La sonrisa vertical

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Por Miguel Martin

Un fantasma recorre Podemos: el fantasma de la sonrisa, y mientras todas las fuerzas de la vieja España se han unido para demostrar el origen maléfico de este partido político, la ilusión y las sonrisas inundan las redes sociales de nuestro país.

¡El que no sonría no sale la foto! – se oye decir desde arriba; y como en una horrible pesadilla todos tenemos que aparentar felicidad y optimismo porque sí, porque UNIDOS PODEMOS. Unidos sin más ceremonia que un brindis en Sol, sin padrinos, sin más invitados que las simples cámaras de unos móviles y, por supuesto, sin ningún tipo banquete.

A decir verdad me alegro de que esto haya sucedido, me alegro de que por fin personas de IU, Equo y Podemos hayan acordado presentarse en una misma lista electoral, ya que tal unión ofrece la oportunidad real de que un conjunto de cabezas bien amuebladas y con cierta sensibilidad social pueda llegar a gobernar a corto plazo. Lo que en condiciones normales parecía imposible, Podemos lo ha conseguido en apenas dos años. Cosa que hay que agradecer.

Ahora bien, no esperemos ver que esta formación política exista más allá de una década, porque su papel no es el de permanecer en el tiempo, sino el de inaugurar una nueva etapa política en nuestro país. Más allá de eso, ¿qué se puede esperar de Podemos? Podemos no es la solución, más bien ha sido el instrumento con el que muchas personas de nuestro país se han implicado por primera vez en Política. Ni más ni menos.

En el tiempo de existencia que resta a Podemos probablemente haya quienes busquen su propio beneficio, pero eso lo único que supondrá será la aceleración del proceso desintegrador de este partido. Por esa misma razón considero que el momento de que personas como Jorge Lago, Alberto Garzón, Carolina Bescansa o Rocío Anguita consiga formar parte del Gobierno de España es ahora. De otro modo habrá que esperar mucho tiempo para que una oportunidad así vuelva a presentarse de nuevo.

Quizá estas palabras le borren la sonrisa a más de uno, pero sinceramente es lo mejor que podría ocurrir en el futuro: que Podemos desaparezca. Y que con ello desaparezcan todos aquellos que han jugado a ser pequeños tiranos desde sus puestos en secretarías generales, consejos ciudadanos y comisiones de no se sabe muy bien qué.

Del mismo modo, lo mejor que le puede ocurrir a la ciudadanía en los próximos años es demostrarse a sí misma que para poder participar activamente en la política de su municipio, región o país no tiene por qué someterse a la disciplina de un partido político en concreto. Pues eso significará, entre otras cosas, que tanto dichos partidos políticos como el propio Estado habrán puesto a nuestra disposición diferentes mecanismos y canales de participación ciudadana para que cada uno de nosotros pueda proponer, debatir y decidir directamente sobre los asuntos públicos.

Durante décadas hemos visto en nuestro país cómo el mundo de la política estaba reservado a unos pocos, independientemente de su talento o de su capacidad para organizar, diseñar o liderar un determinado proyecto político. Incluso dentro Podemos hay grupos de personas cuya máxima aspiración es ser alguien a través de un puesto en el partido. Da igual qué puesto sea ese o si a ello va asignado un determinado sueldo. Lo importante es ser responsable de algo, aunque posteriormente dicha responsabilidad no se ejerza ni se evalúe por nadie.

Precisamente esa actitud es la que hay que desterrar de nuestra sociedad, pues ésta está muy extendida e impide que se profundice en la idea de lo que significa ser un ciudadano, es decir, en la idea de ser una persona libre con la capacidad de discutir y decidir en igualdad de condiciones sobre las cosas que afectan al conjunto de nuestra comunidad humana: educación, sanidad, trabajo, vivienda, alimentación, machismo, maltrato animal, etc.

Desgraciadamente hay muchas personas que se ven así mismas con la capacidad de mandar, pero no con la capacidad de obedecer. Y piensan así que todos aquellos que le rodean son gente sin voluntad que debe someterse por naturaleza a su autoridad. Nada más alejado de lo que debe ser una democracia, un sistema en el que supuestamente hemos de tratarnos como seres libres e iguales, es decir, un sistema en el que todas y todos tenemos la capacidad de mandar y de obedecer y en el que hemos de apreder cuándo mandar y cuándo obedecer para que nuestra sociedad funcione del mejor modo posible.

Así pues, queda preguntarnos lo siguiente: ¿quiénes quieren seguir en Podemos sabiendo que esta formación tiene fecha de caducidad? ¿quiénes en Podemos están dispuestos a aceptar que para que nuestra sociedad avance, Podemos tendrá que desaparecer a corto plazo? Esa gente será la que protagonice una nueva etapa de nuestra historia en la que lo que se ha conocido hasta nuestros días como la izquierda tendrá que organizarse en espacios de participación ciudadana más heterogéneos y menos ortodoxos que un partido político.

Estos espacios serán, tal y como los denominamos actualmente, espacios de confuencia y darán pie a que personas procedentes de diferentes movimientos, colectivos, asociaciones o partidos se unan para defender un determinado proyecto político para nuestros municipios y regiones. Esto mismo ya está ocurriendo en Cataluña ante la imposiblidad de Podemos de estructurarse orgánicamente y también ocurrirá muy probablemente en el resto de nuestro país, donde Podemos única y exclusivamente es conocido por las personas que salen en la tele, no por las que trabajan a pie de calle o representan a dicho partido a nivel municipal.

Sonriamos de cara a este próximo 26J, un día que puede ser histórico para España desde el punto de vista político. Pero sonríamos también cuando haya que aceptar que Podemos, como tal, ha de desaparecer para dar lugar a otra cosa menos marchita y más esperanzadora.

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