequívoca de la igualdad, la justicia, la hermandad, la libertad que nacen de o conducen a la unidad desde el impulso del amor, desde el principio de hacer a los demás el mismo bien que uno quiere para sí. Estos son los elementos de liberación contra los que arremete con más saña el neoliberalismo y sus secuaces. Saben que su aplicación colectiva significa el fin de su reinado.

La experiencia histórica ha demostrado de sobra que aquellos principios de alto contenido explosivo para el mundo fanático son descafeinados y esgrimidos por los poderosos como auténticos, pero no son más que palabras en manos de unos y otros, incluso en manos de los que dijeron ser sus representantes revolucionarios .Nunca se favoreció en los pueblos el desarrollo de esos principios porque su puesta en práctica significa poner en cuestión todo sistema de dominación, toda idea de desigualdad, toda forma de individualismo insolidario, todo fanatismo ideológico. Y los gobiernos sin excepción evitan que esto suceda, por eso arremeten cada vez con más saña hasta contra las libertades formales, se afanan en crear divisiones entre las gentes, arruinan las naciones con inversiones en bancos que desaparecen en paraísos fiscales, expulsan a los trabajadores al paro forzoso, bajan los salarios, hipotecan de por vida a la gente y la amordazan por miedo a perder el empleo y destrozan la riqueza de los países con guerras o sin ellas. Tan solo en España alrededor de veinte mil millones del gasto militar y de los más de seis mil millones dedicados al clero supone para cada trabajador un desembolso anual de 1052 euros en plena crisis (para muchos el salario de dos meses).
Mantener estas estrategias de tensión de diverso tipo hacia los pueblos, exige ciertos mecanismos que interfieran y bloqueen toda tendencia contraria a los intereses del poder capitalista.
Estos son algunos de ellos:

-Mediocres sistemas educativos públicos para crear mentes sumisas y pobres que garanticen sin problemas el relevo generacional.
-Sistemas financieros fuera del control de los parlamentos.
-Medios de comunicación amordazados que adormezcan, entretengan y desinformen o deformen los hechos.
-Encargados de sectas, o policía religiosa que se encarga de que no se ponga en cuestión la hegemonía de las iglesias oficiales subvencionadas con dinero de todos.
-Sistemas progresivos de control policial y administrativo sobre las personas y sus movimientos a fin de disponer de cada uno del mayor número posible de datos, que serán registrados en lugares seguros.
-Fuertes ejércitos que prevengan remotas iras populares ante las crecientes injusticias de los ricos contra los pobres, manifiesta en la agresión a los países de Oriente, lo que desata la respuesta violenta de sus gentes.
-Un poder judicial dependiente de los intereses de los poderosos, y , por tanto, fácilmente corrupto.

Todos estos mecanismos que se mencionan no son los únicos, pero sí esenciales para que funcione esta maquinaria mundial de destrucción de recursos naturales, riqueza social, libertades, puestos de trabajo, y otras cosas más que no hacen más que evidenciar que se pierden las conquistas sociales conseguidas en siglos, que involucionaron los parlamentos y que la política no es ya otra cosa que el modo de manipular pueblos para que se realicen los planes empresariales de los grandes tiburones de la industria y las finanzas.

¿DÓNDE COMIENZAN LOS GRANDES CAMBIOS?

¿Dónde hallar esa energía que haga capaz a cada persona de asumir y practicar en su vida y en su entorno la libertad, la justicia, la unidad, como algo natural y llevar la fraternidad como bandera? Sin duda que de la fuentes espirituales, porque si algo nos quedó claro es que no sirve de nada reclamar fraternidad o manifestarnos por la paz mientras sintamos rencor contra alguien; reclamar justicia, si dejamos que otros hagan por nosotros lo que nosotros somos capaces; reclamar igualdad o unidad, si somos machistas ;reclamar libertad si somos intolerantes y nos gusta dominar, y cosas así que evidencian la necesidad de recorrer un camino de superación personal que nadie puede recorrer por nosotros. La batalla que se tiene que ganar comienza en la conciencia, o no se ganará nunca.
Esto puede tardar en ser admitido por una persona atrincherada en las viejas ideas de revolución social, pero la energía necesaria para transformarse a sí mismo es imprescindible, es de orden espiritual y es opuesta a todas las formas del materialismo y de opresión. Se conecta con ella al cumplir los mandamientos de la vida dados a Moisés y el Sermón de la Montaña del Cristo, el más perfecto programa revolucionario. Para muchos, simplemente el carpintero de Nazaret. Para otros, de nuestro Redentor y Libertador. Para todos, del Ser más puro que pisó este Planeta y que encarnó para enseñarnos El Sermón de la Montaña, del que las iglesias llamadas cristianas hace&nbsp dos milenios que renegaron.

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