La televisión que nos merecemos

Repetido es aquel juicio que dice: «cada pueblo tiene el gobierno que se merece», la misma fórmula, muy simplista, se puede aplicar al tema de la TV y sus productos en el seno de cada sociedad.

Pero en este caso la fórmula puede estar más cercana a la realidad, cuando de por medio nos encontramos con fenómenos que se construyen, que parten de matrices vinculadas con la cultura, con la reproducción y creación de conceptos, formas de ver, de interpretar, de crear en base a los sustratos básicos de procesos de socialización marcados, en el caso de nuestra realidad latinoamericana, por una escala de anti valores posicionados como sus contrarios, en el imaginario creado por los medios de comunicación-empresa.

Siendo la realidad cercana a lo expuesto, es evidente que la producción, difusión de los mensajes de la TV en nuestros países, dejan bastante deuda con la verdad, con la construcción de la democracia, con la construcción de valores; en definitiva está bastante lejana de la realidad y ficción reproducida por las cadenas de TV con las necesidades, la naturaleza y los anhelos de los pueblos.

Lo más concreto, el efecto más percibible es la atomización de las relaciones humanas, en aras de una individualidad posicionada como palestra cultural del consumo y la vanidad. Esto deriva en la producción y reproducción de brechas sociales que segmentan las poblaciones de acuerdo a su capacidad de consumo; de este manera la burguesía se muestra en la TV como la meta a donde llegar, idea vendida a sabiendas de que los consumidores de los mensajes jamás serán parte de los «beneficios» del capitalismo; sin embargo la estrategia parece funcionarles, llevando los niveles de alienación a un dramático escenario de descomposición social.

La antiquísima fórmula de «circo para el pueblo» con el desarrollo tecnológico cobra renovados bríos en pos de mantener las conciencias segadas, bloqueadas por el brillo de los espejos prometidos por el capital por medio de la TV.

La violencia y crónica roja se toman las pantallas, y convierten la decadencia del sistema en lo más natural a ojos de los receptores, mostrando la ignorancia y la pobreza como un circo en el que los burgueses y clase media se sienten cómodos delegando estas taras sociales a sus enemigos de clase, de quienes, están seguros, terminarán destruyéndose internamente.

Crasa interpretación. Muy al contrario la desbordante violencia efecto de sus políticas, termina dinamitando las bases de la sociedad del capital, son millones los pobres víctimas y protagonistas de esta violencia que tarde o temprano encausaran la violencia organizadamente contra quienes intentan invisibilizarlos en la realidad, para convertirlos en «Talk show» en las pantallas.

Si tenemos la TV que nos merecemos, será por que la estrategia psicológica del poder ha llegado a copar hasta nuestras conciencias supuestamente contestarias.

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