La sombra de Junichirò Tanizaki

Por Iñaki Urdanibia

Si hacemos caso a la leyenda árabe, hace ahora cincuenta años, el 30 de julio, que el escritor japonés, eterno candidato al Nobel de literatura , perdió su sombra, lo cual viene a significar que llegó la parca y lo condujo al mundo de las sombras, es un decir y si digo que es un decir es debido a que la visión que postula dista abismalmente de la luminosidad occidental , considerada como positiva, frente a la oscuridad a la que se considera de forma negativa. No hace falta buscar mucho en el pensamiento occidental para hallar la luz, iluminadora y como tal liberadora , desde el Sol platónico hasta las Luces ilustradas pasando por el Uno plotiniano, el foco luminoso que aclara en centro de las escenas del barroco sin entrar en las metáforas de índole cristiana, la luz ha dominado el campo de la estética y también de la ética. No se da el mismo baremo en el pensamiento oriental, y ahí está para cerciorarse de ello la luminosa joyita de Junichiro Tanizaki ( Tokio, 1886- Yugawara,1965), que lleva por explícito título << El elogio de la sombra >>, texto que en cierta medida, téngase en cuenta su temprana publicación(1933), puede considerarse como programático con respecto a la obra del escritor nipón.

Quien fuese uno de los más destacados representantes de la literatura japonesa del siglo pasado, junto a los Yukio Mishima, Kenzaburó Oé ( Nobel 1994) o Yasunari Kawabata( Nobel 1968)-quizá la escritura de estos más marcada por los acontecimientos históricos de la época, y en el caso del primero con una visión m´sitica que le hace retroceder a los tiempos gloriosos-, siempre se movió en sus narraciones por la sombra, por los claroscuros, hasta el punto que me veo tentado a referirme a Lou Reed ( Walk on the Wilside), al canto de Monteverdi ( si dolce é l tormento), al dicho de Rilke que señalaba que lo bello es el punto de lo terrible que todavía podemos resistir, no seguiré por los pagos de lo sublime kantiano o de lo siniestro ( Unheimlich) freudiano y no por falta de pertinencia. Por tales andurriales de tensión avanza la escritura de Tanizaki en su tenaz búsqueda del infierno, en donde este se convierte en virtud adornada con un budismo que se tiñe de fetichismo , es el punto en donde hallamos al autor que afirmaba que << la veracidad de los seres se encuentra en la mentira >>.

Desde joven , perteneciente a una muy acomodada familia, se sintió atraído por la literatura occidental, lo cual hace que nadie debe temer al acercarse a él que se vaya a ver invadido por un cúmulo de japoneserías – del << crisantemo y la espada >> hablaba Ruth Benedict- , a situaciones enigmáticas pertenecientes a una nebulosa de contornos imprecisos , al menos para la mirada del lector occidental, ya que sus historias resultan cercanas y humanas, demasiado humanas…siempre deslizándose por lares existenciales, y la existencia de los humanos, a pesar de los distintos y a veces distantes valores, responden a comportamientos humanos tanto en Kyoto como en Pernambuco..

Ya anteriormente habían visto la luz algunos relatos suyos, pero con << La Llave >>, en 1956, llegó el escándalo; el tema de la infidelidad es tratado en su total crudeza hasta el punto de que los diarios que ambos   cónyuges escriben crean sospechas y recelos entre ambos ya que temen que sus confesiones sean conocidas por el otro o viceversa, con el temor de que las infidelidades sean descubiertas. La tensión no cede a lo largo de la novela que deja observar al continuo desasosiego de los esposos. << Este año me propongo escribir libremente sobre un tema del que hasta ahora no me había atrevido jamás a hacer ninguna mención en estas páginas. Siempre he evitado comentar mis relaciones sexuales con Ikuko, pues temo que ella pueda leer a hurtadillas mi diario y sentirse ofendida. >> Así comienza este elegante y misterioso r elato de corrupción erótica, y el inquieto tonalidad no nos abandonará hasta la última página. En cierto sentido podría considerarse esta desconfianza en una táctica urdida por el marido, pretendiendo con ello incitar la atracción de su esposa, bastante más joven que el profesor, con la que lleva casado desde treinta años atrás. El peso de la rígida educación se deja sentir para alimentar más el resbaladizo escenario, haciendo que ante la honda desconfianza, los lectores seamos convertidos en destinatarios de las cuitas que los esposos quieren poner a salvo, hurtándolos a lo escrito en el diario.

Si en esta significativa novela el género-diario juega un importante papel, no lo juega en menor medida en otro de sus sintomáticos libros, que ya desde el propio título anuncia lo que digo: << Diario de un viejo loco >>. El título, no obstante, no ha de llevar a engaño, con respecto a la locura ( nada que ver desde luego con Erasmo de Rótterdam, Lu Xun, Michel Foucault, o yo qué sé), ya que el centro de gravedad del diario que escribe un anciano, de setenta y siete años, que se siente cerca de la muerte, y acuciado por su estado de salud que comienza a gotear por toda su anatomía, más se inclina hacia el erotismo, o al menos hacia las ensoñaciones que Utsugi, tal es su nombre, tiene con respecto a su nuera, Satsuko, la atractiva mujer de su hijo… son las ensoñaciones con respecto a ella que fue anteriormente corista de vida un tanto oscura, y que él imagina en un bar de alterne, las que le animan al << viejo loco >> a mantenerse en vida.

No es extraña la presencia del erotismo en las obras del autor, como ya queda reseñado; dicho lo cual no está de más añadir que su acercamiento está hecho de sutileza, sin entrar a saco en el asunto; más potencia erótica contiene insinuar o sugerir   que el señalar lo que, en la presente ocasión , es favorecido por la dosificación que supone el recurso al género diario, que cubre prácticamente seis meses ( desde junio a noviembre) y que se ve completado por algunos informes finales acerca de la salud del enfermo, debidos a un doctor y a su enfermera.

Ya desde las primeras páginas del libro vemos sincerarse al anciano , de setenta y siete años, que asistiendo a una representación teatral recuerda la atracción que llegó a sentir ante algunos hombres vestidos de mujer, y hasta su experiencia práctica con alguno de ellos…tendencia que teme que con la llegada de su menor potencia sexual se acreciente como signo de impotencia senil.

Con un telón de fondo japonés, que para nada   invaden la historia con cuestiones que a veces desde nuestra óptica, pueden parecernos extrañas o muy alejadas de nuestras costumbres o maneras de ver el mundo ( lotos en flor, samuráis   y geishas), el diario avanza en la misma medida en que la pasión del anciano, cuya existencia está adornada de continuos achaques, toma dimensiones obsesivas hasta el abuso, haciéndole perder la cabeza como sucede -allá y aquí- cuando el deseo toma el puesto de mando en la obsesionada mente. La nuera consciente del ramalazo que arrastra a su suegro se deja querer , y acepta realizar algunos campaneos, para satisfacción del anciano que a cambio de dichos favores, colma de exquisitos regalos a la mujer que muestra claras tendencias al lujo y a los gustos selectos.

El cuadro se va completando poco a poco al tiempo que la atmósfera erótica aumenta en un in crescendo que se refleja en la mente del <<viejo loco >> ante los espectáculos que la mujer objeto de su desbocado deseo se presta a ejecutar para excitación de ese caballero que da sobradas muestras de una amplia carencia de prejuicios y tabúes en la medida en que se deja llevar por las pasiones, hasta el punto que se deja conducir a la revisión de sus últimas voluntades, operación que ha de mantener en secreto, como secretos son sus tejemanejes que nos son transmitidos sin recato por Junichirò Tanizaki sin aceptar limitaciones moralistas, ni criterios de corrección político-afectiva y llevándonos a los entresijos del alma humana, allá en donde anidan las pulsiones y las pasiones ( recurriendo al lenguaje psicoanalítico, diríamos el Ello) imponiéndose a cualquier forma de imposición ( diríamos el Superyo formado por la educación y los hábitos familiares o sociales)…con la única guía del placer y de la búsqueda de la felicidad.

Novelas, las suyas que tratan con delicadeza delicados temas escorados hacia la trasgresión y los bordes oscuros de la vida…aquellos de los que habitualmente resulta más adecuado, para la sociedad bienpensante, mantenerlos en el silencio y la ocultación ; no es el caso de Tanizaki, lo que supone que podamos gozar de estas joyitas , puro lujo asiático.

Junichiró Tanizaki o la búsqueda incesante de las flores del mal que brotan silvestres en el jardín de los humanos, uniendo el << imperio de los signos >> -del que hablase el sagaz Roland Barthes- con el del sentido. Una exploración sin límites por las pasiones prohibidas, erotismo zen, fantasmas sadomasoquistas, suspiros escatológicos en un tono amoral que nos oculta su obsesión por la belleza femenina, por la blancura del cuerpo y por la negrura que éste esconde. El alma nipona auscultada y expresada en una prosa ejemplo de sobriedad, y las desviaciones de sus protagonistas como analogía de los males que aquejan a la sociedad entera; malestar colectivo que la escritura pretende exorcizar.

No recurriré para concluir- recurriendo también al nivel analógico- a aquello de que lo mejor del sol es la sombra, ni tampoco entraré en el terreno competitivo de qué es lo mejor dentro de la obra del autor visitado, más sí quisiera reiterar que el ensayo nombrado << El elogio de la sombra >> atraviesa la obra toda de su autor. El librito, y lo digo por el tamaño y por la brevedad, tiene la potencia expresiva del mejor de los haïkus, y supone un acercamiento sutil a lo que los orientales entienden por armonía. Informa Siruela, editorial de éste como de la totalidad de los libros traducidos del autor, que van treinta y cuatro (34) ediciones del libro.

En el momento de su publicación el libro suponía un indisimulado grito de alerta, pleno de nostalgia, contra la invasión de las costumbres y hábitos occidentales que llevaban a los valores japoneses a su dolorosa desaparición. En una apertura propia del más engrasado abanico, Tanizaki entrega un tratado de estética, mostrando los cánones de belleza tanto en diferentes aspecto de lo cotidiano como en aspectos más relacionados con las concepciones arquitectónicas, relacionadas con el vestir, etc. Queda expuesta de una manera delicada y deslumbrante la especificidad de la civilización nipona, que no se basa en los criterios de transparencia o de claridad, sino en el entre-medio, en los claroscuros que hacen que asome con fuerza el misterio, en pos de un arte de la esbeltez, de los blando, lo flojo, todo ello muy en la onda zen del arco que se tensa en extremo para volver a su inicial estado, o el bambú que se dobla pero que precisamente por su flexibilidad se inclina sin romperse…el recogimiento de la penumbra de los templos, la iridiscencia de una piedra de jade, la luz difusa de una vela o en la belleza temblorosa – e increíble- de un ideograma. Desde luego nada que ver con las imágenes que se nos ofrecen de un Tokio inundado de llamativas luces de neón, lejos igualmente de << la claridad y distinción >> cartesianas, o del apabullante dominio de la Razón omniexplicativa que margina la pasión y sus sendas de perdición .

Un escritor, 谷崎潤一郎 , junto a los ya nombrados, que abrió las puertas a la sensación de pérdida y búsqueda de los escritores japoneses posteriores…que se ubican en el paisaje de un país cuyas raíces han sido arrancadas por la historia…Guiados por el signo de interrogación como señala, en su recomendable << 1Q84 >> uno de los escritores más en boga de la nueva hornada Haruki Murakami: << Q, es la letra inicial de la palabra Question, el signo de alguna cosa que está cargada de interrogación >>, el descubrimiento-el signo de interrogación- más importante de los humanos que diría el otro…

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