Lars Gustafsson, prosa de la resistencia (I)

Por Iñaki Urdanibia

Acercamiento al escritor sueco con especial atención a su novela más célebre: « Muerte de un apicultor»

Por Iñaki Urdanibia

« Gustaffson es un gran poeta al evocar, con encanto áspero e inquietante , una realidad y una naturaleza como si no fuesen vistas por la mirada de un hombre, que las circunda de sentido y calidez, sino puestas en una desnudez absoluta»

                               ( Claudio Magris )

Lars Gustafsson ( Västeras, Suecia, 1936 – Estocolmo, 2016) fue un escritor de reconocido éxito tanto en su país natal como allende sus fronteras: así , además de ejercer como profesor de la historia del pensamiento en la universidad de Texas, Austin, ( puesto que ocupó desde 1983 hasta su jubilación en 2006), obtuvo diferentes distinciones y premios ( galardonado con el Premio europeo de ensayo en 1983; el Premio Nórdico de la Academia sueca en 2014, conocido como el pequeño premio Nobel, la medalla Goethe, premio Thomas Mann 2015, premio otorgado por la Academia Bávara de Bellas Artes, o el Premio Internacional Nonino en 2016, además de numerosas distinciones académicas; sin obviar su pertenencia al conjunto de eternos candidatos al Nobel). Tal vez fue en su propio país en donde sus posturas crearon cierto malestar, en el seno de algunos sectores de las elites intelectuales bien pensantes, por sus abiertas y afiladas criticas a la socialdemocracia gobernante y a sus concesiones a los abusos del capital y la corona; este compromiso rebelde, del que da cuenta en sus obras más autobiográficamente transparentes, le llevó, a la vejez viruela, a apoyar y a afiliarse al partido pirata sueco, el mismo año de su fundación, al volver de Texas e instalarse en las cercanías de la capital sueca en 2006, destacando por su participación junto a tal partido en las elecciones de 2009. Sus inicios en la escritura se dieron, impulsados por un claro intento de buscar una lógica a la existencia, partiendo del hecho de que ésta está constituida de momentos separados sin que haya nada que los una; tales primeros pasos los dio en la prensa, ocupando el cargo de redactor jefe de la revista Bonniers Litterära Magasin ( BLM) de 1962 à 1972, suponiendo tal cargo el estar al tanto de todo lo que sucedía en la sociedad sueca y en las de fuera de sus fronteras; el año 68, con su espíritu de revuelta, supuso una fuerte sacudida que hizo que su revista adoptase, de manera creciente, unos tintes radicales y críticos que disgustaban a sus compatriotas, en especial a aquellos que defendían el poder. Él cuenta así su despertar y el de algunos de sus compatriotas : « había al principio de los años sesenta una especie de crisis, de ambigüedad, de ironía fácil. Después los acontecimientos de Paris, América, las protestas contra la guerra de Vietnam han marcado la literatura, hemos experimentado el sentimiento de que la sociedad sueca no era lo que se creía, que existían mentiras, en el sentido moral del término, que existían fisuras en el muro, como yo he tomado como título a una serie de cinco novelas; hay grietas en el cemento, se notan filtraciones, resonancias. Es la verdad, bueno, no, no la verdad, se trata más bien , de verdades que no cesan de filtrarse, como humedades en el muro».[…] La literatura sueca, la novela sobre todo, fue la primera en criticar el modelo de desarrollo de Suecia, como una utopía, como un mito, que ha partido mal, y que igualmente ha llegado mal […] . En la década del 68, el periodo de las fisuras, se ha inspirado en primer lugar en la mentira y después se ha pasado a decir a los otros: “sois mentirosos” » ( 1 ) .

Entre sus obras cabe destacar « Olor a lana » ( 1973 / Muchnik Editores, 1988), « El sr. Gustafsson en persona» ( 1971 / Muchnik Editores, 1988), « Fiesta familiar » ( 1988 / Muchnik Editores, 1989), « Segismundo» ( 1976/ Muchnik Editores, 1987), « El tercer enroque de Bernard Foy » ( 1986 / Versal, 1988), « El extraño animal del norte» ( Anaya& Mario Muchnik, 1992), « La tarde de un solador» ( 1991 / Anaya & Mario Muchnik, 1996), o en colaboración con Agneta Blomqvist: « Imágenes de Suecia» ( 2013 / Nórdica Libros, 2018), y, muy en especial, « Muerte de un apicultor» ( 1978 / publicada en castellano en 1986 por Muchnik Editores y recatada posteriormente por Nórdica en 2006), novela en la que se plantean algunos problemas existenciales en torno al dolor, la vejez y la muerte, con una potente carga metafórica, en la que más adelante me detendré. Esta fue la novela que le lanzó a la fama y , sin lugar a dudas, la más celebrada y representativa de su quehacer; así explica el propio autor el encaje de esta obra que cerraba las cinco reunidas bajo el nombre de las grietas en el muro : « es la quinta y última parte, independiente de las anteriores, de una pentalogía sobre mi tiempo y mi generación, a la que he dado el título genérico de LAS GRIETAS EN EL MURO . En la primera parte, El señor Gustafsson en persona, presento al narrador. La segunda, La lana, trataba del campo en los años setenta. En Fiesta de familia me situé en el centro mismo y describí los círculos del poder. Segismundo es la novela de los subconscientes colectivos de nuestro tiempo, sus sueños y sus pesadillas. Ahora, por fin, se trata de un cuerpo, sólo de un cuerpo. Las luces se van apagando , una a una – como en la Sinfonía del Adiós , de Haydn -, el círculo se va reduciendo y al final no se ve otra cosa que en el fondo esencial de la cuestión: un ser humano ».

Aunque a veces recurrir a marcar divisiones, etapas, etc. en las obras literarias y en otras, resulta realmente problemático, simplificador y como tal discutible, sí me aventuro a señalar ciertas agrupaciones temáticas en su obra: 1) en primer lugar, está la pentalogía, grietas en el muro, compuesta por las cuatro novelas ya nombradas , a la que se ha de añadir La muerte de un apicultor, en la que se repasa, de un modo sui generis, los tiempos que le tocaron vivir al escritor y a sus coetáneos, en su Suecia natal; a éstas podría añadirse La tarde de un solador , por ciertos parecidos de familia con la recién nombrada; son tiempos de decadencia, de dolor, que quedan reflejados en los avatares existenciales del apicultor y también en los de solador. Ciertas coincidencias se dan entre ambos personajes: son ancianos, jubilados, y con diferentes problemas de salud ( en el caso del segundo acrecentados por su afición al alcohol). El caso del solador es particular ya que éste se dedica , siempre lo ha hecho, al trabajo ilegal, al negro, huyendo de cualquier control o de los papeles exigidos por la administración, se dedica a las chapuzas. Estamos en Uppsala a comienzos de los ochenta y el negocio de la construcción esta en auge, lo que hace que surjan trabajos por doquier. Uno de ellos, es ofrecido a nuestro hombre, por un amigo, que acude sin esperar al lugar que cree haber entendido y comienza la tarea en aquel edificio extraño, semi-abandonado sin haber hallado ningún contratista, patrón, ni nada de nada…Él es un hombre de los que trabaja a conciencia y así trata de enmendar escrupulosamente las chapuzas de quienes anteriormente habían iniciado el trabajo dejándolo inacabado por lo que parece al ser despedidos. Un día Torsten Bergman cuando acude a un almacén a conseguir material para la labor, se encuentra con un antiguo colega de obras, Stig, y más tarde aparecerá en escena un tal Alfred , formando un trío singular; con el primero, vuelve a la tarea, aunque el gusto por el jarro, y otras relaciones a las que se ha de sumar que el colega es un redomado sinvergüenza, hace que las cosas no funcionen como previsto, al tiempo que surgen ciertas complicaciones y alguna confusión de gran calado que hace temer que el trabajo realizado haya sido en balde…metáfora de la trivialidad de la vida, de la derrota de un hombre venido a menos, que coincide con las promesas incumplidas de un socialismo que lo que intentaba buscar más que el bienestar de los ciudadanos, y su liberación de las energías físicas y mentales , era la mera permanencia en el gobierno. 2) Existen algunas otras novelas que se mueven en un balanceo entre el disloque ( a lo Thomas Pynchon) con la ficción cercana o tomando inspiración en las obras de de Stanislaw Lem: en este grupo podría incluirse El tercer enroque de Bernard Foy ( de la que doy cuenta en un artículo al final) y su El extraño animal del norte, en la que se sumerge en las aguas de la ciencia ficción, por los bordes del nihilismo y con la alargada sombra de Wells, Potocki, y más directamente del nombrado Lem, al que Gustafsson rinde abierto homenaje con esta novela. La acción se desparrama por bien distantes lugares y asoman algunas constantes lemianas como la duplicidad de personalidades, cambios temporales, idas y venidas, y algunas situaciones biológicas extrañas. Gustafsson se discute a sí mismo sobre la marcha y sobre las decisiones que va tomando a la hora de narrar las, un tanto chirenes, situaciones; tal vez quepa señalar un par de cosas: desde luego sus historias no alcanzan la vena imaginativa de su maestro y ciertas tendencias a dar salidas buenistas, propias de un militancia casi fuera de lugar, a las confusas situaciones no resultan muy logradas que se diga; 3 ) Cabría hablar de sus obras situadas en EEUU ( de un par de ellas doy cuenta en los artículos publicados finales) a la que cabe añadir ( además de las dos reseñadas : El Decano, Historia con perro) Windy habla que puede ser considerada como una novela de exilio. En ella irrumpe todo un desfile de variopintos personajes ( un juez, un decano que se ve en la tesitura de elegir entre ir a la guerra de Vietnam o irse de vuelta a su país de origen, Suecia…claro guiño autobiográfico). Todo ello es narrado por una locuaz peluquera que da título a la novela , por cuyas hábiles manos pasan los anteriormente nombrados, hablándonos de lo divino y de lo humano, viendo a través de las historias las luces y las sombras que conviven el el campus universitario, etc. del otro lado del charco; no negaría Lars Gustafsson, la pertinencia de la reflexión con la que concluye su Fermentación su compatriota August Strindberg : « pronto se iba a comprobar que la educación lo había inutilizado socialmente, y, cuando se negó a ser marginado, la duda, nació en él, y se preguntó si la sociedad de la que, con todo, formaban parte la escuela y la Universidad, no tenía igualmente la culpa de su educación, y también algunos vicios que habría que erradicar» . Podría sumarse a esta clasificación, una guía – digamos que- turística , escrita a cuatro manos, con su mujer: Imágenes de Suecia, obra en la que además de atender a las diferentes geografías del país, se habla de sus fiestas, sus diferencias, sus comidas, los tiempos de su niñez, la historia y , como no podía ser de otro modo, la literatura, No faltan el señalamiento de los cambios que han transformado el país, las reconversiones y renovaciones urbanísticas y algunas luchas que lograron poner freno a algunos desmadrados desmanes…y el dolor expuesto, con cifras, de que Suecia ha talado más bosques que el propio Brasil, según el informe del Fondo Mundial para la Naturaleza ( WWWF) a pesar del que los gobernantes suecos firmaron, en 1992, la Declaración de Río de las Naciones Unidas, en la que se comprometían a proteger la biodiversidad,… ¡ y no sigo!

En fin, se puede afirmar sin exagerar de ninguna de las maneras que su amplia y variada producción ( narrativa, poesía, crítica, ensayos…) ha hecho que se le considere el más sobresaliente representante de las letras suecas contemporáneas.

Riguroso observador de la vida, del mundo y de los seres que la pueblan, siguiendo el método de Carl von Linneo ( « existe entre los suecos una gran concentración en el objeto, una tradición que viene de Linneo, el contemporáneo de Buffon. Hay que desarrollar el ojo para observar minuciosamente la naturaleza: es una cosa que se me ha dicho cuando era pequeño [ tras poner un ejemplo de coincidencias de opinión con el Nobel de 2011, Tomas Tranströmer, añade] Probablemente es un buen principio para formar poetas. […]. Si el cogito de Descartes es el método francés, nosotros tenemos nuestro propio método sueco»)…sus compañeros de paseo por los campos texanos le conocían por su interés por los pájaros, dándose la circunstancia de que allá en donde ellos veían pájaros, sin más, él distinguía la especie y les daba el nombre con la puntería propia de un avezado ornitólogo [la confirmación de que cuánto más se sabe de una materia se es más consciente de las carencias se puede ver en la obra escrita con su esposa, Imágenes de Suecia: « se oyen muchos pájaros y, como es habitual, me enfado por reconocer solo a unos pocos»]. Esa capacidad de observación se trasladaba igualmente a la observación de la sociedad como queda plasmado en sus escritos; eso sí, sin pretensiones totalizadoras y omniexplicativas en torno a un eje estructurador, sino siguiendo el flujo de imágenes, hechos, y acontecimientos, pues todo fluye y se superpone en la vida, en el pensamiento, y tal carácter derivante ha de ser respetado en la escritura si se quiere ser fiel a lo que acontece, Lars Gustafsson dixit.

« Muerte de un apicultor » ( 1978 / 1986 )

«Cuando se está al borde la tumba, se vuelve para mirar hacia atrás y se dice : he sufrido a menudo, pero he amado. Soy yo quien ha vivido y no un ser falso creado por mi orgullo y mi aburrimiento »

( Alfred de Musset )

La novela, considerada como la más importante en la creación del escritor, cierra, como ya he señalado, la pentalogía agrupada bajo el título de Las grietas en el muro. El conjunto trata de trazar el panorama de su país en los sesenta y los setenta; sus palabras ya han quedao recogidas en las anteriores líneas.

En la novela se recogen los apuntes reunidos en diferentes cuadernos, en base a los que se dejan ver las reflexiones y recuerdos ( imaginados , rememorados…) de un anciano enfermo, en fase terminal debido a un incurable cáncer; el carácter fragmentario de la escritura está presente en la novela, del mismo modo que lo está en varias de sus obras. Cuando la oscuridad se va adueñando de todo, y solo queda el cuerpo, los límites de la existencia se van acercando y solo queda un ser humano, Lars Lennart Westin, un apicultor, que desempeña su labor en una zona aislada, apenas urbanizada, en el borde de un lago. La resistencia a aceptar la cercanía de la ineluctable muerte le conduce a quemar los papeles con el fatal diagnóstico que le habían entregado en el hospital. Entre dolores y dudas ( algunas veces provocadas por él mismo a modo de una fuite en avant, que calme su incertidumbre ) se va desgranando, de una manera dispersa , que responde al hallazgo de las notas encontradas, que como es obvio no conservan ningún orden cronológico, ni de ningún otro tipo. Son la expresión del estado del sujeto que lo ha experimentado y escrito. Una lección de vida al borde de la muerte…con unas hondas reflexiones , marca de la casa gustafssoniana, en torno a la desconfianza en el Yo ( que más que a una abeja se asemeja a un enjambre que a su vez se asemeja al haz de percepciones del que hablase David Hume para definir el sujeto; pueden verse en concreto las páginas 53, 93 o 203, en especial), y en el lenguaje, posturas en las antípodas de la afirmación de Strindberg : « todo cuanto sé – ¡ y es tan poco!- deriva del Yo, como punto central. El cultivo de ese yo, pero no su culto, se impone, pues, como el fin supremo y último de la existencia».

Queda claro con lo dicho que no estamos ante un libro de intriga, sino que la diseminación toma el pulso de un ser que se agarra la vida ( « recomenzamos, no abandonamos nunca ») y que nos cuenta su estado presente del mismo modo que tira de moviola para hacernos conocer momentos pasados en un desorden provocado por la asociación de ideas que se da en su mente y que nos arrastra de unos hechos a otros; esta tenacidad recorre, como un mantra, la totalidad de la novela mas no al modo de una jaculatoria sino como expresión del tenaz deseo de agarrase a la vida . Este aparente desorden no puede atribuirse a ninguna forma de descuido por parte del autor sino que se adivina que es un estilo que responde a un mecanismo sabiamente guiado por éste. Concluiré dejando la palabra alguien que de estas cosas, de las letras, sabe cantidad, Alberto Manguel: « Lars Gustaffson en su conmovedora novela, La muerte de un apicultor, hace hacer a su narrador, Lars Lennart Westin, que está a punto de morir de cáncer, una lista de formas artísticas en función de su nivel de dificultad. En primer lugar vienen las artes eróticas, seguidas de la poesía, del drama y de la pirotecnia, y en fin el arte de construir fuentes, el de la esgrima y el de la artillería, Mas hay una forma de arte que no halla su lugar: el de soportar el sufrimiento. Tenemos relación con una forma de arte único, dice Westin, cuyo grado de dificultad es tan elevado que no existe nadie capaz de practicarlo. Westin, sin duda, no había leído el Quijote. Don Quijote es, lo he descubierto con alivio, la elección ideal para soportar el sufrimiento. Abriéndolo poco más o menos en cualquier lugar mientras que yo esperaba ser auscultado, pinchado, drogado, me di cuenta de que la voz amiga del caballero español erudito me reconfortaba asegurándome que todo acabaría bien». No es por puntualizar al argentino , ni por dudar de la eficacia de su quijotesco remedio, pero sí me parece de recibo subrayar, como más atinado, que la postura de Westin se sitúa más en las cercanías del dicho de Schopenhauer: sufro, luego existo, que a cualquier otra cosa.

¿ Autobiografía o metáfora?

Salta a la vista la coincidencia del nombre del protagonista con el del autor, Lars, además de que igualmente coincide sus edad, ambos nacidos en 1936. Esto pudiera dar por pensar que , teniendo en cuenta las otras entregas de la pentalogía- alguna de ellas escrita con un yo narrativo que es inequívocamente el del escritor- Gustafsson hablase de sí mismo, del dolor provocado por la enfermedad, un cáncer en estado avanzado, mas no hay, al menos yo no tengo, noticia alguna que dé cuenta de tal enfermedad en el caso del escritor sueco. Así las cosas, lo más pertinente resulta considerar que lo que el autor trata de expresar, por medio de esa enfermedad y por el dolor que tal provoca en el protagonista, un estado de decadencia, de resaca y desánimo tras los años en los que las cosas parecían que iban a cambiar en la dirección de una sociedad más justa e igualitaria, una especie de repliegue al estilo del Cándido volteriano que desencantado de las alabanzas del mejor de los mundos predicado por Pangloss, se refugia en su jardín…El fracaso de las esperanzas anteriores y el consiguiente desánimo, que ya se expresa, de modo tibio, en algunas de las entregas anteriores, cobra en esta novela – al igual que en la del solador– dimensiones más amplias y claras; son los años en los que el escritor asfixiado por la presión que sobre él ejercen los sectores bien pensantes y gobernantes de su país, opta por exiliarse al otro lado del charco, para instalarse como profesor en la universidad de Austin, en Baltimore ( « Tenía que vivir o escapar. Ya no me era posible negar la grieta», se lee en la página 191 de su El Sr. Gustafsson en persona , que parece estar en las antípodas de lo que se lee en la páginas 89: «¡Sople el viento cuanto quiera ! ¡ Manténte firme, no te sueltes! ¡ Y, hagas lo que hagas, no reniegues jamás de ti mismo»); se puede vislumbrar , en la supuesta contradicción, una unión entre la búsqueda de un refugio para escapar del agobio al que se veía sometido, sin que ello supusiese la renuncia a su pensamiento crítico. Así pues, me atrevo a mantener la interpretación de que más allá de la letra, se haya la metáfora de un estado de alma….del mismo modo que al de Bilbo le dolía España, a Lars Gustafsson le duele Suecia y, por extensión, las miserias de este mundo; lo que ya me resulta más traído por los pelos, a mi modo de ver, es la propuesta que hacen los últimos editores del sueco , en las solapas de la novela de la que nos ocupamos, acerca de una interpretación de decadencia colectiva , materializada en la pérdida de prestigio del paraíso vendido por la socialdemocracia nórdica, crítica que desde luego queda expuesta de manera más explícita en algunas de sus novelas que en ésta en la que ni se nombra a la dichosa socialdemocracia ( 2 ), si bien también es cierto que algunas pullas sí que son lanzadas contra la burocracia, contra el desarrollismo que da al traste con el paisaje y los extensos bosques, contra una sociedad que funciona de arriba a abajo por medio de órdenes y decretos que exigen genuflexa obediencia, y la clase media como sostén del modo de vida nórdico, mostrando al tiempo, eso sí, un tono de resistencia , repetido como un mantra a lo largo de la novela: Empezamos de nuevo, no nos rendimos. En este orden de cosas no está de más la elección de las abejas como posible metáfora en el sentido que en su estricta organización producen algo tan dulce como la miel, al tiempo que también pueden picar produciendo grandes molestias…paralelo que, sin rizar rizo alguno, puede aplicarse a los lazos de amistad que crean las comunidades basadas en la rebeldía, que también son capaces de picar al poder, a los poderes que oprimen a los ciudadanos; similar en su poder binario al pharmakon griego que curaba y/o mataba según las dosis . De los cínicos – hoy no toca- que emulaban el comportamiento de los perros: besando la mano de sus amos, y ladrando o mordiendo a sus enemigos.

Ateniéndonos a la letra y corriendo el riesgo de repetirme: puede considerarse el libro como un manual de resistencia, de convivencia con el dolor, y ahí es en donde algunas claves filosóficas cobran neta pertinencia; en primer lugar , la novela relata la experiencia de Lars Westin, antiguo profesor divorciado que vive con su perro y su abejas en la península bella y retirada de Västmanland. A través de sus cuadernos, entramos en un mundo de sufrimientos físicos, con sus subidas y bajadas, sus puntos álgidos, sus ritmos, sus grados y volumen sonoro, y los esfuerzos que ha de realizar el protagonista por evitar tomar medicamento alguno; ha decidido no hacer caso a las noticias que le llegan del hospital. Él se agarra a la vida, tal y como le llega y hasta se aventura a dudar de que la enfermedad sea tan grave, ya que en tal caso no podría pegarse las caminatas que se pega con el perro. En una palabra, aprende a vivir con el mal ( con el dolor) que se presenta en especial a la noche…mas él considera que estos dolores le hacen sentir su cuerpo, pues al fin y a la postre él es un cuerpo…En la medida en que el dolor aumenta, recuerda sus amores, sus años de infancia , llegando a la conclusión de que el arte de soportar el dolor no es más que eso: un arte, como la música, la poesía, el erotismo y la arquitectura, aunque es tal su complejidad que poca gente llega a saber torearlo; él, sin embargo, sí que se habitúa a convivir con él, aun considerando que dicho mal / dolor viene del exterior…No está lejos la anotación de Cesare Pavese en sus diarios: « aceptar el dolor significa dominar una alquimia para transmutar el fango en oro». Ante tales hechos narrados , es, reitero, en donde surgen algunas referencias filosóficas a las que, sin entrar en mayores, quisiera referirme .

Conste que ante la disyuntiva que se plantea entre Montaigne ( la filosofía como aprender a morir) y Spinoza ( la filosofía como aprender a vivir), yo me quedo con la segunda, y conste, también, que no pretendo ser lúgubre, ni fúnebre, metiéndome por estos pagos, simplemente me permito dar algunas referencias por si a alguien le interesan este tipo de reflexiones que son propias y exclusivas de ese ser para la muerte del que hablase Martin Heidegger. Me conformaré con transcribir, en nota a pie de página, algunas significativas citas, y proponer una sucinta bibliografía al respecto( 3 ) .

No quisiera concluir la lectura de la novela, no obstante, pasando por alto uno de sus capítulos , Cuando Dios despertó, que vale por sí mismo como para quedar grabado en la mente lectora , aunque se incluya como simplemente adosado al resto de las historias personales . Si en otras de sus novelas quedaba subrayada su condición de no creyente , asumiendo la anunciada muerte de Dios, y se subrayaba lo incomprensible que resultaba creer en un ser omnipotente y bondad absoluta que se mantenía impasible y silencioso ante los desastres del mundo ( lo que se ha subrayado en distintas situaciones problemáticas que han conducido a creyentes a dejar de creer o al menos a poner seriamente en duda la existencia del tal creador que se dejaba ganar la tostada por el mismísimo diablo), que hizo decir al otro, que respondía al nombre de Stendhal, que la única excusa que tenía Dios era su no-existencia , nítida postura de Gustafsson como puede comprobarse, por ejemplo, en las páginas 165 166 de su Segismundo,: « la verdad es que tengo mis objeciones por lo que se refiere a dios, el bueno y omnipresente. Si yo fuera bueno y omnipotente no me atrevo a asegurar que todo sería ideal…pero no me privaría de poner cuernos de toro en la frente del general Franco y nariz de tótem al presidente Nixon…pero creo poder garantizar que si yo fuera bueno y omnipotente no habría habido un Sombreril y un Verdun, ni un Auschwitz y un Hiroshima, ni supresión de la rebelión de los cipayos y trabajo para niños en las minas inglesas en los años sesenta del siglo pasado…», o todavía en la página 395 de El enroque…: « yo veo lo místico, lo grandioso, en la falta de significado de la vida. Dios no quiere nada, porque si Dios hubiese querido algo, se habría realizado hace mucho tiempo. Dios sólo se representa a sí mismo» ( tampoco faltan andanadas hacia la Iglesia y su labor domesticadora, fomentando el espíritu gregario y paciente en el más acá, para mejorar el más allá). En esta ocasión, se ve a un Dios creador, devenido madre, que despierta de su letargo y hace caso de las preces de los humanos, después de siglos de silencio y falta de respuesta a los ruegos…lo cual resulta tan increíble que provoca una epidemia de locura, al verse un mundo al revés, en que los valores dejan de ser los habituales para acercarse más a un estado de armonía. Gustafsson en ese terreno no tiene dudas, ni pirrónicas, ni metodológico-cartesianas, lo tiene claro y no podría dar por buena aquella aseveración de Strindberg en su Infierno: «desde la infancia he buscado a Dios, y a quien en cambio he encontrado ha sido al diablo».

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Notas

( 1 ) El compromiso del autor queda reflejado además de en su militancia en los años sesenta y posteriores en su apoyo al partido pirata en las elecciones suecas en 2009; ahí va pues un significativo poema :

Sobre el buen gobierno

Artesiska brunnar castesianska drömmar, 1980

[ Tomado de Poesía Nórdica, antología de Francisco J. Ruis. Ediciones de la Torre, 1995.]

Las piedras del molino han de moler; cuando se acaba la molienda

comienzan a pulirse mutuamente, implacablemente,

con un chirriante sonido que es difícil de soportar

Tiene que haber un enigma, siempre tiene que haber

algo que quepa entre las piedras. Y aún mejor

si está allí sin que se mencione su nombre.

En las ciudades cada vez más ocupadas, tarde por la noche,

resuenan entre superficies de azulejos o de metal ligero

gritos de rabia o desesperación, el ruido chirriante

de la piedra cuando roza desnuda contra otra piedra,

y alguien rompe con sus manos una puerta de cristal,

de manera que los trozos se ríen alegremente por el suelo

pero el suelo era igual, casillas blancas y negras, por el otro lado.

Uno de los lados es sólo la imagen del otro.

Cuando el molino se muele a sí mismo se oye claramente el ruido,

lejano estrépito, una tormenta de piedra se acerca,

ráfagas de aire podrido y polvo de piedra recorren las habitaciones

en un mundo subterráneo donde vuela un pájaro encerrado

por laberintos de túneles bajos, sin día ni noche.

Allí donde no hay gobierno, no tiene salida el pájaro,

Allí donde no hay Enigma, existe en su lugar el Poder.

Y refleja todos los sonidos en paredes demasiado brillantes.

El buen gobierno proporciona buenos regadíos, canales,

por donde el agua fluye rápida y transparente,

sobre piedras unidas artísticamente, sin algas,

pozos profundos donde las grandes carpas blancas

que ya no ven, se esconden en las tinieblas

y de nuevo se ven lanzadas a su sensatez

cuando alguna vez son izadas en el cubo. El buen gobierno

deja que las carpas sigan viviendo en los pozos, las golondrinas

bajo los aleros, los campesinos junto a sus campos,

los viejos leñadores en sus bosques, los libros

siguen impunemente en las estanterías, y en el bosque

nadie castiga a las setas, un buen gobierno

muestra su buena voluntad también con esas plantas diferentes,

esas que surgen del subsuelo, tanteando

con dedos blancos o marrones, sombreros arrugados,

cubiertas de viscosidades o secas y con aromático perfume,

con cabezas que son blandas membranas fetales

y sin embargo lo bastante duras para perforar la corteza de la tierra.

El filósofo Mo Ti veía el gobierno como una geometría,

un dibujo de campos en torno a cada pozo,

tierra común, la tierra privada, la tierra de los gobernantes

los campos de los soldados y de los jueces, la totalidad

organizada en un conjunto en equilibrio natural,

bajo los largos y flameantes estandartes de seda,

adornados de dragones que mueven sus alas

cuando llega el viento. Mo Ti era un bufón, ¡olvídenlo!

Allí donde hay un modelo hay sólo vacío.

Lo sabemos ahora. Sabemos que el Enigma crece en nosotros

y surge rompiendo lentamente la corteza de la tierra,

como las blandas y extrañas setas en el bosque.

Todas las puertas se construyen para poder cerrarse.

Todas las puertas se construyen para poder abrirse.

¿Quién cierra? ¿Quién abre? ¿Quién pregunta?

Todo buen gobierno empieza en el yo, en las tinieblas,

en el enigma que hay en cada ser humano.

Se extiende desde la oscuridad del pozo,

donde no puede ver ni oír nada,

hasta el horizonte, y sabe que sigue a los navíos.

Sabe que no sabe nada. Así gobierna el Enigma:

Aquellos que no estén dispuestos a todo respecto a sí mismos

no pueden tener tolerancia para con los demás.

Bodino vio el sangriento caos de las guerras de religión europeas,

y eligió, volviendo la cara para no ver, el absolutismo:

Mejor, decía, un verdugo, un hacha, una sentencia

que un horizonte por donde vague el humo de los incendios,

como quiere el viento, pero olvidó lo más importante:

Que nunca podremos regalar lo que nunca ha sido nuestro.

No somos nosotros los que queremos la libertad. Hay algo,

oscuro y sorprendente, en nosotros, que la quiere,

y la quiere más cuando menos lo esperamos. Llega

siempre inoportunamente. Algo oscuro e impreciso

que hay en nosotros quiere ser siempre otra cosa.

El ser humano. La pieza que no encaja

en ningún rompecabezas. Sobre todo no en el propio.

Y en ello consiste la libertad:

que algo en nosotros siempre quiere otra cosa.

El buen gobierno es el que nos ha olvidado.

Encerrados en este dulce olvido

crecemos como crecen las setas;

con humildad y sin límites, hondamente

bajo las calladas sombras de los árboles.

( 2 ) Transcribo algunas frases que dan cumplida cuenta de la situación que escamaba al escritor, que le empujaba buscar otros horizontes menos hostiles: « Tanto más grande se volvió el poder de la mentira abierta. Esto comenzó a modo de pequeñas fisuras, irregularidades, distancias microscópicas entre el mundo que se habla y el mundo existente…Hacía mucho tiempo que la prosa normal había perdido su papel como lengua del realismo, de los conocedores, de los entendidos. Los que realmente sabían, los que participaban en el poder y la influencia, hablaban la lengua administrativa, con sus misteriosas abstracciones y abreviaciones, una lengua que podía volver negro lo blanco… y las prácticas promovidas por las reformas universitarias de los años sesenta, en nombre del conocimiento universal, en realidad, fueron limitaciones del conocimiento, que era al mismo tiempo la clave de la libertad, de las luces, de un futuro mejor, menos impersonal » ( El señor Gustafsson…,p. 47) «Hemos aprendido a hablar con la gramática del poder… y mientras los plumíferos culturales de los grandes rotativos hablan de repulsión y desprecio de mi egocentrismo obscuro y semi-liberal…Nuestro rechazo general de la realidad existentes, nuestra convicción general, rotunda, obscura y terca, de la capacidad del hombre, del intelecto, para crear historia, nos une a todos, nos transformamos en amigos » ( El Sr. Gustafsson… pp. 31 y 32).

« En la prensa, los profesores conservadores sumisos igual que ahora, a fines de lo sesenta, llamados urgentemente a cumplir su deber cívico de críticos, se reían de mis charlas de los periódicos, recién publicadas en libro…» ( Ibidem, p. 65). Completando la panorámica, pueden leerse en su Olor a lana: « y tú, cabo primero, no eres un odioso militarista, eso lo sé yo tan bien como tú. Tú lo que eres es socialdemócrata…y nunca se te ocurriría ponerte a hablar mal de la Corona. Como tampoco se te ocurriría ponerte a hablar mal de la socialdemocracia…» ( p., 105) «Rehúsa rendirse. No se entrega» ( p., 39), mas todas estas pinceladas retratan el estado de cansancio y desánimo del escritor; o «Para mí la sociedad es basura, es una sociedad brutal, fría, y sobre todo mendaz, que finge ser humana y jovial a pesar de que nadie tiene jamás por un solo instante la sensación de que alguien se responsabiliza de ello, o de ella. Una sociedad embustera en la que lo único que realmente ocurre es que a la gente se le explota y se la empobrece cada vez más» ( p., 131); o unas páginas después, en la 148: «En torno a nosotros se pudría una vieja monarquía, cambiaba los tipos, los ideales, se ahuecaban las condiciones eternas de la realidad, se aclaraba la tierra, se reducía el poder más y más a círculos invisibles que ninguno de nosotros podría haber podido romper»; o en la página 244 de su El tercer enroque de Bernard Foy: «En pleno sistema de reforma igualitaria socialdemócrata, al cual, según observadores, sólo competía el dinero para gastos menudos de los hijos del sistema…sancionado prejuicios, consiguiendo siempre disfrazar dicho prejuicios y puntos de vista descaradamente conservadores con una capa de radicalismo casi peligroso».

( 3 ) Sin ninguna pretensión de exhaustividad me permito transcribir algunas citas de pensadores cuyos aires de familia con el espíritu del protagonista de la novela saltan a la vista:

Estoicos:

« Hay lo que depende de nosotros y lo que no depende de nosotros. Depende de nosotros la opinión, la tendencia, el deseo, la aversión, todas nuestras obras propias en una palabra; no dependen de nosotros el cuerpo, la riqueza, los testimonios de consideración, los altos cargos, todas las cosas que dependen de nosotros son naturalmente libres, sin impedimento, sin traba; las que no dependen de nosotros son frágiles, esclavas, fácilmente impedidas, propias de otro. Recuerda esto : si tomas por libres las cosas naturalmente esclavas, por propias tuyas las cosas propias de otro, conocerás el impedimento, la turbación, la aflicción, acusarás a los dioses y a los hombres; pero si tomas por tuyo solamente lo que es tuyo, por propio de otro lo que es, efectivamente, propio de otro, nadie te forzará jamás ni te impedirá , no dirigirás a nadie acusación ni reproche, no harás absolutamente nada contra tu voluntad, nadie te molestará; no tendrás enemigos, porque no sufrirás ningún perjuicio » ( Epicteto, Manual, I, 1-3 ).

« Bueno o malo son calificativos que el estoico aplica sólo a la acción moral, en cuanto realiza una elección acertada o no. Las demás cosas, al margen, pues, de la virtud y el vicio, son consideradas como “indiferentes” ( adiáphora ) moralmente, aunque se admite que de ellas las unas son preferibles ( proegména), como, por ejemplo, la salud y la riqueza, y otras, las contrarias rechazables. Sin embargo, aquéllas que no están totalmente en poder del obrar humano, aunque el hombre tienda a conseguir las preferibles y evitar las rechazables, no son un definitivo bien, sino algo ventajoso, desde un punto de vista vital. La salud o la riqueza no hacen al sabio mejor moralmente, ni más feliz, que la enfermedad o la pobreza que puedan tocarte en suerte…» ( Carlos García Gual/ María Jesús Imaz. La filosofía helenística: éticas y sistemas. Editorial Cincel, 1987; p. 143)

« Son otros los golpes que alcanzan al sabio, pero sin quebrantarlo: el dolor corporal, el debilitamiento, la pérdida de sus amigos y de sus hijos, las desdichas de su patria cuando sufre guerra. El sabio siente esas cosas, no lo niego, puesto que no le prestamos la dureza de la piedra o del hierro. No hay ninguna virtud en soportar lo que no se siente» ( Séneca. De la constancia del sabio, 10 )

Schopenhauer

« Los goces son y no dejan de ser negativos. Creer que nos hacen felices es una ilusión abrigada por la envidia, para su propio castigo. En cambio los dolores son sentidos positivamente; de ahí que su ausencia sea el criterio de la felicidad de la vida. Si a un estado carente de dolor se agrega la ausencia de aburrimiento, entonces se ha alcanzado en lo esencial la felicidad terrenal; todo lo demás es quimera » ( Parábolas, aforismos y comparaciones. Edhasa, 1995; p. 14).

« Una ojeada general nos muestra que los dos enemigos de la felicidad humana son el dolor y el aburrimiento. Cabe observar además que, en la medida en que logramos alejarnos de uno de los dos, nos acercamos al otro, y a la inversa, de modo que nuestra vida representa realmente una oscilación más o menos fuerte entre ellos. Eso procede del hecho de que el dolor y el aburrimiento se encuentran mutuamente en un antagonismo doble, uno extenso y objetivo, y otro interno o subjetivo. Externamente , en efecto, las penurias y las privaciones alumbran el dolor, a la inversa, la seguridad y la abundancia alumbran el aburrimiento…» ( Ibidem, pp. 27-28).

« El dolor no brota de no tener. Brota de querer tener y, sin embargo no tener. Lo primero, el querer tener, es, por tanto, conditio sine qua non de la eficacia de los segundo como dolor. La cumbre del estoicismo, como ética de la razón pura, o la suma prudencia vital, es desembarazarse lo más posible, a partir de esa intelección, del querer. La suma prudencia vital es para la manifestación de la voluntad, para el individuo, lo que para la voluntad misma es su propia inversión, su negación ». ( Ibidem, p. 47).

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Hay algunas obras de distinto enfoque y género que tratan de los temas de la vejez, la enfermedad y la muerte; ahí van unos cuantos títulos sin ninguna pretensión de ofrecer una bibliografía amplia :

Améry, Jean . « Revuelta y resignación. Acerca del envejecer ». Pre-Textos, 2001.

Argulloll, Rafael. « Davalú o el dolor». RBA, 2001.

Beauvoir, Simone de. « La vejez ». Edhasa, 1983.

Jankélevitch, Vladimir,. « La muerte». Pre-Textos, 2009.

Lessing, Doris. Diario de la buena vecina. Edhasa

Si la vejez pudiera. Edhasa

Nussbaum, Martha C. / Levmore, Saul. « Envejecer con sentido. Conversaciones sobre el amor, las arrugas y otros pesares». Paidós, 2017.

Ocaña, Enrique. « Sobre el dolor ». Pre-Textos, 1997.

Sádaba, Javier. « Saber vivir ». Libertarias, 1984.

« Saber morir». Prodhufi, 1991.

Sontag, Susan. « La enfermedad y sus metáforas». Muchnik Editores, 1980.

 

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