Publicado en: 16 octubre, 2015

La sombra del Golem

Por Iñaki Urdanibia

Aprovechando el 100 aniversario de la publicación de la novela fantástica que lleva el nombre de la figura legendaria checa, me permito derivar por dicha obra literaria y, por extensión, por dicha enigmática figura.

Por Iñaki Urdanibia

       Aprovechando el 100 aniversario de la publicación de la novela fantástica que lleva el nombre de la figura legendaria checa, me permito derivar por dicha obra literaria y, por extensión, por dicha enigmática figura.

100 años de << El Golem>>

       En 1915 se publicó la que con el paso de los años se convertiría en una obra clásica de la literatura fantástica: « El Golem » de Gustav Meyrink ( 1868-1932); la influencia de la obra se multiplicó debido a la versión cinematográfica que de ella se hizo. El autor pasó, había pasado ya casi desde su nacimiento, a ser incluido entre los malditos: era hijo natural de un ministro wurtemburgués y de una actriz de Baviera de origen judío ( María Meyer) , la familia paterna se desentendió de él, y la madre se hizo cargo de él, dándole el apellido. Gustav Meyrink llegó a Praga con su madre en 1883, siendo adolescente y sería veinte años más tarde cuando abandonaría , en 1914, la ciudad , en donde de 1889 hasta 1902, había trabajado como banquero, profesión de la que sale escaldado al ser acusado de algunos desfalcos fiscales…Intento de suicidio debido a tales problemas, y a partir de entonces dedicación completa a la escritura y a la realización de traducciones. Estudios secundarios en Munich, Hamburgo y Praga. Estudios de comercio en Praga. Debido a las dificultades monetarias se traslada a Viena en donde colabora en diferentes periódicos, al tiempo que escribe sus novelas fantásticas, siendo El Golem ( 1915) la que alcanzó mayor fama.

Desde joven había mostrado sumo interés por cuestiones paranormales, esotéricas, espiritistas, participando en distintos círculos, tanto en Munich, en Praga como de su ciudad natal, Viena, y en tal tipo de publicaciones vieron la luz sus primeros textos, muy en especial en la revista Simplizissimus . Este singular personaje que fue declarado hereje, mantuvo correspondencia con Franz Kafka y con Thomas Mann, y fue incluido en las listas negras por las hordas nacionalsocialistas.

El escritor que pasa como eminentemente praguense vivió allá de manera relativamente limitada. Sus dos novelas más celebres, la ya citada-que por otra parte provoca estas líneas- y La noche de Walpurgis ( 1917) tienen como escenario Praga. La literatura gótica recurre a los castillos, las brumas al borde un lúgubre y negro estanque, como la casa Usher de E.A.Poe. Meyrink elige Praga, de la que no está de más recordar su origen etimológico, umbral, y así la ciudad aparece como un lugar simbólico, un lugar legendario, un lugar fatal. La visión de dicha ciudad tomaba cuerpo en el imaginario del escritor, y desde luego todo da por pensar que los fantasmas no se instalan en cualquier lugar sino que necesitan un hábitat adecuado. El terreno fantástico parece responder siempre a ciertos códigos: un lugar familiar, reconocido, integrado en nuestra cultura, en nuestro paisaje y que sin embargo oculta en sus profundidades ( subterráneos, cavas, bodegas…) una sorda amenaza, olvidada, marginada del orden aparente.

La novela se convirtió en la novela del geto praguense, que nos es presentado con el recurso a metáforas antropomórficas, como el lugar de la monstruosidad, de la anarquía, de la decadencia, de la perfidia, del furor…casas a las que se accede por retorcidas escalinatas, ventanas estrechas y enrejadas, y los porches como « bocas abiertas dispuestas a lanzar un rugido de odio». Los habitantes moviéndose en el interior de esos muros tortuosos, sobre los que pende la amenaza del crimen, es la figura de una humanidad degradada ( Rosina la prostituta, Jaromir el sordomudo) o perversa ( Wassory, médico demoníaco, Wassertrum, anticuario turbio); teatro de esta depravación el cabaret « Loisitscheck» en donde en un revoltijo humano, se mezclan gentes de diferentes procedencias, clases, sexos, y en donde los caballeros elegantes se codean con individuos de vida dudosa, prostitutas y travestis.

Sin dudar el libro que recuerdo en estas líneas fue el más célebre y el que le impulsó a la fama dentro del género fantástico. Si como veremos el personaje creado-según cuenta la leyenda-por el rabino Low, era un ser de barro que cobraba vida, en el libro de Meyrink, cualquier parecido con tal figura se ausenta ya que más que cualquier ser material, nos hallamos ante la misteriosa presencia de un espectro, un fantasma que recorre las callejuelas de la ciudad vieja de Praga, y más concretamente el barrio judío. La aparición de ese fantasma que no acarrea más que desgracias, se cumple matemáticamente cada treinta y tres años, y como si de un viento se tratara sacude las mentes de los habitantes del gueto, haciendo que en ellos apareciese el desasosiego, el temor y el temblor que acompañaban a la constante amenaza de la muerte que se apoderaba de las casas, sin entrada, sin salida, con desvanes imposibles…y , en ocasiones, dependiendo de ciertas coincidencias astrales, de algunos signos premonitorios hacía que el misterioso ser adoptase forma sensible.

Como una epidemia, como la enfermedad crónica, basada en las angustias y los temores, que afectaba al pobre pueblo hebreo perseguido. La visión que en el libro adopta tal personaje se amplía al hacer que en cierto sentido el golem es el reflejo que yace en   cada cual, en su inconsciente, y en sus sueños.

El autor consigue transmitir un ambiente nebuloso y fantasmal, que se ve acrecentado por el laberíntico trazado que se nos hace de los barrios de la urbe; el ambiente mistérico, por otra parte, responde al modo de pensar que tenía Meyrink siempre preocupado por ir hasta el fondo del alma humana, a los rincones desconocidos y ocultos que sin embrago-según su opinión- contenían estratos realmente significativos en lo que hace a la constitución de la esencia humana. Decía el amigo, y más tarde albacea, de Kafka, Max Brod, que «a Meyrink le cautivaban los universos arcanos de la Cábala y el budismo » e indudablemente el escritor contagiaba los antiguos edificios praguenses con esos aires misteriosos y fantasmales. Kafka, por su parte, era de la opinión que en su novela Meyrink reflejaba «maravillosamente la atmósfera del antiguo barrio hebreo de Praga».,

Cabe añadir que cuando el narrador presta características físicas al personaje, estas son las propias de la fisonomía asiática, si bien en muchos momentos puede interpretarse la presencia del golem como representación del eterno judío, figura que contaba Apollinaire haber encontrado en las calles de la ciudad del Moldau a principios de siglo.

Mas si las callejuelas y los subterráneos son lugares de perdición ( como es fácil perderse en un laberinto), al meno pertenecen a un geto, a un recinto cerrado, circunscrito a una zona de la ciudad. En contraposición se halla la otra orilla del río Moldau, y la misma arquitectura que resulta majestuosa, grandilocuente, con sus arcadas y puertas cocheras, sus palacios barrocos y sus esculturas en bronce y en otros materiales nobles; justo el revés de la atmósfera asfixiante del geto. El héroe de Meyrink, Pernath, es precisamente el ser que pasa de un lado al otro, franqueando el umbral…siendo consciente de que no está en su casa en ninguno de las dos orillas.

¿ Cómo se presenta en el libro al Golem que siembra el terror en el geto? : « es reproduce cada treinta y tres años aproximadamente, en nuestra callejuelas, un acontecimiento que no tiene en sí nada de particularmente extraño, pero que desata sin embargo un viento de pánico sin que pueda encontrar explicación alguna o justificación al fenómeno. Cada vez , un hombre totalmente desconocido con un rostro lampiño, amarillento, de tipo mongol…vestido con ropas pasadas de moda, llamativos, avanzando con un paso regular y especialmente titubeante, como si fuera a derrumbarse de un momento a otro, atraviesa el barrio judío se desvanece bruscamente…»

La aparición de esa figura humana, con apariencia asiática, recuerda a la creación del rabino Löw, materializando los fantasmas de violencia destructora del « alma colectiva» del geto, siguiendo el regular mecanismo del Eterno retorno, jugando su aparición una especie de función catártica.

Meyrink a pesar de cierta fatalidad histórica, colectiva, que asoma asociada a su misterioso personaje, piensa no obstante que ello no impide que cada individuo pueda salvar su identidad…Como muestra de ello ahí está el viaje iniciático de Athanasius Pernath, que a través de diferentes pasos, visiones y experiencias extáticas, identifica poco a poco el fantasma del Golem con su propio doble, demonio interior escondido y amenazador que él aprende progresivamente a reconocer, dominar y exorcizar. El último «encuentro» con la leyenda acaba siendo una desmitificación: Pernath, una noche, desciende a uno de los innumerables subterráneos del geto y accede a una habitación sin salida en la que, una vez más, se le aparece el fantasma legendario. De madrugada, temblando de frío, se echa sobre sus espaldas un viejo vestido deshilachado que halla en un rincón y sale a la calle. De inmediato la gente se agrupa alrededor de él, «un ejército de rostros, torcidos por el miedo»; Pernath comprende el desprecio de la muchedumbre y se quita los harapos que se había puesto, lo que viene a suponer, al menos para este personaje, que la realización de la leyenda permite la conquista de una lucidez superior, haciendo que en vez de alienar su persona, le abra la vía de una liberación interior.

Descripción parecida a la que hiciese el acosado Arthur London-el autor de La confesión – : « detrás del alto muro del parque, al fondo subía hasta las estrellas un mar de niebla rojiza, proveniente de Praga, que yacía amodorrada allá abajo, al otro lado del Moldava» ( La noche de Walburgis ), o con ciertos aires oscuros como ya la habían pintado Guillaumme Apollinaire, André Gide o Albert Camus..

Si en esta obra que muestra rasgos expresionistas se recurre a ese ser del folclore bohemio, éste está lleno de maniquíes, marionetas, muñecos, autómatas, y basta con visitar las calles de Praga para confirmar lo señalado; esta omnipresencia se contagia igualmente a las obras literarias como puede constatarse en algunos relatos de Lovecraft, el Odradek ( la palabra viene de ostraditi, disuadir)que protagoniza algún cuento de Kafka, El lamento del padre de familia, sin obviar los robots de Karel Kapek…sin olvidar al tan hispano, llevado por los carmelitas, Niño Jesús de Praga , el Jezulátko, que se supone que tiene la virtualidad de no atraer desgracias sino al contrario, gracias y beneficios, y no como el Golem que no acarrea más que desgracias, maleficios y desconciertos varios.

La leyenda

       El ambiente que rodeaba el reinado de Rodolfo II, en el siglo XVI, Praga, la ciudad-libro ( de tres lenguas: checo, alemán y hebreo / yidish) de la que hablase uno de sus ciudadanos ilustres, Kafka, era lugar propicio para el pulular de diferentes vendedores de magias y otras yerbas como curanderos alquimistas, visionarios, astrólogos, etc . En aquellos tiempos en el que el barroco se implantó a saco, en el arte y en la arquitectura, como acompañante de la bestial embestida de la Contrarreforma, encabezada por los miembros de la Compañía de Jesús, lo que explica la amplia presencia de esculturas e imágenes de Ignacio de Loyola, fundador, como es sabido, de tan santa congregación religiosa: los jesuitas .

Bajo el reinado del nombrado monarca vivía entre los judíos de Praga un hombre de nombre Rabbi Jehuda Löw Bezalel ( 1512 ó 1520 – 1609) , cuyos restos reposan en el cementerio judío de la ciudad. Hombre de amplios conocimientos era conocido como el rabino Löw. Versado en todas las artes y las ciencias, y particularmente en la Cabala. Gracias a sus conocimientos, se le consideraba capaz de dar vida a seres a los que tras darles forma con arcilla o madera, estos pasaban a cumplir inmediatamente todo aquello que se les ordenaba. Era tal su prestigio que Rodolfo II le recibió en audiencia para –según se cuenta- tratar de la situación de marginación que vivían los judíos, y además para solicitar sus servicios milagrosos con el fin de intentar alargar su vida.

Antes de que Meyrink se apropiase la figura como personaje de novela, la tradición asocia el nombre de Löw con su creación, la que en definitiva no hizo sino provocar acontecimientos trágicos. No resulta baladí hurgar en el origen del término : en hebreo golem ( en yidish : gójlem )- que aparece en el salmo 139- viene a significar rudimento, germen, embrión, o grumo informe, masa de barro…en el Talmud se emplea para dar a entender algo inacabado, embrionario, así por ejemplo una mujer que todavía no ha concebido o una vasija aún sin pulir, lo que abre el abanico semántico, sin forzar las cosas, a otros significados como « imperfecto, grosero, hombrachón majadero , torpe y ridículo ad abusum ». No hace falta tampoco rizar el rizo para hallar una réplica del mito de Adán.

Se da como fecha de la creación el año 5340( 1580), en compañía de otros dos compañeros ( cada cual aportando un imaginario elemento: aire, fuego y agua), modelaron el golem. El rabino le colocó en la boca el schem, el pergamino con el nombre de Dios, ordenándole después que obedeciera como un esclavo, ciegamente. El fantoche ayudaba al rabino en su cocina cabalística, debido a que Jossile Golem-así lo llamaban- no debía trabajar el sábado, de víspera le quitaba el schem con lo que se quedaba quieto parado. Un día se le olvidó hacerlo y cuando estaba rezando los salmos en la sinagoga, el Golem sin el habitual descanso estalló en cólera y furioso, echado espuma por la boca y como poseído por los demonios, arrancó árboles, lanzó piedras por las calles, rompió todo lo que pilló a su paso. El rabino arrancó la fórmula vital de la boca del golem y éste se derrumbó. A partir de entonces el rabino renunció a recurrir a tan peligrosos domésticos.

Los restos los encerró en un altillo de la sinagoga en donde reposaban allá depositados hasta que –según una versión- un rabino movido por la curiosidad subió y salseó con los restos lo cual volvió a provocar desgracias sin cuento; otras versiones suponen que aquellos restos reposan en el mismo lugar como potencial amenaza.

En toda la geografía eslava se mantiene la leyenda de tal personaje, si bien en algunos lugares en vez de jugar un papel maléfico se le atribuyen poderes benéficos y redentores.

La leyenda qué duda cabe que sirvió de inspiración para la creación de Frankenstein, si bien el origen del nombre del personaje de Maria Shelley, era polaco. Más tarde , en 1920 por primera vez, Carel Kapek publica su obra de teatro «R.U.R. (Robots Universales Rossum », en la que aparecen sus personajes, robots; el término procede del término robota( que procedente del antiguo eslavo significa « esclavo» o en checo « trabajo», más tarde derivaría para pasar utilizado para designar los condenados a trabajos forzados en los campos de concentración soviéticos). Su exitoso estreno en Praga y las representaciones posteriores en Londres y Nueva York hicieron que el término se implantará en todas las lenguas.

La figura pasó igualmente a engrosar la colección de la que Praga es un enorme muestrario de seres de leyenda, maniquíes, muñecos mecánicos, autómatas, golemes .

Con estos últimos todo da por pensar que se ha de tener sumo cuidado ya que al final lo que es creado como ayuda se puede convertir en la rebelión de los seres creados con tal fin: los ayudantes, los sirvientes, los domésticos, los asistentes…que se alzan contra las órdenes recibidas o que las obstaculizan con su comportamiento ( ¡ ay Schwejk!)

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