La trampa del «Fondo especial para la recuperación social y económica» del Gobierno de España

El peligro de la vuelta a la “nueva normalidad” cuando todos gananan

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La confusión entre fantasía y la realidad parece no tener limites. La visión optimista promovida por el gobierno español de la salida victoriosa pospandemia para 2021 podrían explicar la tranquilidad social que se vive en España. ¿Es pasible «volver a la normalidad» hundidos en un lodo de “crédito gratuito” proveniente de los bancos centrales?

    El comienzo en junio del reparto del primer tramo de 6.000 millones del fondo covid-19 de 16.000 millones, anunciado por el presidente del Gobierno español Pedro Sánchez, se inscribe como una de las tácticas estatales concebidas “contra las revueltas de la clase obrera» en tiempos de crisis.

  En palabras de Sánchez, su objetivo es el de:

   «prepararnos mejor ante la consecuencias económicas y sociales que ya comienzan a verse por el parón de la actividad económica».

  Nos haríamos un pésimo favor si identificáramos esta decisión como una expresión de la voluntad gubernamental para enfrentar las causas que subyacen a las consecuencias de la peor y más compleja crisis socio económica que la Covid-19 ha precipitado. Hay regularidades históricas que cuestionan cualquier optimismo al respecto.

  Para ello, es preciso que se analice con una mirada más global y más amplia, la dimensión real de la crisis económica que se ha estado desarrollando más allá de la coyuntura de la pandemia del coronavirus. Observemos, por ejemplo, el peso de la deuda pública española de cara al futuro.

    Jamás ha habido niveles tan elevados y crecientes de endeudamiento lo que no presagia nada halagüeño. Así lo reconoce el vicepresidente de la Comisión Europea, Valdis Dombrovskis, quién asiste habitualmente a las reuniones del Banco Central Europeo:

“una vez que los países se recuperen de la crisis volverán a estar en vigor las normas fiscales ordinarias y se adoptarán medidas más prudentes”. Todos sabemos lo que significa adoptar, medidas más prudentes.

   Desde hace bastante tiempo antes, varios economistas ortodoxos, críticos marxistas y organizaciones sociales han venido señalando el riesgo de una crisis desatada por el galopante nivel de la deuda iniciado en el 2010 a consecuencia de las políticas monetarias en respuesta a la crisis de 2008.

    En las últimas décadas uno de los principales problemas de la economía en España ha sido la elevada deuda pública, la que ha aumentado en el primer trimestre del presente año en 400.000 millones de euros en bonos del Tesoro al Banco Central Europeo. Un incremento que se traducirá en una dependencia récord a dicha institución financiera. La magnitud de la deuda es tan elevada que su gestión ya no depende solo de las decisiones de España, sino del Banco Central Europeo (BCE).

    Pero no solo eso, a esa deuda actual que equivalen al 20% del Producto Interior Bruto español se sumarían el Programa de compras de emergencia frente a la pandemia (PEPP). Como se conoce, el PEPP, aprobado en marzo de 2020 y valorado en 750.000 millones de euros, permanecería en vigor hasta finales del presente año.

  Previsiblemente, el déficit público español será «muy elevado» como lo son también las graves consecuencias para las clases trabajadoras sobre las que históricamente se ha descargado el peso de las crisis.

   Institucionalmente, no hay salida a la rueda infernal de las crisis capitalistas. Las propuestas de solución, inspiradas en las denominadas “teorías alternativas de la crisis” como la del subconsumo, o la falta de demanda efectiva, “desarrolladas a partir de las teorías del reaccionario Thomas Malthus y del radical Sismondi, ambos de comienzos del siglo XIX, que fueron recogidas por Keynes en la década de 1930 y por modernos teóricos de la desigualdad como Stiglitz y por los economistas post-Keynesianos”, no se sostienen el la práctica (1)

    Todas ellas, como explica Michael Roberts, son propuestas de salida dentro del sistema capitalista:

     “Si es debida al subconsumo, el gobierno tiene que gastar más; si es debido al aumento de la desigualdad, es necesaria una corrección redistributiva fiscal; si es debido al exceso de crédito o a la inestabilidad del sector financiero, hay que regularlos. Nada de ello implica políticas o acciones para sustituir al modo de producción capitalista, sino simplemente para corregirlo o mejorarlo. Conducen a estrategias reformistas, es decir, no hay necesidad de reemplazar el modo de producción capitalista”.

    Tanto a «izquierda» como a derecha, la lógica es la misma. Desde el Gobierno se ha reclamado a los agentes sociales y partidos políticos renovar los “Pactos de la Moncloa” para la reconstrucción económica y social. Dichas propuestas incluyen una renta mínima, apuntalar el estado el bienestar, en especial en lo que se refiere a la sanidad pública, invertir en la lucha contra el cambio climático y en la digitalización, garantizar la revalorización de las pensiones y del salario de los funcionarios, etc. Para la oposición, todo pasan por bajar los impuestos para reanimar la actividad privada.

    Como es patente, el denominador común en los dos casos es que todas las propuestas requieren de un importante esfuerzo presupuestario. Esta es la visión reformista que muchos aceptan acríticamente.

(1) Michael Roberts: “La teoría marxista de las crisis económicas en el capitalismo” https://www.sinpermiso.info/textos/la-teoria-marxista-de-las-crisis-economicas-en-el-capitalismo

Fuente: Canarias Semanal

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