Las buenas costumbres

Esta sentencia atribuida a Demócrito, un filósofo griego que vivió del 460 al 370 antes de la era cristiana, nos indica que de entonces acá el mundo ha cambiado menos de lo que nos parece, pues ya en aquellos tiempos alguien reflexionaba sobre males que nos siguen aquejando. ¿Cómo interpretar sino que en la actualidad haya tanta gente dando poder político a personajes cuyas conductas son de lo más reprobable?

No hay que andar muy lejos para ver esto que digo, pues a la vista lo tenemos por todas partes, pero por si alguien no se hubiese dado cuenta, ahí van dos noticias recientes aparecidas en “Público.es”, las dos sobre políticos de la derecha más votada en sus respectivas demarcaciones.

De los ‘Kikos’ al club de alterne

http://www.publico.es/espana/060116/kikos/club/alterne

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Berlusconi aconseja a una joven sin recursos casarse con su hijo

http://www.publico.es/060062/berlusconi/aconseja/joven/recursos/casarse/hijo

Que alguien que durante el ejercicio de su cargo gaste el dinero público en clubs de alterne, o que un relevante personaje político pueda expresarse en público con total desfachatez sin que ello merezca el repudio de la mayor parte de la población son conductas sociales graves que conviene tener muy presentes.

La inmoralidad más o menos encubierta de políticos y personajes públicos no es nada nuevo. Nobles y clérigos han actuado durante siglos con una falta de ética que clama al cielo. No obstante, la derecha se ha erigido tradicionalmente en defensora de las buenas costumbres. Sus discursos, plagados de cinismo, se han basado siempre en principios morales que el pueblo compartía, ya fuese la moral sexual, la religión, el amor patrio… Con ello han obtenido infinidad de veces el aplauso de sus electores porque no todo el público ha sabido o ha querido ver las mentiras que encubrían. Pero también con esa falsedad han despertado la ira de los pueblos que se han alzado contra ellos.

En cambio ahora vemos a los representantes de la derecha haciendo gala de las peores maneras parlamentarias y de los peores principios éticos. ¿Acaso la desfachatez de Berlusconi y la vulgar chulería de Sarkozy no son indicadores de la aceptación de esta clase de conductas por el público que vota a la derecha?

Que el triunfo político se consiga mediante el engaño, el fingimiento y la mentira, es grave. Pero que hoy se base en la laxitud de las costumbres… Esto me parece muy grave. Porque si no es sobre principios éticos, ¿sobre qué vamos a fundamentar nuestra moral? Y ¿qué principios éticos demuestra tener una sociedad que contempla con indiferencia la desvergüenza?

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Pepcastelló

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