Publicado en: 10 octubre, 2015

La voz de Cantabria

Por Marcos Martínez Romano

Desde Cantabria necesitamos contribuir al cambio. Para ello es necesario construir una candidatura que, desde Podemos, nos desborde a nosotros mismos y represente a nuestra gente, a la mayoría social de esta tierra, siendo la voz de Cantabria en el Congreso Español en Madrid.

Durante las últimas semanas la “unidad” y la “confluencia” han seguido estando en boca de todos. Personalmente diría que aparecen en el debate colectivo como una suerte de metas perdidas u olvidadas en algún lugar idílico que no podremos encontrar ni rescatar hasta que hallemos ese paraíso, a pesar de tener la certeza de su inexistencia.

Creo que, en la práctica, el debate se puede resumir en la existencia de dos formas diferentes de entender la construcción de unidad: como suma autorreferencial de actores políticos englobados en una determinada identidad política ya constituida y asentada en una esquina del campo de juego construido por el adversario; o como continua apertura hacia los diversos sectores de la sociedad civil para lograr aglutinar en torno a una voluntad colectiva nueva a la mayoría empobrecida frente a la minoría que se ha enriquecido aprovechando esta crisis. Desbordando, de esta forma, cualquier estructura partidista.

Mi visión coincide con la segunda opción. Es evidente que ese conjunto de personas, movimientos, asociaciones, etc. que denominamos “sociedad civil” – y que solemos cometer el error de mostrar como una esfera ajena a la política- también se agrupa en partidos, se identifica con partidos y expresa su opinión votando a partidos.

Sin embargo, creo que si algo nos enseña el ciclo político abierto con el 15M es que la forma-partido es hoy insuficiente para canalizar las demandas de la ciudadanía. Pero también que, a pesar de ello, sigue siendo una forma de organización aún necesaria para alterar los equilibrios de poder en las instituciones.

Entre ellos, los hay con metas y caminos parecidos y divergentes a los trazados por Podemos. La divergencia no es algo negativo. En buena parte la política es disenso. También entre formaciones que mirando la realidad aún con prismas viejos pudieran situarse en el mismo bando. Sin entender que estos están en permanente construcción y reconfiguración.

Y que en Podemos nos marcamos como objetivo desde el principio precisamente alterar los bandos existentes para poder poner en ventaja a la mayoría social de este país. Nunca unir los trozos desgajados de un margen que nos condena a la subalternidad permanente.

EL PANORAMA TRAS EL 15M

Partiendo de este análisis, creo que nos encontramos en un momento histórico en el que desde nuestra tierra debemos de ayudar a ensanchar la brecha abierta en el Régimen del 78 a partir del 15M. De la grieta originada por el cambio cultural que se produjo en millones de personas en nuestro país. Impugnando las actuaciones de las élites con proclamas y relatos no basados en las clasificaciones políticas ya existentes, sino construyendo una nueva frontera con la que la mayoría social quedara en frente de una minoría señalada como culpable de los sufrimientos de la primera.

A partir también de los posos que del 15M quedaron en forma de ciudadanía activa -en las mareas, en la PAH o en la lucha contra el fracking.

Y a partir de la articulación política (que no representación) que de esta suma de cambio cultural y movilización ciudadana significó Podemos.

Una articulación basada en la creación de una identidad colectiva nueva con vocación de mayoría y de victoria que trascendió las etiquetas compartidas anteriormente y las lealtades políticas previas.

Lo importante no es de donde venga cada cual o con qué etiqueta política se identifique. Lo sustancial para estas elecciones, vistas desde nuestra tierra, no es presentar una papeleta que signifique la unidad de aquellos actores y aquellas personas ya identificadas bajo una identidad política preconstituida.

Lo necesario es saber traducir en Cantabria las demandas populares en este nuevo ciclo político para construir una candidatura cuya seña de identidad sea la defensa de los intereses de Cantabria –de su gente- en el Congreso español en Madrid.

Construirla desde el trabajo con los cántabros y cántabras en todo nuestro territorio. Desde los núcleos urbanos condenados por las políticas del PSOE y el PP a un futuro de precariedad, desarraigo y pobreza, hasta nuestro mundo rural fuente de las riquezas de Cantabria olvidado y maltratado sistemáticamente por los grandes partidos.

Construirla con aquellas asociaciones, movimientos, organizaciones y personas que llevan décadas trabajando por la defensa de nuestro territorio, nuestra cultura, nuestro sector primario, nuestra educación de calidad, nuestra sanidad pública… En definitiva, construir una candidatura de la gente. Una candidatura que se convierta en la voz de Cantabria en el Congreso.

LOS PARTIDOS NACIONALES Y CANTABRIA

Los grandes partidos tienen deudas multimillonarias con los bancos y cuentas pendientes a nivel interno con sus gerifaltes en Madrid.

En Podemos, pese a haber podido errar en ocasiones al supeditar la acción en nuestra tierra a estrategias de ámbitos superiores, nunca hemos dejado de ser parte de Cantabria.

De este pueblo que día a día se constituye como tal con sus estudiantes, autónomos, maestras, médicos, precarios, emigradas, pequeños empresarios o ganaderos como mimbres.

Somos esa gente que, bajo las siglas de Podemos entendidas como mera herramienta contingente, decidió dar un paso adelante hacia la política institucional para defender el derecho de esta tierra y de quienes la formamos y la sacamos adelante a vivir con dignidad. A tener un futuro. Primero a nivel autonómico. En breve, y con la voluntad de desbordar nuestra propia estructura, a nivel estatal.

No nos importa si en el pasado uno votó a un partido u otra votó a otro. No nos preocupa el lado del tablero en el que cada cual se sitúe individualmente. Nos preocupa lograr que en esta encrucijada histórica Cantabria forme parte del cambio.

Para que no vuelvan a ser unos pocos privilegiados alejados de nuestra realidad cotidiana quienes diseñen nuestro destino. Dejando a Cantabria, otra vez más, en un papel subalterno y dependiente.

Condenándonos de nuevo a ser quienes tengamos que dejar nuestra vida y nuestra tierra atrás mientras un puñado de caciques se reparten nuestros recursos al mismo ritmo que nos obligan a enterrar nuestros sueños bajo una cajiga.

La candidatura que construyamos no queremos que tenga el 20 de diciembre como fin. Tiene que ser el arranque hacia un espacio de trabajo colectivo de la gente corriente de Cantabria. Pero evadirnos en este momento de excepcionalidad histórica sería una irresponsabilidad. Porque estos no son unos comicios cualquiera. En Diciembre votaremos por nuestra tierra. Por nuestro futuro. Por nuestras vidas.

Los cántabros y cántabras necesitamos una voz en el Parlamento español con la que cualquier persona común de esta tierra se sienta identificada. Esa tiene que ser la prioridad. Ahora las etiquetas particulares pueden resultar un obstáculo para el cambio. Necesitamos tener miras amplias para dejarlas por un momento atrás. Nuestras vidas no caben en ellas.

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