La verdad sobre la división de Corea

LA VERDAD SOBRE LA DIVISIÓN DE COREA


Por Mario Medranda, Comisario Nacional de la KFA

Por lo general, en la mayoría de los círculos académicos y mediáticos, principalmente en Occidente, la historia de la división de la Península Coreana está simplificada, principalmente debido a intereses políticos que buscan revisar la historia para intentar justificar de alguna manera la presencia militar estadounidense en Corea. En las líneas siguientes tratamos de dar un poco de luz al tema, proporcionando datos históricos que permitan un análisis objetivo de los hechos que han llevado a la división de todo un pueblo y al enfrentamiento fratricida entre coreanos.

En el contexto de la Segunda Guerra Mundial, en febrero de 1945, durante la Conferencia de Yalta, la URSS finalmente aceptó declarar la guerra a Japón después de dos o tres meses de la derrota de Alemania. A pesar de ello todavía no se discutía cuál sería el futuro de Corea, en ese momento colonizada por el Imperio japonés. Oficialmente, la URSS declaró la guerra a Japón el 9 de agosto de 1945, iniciando operaciones militares en Manchuria, que barrieron a las fuerzas japonesas estacionadas allí. A su vez, el Ejército Revolucionario Popular de Corea comandado por Kim Il Sung, que llevaba años llevando a cabo acciones militares contra las fuerzas de ocupación, declara un levantamiento general para afrontar la liberación de toda Corea.

No es sino hasta el 15 de agosto, día de la rendición incondicional del Imperio de Japón, que Estados Unidos presente a la URSS un proyecto por el cual Corea se dividiría en dos zonas donde cada ejército aliado aceptaría la rendición de las fuerzas japonesas estacionadas allí, dividiéndose estas zonas a través del paralelo 38. Es importante aclarar que este proyecto tenía la intención de ser sólo provisional, pero las verdaderas intenciones de Estados Unidos eran evitar que la Península Coreana fuera completamente liberada por el Ejército Rojo y los revolucionarios coreanos, y que pudieran así defender sus intereses económicos y geopolíticos en la región.


Después de la guerra, la Conferencia de Moscú tuvo lugar en diciembre de 1945, y en ella se determinó que los ejércitos aliados actuarían juntos para facilitar la formación de un gobierno unificado del pueblo coreano en colaboración con los partidos sociales y democráticos en todo el país, permitiendo así la llegada de la tan deseada independencia.


Pero la realidad era que la actitud de los Estados Unidos antes y después de esta conferencia era completamente contraria a lo que querían decir con sus palabras. El mismo día de la rendición de Japón, el 15 de agosto, se formaron comités populares en todo el país bajo la protección de la autoproclamada República Popular de Corea. Algunos de los puntos esenciales de estos comités eran la reforma agraria, la nacionalización de las principales industrias, la igualdad entre hombres y mujeres y la promulgación de una ley laboral que proporcionaba protección a los trabajadores. Mientras que por un lado la URSS permitió el libre desarrollo de comités populares y la formación del Comité Provisional del Pueblo de Corea del Norte presidido por
Kim Il Sung, elegido por unanimidad por su gran prestigio tras la lucha guerrillera, Estados Unidos disolvió la autoridad de los comités desde el momento en que entró en Corea del Sur el 8 de septiembre, y estableció una administración militar que trataba al pueblo coreano como si fuera un pueblo derrotado en la guerra.


En esta situación, hubo varios levantamientos de la población surcoreana. Estos levantamientos fueron brutalmente reprimidos, y no sólo los comunistas y los líderes del movimiento obrero, sino también las personalidades progresistas que favorecían la reunificación y se oponían a la ocupación militar estadounidense fueron objeto de persecución, muchos de ellos asesinados. Por todo esto, los ocupantes estadounidenses confiaron en las clases y sectores más reaccionarios de la sociedad coreana, colocando a muchos de ellos en puestos clave de su administración, incluidos grandes terratenientes, empresarios ricos y antiguos funcionarios del gobierno colonial japonés.


Al mismo tiempo que ocurrían estos acontecimientos en el Sur, en el Norte se aplicaron las medidas progresistas mencionadas anteriormente, como la nacionalización de las principales industrias, la reforma agraria, la ley de igualdad entre hombres y mujeres y el derecho laboral. Esto llevó a una emigración masiva de los terratenientes y los más reaccionarios al Sur, mientras que muchos progresistas y revolucionarios del sur emigraron al Norte.

El punto culminante se produjo en 1948, cuando, a instancias de los Estados Unidos y contra la voluntad de la mayor parte del pueblo coreano, se celebraron elecciones separadas en el Sur, las cuales, además de ser completamente fraudulentas, impedían la participación de candidatos de las clases populares, lo que condujo a la formación unilateral de la República de Corea (Corea del Sur) en agosto de ese año, profundizando la división de Corea.

En respuesta, hubo nuevos levantamientos populares en todo el país, uno de los más importantes en la isla de Jeju, donde los insurgentes fueron brutalmente reprimidos y miles de ellos fueron asesinados por fuerzas títeres recién formadas en Corea del Sur, por supuesto con armamento, entrenamiento y asesoramiento estadounidense.


Por último, antes de la formación unilateral del Estado surcoreano, el 9 de septiembre de 1948, se creó la República Popular Democrática de Corea (Corea del Norte), y las tropas soviéticas, en cumplimiento de los acuerdos, abandonaron el país. A pesar de las propuestas hechas por el Norte para la reunificación pacífica, todo el clima de inestabilidad y hostilidad promovido por Estados Unidos durante esos años conduciría a la Guerra de Corea, que estallaría en 1950, seguida por la intervención masiva de Estados Unidos, resultando ser uno de los conflictos más brutales del siglo XX, sólo comparable con la agresión contra el pueblo vietnamita que liderarían los yanquis en la década siguiente.

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