La victoria de TMB, análisis de una lucha a generalizar

El martes 20 de noviembre el comité de empresa de TMB (Transportes Metropolitanos de Barcelona) se reunía con el objetivo de dirimir la presidencia del mismo; la ausencia de un delegado de CCOO deja el resultado en empate entre la candidatura de CGT y ACTUB y la de CCOO, UGT y SIT. Al día siguiente, el miércoles 21, entre las once y las cuatro horas, el 90% de los conductores secundaba el primer paro por los dos días. CCOO UGT y SIT se veían forzados a reconocer que la mayoría de la plantilla estaba por la movilización. La presidencia del comité de empresa iba a parar al sindicato con más delegados: CGT. Así nacía a la luz pública la lucha por los dos días.

El 18 de julio de 2007 nace el Real Decreto 902/2007, trasladado del Reglamento Europeo 561/2006, que regula los tiempos de trabajo, las pausas y los descansos. Esta legislación abría la puerta a una vieja reivindicación de los conductores: los dos días de descanso semanal sin disminución de salario.

Los conductores y conductoras, entendiendo que era una lucha que debía unirlos a todos y todas fueran del sindicato que fueran, lanzan el Comité de Descansos por los dos días. Este Comité está abierto a todos los conductores, (el resto de la plantilla tiene otros sistemas de descansos), no tendrá siglas sindicales, todas las decisiones se tomarán en asamblea y podrá participar todo aquel que trabaje por lo menos un día a la semana (este último término va dirigido a evitar que personas que hace años que no trabajan por estar liberadas decidan por los conductores).

No utilizar las siglas dejaba claro a la plantilla que esta lucha no era entre sindicatos, sino por la mejora de los derechos de todos y todas las conductoras. Así pues, la apuesta por la unidad y el no sectarismo era explícita desde el principio. La consigna de todo el poder a la asamblea sentaba las bases para una lucha radicalmente democrática.

El éxito de la movilización del 21 de noviembre fue rotundo. Más de 2.000 conductores fueron a la huelga. Como en cada convocatoria de huelga, se realizó una asamblea para decidir los pasos a seguir. La demostración de ganas de luchar de la plantilla forzó a CCOO UGT y SIT a cambiar su postura, incluso dentro del SIT se produce una división. El día 21 de noviembre el conjunto de conductores y conductoras decide dar unas semanas de margen a la negociación y, si esta no fructifica, convocar la huelga. La empresa y el ayuntamiento se niegan en redondo. Alegan que el convenio acaba a finales del 2008 y que hasta entonces no es necesario negociar nada. El día 3 de diciembre se presenta la convocatoria de huelga dividida en dos tandas: la primera los días 21, 22 ,23 y 24 y la segunda 2, 3 y 4 de enero.

Desde el Comité de Descansos se entiende que los autobuses de TMB son un servicio público gestionado por los políticos elegidos por los barceloneses. Por lo tanto, para conseguir el objetivo principal de mejorar las condiciones laborales debe llevarse el conflicto sobre la calidad de los servicios públicos y su modelo de gestión a la sociedad, al terreno político. Los conductores comienzan a contactar con los movimientos sociales de Barcelona. Aparecen Comités solidarios en Gràcia, Nou Barris y Sabadell, y el Centro Social Ocupado “Can Vies” de Sants —que recientemente ha ganado un juicio a TMB— se vuelca en apoyar a los conductores.

Las huelgas

Llega la primera tanda de huelga con un éxito rotundo: sólo cuatro esquiroles de una plantilla de 3.000, a pesar de la campaña de miedo de la empresa y de intoxicación por parte de los medios de comunicación. El día 24 cinco conductores se declaran en huelga de hambre y se concentran en la Plaça Sant Jaume. En diciembre, a pesar del frío y la lluvia, los compañeros permanecen firmes, reparten octavillas informando del conflicto, la policía municipal no les deja ni sentarse y deben permanecer 12 y 14 horas de pie. Cientos de personas se acercan a ayudarles en sus tareas, llevarles bebidas y expresarles su solidaridad. La ruindad de la empresa es tal que lanza el bulo de que la huelga de hambre es falsa.

Por su parte y en un hecho significativo del momento que atraviesa la izquierda institucional, ICV/EUiA, en plena huelga de hambre, acude a la Plaça Sant Jaume y entre ellos el Secretario General de EUiA, Jordi Miralles. Su objetivo era loable. Recordar a los trabajadores muertos en accidentes laborales. Pero a pesar de las tres pancartas que anunciaban la protesta de los conductores de TMB nadie se acercó a interesarse por el conflicto, ni una palabra de aliento.

Llega la segunda tanda. El día 2 de enero, numerosos conductores y conductoras, en las puertas de las cocheras para hacer piquetes. Los antidisturbios vienen a “defender el derecho al trabajo”. El día 3 los conductores cortan la Ronda Litoral después de un nuevo rechazo de la empresa a reunirse. Esa misma tarde el conductor Teo es agredido y detenido bajo la acusación de agresión a la policía. No fue la primera agresión, ni seria la última. A pesar de ello, de nuevo la huelga es un éxito.

El día 4, como en cada jornada de huelga, nuevamente cerca de 1.000 conductores participaron en una asamblea en la que decidieron abrir un periodo de negociación. Después de siete días de huelga la dirección ya no puede seguir negándose a negociar, sin embargo no ofrece nada serio. Al final la fuerza de las movilizaciones obligó a que se reuniera y a que reconocieran al Comité de Descansos como interlocutor. Este hecho es muy importante ya que en autobuses de TMB el modelo de empresa y sindicatos gestores de plantillas está muy asentado. La dirección de la empresa y el Ayuntamiento de Barcelona están acostumbrados a que CCOO, UGT y SIT le controlen la plantilla. La movilización desde la base ha hecho saltar por los aires este esquema.

El siguiente paso es la convocatoria de una gran manifestación para el día nueve de febrero por los dos días. La solidaridad ante la lucha cristaliza en más de 5.000 personas llenando las calles. La demostración de fuerzas es clara: la ciudad está por los dos días.
Sin embargo, la empresa no ofrece nada, de puertas a fuera alega que los conductores ya tienen los dos días. Cuando se reúne con el Comité de Descansos ofrece los dos días siempre y cuando exista reducción de salario o aumento de jornada. El día 12 de febrero se produce un nuevo paro con el objetivo de discutir en asamblea cómo seguir adelante. Se decide convocar huelga del 3 al 7 de marzo —justo antes de las elecciones generales— e indefinida todos los jueves, por ser éste el día de mayor movilidad. Esta nueva convocatoria rechaza la oferta de la Generalitat-TMB que ofrece abrir el convenio sin garantías de ningún tipo a cambio de renunciar a la movilización mientras se negocie el convenio; o sea, carta blanca a la empresa.

Para informar de los motivos de la huelga e involucrar a los barceloneses a su lucha el Comité de Descansos lanza una nueva iniciativa: el periódico gratuito “2 dies!”, del cual se editarán tres números a lo largo del conflicto. El periódico se elabora conjuntamente entre los conductores de TMB y las publicaciones sindicales y de los movimientos sociales de la ciudad: el periódico de la CGT “Catalunya”, el periódico de los movimientos sociales catalanes, “La Directa”, el periódico que agrupa la izquierda independentista, “L’Accent” y el periódico de la CNT “Solidaridad Obrera”. Numerosos activistas de todos los sectores colaboran en su distribución, algunos incluso se suben en los autobuses para informar a los usuarios. En respuesta al periódico “2 Dies!” la empresa cambia de táctica y se gasta 50.000 euros de dinero público en trípticos a todo color que buzonea por los barrios de Barcelona. En ellos dice estar a favor de los dos días. El objetivo está claro: confundir a la ciudadanía que simpatiza con la reivindicación.

El 3 de marzo se inicia una nueva tanda de huelgas. De nuevo la huelga es un éxito, los medios deben hacerse eco de las protestas y van ya 15 días de huelga. Se realiza un paro masivo el jueves 12 de marzo. A la asamblea acuden cerca de 1.000 conductores y conductoras y se decide no aceptar la propuesta de la empresa y, después de un fuerte debate, se vota masivamente por la huelga indefinidida. En ese momento ya se acumulan más de 40 expedientes disciplinarios y ha habido dos detenciones más. Sin embargo, entre la plantilla el sentimiento es que después de toda esta lucha se debe continuar. La unidad y la determinación de los y las trabajadoras de que se podía vencer les da la autoconfianza que todo movimiento de trabajadores necesita para avanzar.

El 11 de abril se inicia la huelga indefinida. Mientras, la empresa no ofrece nada y ha decidido mantener el pulso hasta el final. Los trabajadores no ceden, la solidaridad aumenta. Se paran autobuses en Gràcia y Nou Barris, aparecen pintadas por toda la ciudad, se venden bonos para ayudar a los sancionados, aparece la “Plataforma d’Usuaris/es pels dos dies” y se editan 70.000 tarjetas T-2DIAS para impulsar una huelga de usuarios y usuarias, animando a la gente a enseñar la tarjeta cuando suben al bus y así no pagar.
Ese mismo lunes se llega un preacuerdo donde la empresa abre la negociación del convenio, se compromete a establecer con carácter inmediato a partir del 6 de mayo una bolsa de 25 minutos de descanso diarios hasta la firma del convenio. Además, como puntos a aprobar en el convenio, 96 días de descanso al año, es decir un promedio de dos semanales para un año laboral de 48 semanas y la retirada de los expedientes. Este preacuerdo es ratificado el día 15 de abril por unos 1.500 conductores en asamblea. Hoy el Comité de Descansos se ha transformado en el Comité de Convenio, las condiciones son las mismas: abierto a todo el mundo y todo el poder a la asamblea.

La victoria es incuestionable. Aunque es cierto que no han conseguido todas sus demandas, la lucha de los conductores y conductoras de TMB no puede quedar reducida a un simple análisis económico, a pesar que el objetivo principal era la mejora de las condiciones laborales. La principal lección que debemos sacar de esta lucha es la manera en la que se ha llevado y la capacidad de aglutinar la solidaridad. Esto debe ser valorado y analizado para enriquecer las futuras luchas.

El Comité de Descansos

Desde la década de los 80 hasta la actualidad el sindicalismo “mayoritario” de CCOO y UGT se ha ido transformando en un sindicalismo de gestión, en el que lo principal no es obtener mejoras para los trabajadores sino mantener la paz social. Esta transformación ha ido convirtiendo a los sindicatos en gestores de servicios. Entre ellos el de asesoría laboral. Así, a excepción de algunas empresas, cuando alguien se afilia a CCOO y UGT es mucho más probable que consiga vales para acudir a un dentista con descuento que le convoquen a una asamblea para informarle de sus derechos.

Esto responde a una estrategia clara de las direcciones sindicales. Transformar el sindicato de tal manera que la mayoría de decisiones se tomen de arriba abajo, o sea, desde las cúpulas. Este mecanismo de decisión facilita firmar acuerdos entre sindicatos, patronal y gobierno. De esta manera se firmó el último recorte de pensiones, la última Reforma Laboral o los Pactos por la Vivienda, sin ningún tipo de debate entre la afiliación. En TMB, éste era el modelo consolidado, hasta que los y las conductoras decidieron afrontar el problema de forma no sectaria y sin dividir a los y las trabajadoras por siglas sindicales. Se ha demostrado que ésta es la manera más práctica de acabar con el sindicalismo pactista de las cúpulas de CCOO y UGT. Entender que por estar afiliado a uno de estos dos sindicatos no tienes porque estar de acuerdo con lo que hacen ha sido parte importante de la lucha del Comité de Descansos. Sin entender eso, difícilmente se podría haber conseguido tal grado de unidad, ya que guste o no, estos sindicatos tienen afiliados y afiliadas que también padecen las políticas de su propia empresa, y por desgracia, las de sus propios sindicatos.

Al crear una estructura unitaria sin siglas, como el Comité de Descansos, basada en la lucha desde abajo, en la que todo el mundo era bienvenido, empezaron a resquebrajarse las dinámicas de asambleas de afiliados impuestos por CCOO, UGT y SIT. Sin embargo, el Comité de Descansos no surgió de la nada, sino de la propia lucha. Cuando los y las trabajadoras se organizan desde abajo es cuando aparecen nuevos órganos de lucha, que en definitiva sirven para resolver los problemas concretos a los que se deben enfrentar. En el caso de TMB, se tenía que buscar la unidad para luchar contra la empresa, pero a la vez, se tenía que buscar la forma de pasar por encima de los burócratas sindicales sin poner a sus propios afiliados en contra de la lucha. En este caso, la solución fue la del Comité de Descansos, como hoy es el Comité de Convenio.

Pero el Comité de Descansos no se ganó a los trabajadores el primer día. Fue la constancia de defender propuestas justas y la coherencia de hacer lo que decían lo que le hizo ganar credibilidad entre la plantilla. A su vez el carácter no sectario y mantener el foco en la reivindicaciones, y no en las divisiones, permitió que gran número de afiliados de CCOO, UGT y SIT participaran en las movilizaciones y las asambleas. Con la movilización desde la base, las cúpulas CCOO, UGT y SIT se vieron obligadas a no oponerse frontalmente a la huelga, sino a torpedearla en la sombra. Todo esto propició situaciones como mínimo extrañas, como el hecho de que afiliados de base de los sindicatos que no impulsaban la huelga fueran los encargados de ir a negociar con la empresa en nombre del Comité de Descansos, mientras los medios, las cúpulas sindicales y la empresa insistían una y otra vez en decir que la huelga era algo “sólo de CGT y ACTUB”. Algo que con ese simple hecho se demostraba que era una mentira más.

Otro aspecto clave es que la empresa —a pesar de que al principio se negaba— se ha visto obligada a negociar y firmar con un órgano que no es oficial, pero que ha sido el que ha surgido de la lucha, y sobre todo, era el que los y las trabajadoras decidieron que les debía representar. Esto deja claro que, si se tiene fuerza y se emplea, los empresarios deben reconocerte.

El balance de fuerzas dentro de la empresa ha cambiado con la huelga, no así la composición del Comité de Empresa en el que tienen mayoría UGT, CCOO y SIT. Por este motivo la transformación del Comité de Descansos en el Comité de Convenio es clave para continuar avanzando hacia los dos días. Además, la formación de este nuevo Comité sienta un precedente importante para otras empresas en la forma de luchar que deben emplear los y las trabajadoras en una situación como la actual, donde la lucha desde abajo es tantas veces traicionada por los líderes sindicales.

Pero, ¿por qué ha surgido de repente una lucha de estas características? El rechazo de muchos y muchas trabajadoras a las organizaciones tradicionales a causa de sus políticas pactistas hace cada vez más difícil prever cuando los y las trabajadoras están dispuestas a luchar. La masiva asistencia a la primera asamblea que se organizó por los dos días sorprendió a los mismos convocantes. Eso también explica —junto a la larga historia de lucha en TMB— la naturaleza explosiva de las movilizaciones y su determinación. Quizá si las cúpulas sindicales no fueran tan cerradas a la participación de los y las trabajadoras podrían haber contenido más las movilizaciones. Pero debido a su propia naturaleza estas cúpulas no se pueden permitir ese lujo, porque al mismo tiempo, ponen en peligro sus propios privilegios.
Lo cierto es que la apatía o el desánimo no son conceptos estáticos. En ciertos momentos —y quizá asistiremos a muchos de ellos los próximos años— la apatía y el pesimismo se pueden transformar en todo lo contrario: grandes y potentes luchas. Los y las trabajadoras que han perdido toda esperanza y confianza en que sus propias organizaciones les sean útiles se ven forzados ha entrar en luchas explosivas de forma aún más decidida.

La izquierda, los sindicatos y los movimientos sociales

Las direcciones sindicales de CCOO y UGT, e incluso los mismos sindicatos, han virado escandalosamente a la derecha en sus planteamientos. Cada vez se ve más claro la incapacidad de estos para organizar a la nueva clase trabajadora, con índices elevadísimos de temporalidad, sin conocimiento de cómo reclamar sus derechos laborales, extremadamente susceptibles de represión y con escaso o nulo contacto con tradiciones de lucha. ¿Cómo es posible que en todos estos años no se haya lanzado una lucha generalizada y sostenida desde las centrales con capacidad para hacerlo? La causa está clara, los precarios, al no estar afiliados, no les importan mucho a las cúpulas. Además, para organizarlos no basta con montar unas elecciones sindicales, sino que hay que patearse las calles, hablar con la gente, pero sobre todo tener ganas de luchar. Otro factor es la utilización de la precariedad por parte de los líderes sindicales para —con las promesas de acabar con ella— conseguir más votos, ya sea en las elecciones sindicales o a la hora de pedir el voto para algún partido. ¿Por qué acabar con algo que cuando llegan las elecciones te proporciona más votos?

La estrategia de paz social en la que se encuentran comprometidos CCOO y UGT requiere que el capital tenga mano de obra barata para crecer. No es que dentro de CCOO y UGT no exista gente que lucha por mejoras, es que la estructura burocrática del sindicato aísla a estas personas de diversas maneras. Una de las más comunes es tacharles de antiguos o de pesados y muchas veces expulsarles. Es ahí dónde entra la izquierda sindical. Organizaciones con distintos grados de implantación, pero que mantienen unas prácticas democráticas, un sentido de clase y son lo suficientemente flexibles para afrontar el reto de luchar contra la precariedad.

Por su parte la izquierda parlamentaria se ha visto otra vez atrapada dentro la espiral institucional en la que hace tiempo que está metida. El hecho que Jordi Miralles fuera incapaz de ir, ni tan siquiera a hablar con los trabajadores en huelga de hambre es muy significativo. Ni IC-V ni EUiA fueron capaces de mostrar ningún tipo de solidaridad con los y las trabajadoras en huelga. Aunque a estas alturas no es sorprendente. Imma Mayol, de IC-V y ex teniente alcalde del Ayuntamiento de Barcelona, fue una de las impulsoras de la progresiva privatización de “Parcs i Jardins”, empresa del Ayuntamiento dedicada al cuidado de los parques y jardines de Barcelona. Joan Saura, también de IC-V fue el que mandó y ordenó los dispositivos policiales antipiquetes durante la huelga, mientras sus “Mossos” reprimían una y otra vez a los y las trabajadores y a aquellos que les apoyaban. El seguidismo de EUiA a IC-V le ha convertido en un simple apéndice de esta formación. Un apéndice sin ningún tipo de perfil ni autonomía, como demuestra el hecho que EUiA haya sido la única formación que haya hecho público su apoyo al Conseller Baltasar de IC-V respecto a su política del agua en el transvase del Ebro. Cada vez más alejados de los movimientos sociales y de cualquier tipo de lucha, el patetismo de su política muestra la necesidad de reconstruir una izquierda de combate que apoye las luchas y sea un instrumento útil para ellas.

Pero a falta de esta nueva izquierda, la lucha por los dos días ha contado con la solidaridad de muchos sectores sociales y políticos. Varios son los factores que lo han hecho posible. En primer lugar, por la búsqueda activa de la solidaridad por parte del Comité de Descansos y su comprensión de la necesidad de movilizarse, pero también la búsqueda de apoyos políticos en el resto de movimientos y colectivos de la ciudad. En segundo lugar, la extensión de la solidaridad ha sido menos difícil por cuestiones prácticas. Al ser los autobuses un servicio público urbano, con paradas distribuidas por toda la ciudad y no una fábrica alejada del centro de las ciudades, el apoyo activo en forma de acciones y sabotajes ha sido más extenso y efectivo.

Una vez más, se ha visto en la lucha de TMB la demostración de que los y las trabajadoras —a pesar de ser “sólo” casi 3.000—, debido a la condición que ocupan en el sistema, tienen la fuerza suficiente para vencer. Los movimientos sociales muchas veces plantan batalla y son un foco de resistencia necesario e importante, pero ninguno ha conseguido una victoria tan clara sobre el Ayuntamiento de Barcelona en los últimos años.

A pesar de la importancia del apoyo de los movimientos sociales y colectivos de la ciudad, la victoria es de los conductores. Ellos son los que durante 18 días interrumpieron el servicio de autobuses. No obstante los movimientos sociales de Barcelona entendieron en todo momento que una victoria de los conductores era una victoria para toda la ciudad. Esta lucha contra una gestión neoliberal de los servicios públicos muestra que es posible vencer. Pero sobre todo nos enseña que la unidad de acción de los distintos sectores, la claridad en las reivindicaciones, la movilización continuada desde la base y la democracia directa son los pilares con los que construiremos una nueva izquierda.

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