“La sociedad autófaga” de Jappe. Capitalismo y narcisismo

El capitalismo fomenta el autoritarismo y el narcisismo que impiden que lo superemos

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Anselm Jappe es el autor del libro “La sociedad autófaga. Capitalismo, desmesura y autodestrucción” (Pepitas ed. Febrero 2019, España). Hace por tanto un año que se publicó, y conviene celebrarlo, pues es un libro fundamental para entender el ascenso y expansión a escala de masas del narcisismo como rasgo de la personalidad, su relación estrecha con la evolución del capitalismo, y cómo del narcisismo sólo podemos esperar nefastas consecuencias para nuestra supervivencia, pues no ayuda lo más mínimo, sino todo lo contrario, a la superación del capitalismo. También porque Jappe es un destacado miembro de la corriente comunista llamada “crítica del valor” (wertkritik en alemán), que tiene mucho que aportar en la denuncia del capitalismo y en cómo evitar equivocarnos en la lucha contra él. Para una presentación de Anselm Jappe podéis acudir a https://es.wikipedia.org/wiki/Anselm_Jappe

Las secciones de este texto son: I.- El narcisismo ha llegado para quedarse y Jappe sabe por qué. II.- Cómo el capitalismo promueve el narcisismo y su impotencia para superar este sistema. III.- El capitalismo, su decadencia, sus límites internos y externos, y la wertkritik. IV.- El autoritarismo sigue aquí y también la naturaleza humana. Las dimensiones del narcisismo. V.- La pinza entre el autoritarismo y el narcisismo, amenaza nuestra supervivencia. VI.- Salir de esto ¿cómo? Notas extensas. Recomendados y enlaces (a muchos artículos, videos, audios…).

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I.- El NARCISISMO ha llegado para QUEDARSE, y JAPPE sabe POR QUÉ

Se trata del narcisismo secundario -así se llama al fenómeno-, bastante diferente a lo que se entiende vulgarmente por narcisismo (enamorarse de la belleza de uno mismo) y también en el diagnóstico psiquiátrico (diríamos, el narcisista “puro” o 100%; menos del 1% de la población general, según la psiquiatría), y por eso muchísimo más extendido y normalizado, en diversas expresiones, que suponen una regresión de la psique, una forma de “infantilización” de la gente (pero sin la inocencia y bondad de una buena infancia).

Por lo que he leído de Jappe y en los tratados de psiquiatría, ésta serían las características del narcisista de alta intensidad: mucho egocentrismo (adecuado para un mundo competitivo, explotador e indiferente a la suerte de los perdedores), una autoestima frágil, pero inflada y hambrienta de reconocimiento (vía consumismo de cosas que revelen estatus u originalidad, relacionarse con personas que destacan, redes sociales con muchos me gusta, etc.), el orgullo excesivo por los logros (perfecto para promover el “emprendimiento”, el “hombre hecho a sí mismo”, justificar los privilegios adquiridos como resultado merecido del esfuerzo propio, etc.), dificultad para admitir errores pues tienden a creer que siempre lo hacen todo perfecto (mal asunto si necesitamos cambiar nuestro modo de vida y el mundo), empatía escasa o ausente (buena adaptación a un mundo de explotación, dominación e indiferencia ante el sufrimiento ajeno), dificultad para reconocer en los otros unas identidades realmente diferentes entre sí y ante él, con sus propios sentimientos y necesidades y que no existen para satisfacer las suyas (esta característica lo asocia con la igualación e indistinción de lo cualitativo por parte del trabajo abstracto o genérico de la mercancía, como se verá), no asumir sus responsabilidades en su plenitud (así no hay manera de tener una orientación política que pueda salvar a nuestra especie de lo que le vendrá encima con el capitalismo), fantasías de satisfacción sin reconocer los límites reales (como el capitalismo, sus agentes incapaces de reconocer sus límites internos y externos, que comentaré), cree que le envidian y envidia a los demás, muestra comportamientos y actitudes arrogantes, de superioridad y prepotencia (en las circunstancias adecuadas esto puede explotarse por los populismos, xenofobia, agresiones imperialistas, tanto más cuando el narcisismo suele estar mezclado en la misma persona con otros trastornos más agresivos, en general con el autoritarismo), no ve la vida como un camino para evolucionar, madurar y realizarse como ser humano, lo que incluye la frustración, el sacrificio y el dolor emocional inevitables (la pena del duelo es el coste de haber amado a quien ya no está), sino como la ocasión para satisfacer sus apetitos y lograr el éxito en la promoción de su yo (vivir a través de la conquista de estatus social, del aplauso, del consumo de mercancías, de la industria del entretenimiento, y de drogas diversas –legales o no-). Estos rasgos se pueden encontrar hoy con mayor o menor intensidad en una parte muy importante de la población aquejada de un narcisismo que no tiene por qué ser el pleno (“puro” total) y que afectaría a menos del 1% de la población (según el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders: DSM-IV, 1994)

Los desafíos que nos esperan en los tiempos próximos necesitan ser afrontados por personas en plena posesión de sus facultades humanas, no por adultos que permanecen niños en el peor sentido de la palabra.” (“El gato, el ratón, la cultura y la economía”, Jappe, enlace al final)

El capitalismo ha avanzado durante mucho tiempo de la mano del autoritarismo (autoridad en la familia, la escuela, la empresa, el servicio militar, las iglesias, el Estado…) y de la presencia de los rasgos autoritarios en la personalidad de la mayoría de la gente, con diferente intensidad, y más en unas clases sociales y estratos que en otras. Pero desde la década de los 60 del siglo pasado, y en las últimas sobre todo, ha ido avanzado la presencia de los rasgos propios del narcisismo secundario (aunque su definición no sea muy precisa, y existan varias interpretaciones sobre su génesis) en gran parte de la población, sobre todo de la joven, pues ha estado menos expuesta al formateo autoritario anterior, tanto en la familia como en la escuela, libre de hacer el servicio militar y bastante desapegada de las iglesias.

Sin embargo, esto no ha supuesto una liberación real, pues no sólo sigue habiendo cierta autoridad en la escuela y sobre todo en la empresa (mayor vulnerabilidad ante el poder empresarial con el trabajo precarizado) y ante el Estado democrático-burgués (no deja de mostrar su puño de hierro en guante de seda, por no hablar de las formas abiertamente más autoritarias), sino también la autoridad difusa pero muy real y poderosa del mercado de trabajo regido por los intereses y legislación burguesa, de la obligación de trabajar para justificar el derecho a vivir aunque no haya empleo, de la necesidad de adaptarse sí o sí a las innovaciones tecnológicas “inevitables” (en realidad impuestas por la dinámica capitalista de la competencia, el interés de la burguesía y de su Estado para controlarnos mejor, etc.), desarrollar las cualidades laborales y psicológicas que exige el mercado (saber venderse, agradar, poner a disposición del capital toda tu iniciativa y creatividad…), de todo lo que se nos hace tragar desde nuestra posición de personas “libres” que aceptan y por tanto asumen como propio y se responsabilizan (hasta con fervor) de lo que en realidad se les está imponiendo contra sus más profundos intereses (la servidumbre liberal analizada por Jean-Léon Beauvois, libro recomendado al final), y sobre todo porque seguimos atados a los condicionantes más profundos e inadvertidos del capitalismo (la producción de mercancías en condiciones de explotación del trabajo asalariado; el predominio de la faceta genérica o abstracta del trabajo, la plusvalía o parte no pagada de aquél; la mercancía, la ganancia, y su protección por el Estado; el carácter fetichista de la mercancía; el “sujeto automático” de la dinámica capitalista espontánea…); algunos de ellos los veremos, aunque sea por encima.

El resultado es que la personalidad (de los trabajadores/as en particular) no se orienta espontáneamente hacia la creatividad revolucionaria (cuestionamiento del sistema hasta su raíz), sino hacia el narcisismo (combinado con el autoritarismo) y su acomodo en el capitalismo, identificándose con sus valores implícitos y hasta explícitos (dinero, trabajo, autoridad, irresponsabilidad social…). En las condiciones actuales, esto ya supone un peligro general para la especie, pero también crea en las personas conflictos internos que pueden ser muy destructivos para las personas próximas y ellas mismas. Esto tiene muy amplias expresiones que Jappe describe, y sobre todo, muy graves consecuencias a la hora de luchar contra el capitalismo y ser capaces de superarlo.

Jappe no tiene por qué tener razón en todo lo que dice, ni falta que hace, pues eso no debe exigírsele a nadie cuando lo que plantea es muy profundo, amplio y novedoso, pues muchas veces, siendo demasiado críticos, se corre el riesgo de aplastar una planta todavía emergente y débil, pero que si se la permite crecer puede dar lugar una sequoia gigante, o como también se dice, podríamos “tirar al niño con el agua sucia”. Considerar sus análisis, sin duda nos ayudará a avanzar, gracias a él y a la vez superando las posibles deficiencias de su planteamiento. Ocurre como con Marx: si ahora podríamos subir más alto que él, es porque antes él nos ha llevado sobre sus hombros hasta donde estamos.

Y digo esto porque seguro que los más entendidos podrían debatir durante años lo que Jappe dice de Descartes, Kant, y las distintas corrientes del psicoanálisis, la psiquiatría, y sus enfoques sobre el narcisismo secundario. Todo eso es, ciertamente, muy interesante y hasta intelectualmente apasionante, pero podríamos estar discutiendo sobre tal o cual detalle, enfoque, precisión, mientras se nos viene encima una III Guerra Mundial o cualquier otra catástrofe, como la climática. A mí lo que más me importa de Jappe no es exactamente lo que dice, sino todo lo que puede inspirarnos (aunque estuviese muy equivocado en tal o cual aspecto) cara a reconocer los obstáculos a nuestra autoliberación y qué podríamos hacer para superarlos. Es como en un diálogo que no sea un monólogo de sordos, en el cuál la intervención de cada uno no expresa sólo su punto de vista previo al debate sino, cada vez más según avanza, el que está alcanzando gracias a la puesta en común de la reflexión, y así, a lo que se llega puede ser algo que jamás habría conseguido cada uno por su cuenta.

Jappe, con su análisis del narcisismo, como podrá comprobar el lector/a, tiene además el mérito de que, por esta vía, nos ayuda a comprender mejor las implicaciones, no sólo económicas, sino psicológicas y antropológicas, de que en una civilización, la faceta abstracta o genérica del trabajo y su representación universal a través del dinero, y el automatismo de la valorización de esa abstracción (capital-dinero-ganancia), adquieran semejante prevalencia sobre el trabajo concreto y los valores de uso para satisfacer las necesidades humanas. Tranquilas/os que lo iremos viendo. El fundador de esta corriente crítica, Robert Kurz, en su análisis de 1991 sobre el hundimiento del bloque del Este “socialista” y sus implicaciones también para todo el capitalismo (“El colapso de la modernización” datos al final) ya demostraba la relación entre ese hundimiento y el papel de la faceta abstracta del trabajo. Pero se comprendió mejor el análisis concreto de la “chapuza” económica del Este, que sus fundamentos teóricos que afectaban al capitalismo mundial. Por eso decía Kurz en una entrevista “La teoría de la crisis, en especial, fue denunciada sin más como «apocalíptica» [sin embargo fue confirmada ya en gran parte por la crisis iniciada en 2007-8, cuando se propalaba que el capitalismo florecería hasta el fin de los tiempos]. A mí, me llamó la atención que tanto la recepción positiva como la negativa se habían restringido casi exclusivamente al estadio analítico, mientras que los fundamentos teóricos de la crítica al trabajo abstracto y a la forma-mercancía no fueron reconocidos o fueron vistos como una especie de «OVNI teórico».” (Entrevista a Robert Kurz: Nuevos y viejos combates, 2004, enlace al final)

Mi intención no es hacer una simple reseña o un comentario general del libro, ni contar todo los temas que trata. Eso ya lo han hecho muchas personas y seguro que mejor de lo que lo haría yo, y podéis recurrir a ellos con los enlaces que os aporto. Mi interés no es sólo volver a recomendaros el libro, sino que tengáis ganas de leerlo y sobre todo ayudaros a que desde el principio se os haga más fácil su lectura y comprensión, no en la parte dedicada al narcisismo en las distintas teorías (aunque esté algo familiarizada con el tema desde mis lecturas en los 70s y 80s, ahora mismo me desborda), sino en la relación del narcisismo con el trabajo en sentido genérico, universal o abstracto y el valor-trabajo y la ganancia capitalista, de modo que no veáis en él un “OVNI teórico”. Y en especial que tenga una utilidad política para todos, incluso para quienes nunca leerán el libro. Por eso incluyo también mi (primera) valoración de algunos puntos centrales (los que ahora más me importan políticamente) de la corriente de la crítica del valor o wertkritik (originalmente alemana, ahora llamada, en el separado grupo Exit, “crítica de la disociación del valor” por referencia al papel de las labores domésticas protagonizadas por las mujeres y su relación con la creación de valor, aportado por Roswitha Scholz). De ahí la importancia también de las secciones V y VI de este texto que, pese a estar las últimas, pueden ser las de mayores consecuencias prácticas. Por eso este texto se parecerá poco a las habituales reseñas o comentarios académicos, pues lo anima ante todo una preocupación militante (NOTA 1).

Quienes queráis conocer ya directamente sobre el libro y su autor podéis oír la grabación de la presentación del libro en la librería de Traficantes de sueños, en https://www.traficantes.net/actividad/%C2%ABla-sociedad-aut%C3%B3faga%C2%BB-anselm-jappe ; también y descargable para guardar en el ordenador en https://www.ivoox.com/en/la-sociedad-autofaga-anselm-jappe-audios-mp3_rf_33372615_1.html Así me ahorro tener que explicar tantísimas cosas.

II.- CÓMO el CAPITALISMO promueve el NARCISISMO y su IMPOTENCIA para SUPERAR este SISTEMA

Procuraré exponerlo del modo más sencillo que soy capaz, aun a riesgo de simplificar, sabiendo que quien quiera conocer la posición original de Jappe puede acudir al libro y a artículos cuyo enlace aporto.

Sin pretensión de mucho rigor antropológico o histórico, a fin sólo de transmitir la idea fundamental, pensemos a través de estos supuestos personajes: un indio de las praderas del Oeste, un artesano, un capitalista multimillonario, algunos obreros.

Supongamos que tenemos un poblado de indios de las praderas de lo que luego sería el Oeste de los EEUU, antes de la llega del hombre blanco. Viven de la caza del bisonte del cual aprovechan todo (casi como nosotros del cerdo), tanto para alimentarse, como para cubrir sus tiendas, hacerse prendas de vestir, herramientas, tendones para los arcos, etc. También recolectan plantas y sus frutos. Pescan algo en los ríos. Con su esfuerzo toman de la naturaleza directamente todo lo que tienen. Trabajan para sí las familias y el poblado, cooperando y repartiéndose el resultado. No rinden tributo a ningún poder económico o político o militar por encima de ellos. Ocasionalmente, con algún otro poblado o tribu, con los objetos que les sobran, practican lo que consideran un intercambio satisfactorio para ambas partes, aunque a veces (cambio simple) no sepan valorar el esfuerzo y los riesgos que cuesta conseguirlo y no intercambien equivalentes (trueque). No conocen el dinero. Acumulan pocos bienes pues deben transportarlos ya que se trasladan de un lado a otro según los ritmos de la naturaleza (estaciones) y la migración de los animales que cazan. Su relación con el mundo es directa, las cosas son lo que son, y su utilidad es la que evidencian, aunque también crean en el espíritu del gran búfalo blanco y en otros que habitan las fuerzas naturales (el trueno, el sol…).

Pasemos ahora a otro estadio. Una sociedad poblada por familias de campesinos que trabajan para sí (no son asalariados ni los tienen), producen la mayor parte de lo que consumen, pero con frecuencia necesitan comprar a otros que son artesanos (zapateros, herreros, carpinteros, sastres…). Ahora apenas se recurre al trueque pues sería muy complicado y habría que dar a veces demasiadas vueltas (necesito cambiar esto con Fulano para que me dé lo que sé que quiere Zutano a cambio de lo que yo quiero de él). Así que para facilitar el intercambio tenemos el dinero, que es un intermediario, mediador equivalente de valor universal en el que se traducen todos los valores de cambio de las cosas (estimados por la medida universal que es el tiempo promedio –o socialmente necesario– que cuesta producirlas). En términos de valor para el intercambio, un trabajo concreto de 20 horas (trabajando el cuero) es igual a un trabajo concreto totalmente diferente de 20 horas (trabajando la madera) o a varios trabajos concretos que no tengan nada que ver entre sí pero que sumen 20 horas. Los trabajos concretos se diferencian entre sí enormemente, sin embargo todos tiene en común una faceta, que es la del trabajo genérico o abstracto que suponen, o sea, el trabajo que han costado, y que se mide en tiempo, y esto permite tener una medida de comparación de trabajos totalmente diferentes en su faceta concreta. Si la hora de trabajo equivale a 2 diners (así se llama esta moneda), mi trabajo de 20 horas lo vendo por 40 diners y con eso puedo comprar productos que sumados tienen un valor de 40 diners. Por eso, el artesano trabaja para crear su mercancía (no tiene asalariados) de 20 horas, la vende por 40 diners y a cambio compra alimentos, unos calcetines, leña para la cocina y material de trabajo para reponer lo consumido o gastado, que suman un valor de 40 diners. A veces, en previsión de un problema de salud grave que le impida trabajar durante bastante tiempo, o porque le gustaría hace mejoras en el taller o comprar una herramienta mejor que sabe que alguien utiliza en un pueblo lejano, decide que va a comer con más frugalidad, que su esposa le zurza los calcetines una vez más, etc., así que no se gasta todo el dinero que ha ganado y ahorra un poco. Pero su relación con el dinero no es la del avaro que está obsesionado con atesorarlo. Al contrario, para él el dinero no es más que un medio para conseguir bienes de consumo y de producción para su trabajo y seguir viviendo de su trabajo, y nunca podrá ahorrar una cantidad importante por lo que en herencia a sus hijos les dejará el taller, sus herramientas y conocimiento, nada más. No utiliza el dinero para invertirlo contratando un asalariado, o invertirlo en otro artesano contratándolo como asalariado. El dinero le permite normalmente la reproducción simple de su negocio (reponer los gastado y mantenerse al nivel anterior de herramientas, etc.), y sólo cuando se aprieta el cinturón y ahorra e invierte en su propio trabajo consigue una reproducción ampliada (alguna herramienta mejor, ampliar el espacio del taller…)

Entre el indio de las praderas y la sociedad de artesanos ya hemos visto aparecer dos diferencias enormes: la dedicación de todo el esfuerzo del artesano a la producción de mercancías (no el cambio informal o el trueque ocasional) y la creación del dinero, como otra mercancía, pero universal al servicio de su intercambio.

El dinero no es un bien concreto que sirva para trabajar o para consumir, pues con el dinero no se puede hacer ningún trabajo (a nadie se le ocurre quemarlo como sustituto de la leña para la cocina) y tampoco sirve como alimento aunque tenga algunos minerales (moneda metálica) o fibra vegetal (papel moneda). Cuando el zapatero hace un par de zapatos ha creado un valor de uso o utilidad (para los pies de alguien) y un valor de cambio o valor (tantas horas de trabajo, que suponen tanto trabajo-valor o valor-trabajo, equivalente a otro igual, y ambos, traducido a tanto valor de cambio o dinero). Pero con el dinero, tenemos algo cuyo valor de uso no es más que su valor de cambio (equivalente universal). El mismo trabajo incorporado en un par de zapatos manifiesta dos facetas: por un lado la faceta concreta del trabajo que sirve al valor de uso, y por otro lado, la faceta general, genérica, universal o abstracta del trabajo (la de las X horas de trabajo, intercambiables por X horas de cualquier otro tipo de trabajo de cualquier campesino o artesano de muy diferentes oficios), que sirve al valor de cambio, que se traduce en precio (con un margen de variación dependiendo de la falta de equilibrio entre la oferta y demanda, y de la tasa de ganancia media que ahora no viene a cuento) a través del dinero.

Si pudiesen pensar los zapatos, para ellos, como mercancía en su faceta de valor de uso, como portadores de la faceta de trabajo concreto, es muy importante el pie que quiera calzarlos (ni más pequeños ni más grandes que su talla, de caballero o de señora). Los valores de uso, son siempre muy concretos, generalmente no sirven para una cosa y para otra muy diferente, aunque pueda dársele ocasionalmente esa utilidad que no es la propia (un martillo es para meter clavos, pero con él también se puede golpear una cabeza). Pero para los zapatos como mercancías en su faceta de valor de cambio, portadores de la faceta genérica del trabajo, lo importante es ser cambiados por un valor cuando menos equivalente (dinero o trueque) en trabajo abstracto, indiferente al valor de uso y trabajo concreto que lo precediese o acompañase. Es más, a la faceta abstracta le importa bien poco que se realice plenamente la faceta concreta con tal de que lo haga ella. Si luego el comprador/a tiene tantos zapatos que estos no los usa nunca o raramente, ya no es un problema para la faceta de trabajo abstracto, pero si sería una frustración para el valor de uso de los zapatos, si tuviesen sentimientos. Pero ambas facetas se necesitan, pues si el zapato es de pésima calidad o feo, no se venderá, y si el zapato no se vende pese a su buena calidad (hay demasiado zapato en oferta o la gente no tiene dinero), no tendrá ninguna oportunidad de usarse.

Al dinero le resultan bastante indiferentes los valores de uso. No en vano está emparentado directamente con la faceta abstracta del trabajo (viene a ser su hijo). Sirve tanto para adquirir una cosa como la contraria, para ahorrarse o despilfarrarse. Aunque la mayor o menor existencia de los valores de uso, también puede afectar a su valor como moneda. Se puede desvalorizar, no porque el billete o la moneda metálica se desgasten demasiado, sino porque por muy nuevos que sean, se hayan emitido de más, demasiado dinero en el mercado para el valor de las mercancías que deberían representar, y para resolver el desajuste hay que subir los precios; o revalorizar la moneda, si hay menos dinero que valor en mercancías, bajando los precios de las mercancías (NOTA 2)

De la sociedad del indio/a cazador-recolector, hemos pasado a la sociedad de la producción simple (sin trabajo asalariado) de mercancías, propia del artesano. En la sociedad del indio/a de las praderas, la economía se reduciría al “yo me lo guiso, yo me lo como”, la autosuficiencia, y sólo muy ocasionalmente, cambio simple o trueque de bienes que, a cada parte, le sobra e interesa del otro. No se puede decir que sea una sociedad caracterizada por la producción de mercancías, no sólo por el volumen, sino porque quizás ni siquiera lo que se destina al trueque haya sido pensado inicialmente con ese objetivo, sino cuando se presenta la ocasión. Sin embargo, la sociedad del artesano está orientada totalmente a la producción de mercancías pues, salvo el agricultor que puede comer de los alimentos que producen su tierra y ganado, todos necesitan producir algo que vender a cambio de poder alimentarse. Así que nos encontramos con una sociedad que puede representarse con el siguiente esquema de funcionamiento: el artesano produce mercancías que vende por dinero que le permite comprar mercancías diversas para mantenerse él y reponer el material de trabajo utilizado, para reproducir el ciclo. En este proceso obtendría, en condiciones normales, sin engaños, y de equilibrio de oferta y demanda, tanto valor de cambio como el que ha dado, esto es, habría un intercambio de valores iguales (20 horas de calzado por 20 horas sumadas en alimentos, calcetines, leña, reposición de material de trabajo…). Esto se podría representar así: Mercancía – Dinero – Mercancías. O también Ma –D –Mb. Siendo el valor de Ma igual a la suma de los valores (horas, valor-trabajo, valor de cambio) de Mb, pero representando trabajos concretos, valores de uso, diferentes.

De esta manera, no hay modo de enriquecerse, pues se intercambian valores iguales y no se explota el trabajo de otros (esclavo, siervo, asalariado). Puede mejorar la situación inventando nuevos métodos de trabajo, o ahorrando para adquirir medios mejores, etc., que permitan un aumento de la productividad (menos trabajo necesario para producir el mismo bien), y con ello mejorar el nivel de vida, pero no atesorará dinero ni lo invierte en otro trabajo que no sea el propio (NOTA 3).

Con el surgimiento de la producción de mercancías como modo habitual de vida, el indio/a verá que aquí ha habido una revolución total, pues él actúa en el mundo para conseguir directamente los bienes, valores de uso, que necesitan él, su familia y su tribu (la caza del bisonte es una labor colectiva y el resultado se reparte entre todos) y excepcionalmente, algo que le sobra (deja de ser un valor de uso para él, aunque no lo previese así), lo utiliza para el trueque, el intercambio directo de productos. Sin embargo, el artesano siempre está produciendo bienes que son valores de uso ¡para otros! no para él (aunque algún par de zapatos o silla, etc., se lo haya quedado). Que lo que le interesa de su producción es el valor de uso que suponga para otros y así obtener él lo que busca, el valor de cambio o dinero para comprar los valores de uso que sí necesita o desea (alimentos, etc.). El indio/a practica el trueque con gente que es de otra tribu y el artesano vende y compra a la gente de su “tribu” de su comunidad.

Lo que aquí me interesa destacar es la relación del artesano con el trabajo y con el dinero, que nos parece normal y sana, pues el dinero no es más que un medio útil, práctico, para intercambiar el resultado del trabajo de cada cual.

Es cierto que además del trabajo concreto expresado en unos zapatos, un armario, etc., tenemos en cada una de esas mercancías un trabajo genérico, universal o abstracto expresado en tiempo de trabajo (el promedio o socialmente necesario, no el del torpe y lento, ni tampoco del súper-habilidoso y rápido), horas de trabajo. Pero en esto no hay ningún problema, pues si queremos intercambiar trabajos (yo te doy pares de zapatos a cambio de tu trabajo de carpintería), la única manera de comparar valores de uso diferentes (radicalmente distintos) es ver lo que tienen en común, y lo único relevante que tienen en común todas las mercancías es el tiempo de trabajo. Y si queremos evitar el engorro del trueque, utilizamos una mercancía intermediaria de valor universal, que es el dinero, que por tanto representa temporalmente determinadas horas de trabajo (hemos visto antes el caso de la inflación).

En esta sociedad de artesanos, no hay ningún problema con la abstracción del trabajo, pues la tienen contenida a su utilidad como medio de comparar trabajos concretos que de otro modo, por diferentes, serían incomparables, y no habría manera de tener un modo seguro de intercambiarlos justamente. En cuanto a su representación en forma de la mercancía dinero, tampoco es un problema, pues no utilizan el dinero para atesorarlo, pues apenas pueden ahorrarlo, y lo quieren como intermediario que sólo durante muy poco tiempo permanece en sus manos hasta que compran lo que necesitan.

Pero ¿qué ocurre cuando nos encontramos en la sociedad capitalista? Aquí también procederé a una gran simplificación para que los detalles de la vida real no nos hagan perder de vista lo fundamental y lo que quiero resaltar y explicar para el asunto que nos trae entre manos, la relación entre capitalismo y narcisismo.

Supongamos que tenemos a un “hijo de papá”, que ni siquiera ha terminado sus estudios pues se ha dedicado a “vivir a tope” su juventud durante el tiempo de la universidad, pero que ha heredado una extraordinaria fortuna de sus padres (de hecho, una de las mayores del mundo). No tiene en realidad ningún oficio, pero puede pagar a expertos asesores que le dirán como mantener y aumentar su fortuna y a la vez “darse la gran vida”. Sabe que tiene inversiones de capital en un montón de empresas, de las más importantes en las más diversas ramas de la economía, dedicadas a la producción (minería, siderurgia, manufactura industrial, armadores de barcos de pesca de larga estancia en alta mar, agricultura a gran escala y su transformación conservera), el transporte (marítimo de contenedores), comercio (grandes superficies y on line), los seguros, la banca, dedicadas a la importación y exportación. Lo mismo invierte en la agricultura que en el sector del armamento. Le es indiferente a qué se dedique el dinero mientras genere ganancias, y el dinero “no se queja” pues ese modo de proceder es el más acorde con su naturaleza (la indiferencia ante lo valores de uso-trabajo concreto y predominio del valor de cambio-trabajo abstracto). Le gusta el dinero porque gracias al él puede viajar en avión privado para comer en tal o cual país en el restaurante de un renombrado chef con muchas estrellas Michelín, etc. También pegarse sus excursiones en yate privado, y pasar una temporada en algunas de sus residencias de verano, de primavera, de otoño o de invierno (aprovechando para esquiar). Tiene una colección de automóviles de muy alta gama. Se viste con ropa y calzado de las mejores firmas y hasta paga su propio sastre. Puede ahorrar mucho más dinero del que podría necesitar ante los peores imprevistos de enfermedad, invalidez… Pero ésta es la menor parte del dinero y la riqueza que posee. Tiene tanta que, si vendiese todo, con ese dinero no sabría qué hacer, pues no podría ni comer, ni beber, ni viajar, ni habitar mansiones, ni darse grandes fiestas, ni contratar prostitutas, como para gastarlo todo, aunque viviese diez vidas de cien años cada una. Le encanta ser rico y le gusta tener todas esas propiedades u otras cualquiera que las sustituya, por el mismo valor o superior. Sin embargo, no se considera un vulgar materialista. También colecciona obras de arte y por eso se encarga de que participen por él en las subastas. Cuando se aburre de alguna (ocurre muy pronto, pues no puede ver en ellas más de lo que su pobre espíritu proyecta) y hay oportunidad de venderla por más de lo que le costó, lo hace. Para tener una experiencia estética no le basta con contemplar (de verdad) lo que tiene a su alrededor, necesita ir a algún lugar muy exótico, especial, generalmente lejano.

Comprueba que el dinero lo puede casi todo, comprar todo lo que se ponga a la venta (sean cosas o voluntades), y que no huele, nunca delata su origen, por mucho que éste apeste moralmente, que es casi omnipotente y está por encima del bien y del mal. El dinero es el mejor detergente de las reputaciones; los trabajadores/as pueden “acordarse” del patrón por las malas condiciones laborales y bajos salarios, pero el dinero ganado le permite relacionarse de tú a tú con la más alta sociedad burguesa, sus políticos y militares; se ufana de sus “amistades” famosas que le dan ocasión para salir junto a ellas en los medios de comunicación (aunque él no tenga oficio ni arte alguno), y los demás le tratan con extraordinaria consideración a cuenta de su dinero y poder. No me resisto a incluir aquí el contenido de la viñeta humorística de Malagón –Derecho al pataleo en el diario El País del domingo 26-1-2020, cuadernillo de Ideas. Se ve a un hombre trajeado, con corbata, que con una mano sujeta lo que puede ser el portafolios, y con la otra, una cartera-maletín en la que se lee “World Economic Forum”. Con una sonrisa forzada (se dibujan los dientes fieramente) nos dice “Entre el dinero y el amor, elijo el amor…–…. El amor al dinero”.

Como no puede dar más uso privado a su dinero (puede satisfacer cualquier capricho), y su dinero y sus propiedades en medios de producción se desvalorizan si no son utilizados, incluso si simplemente se mantienen tal cual, si no toma iniciativas que se adelanten a las de la competencia, para desplazarla del mercado antes de que ella lo haga con él, y acabar perdiendo, el destino de su dinero es “hacer” más dinero y asegurarse de que esto continúe así. Y por eso se interesa por comprar a políticos, medios de comunicación, iglesias… para que se encarguen de velar por sus intereses ante el “populacho”. Aunque tampoco le haría falta corromper directamente a nadie para tener protegidos sus intereses generales, pues el Estado está para asegurar la estabilidad y continuidad de la sociedad (evitar que sus tensiones internas la rompan) y si ésta es capitalista no puede sino representar de una forma u otra, en su propia estructura jerárquico-burocrática y funciones, los intereses capitalistas, y por tanto se convierte en el administrador público de los intereses comunes a los capitalistas, y en su “brazo armado” (ejército, policía, tribunales, cárceles…). Pero el busca un control añadido y que tenga su “toque personal”.

¿Cómo es esto posible? A diferencia del artesano, su ciclo de riqueza no es el de Ma – D – Mb, terminando con el mismo valor de cambio aunque con distinto valor de uso. El ciclo de riqueza del capitalista es empezar por Dinero que invierte en Mercancías (medios de producción, trabajo vivo comprado) seguida del proceso productivo, para vender el resultado por Dinero. Claro que esta vez, no puede terminar con el mismo valor que como empezó, pues sería absurdo invertir un dinero para obtener el mismo dinero tras un largo proceso. Por eso el Dinero final es mayor, y hemos partido de un valor de cambio X para llegar a un valor de cambio X+, a diferencia de lo que le pasa al artesano que finaliza, en términos de valor-trabajo y de cambio, como terminó al acabar su labor (Ma). Lo podemos expresar brevemente así: D – M – >D (o D´, o D+).

¿Qué ha pasado aquí?. Entre el dinero inicial y el final, se nos ha metido el proceso de trabajo asalariado por el cual el trabajador/a cobra un salario de un valor no igual sino inferior al valor del trabajo que ha producido, por eso hay explotación del trabajo, no estamos en la situación del artesano. Esa diferencia de valor llamada plusvalor o plusvalía, es la que se acaba traduciendo en beneficio, en la parte de más que se añade al Dinero inicial invertido y recuperado con la venta.

Recordemos que el dinero representa el valor genérico o abstracto común a todos los trabajos concretos (o sea, el tiempo de trabajo) y al dinero le resulta indiferente el trabajo concreto que hay detrás (oculto en) de la mercancía (si se ha pagado quiere decir que es un trabajo reconocido por la sociedad y eso le basta), le da igual si hablamos de racimo de uvas o de bombas de racimo, con tal de que le produzca un beneficio en forma de dinero. Para el dinero que no representa la recuperación del dinero invertido, sino el beneficio, lo que le importa es representar un trabajo genérico o abstracto (que se mide en horas de trabajo eficientes, promedio) no pagado (horas de trabajo no pagadas al asalariado, aunque teóricamente se le paguen todas y se cumpla el mejor de los convenios de rama o de empresa).

No puedo extenderme aquí en más consideraciones sobre la teoría de la plusvalía. Para quien necesite más información al respecto o quien desee profundizar en ella, le invito a que lea cuanto antes mi estudio “Plusvalía y ganancia. Revisión urgente de una teoría necesaria” (9-1-2020) — un planteamiento nuevo de la teoría de la plusvalía — https://kaosenlared.net/plusvalia-y-ganancia-revision-urgente-de-una-teoria-necesaria/

Si llevásemos al indio/a a la sociedad de los artesanos, teniendo como referencia el trueque, todavía podría entender su funcionamiento, pues los valores de uso, el aspecto concreto del trabajo, sigue siendo dominante, y su aspecto abstracto o genérico (el tiempo de trabajo socialmente necesario) secundario pero imprescindible para reconocer la necesidad de esa mercancía y poder fijar el valor de cambio expresado en dinero.

Pero con el capitalismo hemos entrado en un mundo que el indio/a de las praderas, que vive centrado en los valores de uso para cubrir sus necesidades humanas ya no podría entender o le parecería propio de dementes. Le parecería que estamos adorando a alguna especie de dios absurdo de papel o metal, cuando entiende que sus dioses son bien reales y poderosos, como los que habitan el sol, el firmamento estrellado, los truenos, los bisontes, los ríos. Le parecería ridículo que un hombre sin esposa, sin hijos, sin clan ni tribu, sin praderas en las que cazar, ríos en los que pescar, se considerase rico porque tuviese dinero almacenado en su casa o en otro edificio (banco). Y se asombraría que con ese dinero se pudiese comprar unas tierras que son de todos y de nadie, o de la tribu que las puebla y caza en ellas, o pagar a una persona para golpear a otra y encerrarla por muchos años o a una gente para que haga la guerra por él.

Y es que ya no estamos en el reino de los valores de uso (el del indio), ni en del intercambio de valores de uso (la producción simple de mercancías, del artesano), sino en el reino de la generación de valor de cambio (dinero +) a través de la prioridad al trabajo genérico o abstracto sobre el trabajo concreto y el valor de uso, y no pagando una parte de ese trabajo abstracto (o tiempo de trabajo).

Como dice Jappe: Lo que caracteriza al capitalismo es que es la única sociedad en la historia en la que este lado abstracto ha llegado a ser más importante que el lado concreto. Esto no es un hecho natural, sino un hecho histórico (“Criticar el valor. Superar el capitalismo” Anselm Jappe, Jordi Maiso, José Manuel Rojo. Textos del encuentro-debate de 11 de abril de 2015 en Enclave. Editorial Enclave de libros, 2015, página 47. Subrayado mío).

El dinero, al pasar de mercancía equivalente universal para simplemente comprar mercancías, a convertirse en capital que explota trabajo vivo y por tanto se revaloriza a través del trabajo abstracto no pagado, se autonomiza y pareciera que adquiriese viva propia, y que como un ser vivo, buscase su reproducción, multiplicarse y extender su dominio. El dinero existe ahora para “hacer” más dinero. La expresión del valor de cambio del trabajo genérico se sirve de su inversión en trabajo vivo concreto para volver a aparecer como una cantidad de dinero mayor, esto es, de más trabajo genérico. Una mezcla entre metamorfosis y Ave Fénix que renace de sus cenizas. El capitalista le llamará a esto, la “productividad del capital”, “poner el dinero a trabajar”, como si no fuese el trabajo vivo el único productivo realmente de valor nuevo. Tanto el indio/a como el artesano, en su actividad iban de lo concreto a lo concreto, aunque el artesano pasase brevemente por la expresión del trabajo abstracto que es el dinero. El capitalista va de lo abstracto a lo abstracto +, pasando por lo concreto.

El dinero-capital no es más que cristalización de trabajo pasado, “muerto”, pero el dinero existe ahora para “chupar la sangre” del trabajo vivo, como un vampiro o muerto-viviente (creo que esta es una metáfora que ya utilizó Marx en El Capital).

Y como si fuese una forma de vida, una especie depredadora o parasitaria, o finalmente un cáncer, “el capitalismo necesita expandirse continuamente colonizando nuevos aspectos de nuestras vidas, sociedades y ecosistemas. En esa expansión, reproduce y amplía las diferencias sociales, y reconfigura, pero también destruye, las bases de la vida.” (NOTA 4)

El capitalismo no afecta sólo a la producción, sino a todas las facetas públicas y privadas de la vida, el trabajo y el ocio, hasta las relaciones amorosas, la manera de entender el tiempo, el sentido de la vida, y la vida misma… Es toda una civilización, un modo de estar/ser en el mundo.

El capitalismo, tras la acumulación originaria del capital (a base de expolio y violencia terribles), una vez en marcha, no funciona por la voluntad de los capitalistas y los trabajadores/as, sino a través de ellos, con su colaboración semi-consciente, como sus “funcionarios” de mayor o menor rango pues, como dice Marx y Jappe (Kurz, etc.), hay un sujeto” automático (pongo las comillas pues hay una contradicción entre los términos, pues un sujeto se supone que se mueve por su voluntad, no automáticamente). Este sujeto automático es como un motor que funciona para la valorización del capital o “valorización del valor” (valor o trabajo abstracto convertido en dinero que debe acabar siendo más dinero), y se alimenta (como la máquina de vapor con el carbón, o el motor de explosión del automóvil con la gasolina) con la parte del trabajo abstracto convertido en plusvalía y traducido en ganancia monetaria o dinero. Este sujeto automático es lo que mueve al capitalismo. Los seres humanos nos relacionamos danzando al son del ruido rítmico de los ciclos económicos de este sujeto automático, pues nuestro referente es el estado del dinero (bolsa, beneficios, salario) que es expresión del trabajo abstracto. Por encima del trabajo socializado (a la manera capitalista, anticomunitaria) está el vínculo que entre todos establece el dinero, no la cooperación por satisfacer nuestras necesidades humanas. Por eso ese sujeto automático, aunque deba recurrir a los valores de uso como medio para la valorización, actúa de tal modo que acaba frustrando la satisfacción de las necesidades humanas (a base de valores de uso) y el desarrollo integral del ser humano, perjudicando la vida (humana y de muchas más especies), y siendo una amenaza para su existencia. Si el capitalismo no causa todavía más estragos es porque los seres humanos no somos unidimensionales (el papel de “funcionarios” del capital), sino que atendemos a nuestras necesidades y procuramos satisfacerlas incluso contra la lógica espontánea del capital y del imperio de la mercancía, aunque sea de forma subordinada y muy limitada (por ejemplo, la sanidad pública en condiciones, frente a la mercantilización de la sanidad privada, pero acosada por la reducción de costos labores y de impuestos para el capital, y los intereses de las farmacéuticas).

Sin embargo, consigue imponerse sin demasiadas tensiones gracias al automatismo bendecido por el culto al dinero, al trabajo abstracto y enajenado, a la propiedad privada de los medios de producción, que le rinden sus “funcionarios” altos, medios y bajos (trabajadores/as). Pues todos reclaman más dinero o trabajo abstracto (como sea y para lo que sea) para conseguirlo. Y lo peor es que pone dificultades al surgimiento de un verdadero sujeto humano que sólo puede serlo revolviéndose contra el sujeto automático, por tanto, un sujeto contra el capital, un sujeto revolucionario, que podría surgir de los miembros de la clase trabajadora, ante todo.

El indio/a no conoce cosa semejante al sujeto automático capitalista, pues él/ella vive al ritmo de su hambre, sed, frío o calor, cansancio y sueño, ganas de sexo y deseo de reproducción, de convivir con los miembros de su familia y tribu, sus animales, y ser feliz; y para ello se mueve al ritmo de las estaciones y las migraciones de las especies de las que depende. O sea, al ritmo de la vida y de las necesidades humanas buscando su satisfacción en la Naturaleza. No de un automatismo creado por el ser humano, mantenido a diario por su actividad y que se vuelve contra él. El indio/a se relaciona con el mundo directamente a través de su trato con la Naturaleza (recolección, caza…), de los deberes y derechos en su tribu, de los espíritus de la naturaleza y de los muertos a los que tiene especial acceso el chamán de la tribu. En su actividad diaria procura que le sean propicios, y les da las gracias por lo que obtiene, y directamente a los animales que caza por cederles su vida para que ellos vivan, y limita su actividad recolectora y depredadora a lo que necesita, hasta sentirse satisfecho (comer, calentarse…), y se conforma con eso, no está constantemente reclamando más y más, y frustrándose por no obtenerlo, sino agradecido por lo que tiene.

En el capitalismo, las relaciones de dominación y explotación quedan bastante disfrazadas pues son entre personas libres e iguales, peor, entre empresas “impersonales” y personas. En el feudalismo, el siervo de la gleba debía entregar al señor feudal (con nombre y apellido) parte de la cosecha o trabajar gratis en la parcela de terreno del señor feudal, por lo que saltaba a la vista el trabajo que no se le pagaba, totalmente diferente de lo que el campesino se quedaba o laboraba para sí. No necesitaba discernir un trabajo genérico o abstracto, aunque lo pudiese traducir a tantas jornadas de trabajo al año en las tierras del señor y tantas en las propias, pero eso no tenía otra trascendencia, pues el señor feudal no pensaba vender aquellos bienes para conseguir un beneficio en forma de dinero (lo que habría llevado a traducirlo para el intercambio, aunque fuese de manera inconsciente, en tiempo de trabajo, abstracto), sino consumirlos (junto con su familia y caballeros armados) como valores de uso. Sin embargo, en la extracción de la plusvalía, supuestamente se ha pagado un salario por el trabajo de toda la jornada, y no hay una sirena en la fábrica que advierta de que, a partir de ese momento, se está generando un trabajo que, por su faceta de trabajo genérico o abstracto, no se traducirá en salario, sino en plusvalía que dará lugar al beneficio del capitalista. La dominación del capital en el centro de trabajo “no es nada personal, es cuestión de negocios” (como diría un mafioso), y se debe a los “imperativos tecnológicos”, la “organización científica del trabajo”, la “ley del mercado”, las “exigencias del mercado”, la “competitividad”, la “rentabilidad” etc. Todo un conjunto de abstracciones impersonales justifican la extracción del trabajo abstracto, y así se hace más difícil la comprensión inmediata del meollo del asunto y enfrentarse a la explotación.

El indio/a sabe perfectamente cuándo un miembro de su tribu no se esfuerza como debiera y procura aprovecharse de los demás, o cuándo una tribu hostil se lleva sus bienes sin un intercambio convenido, robándolos directamente. Y con todo el poder que tienen sus animales y sus dioses, no conoce ley tan despótica como la del mercado, que se impone a través de los objetos que hacen los humanos y que, pese a la abundancia, les condena a trabajar sin cesar y a padecer miserias si no pueden hacerlo o aunque lo hayan hecho con el mayor tesón. Hasta la abundancia puede ser castigada por el dios mercado que ha exigido el esfuerzo por alcanzarla; y quienes necesitan de esos bienes no tienen autorización para acceder a ellos aunque los tengan delante y sobren, ni pueden cambiar nada por ellos, y aunque ofrezcan su esfuerzo en alguna actividad en la que son hábiles, tampoco interesa, por muy fuertes y sanos que se encuentren, por mucho que desesperen por hacer algo para otro. Algo totalmente incomprensible, arbitrario y cruel a sus ojos, pues él/ella, cuando se esfuerza en su tarea, sus dioses siempre le son favorables, y si tiene una planta o un animal a mano, no hay fuerza externa a su esfuerzo y habilidad que le impida tomarlo si lo necesita, y nunca adoraría a un dios que puede ser tan cruel con ellos como el llamado mercado. Le parece una tortura que una persona esté sentada durante horas sin apenas levantarse para nada, a veces hasta controlando su tiempo si va al water, haciendo una misma tarea y sin apenas cruzar palabra con los compañeros que tiene al lado, salvo para lo que tenga que ver con su actividad, cuando no hay ningún animal posible presa al que puedan ahuyentar con sus voces. Y sobre todo no puede entender cómo los medios con los que producen sus bienes están acaparados por una minoría cuando todos participan en su producción. Como si en su tribu, los arcos y flechas, las trampas, redes, cestos, raspadores, que hacen entre todos, se los quedase alguien y tuviesen que cazar, pescar, recolectar, preparar las pieles, etc., para él, a cambio de una pequeña parte, ¡y tolerarlo!. ¡Si hasta su caballo, si le maltratase, podría vengarse pegándole una coz.! Y para colmo, él/ella, que participa en todas las decisiones que afectan a la tribu, ve como la inmensa mayoría de los humanos del capitalismo dejan que a diario sean otros los que tomen las decisiones más importantes que afectan a la colectividad ¡y contra sus intereses!, apoyados por hombres armados que no son los guerreros de la tribu que la protegen, sino los guardianes de ese poder.

El hombre común del capitalismo, sobre todo el urbanita, se relaciona con el mundo a través sobre todo del dinero, su trabajo es para conseguir dinero, sin dinero no puede vivir sino como un marginal, que también debe mendigar por unas monedas. Y en su actividad diaria, aunque puede tener el dios de una religión, antes debe acogerse a que le sean propicios los pequeños “dioses” o “espíritus” de la economía, esto es, la coyuntura económica, la oferta y demanda de trabajo, la rentabilidad de su empresa y de la bolsa, el tipo de interés, la prima de riesgo (de la deuda pública disparada), el porcentaje de la deuda pública sobre el PIB (no vaya a haber recortes sociales y de empleo público…)…

Si los espíritus y dioses del indio/a no son reales, sin embargo tienen una relación estrecha con lo que es real, transparente y directo como valor de uso para el indio, y le invitan a preservarlo. Para la persona en el capitalismo, toda su economía no es una actividad espontánea próxima a la supervivencia de un animal. Esto en sí no es malo, sino bueno. Pero no considera la economía directamente a través de los valores de uso y de un trabajo que tiene una clarísima natural social, aunque sea indirecta (división técnica y social del trabajo, división internacional del trabajo), sino todo a través del dinero, de la abstracción del trabajo, de la dinámica imperativa del capital de continuar creciendo (D-M-D´). Pues aunque la productividad reduzca el tiempo de trabajo necesario, debe compensarse la plusvalía produciendo más aunque no haga falta –ya se encargarán la publicidad y la obsolescencia programada de que compremos-, consumiendo así más recursos naturales, como si no hubiese límite, de modo que se aleja, olvida y agrede a la Naturaleza que es su sostén, y sin embargo acaba por creerse totalmente liberado de sus raíces naturales, cayendo en la fantasía de que “la mano invisible” del mercado ya se encargará de encauzar las cosas y resolverlas a tiempo (¿cómo con el cambio climático?). La naturaleza tiene un valor concreto, de uso, pero al enfocar la producción al valor de cambio, al trabajo abstracto, tienden a olvidarse los límites naturales de lo concreto, y como el dinero es un recurso que no depende directamente de la Naturaleza, no parece haber límite para él, más que el de la inflación, y el endeudamiento que posterga el pago para el futuro y permite prolongar el ciclo del capital, como si la riqueza real fuese la reproducción ampliada del dinero, y no los bienes valores de uso. A la fantasía capitalista contribuyen conceptos-“dioses” como el PIB, medido en términos de dinero, no de valores de uso, del impacto medioambiental y de la desigualdad social. De ahí la creencia en un crecimiento eterno, en la impunidad de expoliar los bienes naturales o ver la naturaleza como un basurero que lo admite todo, etc. Sin embargo el indio/a sabe perfectamente que su recurso, el bisonte, o cualquier otro, tiene un límite en el número de ejemplares y en su reproducción (todavía no sabe que cuando llegue el hombre blanco exterminará a los bisontes al punto de que los indios/as pasen hambre). El indio/a diría que los dioses del humano del capitalismo “están locos”, dando tan malos consejos, o que directamente buscan la ruina de la Humanidad.

El indio/a debe hacerlo él/ella todo, sabe del esfuerzo que cuesta recolectar frutos silvestres, o pescar, y no digamos enfrentarse al peligro de una manada de bisontes, hacerse su ropa y calzado; vive en una relación directa, corporal, con la naturaleza; vive el mundo a través de su actividad (mejor no llamarlo trabajo pues se diferencia mucho de lo que ahora entendemos por tal) y de los valores de uso que obtiene. Sin embargo, el “hijo de papá” capitalista, es incapaz de apreciar nada, precisamente porque disfruta de cualquier capricho, y porque su relación con el mundo no es a través de la actividad o del trabajo, de la búsqueda del valor de uso de las cosas, sino del dinero generado a través del trabajo genérico (abstracto) no pagado, dándole igual el proceso de trabajo concreto y los valores de uso creados, que bien puede ser valores de uso destructivos de la vida, como el armamento. El indio también “fabrica” arcos y flechas para combatir a sus enemigos y a veces saquearlos, pero el coste personal de la guerra puede ser para él tan grande (la muerte) que, de ninguna manera, constituye su modo de vida ni destina a ello importantes recursos; además, él debe enfrentarse personalmente, generalmente cara a cara, en un cuerpo a cuerpo con sus enemigos, en lugar de mover los hilos desde un despacho para atizar la guerra a través de sus políticos y medios de creación de opinión pública, y que sean otros los que vayan a jugarse la vida. En todo caso, lo que busca el indio son valores de uso (mujeres, caballos…) y no una abstracción como el dinero, que reduce a cifras (salario) a los seres humanos que intervienen en el proceso.

En su relación con la Naturaleza, el indio/a es consciente de su capacidad para transformarla, que se limita a su capacidad para tratar lo que obtiene de ella (piel de bisonte para hacer las tiendas de campaña, las ropas, etc.), pues no puede cambiar el curso de los ríos, ni atravesar las montañas por dentro de lado a lado, ni convertirlas en cantera de piedra. No le interesa que su medio se altere al punto de poner en peligro a las manadas de bisontes, o que no pueda beber el agua del río, etc. Tiene la mente centrada en el valor de uso. Sin embargo, en el capitalismo es muy fácil que estas consideraciones desaparezcan pues el valor de uso o su alteración en el futuro, son muy secundarias en comparación con la realización de la ganancia ahora, pues su objetivo no es el valor de uso, sino la valorización de la mercancía dinero (expresión de trabajo abstracto pasado) a través del trabajo genérico o abstracto vivo no pagado ahora. El valor de uso, de ser un fin, ha pasado a ser un medio para la ganancia. Y el dinero, de ser un medio, se ha convertido en el principio y el fin; el objetivo: aumentarlo. El capitalista (en especial si se parece a nuestro “hijo de papá”) tiene centrada la mente sobre todo en el dinero-beneficio. Por mucho que algo sea interesante (hasta para él), no lo será lo suficiente si no asegura el beneficio, y cuanto más beneficio ofrezca, más interesante podrá resultar, aunque su utilidad o conveniencia sean cuestionables. La prioridad está en el trabajo abstracto en vez de en el concreto. El capitalista está orientado sobre todo a la valorización a través del trabajo abstracto no pagado. Esto al indio/a le sonaría a chino y locura, como si él pretendiese la valorización de la Naturaleza, así, en abstracto y en general, como si le diese lo mismo su realización a través de terremotos, inundaciones, incendios, erupciones volcánicas, cambio climático, etc., en lugar de lo que conoce como normalidad y preservarla, pues le permite extraer valores de uso y vivir.

El trabajo genérico o abstracto o trabajo medido en horas (trabajo socialmente necesario), no es en sí un problema, pues en el socialismo-comunismo también nos servirá para comparar unos trabajos con otros (en una misma rama, quién es más eficiente para aprender de él, que maquinaria o métodos de trabajo son más eficaces), tomar decisiones de producción en base al esfuerzo que más compensa (entre ramas o productos), y a la hora de la distribución, aunque tampoco sea el único criterio a considerar. En la sociedad de producción simple de mercancía (artesanos) la medición del trabajo genérico o abstracto es el medio (no el fin), para permitir el intercambio de mercancías de valores equivalentes (el tiempo de trabajo socialmente necesario que contienen), por muy diferente que sea su valor de uso. Ahí el trabajo abstracto no predomina sobre el trabajo concreto, no se autonomiza, aunque exista el dinero, y éste, pese a su riesgo, sigue sometido a su utilidad para los valores de uso.

Las categorías de “la mercancía, el valor, el trabajo abstracto y el dinero”, no suponen aquí ningún problema relevante, pues falta el trabajo abstracto en forma de ganancia-dinero, la plusvalía y la ganancia, que implican el trabajo asalariado y capital. Es la plusvalía la que da al trabajo abstracto su predominio social a través de la ganancia y su expresión en el dinero que se convierten en el criterio rector de la economía (la inversión depende de la ganancia monetaria). La plusvalía y la ganancia son por tanto las categorías específicas y principales del capitalismo (no el trabajo abstracto y la mercancía) que lo diferencian de cualquier otra sociedad en la que se produzcan mercancías con las que comparte las categorías de mercancía, valor, trabajo abstracto y dinero, pero no la plusvalía y la ganancia. Si no hay plusvalía, por mucho trabajo abstracto, mercancía y dinero que tengamos, no hay beneficio, más dinero La ausencia de ganancia no supone un problema en el ciclo M-D-M. Sólo es un problema en el ciclo D-M-D´, del capitalismo, pues entonces desaparece el incentivo para la inversión del dinero. En otros tiempos, algunas mercancías (como las especias) daban extraordinarios beneficios a los mercaderes, pero se debía al intercambio desigual, con los proveedores (engañados muchas veces) y los compradores finales (enorme desequilibrio entre oferta y demanda a favor de la primera), y ahí el ciclo ya no era como el del artesano M-D-M, sino el ciclo mercantil D-M-D´ aunque en la M no haya trabajo asalariado (NOTA 5).

En el capitalismo, el trabajo no pagado, como trabajo abstracto o genérico, en forma de plusvalía, transformada en ganancia, se convierte en la finalidad de toda la economía y por tanto en su motor. Este sistema social no funcionaría si no hubiese al final un beneficio mercantil. Las crisis son la expresión precisamente de las dificultades para convertir el proceso productivo en ganancia. Por mucho que lo producido sea necesario para la gente, se destruirá si la gente no tiene capacidad para pagarlo. La perversión a la que se llega es tal que puede orientarse inversión y la producción sobre todo a los armamentos en lugar de a los alimentos (cañones frente a mantequilla) si permiten prever más ganancias, aunque sea acabando con la competencia de otro Estado al que se considera enemigo.

Así que nos encontramos con este escenario: Un modo de producción que no está enfocado a la producción de valores de uso para satisfacer las necesidades humanas (como en el caso del indio), sino que ve en la producción de valores de uso un medio para su finalidad, que es la de generar valor de cambio (en forma de ganancia) a través del trabajo genérico o abstracto no pagado. Ese valor de cambio o ganancia se expresa en la mercancía universal que es el dinero. Al dinero le resulta indiferente el mundo real de las cosas, y las necesidades, los valores de uso, no son para él más que la circunstancia por la que circula en sus intercambios. La finalidad del dinero-capital es la de generar más dinero-capital a través del trabajo abstracto no pagado.

Y en cuanto al capitalista, si he escogido la figura del “hijo de papá” es porque me ayuda a transmitir de la forma más pura cuál es el tipo humano que mejor se corresponde con el escenario expuesto. Tenemos a una persona que representa al capital-dinero sin más añadido (no es ingeniero, etc.), y en su expresión más rotunda (capitalista de todas las ramas de la economía) cuyo interés es seguir obteniendo ganancias-dinero, independientemente de cómo sea, indiferente al aspecto concreto, que cree que el mundo está a su disposición, para satisfacer no sólo sus necesidades, sino sus caprichos. Es un pobre de espíritu pero tiene el yo inflado gracias al poder que le da el dinero y las personas que le adulan o dejan que se muestre con ellas. Ve el mundo como una proyección de sus deseos, que debe ser manipulado y del que no admite cuestionamiento alguno, de ahí que compre a las personas, los políticos, medios de comunicación… Y si cree que hace falta para sostener su posición privilegiada, recurrirá a la violencia más injusta, en modo de represión y de guerra. Comparad con el retrato del narcisista con el que he empezado este texto y comprobaréis que estamos ante una personalidad narcisista (más en NOTA 6).

La cuestión es que ese “hijo de papá” no es el resultado de una tara personal congénita o educativa, pues aunque existiese, no podría llegar tan lejos ni tendría las características que tiene, si no fuese por el capitalismo que, con sus propios requerimientos (dinero que debe multiplicarse si no quiere disminuir o ser eliminado por la competencia), le empuja, le da impulso, en esa dinámica. Esto nos indica también que el capitalismo, con las características de abstracción, indiferencia ante el mundo real, tiende a formatear el modo de estar en el mundo del ser humano, su carácter. Y así ocurrirá que lo visto en la personalidad del “hijo de papá” capitalista, tienden a darse en todos los seres humanos que viven en el capitalismo. Lo que hace Anselm Jappe en su libro es un análisis de la expansión del narcisismo de la mano del capitalismo.

Si el capitalismo en su etapa decadente (desde comienzos del siglo XX) tiende a ser cada vez más destructivo, ya hasta de la biosfera (cambio climático, extinción de especies, riesgos de guerra atómica…), también produce un tipo de ser humano que sería el perfecto ejecutor de sus tendencias, por su egocentrismo, indiferencia, irresponsabilidad, destructividad: el narcisismo más o menos presente en la personalidad de millones de personas.

La mayoría de la gente de lo que se viene en llamar la “clase media” baja (profesionales asalariados, pequeños agricultores o comerciantes que no tienen empleados…) y también de la clase trabajadora, no pueden permitirse tener con el mundo la relación del “hijo de papá” capitalista. No puede “darse la gran vida”. Pero sin embargo, a través de la venta de la mercancía o de su trabajo asalariado para otro, a través del dinero, se relacionan con el mundo y con las cosas del modo distanciado, hasta cierto punto indiferente e irresponsable propio del trabajo abstracto convertido en ganancia o en salario, y del dinero como forma indirecta de vincular a los humanos en una sociedad que no llega a ser una comunidad.

A diferencia de lo que solía ocurrir con el artesano, el trabajo asalariado no tiene por qué ser vocacional, sino un mero medio para ganarse la vida; y aunque le guste su tarea puede que no esté necesariamente asociada a un producto concreto (como el zapatero y sus zapatos) sino a cosas muy variadas que formen parte de otras muy diversas, por lo cual hasta podría desconocer el resultado final de su trabajo (por ejemplo, el soldador). Lo que se haga (trabajo concreto) importa menos que el salario que se gane (expresión de trabajo abstracto). La mayoría de los puestos de trabajo no están diseñados pensando también en la satisfacción del trabajador/a durante el desempeño de la tarea (trabajo concreto), tanto por lo que hace, como por su destino, y el sentido de todo eso en la producción social de bienes para la satisfacción de las necesidades individuales y colectivas, sino en función de la productividad, del trabajo abstracto, del tiempo de trabajo convertible en plusvalía. Una expresión clara de esto es el taylorismo y el trabajo en cadena, tan divertidamente recogidos por Chaplin en su film “Tiempos modernos” Así que no es nada extraño que el trabajador/a también piense en esos términos y no vea en el trabajo más que el modo de conseguir el salario que, a través del dinero, es otra expresión de tiempo de trabajo (trabajo genérico o abstracto pagado). Además, el destino de su trabajo escapa a su control, es un dominio total del capital. De ahí también la indiferencia a lo que se haga con su trabajo y todas sus implicaciones (comida “basura”, aparatos con obsolescencia programada, armamento…), que el beneficio sirva en parte para explotarle a él o a otros (invertirlo para explotar trabajo y obtener más ganancia), y la falta de responsabilidad social que todo esto implica, como si no tuviese que ver con él. Se preocupará mucho más de lo que pueda comprar con su salario (gastos ordinarios, ir ocasionalmente a un restaurante, de vacaciones, comprarse otro automóvil mejor, etc.) que del destino de su trabajo, incluso aunque sea perjudicial. Si se conformase con eso, habrá interiorizado los valores que emanan del capitalismo, y su actitud será una combinación de autoritarismo (sumisión ante el dominio de clase, el poder del empresario, del Estado) y de narcisismo (yo y lo mío, indiferencia ante el mundo que está para compensar mi esfuerzo sin más responsabilidad por mi parte). Si el capitalismo le permite vivir de un modo que le parezca aceptable, seguramente no tendrá el menor interés en comprender en qué sistema social vive, en conocer al menos la teoría de la plusvalía de Marx, y menos la experiencia revolucionaria de su clase pues, para empezar, eso significa un sentido de la responsabilidad por la comunidad y el futuro colectivo, y un enfrentamiento (en su mente) con la autoridad, incompatibles con su narcisismo-autoritario.

De hecho ¿cuántas protestas o huelgas han protagonizado los trabajadores/as cuestionando el destino de su trabajo? Por ejemplo, sobre la calidad de sus productos, o si el barco que están haciendo en la factoría naval es para el ejército, para un crucero turístico altamente contaminante, para la pesca de larga estancia en alta mar con artes que esquilman los recursos, etc., o lo que les importa es sólo que haya encargos de trabajo a cuenta de empresas privadas o del Estado y su ejército?

El trabajo precarizado individualiza más al trabajador/a y le empuja a una competencia sostenida con otros por empleos peor pagados que antes, para colmo como falso “autónomo” (autoexplotado). Eso fomenta también el individualismo y la falta de solidaridad, con un sentimiento de impotencia sin compensación. Esto no tiene mucho que ver con el narcisismo, pero sí que lo tiene si esa persona en concreto (no digo la generalidad de los precarizados, sólo estoy ilustrando) se pasa horas buscando “me gusta” y “amigos” en las redes sociales; necesita sentirse por encima de alguien, por ejemplo, de las mujeres y por eso es un machista, dice “todas son iguales”, y además, cuando tiene dinero, se “va de putas”; está resentido y piensa que la culpa la tienen los inmigrantes que compiten por su puesto de trabajo o los “servicios sociales”; se identifica con un equipo de futbol exitoso y sus forofos ultras y así se siente partícipe de sus éxitos (aunque él no haya metido ni un solo gol), y en el estadio deportivo puede insultar al jugador negro, etc.; o es un adicto de las películas de superhéroes con súper-poderes o súper-capacidades, o de los videojuegos disparando a soldados enemigos o malvados terroristas (él debe sentirse del lado de “los buenos”).

Esto sólo se superará de raíz si se acaba con las condiciones sociales que dan prioridad al trabajo genérico y al beneficio. Esto quiere decir que la transformación revolucionaria no consiste en poner la propiedad de los medios de producción en manos del Estado, o de los sindicatos, o de las cooperativas o ni siquiera de los Consejos Obreros, o de lo que sea, y que no debe debatirse entre la planificación burocrática centralizada o la autogestión de la empresa para el mercado (nuevamente el ciclo D-M-D´ el beneficio y el trabajo abstracto), sino que debe conseguir que predomine el trabajo concreto (y como satisface las necesidades) sobre el abstracto, tanto como objetivo (no al beneficio, no a la producción para el mercado que se “regula” por el beneficio, sí a la producción para satisfacer las necesidades humanas) como medio (gusto o en el peor de los casos –trabajo duro y desagradable inevitablemente que debería turnarse- sentido de responsabilidad por las implicaciones sociales de la tarea). Eso significa que la búsqueda de la eficacia y eficiencia, de la productividad, no pueden llevar a adoptar sistemas deshumanizados como el taylorismo y otros (es mejor producir menos con un sistema de trabajo que no cause sufrimiento mental o físico, a otro que produzca más pero te sientas como un robot y te acabe afectando psicológica y físicamente). Que la economía se considera como un organismo social, no como empresas particulares que compiten. Que está dirigida conscientemente (no por la mano del beneficio y “regulada” por el mercado) y a satisfacción de los productores (no de una dirección tecno-burocrática) (NOTA 7).

De ahí la necesidad de recuperar la denuncia de la plusvalía, y ponerla en el centro, y no quedarse en el absolutismo de la crítica total de la mercancía como me parece que hacen los de la orientación de la crítica del valor (ahora llamada “crítica de la disociación del valor” por referencia al papel de las labores domésticas protagonizadas por las mujeres, pero seguirá utilizando la tradicional por ser más breve), como Jappe.

Y ahora me meteré con un tema que es un auténtico toro de lidia de la ganadería de Miura, al que sólo las/os valientes nos atrevemos a torear, con riesgo de llevarnos una buena corná (pero más cornadas da el hambre…de saber). “Va por usted, maestro Marx”. Me refiero al ¡fetichismo de la mercancía! (música dramática, de suspense y de terror). Lo explicaré tal lo he entendido, y como me gustaría que me lo hubiesen contado a mí.

Volvamos a nuestro querido e idílico pueblo de cuento, de la sociedad de artesanos. Allí existe la mercancía y el dinero. Sin embargo ya sabemos el papel tan limitado que tiene el dinero. En cuanto a las mercancías, no van a comprarse a una gran superficie comercial a la salida de la localidad, en automóvil, ni las encargan como hoy unas empresas a otras y les llegan en contenedores marítimos o en palés. Aquí todo es mucho más sencillo, directo, a muy pequeña escala y de tú a tú. El zapatero cierra por un rato su taller y se va al del carpintero para comprarle una silla ya hecha o encargarle un armario nuevo para sus herramientas. El carpintero, en otro momento, hará otro tanto y se pasará por el taller del zapatero para comprarle unos cordones para sus zapatos o encargarle unas botas. Cada uno, aunque compra mercancía con dinero, puede establecer una relación directa de productor a productor, incluso puede observar cómo está haciendo su labor, como cuando hoy vamos al taller de un zapatero remendón para que nos ponga una suela nueva a los zapatos (sí, algunas todavía lo hacemos en ocasiones). Aquí la producción de mercancías es una labor particular (individual incluso), no existe una planificación colectiva previa, todo pasa por el mercado (aunque eso no suponga más que pasarse por el taller del otro), y tampoco se produce “a ciegas”, pues la mayor parte de lo que se hace es por encargo o de muy previsible venta (ahí estará una silla hasta que alguien la compre, que no tardará mucho). De modo que entre el papel limitado del dinero, que cada productor observa a otro laborar, que por la experiencia sabe el tiempo que le lleva hacer un trabajo, que la producción está tasada, queda poca oportunidad para el surgimiento de una cosa tan rara como el fenómeno de la fetichización de la mercancía que enseguida analizaremos.

Pero ¿qué ocurre cuando, como en el capitalismo, la producción de mercancías es masiva y se realiza en condiciones de explotación del trabajo asalariado?.

Una mercancía es el producto de una labor que no es para el propio consumo, sino destinada a los demás, y es una labor particular (“individual”) pues no ha sido decidida como resultado de una planificación colectiva de todos los que intervienen en la producción social. Por eso es indirectamente social, y debe ser a posteriori reconocida socialmente por el mercado (por su valor de cambio y de uso), lo que entraña también una relación social indirecta a través del dinero. Y la mercancía es producida en el marco de unas relaciones sociales de producción que son las propias del capitalismo, con explotación del trabajo en forma de plusvalía, etc., etc. La mercancía es un objeto indirectamente social. El hecho de que sea así, hace que su componente social y de explotación quede oscurecido, no sea transparente.

Los productores/as no se relacionan entre sí de un modo transparente, y conociendo directamente el trabajo del otro, sino a través de las mercancías y su circulación e intercambio en el mercado. Espontáneamente, con la experiencia, y sobre todo con la presión de la competencia, tiende a llegarse al equilibrio en el valor basado en el tiempo de trabajo socialmente necesario, pues nadie está dispuesto a dedicar tiempo a trabajar (o a pagar a sus trabajadores/as asalariados) para conseguir a cambio menos que otro.

El indio/a se relacionaba directamente con otro productor cuando quería intercambiar algún bien mediante el cambio simple (sin atención al intercambio de valores iguales) el trueque (si prestando atención a eso). En la familia patriarcal de campesinos se reparte entre sus miembros las múltiples tareas que deben hacerse: el hogar, la tierra, el ganado…; no hay intercambio de mercancías entre ellos y todos disfrutan de los bienes. Aunque haya una cierta especialización en las tareas según género, edad, condiciones físicas, habilidad, todos saben más o menos el tipo de tarea de los demás, pueden observarlo a simple vista, y cuando ponen en común todo su esfuerzo, saben lo que hay detrás.

En el capitalismo, la mayoría de los compradores/as, desconocen muchas veces al productor/a, sus condiciones de trabajo y vida (aunque no viva lejos, en otro país o continente), sólo sabe de la mercancía y de su precio. Las mercancías, alejadas de su lugar y condiciones concretas de producción, se encuentran en un mercado físico (la plaza del mercado del pueblo, el mercado de abastos, el hipermercado, etc.) o virtual (on line, aunque detrás hay todo un mundo físico de almacenaje, transporte…). La necesidad de adquirir bienes crea vínculos sociales, tanto para producirlos como para consumirlos. El problema es que en el capitalismo, aunque a nivel de empresa se tiene que dar una vinculación (bajo la explotación y dominación), a escala de toda la sociedad, el protagonismo en el establecimiento del vínculo social no lo tienen los procesos de producción (como ocurriría en caso de planificación social de la producción), sino el proceso de circulación de mercancía, de intercambio. Lo malo de esto es que así resulta que pareciera que no son los procesos de producción, sino las mercancías las que se relacionan entre sí a través del intermediario que es el dinero, que es otra mercancía: una mercancía se cambia por dinero y el dinero por mercancía. En cuanto al valor de la mercancía traducido en dinero, como muchas veces no hay equilibrio entre la oferta y la demanda, y unas mercancías nos resultan más apetecibles, o más atractivas, etc., pareciera que su valor dependiese en realidad de ello, de las cualidades intrínsecas o atribuidas a la mercancía, de su valor de uso, o de su valor simbólico, o de su belleza, etc. y no, en el fondo, del tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlas. La mercancía por tanto, adopta las características propias de un fetiche, cargado de cualidades o poderes, más allá de su valor de uso, y capaces de determinar su valor de cambio pasando por encima del tiempo de trabajo socialmente necesario. La publicidad sabe aprovechar este fenómeno y por eso dota a la mercancía de un aura, unas cualidades que puede que no tengan nada que ver con el valor de uso de la mercancía, y en la que se proyectan unos u otros deseos, y con eso quiere conseguir la venta y con un mayor precio. Por ejemplo, asociar el automóvil a la libertad, la aventura… aunque la mayor parte del tiempo se utilice para los trayectos de casa-trabajo, o dentro de la ciudad, aguantando atascos y perdiendo el tiempo buscando aparcamiento; ¿por qué será que en la publicidad no lo asocian al atropello de un peatón o a una colisión en cadena con incendio de los vehículos y muertos?.

La apariencia de unas relaciones entre mercancías, oculta las relaciones sociales de producción que hay detrás. Y la distorsión de la causa del valor (el trabajo), también oculta las relaciones sociales de producción que hay detrás. Así como la mercancía no transparenta el trabajo que hay detrás de ella (oculto en ella), ni sus condiciones, tampoco lo hace con la explotación que hay en ese trabajo, el trabajo que no ha sido pagado con el salario. Cuando se hunde un edificio en Bangladesh matando a las trabajadoras del textil que están allí produciendo la ropa que luego nos ponemos, nos hacemos conscientes (o ni siquiera entonces) de la explotación que hay detrás. Que por tanto, nuestra relación con esa mercancía no es la del probador de ropa con música ambiental, el dinero y la cajera del establecimiento, sino la de su trabajo explotado y nuestro salario, también fruto del trabajo explotado. Lo que está ocurriendo en el fondo y es más relevante, no es una relación entre mercancías (ropa y dinero), o la relación entre la señora oferta y la señora demanda (quizás una más gruesa que la otra, afectando algo al precio), o el brevísimo contacto impersonal con la cajera (precarizada a tope, pero atendiendo con una sonrisa muy profesional), o entre el valor de uso de ambas mercancías y todo lo que le atribuyo por mi cuenta (“qué bonito es, me sienta estupendamente, los hombres se girarán para admirarme y las mujeres rabiarán de envidia; poderoso caballero es Don Dinero”), sino la relación entre productoras de unas u otras mercancías, sometidas además a explotación (podemos incluir también a la sufrida cajera, al almacenista, transportista…; y por mi lado, a mi salario, mi trabajo, etc.). Pero no es una relación social directa entre productoras que organizan su producción (a través de la planificación general), sino una relación social indirecta a través de la mercancía y el mercado, y todos bajo el dominio del capital. Y el precio del vestido no vendrá determinado por lo bonito que me resulte, sino por el tiempo de trabajo socialmente necesario incorporado en él (su atractivo estético no tiene una relación directa con lo anterior; a más trabajo incorporado no necesariamente más belleza).

La fetichización de la mercancía también se da en el dinero, pues es otra mercancía, y además mediadora universal, por lo que es fácil cargarla de atributos, sobre todo si las monedas son de oro o plata (como si la magia del valor estuviese en ese metal). Hoy en día su manifestación más brutal es cuando el dinero circula en la “economía de casino” de la especulación bursátil; y al nivel del ciudadano corriente, cuando renta en el banco un interés, pues pareciera que el dinero, por partenogénesis, él mismo solito, estimulado por la presencia de más dinero, se reprodujese en forma de interés. Pero el interés no es más que plusvalía, que obtiene el banco en sus inversiones, sea como socio capitalista (plusvalía) o como acreedor (plusvalía si es una empresa, detraimiento del salario si es un trabajador/a, una forma indirecta de plusvalía pues del trabajo que se le pagó, le retira una parte), de las cuales nos da una pequeña porción por haberle dejado nuestro dinero para realizarlas.

El dinero se convierte en el vínculo social que, a través del mercado, relaciona impersonalmente a los agentes de las muy diferentes ramas de actividad de todo el mundo, permitiendo que exista una sociedad (capitalista) y determinando el destino de su esfuerzo, de su vida, a través del imperativo del beneficio. Por eso, el mercado puede relacionar intereses coincidentes (uno quiere vender y otro comprar), pero no es capaz de crear comunidad, pues no fomenta ni el conocimiento mutuo, ni la empatía y la solidaridad, sino la competencia y la indiferencia por la suerte de otros (explotación, ruina, paro, miseria…); se mueve por el beneficio particular, no el bien común, y menos por el altruismo (NOTA 8). No hay una dirección conjunta y planificada del esfuerzo social, a partir de conocer las necesidades y capacidades existentes, sino un proceso espontáneo entre particulares que es “regulado” por las fuerzas anónimas del mercado (la llamada “mano invisible”); por eso tampoco hay comunidad. Y tampoco hay comunidad porque la producción misma se realiza en condiciones que suponen el dominio de una clase sobre otra a través del monopolio de los medios de producción. La comunidad humana que pese a todo se es capaz de crear, lo es contra la dinámica espontanea del capital y del mercado, a través de las luchas y las organizaciones de la clase trabajadora y sectores populares, incluso apoyándose en instituciones que no aparecieron con el capitalismo y que el capital no ha conseguido desintegrar del todo aunque las haya subordinado en gran parte, como la familia, las iglesias, la escuela.

El dinero es también una mercancía, universal, y la más poderosa de todas, pues si las demás podemos cargarlas de un aura especial que se transmitiría a su poseedor, el dinero se puede convertir en la medida de la “valía” de un ser humano, no sólo cuando se puede comprar esclavos, o sobornar, sino también para valorar a las personas libres, “tanto tienes, tanto vales” (NOTA 9), e importa mucho menos a qué te dediques, o la bondad social de lo que haces; así un bróker especulador estará mejor considerado que un trabajador/a de la limpieza que evita que por la suciedad contraigamos enfermedades, o que la madre que cuida de los niños y de la abuela enferma; una mujer que trabaja elaborando comida “basura” parece más útil que si estuviese atendiendo debidamente a sus hijos pequeños en lugar de aparcarlos en una guardería mal atendida; una anciana que, por ayudar económicamente a un familiar en paro, se priva de la calefacción y en casa se carga de mantas y ropa, como si estuviese en la calle en un día muy frío, es más generosa que un multimillonario filántropo que no se priva de nada personal y desgrava impuestos con sus donaciones. El dinero muestra aquí también su faceta de fetiche, pues casi se le atribuye la capacidad mágica de determinar el valor humano de una persona.

En tanto, las personas cooperan, sí, pero bajo relaciones de dominación que también les imponen que compitan entre ellas como individuos por el puesto de trabajo o el ascenso en la empresa, o como parte de corporaciones (competencia entre empresas) o como naciones y Estados (guerras comerciales, guerras militares). Las relaciones de dominación, explotación, desigualdad descarada, producen descontento, envidias, resentimiento, una insatisfacción profunda ante la vida, pero difícil de verbalizar, que debe ser calmada de alguna manera, y en auxilio de esto viene la sensación de poder sobre la vida de otros, o el consumo por el consumo, con su gratificación momentánea a base de “tener” a falta de un “ser” satisfactorio, confundiendo la realización personal (maduración, expresión del ser), con el éxito en la competencia o la autoexplotación, o con la “felicidad” del “pasarlo bien”. La “sociedad de consumo” real o no, o al menos sus valores y la aspiración a ella, crean una demanda material y/o psicológica insaciable (sobre todo con la obsolescencia programada, la publicidad, los productos fabricados ex profeso para ser adictivos, etc.), una búsqueda de satisfacción que nunca puede completarse, y a la vez un malestar difuso y poca tolerancia a la frustración, tan propias del narcisismo. La vulnerabilidad real y la impotencia, al no saber apuntar a sus causas profundas, se orienta hacia la falsa seguridad del sentido de pertenencia “tribal”, en los forofos del fútbol, en la nación, en la búsqueda de un líder fuerte, en el castigo de aquellos que se consideran una amenaza (los inmigrantes, los de otro color de piel, o religión, etc.), tan propio del autoritarismo.

Si en el capitalismo, para hacer posible la ganancia, lo dominante en la mercancía es su valor de cambio (no de uso), expresión de la faceta abstracta del trabajo, que por ser mercancía promueve una relación indirectamente social que, con su abstracción (dinero), vela la concreta relación social (de clase y explotación) que hay detrás, y que a cuenta de esto resulta que pareciera que son las mercancías las que se relacionan entre sí, que el valor de cambio de la mercancía depende de su valor de uso o de otras de sus características reales o no, que el dinero (máxima manifestación del trabajo abstracto) parece ser capaz de valorar hasta a las personas, se entenderá la estrecha relación entre la faceta abstracta del trabajo y la fetichización de la mercancía, que la causa de la segunda es la primera. Aunque abstracción y carga de cualidades parezcan contradecirse y repelerse, son como las dos caras de la misma moneda. La cara de la moneda que indica su particular valor monetario (cuantitativo), es el equivalente al trabajo abstracto, que es igual en todas las mercancías y sólo las diferencia por la cantidad del mismo (como las cifras correspondientes a las diferentes fracciones monetarias en forma metálica o de billete). La cara de la moneda que incluye la imagen del rey (del Caudillo Franco en la peseta), otro personaje importante, o cualquier otro símbolo relevante de la sociedad, es el equivalente del fetichismo que carga de cualidades extraordinarias a las mercancías en general, pues parece que se relacionasen entre ellas, y que su valor viniese determinado por la oferta y la demanda o las cualidades específicas de cada mercancía, y no por el tiempo de trabajo socialmente necesario (de lo que es indicador la cara cuantitativa de la moneda).

Ser parte de todo esto, de la Mega-Máquina capitalista, nos hace partícipes de un proceso destructivo de los seres humanos, de otras especies y de la biosfera en general. Los apologistas del capitalismo dicen que es el sistema social más acorde con la naturaleza humana, egoísta. La verdad es muy distinta. La naturaleza humana en sí es básicamente buena (NOTA 10). El capitalismo es un orden tan artificial, a contrapelo de la naturaleza humana, que crea tal estrés, ansia e insatisfacción, desorden mental que, frecuentemente, acaba traduciéndose en destructividad con respecto a las demás personas y seres vivos, en un “impulso de muerte” (no, “instinto de muerte”) que muchas veces se acaba volviendo contra el propio individuo. Manifestación de esto son los fenómenos cada vez más corrientes de matanzas en las escuelas, violencia fanática y racista, violencia mortal contra las mujeres e hijos y suicidio del asesino, etc., que parecen obra de locos. Esto es, el fenómeno del Amok, que Jappe analiza a fondo en la última sección de su libro. Todo eso es una expresión también del narcisismo relacionado con otros rasgos destructivos como veremos. Acabar con esto exige un grado de responsabilidad muy grande, pues supone implicarse en las condiciones más profundas de nuestra civilización, en eso en lo que supuestamente no tenemos ninguna responsabilidad (“es culpa de la sociedad”, es culpa del “sujeto automático” diría ahora algún enteradillo listillo…). Y precisamente a eso no puede llegar la irresponsabilidad del narcisismo. De ahí también que su proliferación sea un grandísimo problema.

Así que ya hemos podido comprobar que las categorías del capitalismo, el trabajo abstracto convertido en plusvalía y ganancia, el trabajo abstracto convertido en salario, la mercancía y su sociedad (no comunidad), la fetichización de la mercancía y del dinero, el imperio de la mercancía y sus crisis, el papel del Estado como guardián de todo esto (con su autoritarismo y destructividad), crean las condiciones favorables para que surja un fenómeno como el narcisismo y otros peores.

En el feudalismo el intercambio de bienes entre el siervo y el señor feudal no era a través de mercancías y dinero, sino transparente: los productos de su trabajo a cambio de su “protección” (un poco al estilo mafioso, la verdad). Por tanto, no se daba el fenómeno de la fetichización de la mercancía. En la familia patriarcal campesina, con su reparto de tareas, pero sin circulación interna de mercancías, tampoco aparecía esa fetichización. Considerar que esto de la mercancía capitalista, y no digamos de la explotación que hay detrás, es algo consubstancial con la actividad humana y no un fenómeno histórico con principio (el indio no producía mercancías, tampoco la familia campesina patriarcal, ni el siervo medieval) y fin (se lo daremos nosotras), es otra variante del carácter de fetiche de la mercancía, cargándola de cualidades y poderes que en sí no tiene.

Pero aunque sepamos esto, las relaciones sociales establecidas a través del mercado vuelven a imponerse espontáneamente una y otra vez a nuestra conciencia que, si no hay un esfuerzo muy especial, analiza las cosas superficialmente, empezando por lo que le dicen los sentidos, costándole mucho ver más allá y tenerlo eso siempre presente. E incluso aunque lo consiguiese, nada cambiaría si no acabase con las relaciones de producción que generan el sujeto automático, el predominio del trabajo abstracto gracias a la plusvalía. Por tanto no es una mera cuestión de confusión de la conciencia que desaparecería con el conocimiento, sino el resultado de una dinámica social objetiva que se impone a las prácticas sociales y también a la conciencia. Es peor que si al indio, en el siglo XVIII, sin poderle aportar pruebas sorprendentes como nuestra tecnología actual, se le dijese que la Tierra no es plana sino una esfera enorme que gira sobre sí misma y alrededor del Sol que también es una esfera de gas ardiente de un tamaño gigantesco (muchísimas veces la Tierra) y que se encuentra a un distancia que ni andando por el firmamento incontables vidas, podría alcanzar. Dada su relación con la naturaleza, su pobreza tecnológica y nula ciencia, en su conciencia volvería a imponerse de inmediato la creencia espontánea de lo “evidente”, que es el Sol el que se mueve en el cielo y que es lo que parece, un disco de luz y calor, y dada su dependencia de él, seguiría adorándolo, rogando su protección, para que tras la noche vuelva a salir y traiga la luz, y tras el invierno vuelva alzarse, calentar y derretir las nieves…

A esto se refiere Marx cuando dice (los subrayados son míos): El descubrimiento científico ulterior de que los productos del trabajo, en la medida en que son valores, constituyen meras expresiones, con el carácter de cosas, del trabajo humano empleado en su producción, inaugura una época en la historia de la evolución humana, pero en modo alguno desvanece la apariencia de objetividad que envuelve a los atributos sociales del trabajo. […] así como la descomposición del aire en sus elementos, por parte de la ciencia, deja incambiada la forma del aire en cuanto forma de un cuerpo físico.” (Marx El Capital, Libro primero, cap. 1, Mercancía y dinero).

Quiero terminar esta sección con una reflexión sobre la crítica del valor. Cito a Jappe que parafrasea al primer impulsor de la corriente de la crítica del valor: “Kurz afirma en su último libro, Geld ohne Wert, que no podemos hablar de comercio, dinero o mercancías en sociedades precapitalistas y que lo que podría parecérseles tenía funciones en verdad profundamente diferentes” (página 28 de su Prefacio de 2106 en “El colapso de la modernización” de Robert Kurz, 1991).

Estoy de acuerdo, pero más bien en sentido inverso. Me parece que para encajar una teoría, negar lo que quiere Kurz, es forzar demasiado los hechos. El camino que hay que seguir es el inverso, y me explico. Al contrario de lo que viene manteniendo la ortodoxia marxista, no hay continuidad de la ley del valor (intercambio de valores iguales de trabajo abstracto) entre esas sociedades con comercio, dinero y mercancías, y el capitalismo, ni mediante realización de la ley del valor metamorfoseándose (como si fuese su destino o lógica de desarrollo natural e interno), ni mediante salto cualitativo dialéctico, triple salto mortal que valga (véase el estudio de Robert Kurz “Cañones y capitalismo. La revolución militar como origen de la modernidad”, enlace al final). Lo que caracteriza al capitalismo y hace que su “ley del valor” sea otra cosa, es la plusvalía que no sólo da el predominio al trabajo abstracto sobre el concreto, sino que echa abajo lo fundamental de la ley del valor que es el intercambio de valores iguales. Pues como he argumentado en mi estudio revisando la teoría de la plusvalía, no hay intercambio de iguales entre fuerza de trabajo y salario, sino intercambio desigual directamente entre el trabajo y el salario, y también hay de hecho un intercambio desigual entre las ramas de la producción con muy diferente composición orgánica del capital cuando se llega a la tasa media de ganancia que implica una transferencia de plusvalía de las de menor a las de mayor composición, y por tanto no pueden vender por un precio que refleje su valor, sino por los llamados precios de producción (por debajo o por encima del valor, y sólo las que promedian la composición orgánica de capital, por su valor). Para no extenderme más remito a mi estudio, con enlace al final. Esto quiere decir que para dejar de liarnos con conceptos chicle, puede que lo mejor fuese reconocer lo siguiente: la ley de valor sí funcionó en las sociedades precapitalistas en las que había, sobre todo, artesanos, pero lo que funciona en la capitalista, es otra cosa, y tal vez mejor si la llamásemos la ley del plusvalor, pues lo que se busca al final del ciclo no es mercancías (valores de uso) por el mismo valor de lo vendido (M-D-M), sino una ganancia en la mercancía universal o dinero. Popularmente podría llamarse la ley de la ganancia, pero científicamente sería más correcto llamarla la ley del plusvalor (no la ley del valor).

III.- El CAPITALISMO, su DECADENCIA, sus LÍMITES internos y externos, y la wertkritik

Es cierto el agotamiento del modelo de crecimiento fordista-keynesiano a finales de los 70s, que la expansión de la microelectrónica en la producción civil a partir de la segunda mitad de la década de los 70s (transistores y microprocesadores que los sustituyen) volvió obsoleta la tecnología de la economía de la URSS, la llevaron a su hundimiento y el paso a la propiedad privada, de lo que era Capitalismo de Estado, a finales de los 80s. Pero esto afectó a todo el capitalismo mundial, pues debido a la expansión de la microelectrónica se agudizaron los problemas de extracción de la plusvalía y de su realización en la venta, a cuenta del menor trabajo vivo a explotar y de la menor demanda solvente, lo que se pretendió compensar con el recurso al endeudamiento estratosférico y la financiarización especulativa, lo cual desembocó en la crisis iniciada en 2007-8, pero agudizándose el declive por la creciente automatización gracias a la robótica, con menor trabajo vivo que reduce todavía más la fuente de la plusvalía, apuntando así a secar la raíz del capitalismo, señalando su límite interno y anunciando su final. Señalar el papel de la microelectrónica, de este nuevo gran paso del capitalismo a su límite interno, hacia su final que puede ser catastrófico para la Humanidad y no inevitablemente liberador, es sin duda un mérito de la corriente de la crítica del valor o wertkritik en alemán (Kurz “El colapso de la modernización” 1991).

Pero contradiciendo lo que tantas veces repite Jappe (también Kurz), la corriente de la wertkritik, no creo que el declive del capitalismo (su etapa de decadencia) comience con la expansión de la microelectrónica. Todo lo mencionado antes son fases o jalones ciertos y de enorme importancia en una decadencia larga, de evolución irregular y variadas manifestaciones (como ocurre también en los humanos según se van haciendo muy mayores), que se inicia ya con la I Guerra Mundial (1914-8), cuando el capitalismo ya se convierte en una amenaza para la Humanidad (atacando mortalmente no sólo a los pueblos de las colonias, sino a la metrópoli, al corazón del capitalismo), por la pelea por el reparto del mundo necesario para los imperialismos en su explotación y realización de la plusvalía. Sigue con la crisis económica mundial de 1929, una expresión clara de las contradicciones internas del capitalismo para la explotación y realización de la plusvalía. Los nazi-fascismos, el estalinismo, los mitos democráticos y la II GM (1939-45).

No hay que esperar a la microelectrónica y su reducción drástica del trabajo vivo en comparación con la época fordista (cadenas de producción con importante cantidad de trabajadores/as) para comprender que mucho antes, -y por no retroceder hasta las matanzas de la I GM o de la II GM-, por ejemplo, con la inauguración de la era nuclear (1945) el capitalismo, con más evidencia todavía, no podía ser declarado menos que una amenaza para la Humanidad, un modo de producción, sistema social o civilización decadente. Los peores momentos de la “guerra fría” a cuenta del armamento nuclear, se dieron con la “crisis de los misiles” (instalados en Cuba por la URSS) en 1962, y la crisis de los “euromisiles” (intento de instalación en Europa de los misiles norteamericanos de alcance medio Pershing y Cruise ) a comienzos de los 80s hasta 1983. Es decir, ya antes de la explosión de la microelectrónica a partir de los 70s y de la que conocemos hoy en forma de ordenadores personales, teléfonos móviles, robótica en la fabricación de automóviles, etc. Pero es cierto que con la microelectrónica y su reducción del trabajo vivo al que extraer plusvalía, el capitalismo, sin necesidad de una gran crisis económica, se acerca como nunca a su límite interno en la “valorización del valor” (dinero-plusvalía-ganancia). Similar a cómo, en la decadencia avanzada ya de una persona, llegada a los 80 años, se encuentra muy cerca de su límite, aunque no haya contraído una enfermedad grave, y no digamos con los 90 años, aunque la decadencia haya empezado varias décadas antes. El límite definitivo es el agotamiento de los telómeros (https://es.wikipedia.org/wiki/Tel%C3%B3mero — — https://www.redaccionmedica.com/secciones/oncologia-medica/la-velocidad-de-acortamiento-de-los-telomeros-predice-la-longevidad-9317 ) aunque se pueda fallecer mucho antes por multitud de causas, y la decadencia aparezca mucho antes del recorte definitivo de los telómeros.

Comprender cuándo empieza el declive del capitalismo, su decadencia como civilización, cuándo es ya una traba clara, e incluso una amenaza para la Humanidad, es importante para su juicio histórico, para demostrar la engañifa del discurso de la modernidad, del progreso gracias al capitalismo y su Estado, para entender que nuestra legitimidad para acabar con el capitalismo no es de ahora, ni de hace unas décadas, sino cuando menos ya de un siglo. De lo contrario, no sólo no nos cargaremos de suficientes razones, sino que podríamos caer en un criterio economicista (límite a la plusvalía), tan propio de la mentalidad capitalista en la que lo importante es el trabajo abstracto, sólo que “invertida” (como al capitalista, del dinero le importa la ganancia, y al trabajador, el salario).

Esto nos ayuda a comprender también quienes son nuestros enemigos y nuestros falsos amigos; por qué el “socialismo” de la URSS no formó nunca parte del progreso y liberación de la Humanidad, sino de la decadencia mundial del capitalismo y de la opresión sobre la mayoría de nuestra especie, aunque el nazismo fuese todavía más monstruoso. Es necesario también para hacer un balance justo de la lucha de los trabajadores/as. Si el fracaso, quedarse en el sindicalismo y el reformismo, era inevitable porque el capitalismo todavía era progresivo para la Humanidad y por tanto no le habían llegado los tiempos para ser superado, o por otras razones que debemos resolver si no queremos persistir en ellas.

Durante toda la decadencia las condiciones objetivas estaban reclamando la superación del capitalismo por una revolución socialista-comunista, y no la continuación del capitalismo a base de adaptaciones, guerras, huídas hacia adelante, y parches. Sobre esto ya me he explicado extensamente en un libro, enlace al final, y espero volver sobre ello en otro texto pendiente de terminar.

El capitalismo vive su prolongada (ya un siglo) época de decadencia. Es desde entonces una traba al desarrollo de la Humanidad, y una amenaza a su existencia, por las crisis económicas que se irán haciendo cada vez más graves y dolorosas (más mecanización y acumulación de capital constante, menos trabajo vivo a explotar, menos tasa de ganancia, más transferencia de plusvalía desde las empresas menos mecanizadas, a las más mecanizadas, para una tasa de ganancia media inferior), por el agotamiento de recursos naturales (petróleo, gas natural…), la crisis medioambiental (en particular la climática), por el riesgo creciente de tensiones militares que pueden llevarnos a una III Guerra Mundial nuclear, por el riesgo de surgimiento de una Inteligencia Artificial General (IAG) que sería una amenaza para la Humanidad.

Ahora el capitalismo, debido a la proximidad de su límite, sobre todo si se relanza la 3ª revolución industrial de la microelectrónica con lo que llaman (de momento, un tanto propagandísticamente) la 4ª revolución industrial (big data, internet de las cosas, etc.), y le añadimos los límites “externos” (provocados por el mismo: agotamiento de recursos, crisis medioambiental…), puede llegar al colapso como civilización, quizás hasta el colapso de la posibilidad de una civilización basada en la industria, incluso a la autodestrucción de la Humanidad.

Dejarnos deslumbrar por los “30 gloriosos” (1945-75), el avance de la microelectrónica, la globalización, la inteligencia artificial, los viajes espaciales, la sociedad de consumo, el “aumento del nivel de vida”, de la esperanza de vida, etc., y aparcar en un segundo plano todas las guerras (mundiales y locales), dictaduras, genocidios, despilfarro, degradación medioambiental, embrutecimiento, infantilización y sinsentido del capitalismo, en el fondo no es más que dejarse deslumbrar por el fetichismo de la mercancía, por su aura de modernidad y progreso, seguir adorando el trabajo encadenado y sus éxitos, a la Mega-Máquina, y poner en segundo plano todo lo que de degradante de la naturaleza humana y destructor de la vida tiene el capitalismo (es lo que más debiera importarnos), como si otro mundo no hubiese sido deseable y posible ya antes de la I GM, y la especie humana, para su plena realización, debiese pasar por este calvario y el infierno en el que puede terminar. Estaríamos haciendo algo muy parecido a lo que el capitalismo hace: en su balance, en el Activo incluye su crecimiento y desarrollo, y la democracia, y en el Pasivo, sólo quiere incluir sus crisis; pero deja las guerras, las represiones, las dictaduras, la degradación medioambiental, y todo lo demás, a la cuenta de otros (los militaristas, los fascistas, los dictadores, “la actividad humana”, etc.), como si no fuese él la causa última de todo eso, incluso su promotor más directo. Esta actitud también tiene que ver con el narcisismo, con considerar a los demás como seres que están para satisfacerle, con la falta de empatía. Los millones de muertos en las guerras no merecerían nuestra compasión y rebelión, sino entenderlo como el “abono” que ha utilizado la Historia para permitir que la planta del capitalismo siga creciendo y desarrollándose, dándonos sus flores perfumadas de modernidad y de progreso y sus manzanas envenenadas. “El muerto al hoyo y el vivo al bollo” dice el refrán. ¡Echemos tierra sobre el asunto y quejémonos sólo por lo que nos pase a nosotros!. La wertkritik, siendo consecuente, no puede sino llegar a esta conclusión, incluso a la que en el futuro espero poder exponer, de lo que llamo “la mirada marciana” (similar a la del indio).

No me extenderé en el retrato. Para avanzar en esto os remito a mi texto “Horizonte 2050, superando el capitalismo o condenados” (20-12-2019) – estudio de la cuestión del colapso, y propuesta mundial de un eslogan-marco para la confluencia de las luchas y la elaboración política, sucesor del de “Otro mundo es posible” — — https://kaosenlared.net/horizonte-2050-superando-el-capitalismo-o-condenados/

IV.- El AUTORITARISMO SIGUE AQUÍ y también la NATURALEZA HUMANA. Las dimensiones del NARCISISMO

El auge experimentado por el narcisismo no puede llevarnos a olvidar (no lo hace Jappe) que el autoritarismo sigue teniendo mucha fuerza. Y no hay razones para que desaparezca del todo, sino al contrario, que vuelva a expandirse en algunos aspectos al menos.

Puede ser verdad lo que dice Jappe de que un capitalismo “puro” desplegado sin fricciones (como la influencia de modos de producción previos todavía presentes) hasta su final lógico, llevaría a cabo la expansión plena del narcisismo, de por sí ya suficientemente negativo y destructivo. Pero el capitalismo no es sólo una economía, con unas categorías como el trabajo abstracto, el valor, la mercancía, el dinero (también presentes en una ideal y armoniosa sociedad de artesanos, recordemos), y sus correspondiente fetichismo de la mercancía e influencia en la psique humana, sino unas relaciones sociales que implican una explotación (de ahí el trabajo abstracto como plusvalía) y dominación de clase. Una forma social que también necesita del Estado para poner cierto orden en el capitalismo (el Estado burgués juega muchas veces el papel de la “mano invisible”, pues el mercado puede volverse caótico, incapaz de regular nada), mantener bajo control el conflicto social evitando que la sociedad se desgarre o una parte de ella se vuelva contra el mismo capitalismo. Y el Estado es imprescindible al capitalismo desde el principio (incluso para la acumulación originaria del capital, con su violencia), hasta el final, cuando puede ser la última tabla de salvación para la clase dominante, e incluso para la gente el único elemento capaz de poner algo de orden (opresivo) al caos de la desintegración social de una civilización en implosión que abriría la “caja de Pandora” de todos los males. El capitalismo (incluso bajo la forma de propiedad jurídica privada) es inseparable del Estado. No analizaremos correctamente la realidad del sistema si nos quedamos en las categorías económico-sociales del valor, mercancía, dinero. Ni la sociedad capitalista más democrática puede convertir en democrático el capitalismo y su Estado que por su naturaleza intrínseca son relaciones de explotación y dominación de clase, y las relaciones de cooperación sólo se dan bajo esa condiciones de explotación-dominación, la competencia, y la violencia. En la empresa y en el Estado tenemos ya dos elementos fundamentales de autoridad. Por tanto, el autoritarismo, aunque suavizado o disfrazado, tiene que estar presente en el capitalismo.

El auge del narcisismo no es una muestra de la madurez del capitalismo, de que está en su punto de mayor esplendor, sino precisamente de la decadencia del capitalismo, de que está llevando hasta el final su lógica interna, su lado oscuro, insaciable, irresponsable, destructivo y autodestructivo. La decadencia del capitalismo empezó a comienzos del siglo XX, antes del despliegue inicial del narcisismo (década de los 60s en EEUU). La característica más marcada de esa decadencia es precisamente la guerra (mundiales y locales) y el armamentismo (nuclear…), y no hay orden más autoritario que el militar y sus conflictos, y la próxima (sobre todo en condiciones de colapso de la civilización capitalista) pudiera ser la III GM. De aquí también que el narcisismo no se despliegue en solitario, sin la compañía del autoritarismo

La decadencia del capitalismo no tiene una evolución uniforme en todas sus facetas. Como en el ser humano, puede haber diversos ritmos de decadencia para las diferentes capacidades físicas (sentidos, reproducción, fuerza, estado de los órganos, resistencia a las enfermedades…) y mentales (inteligencia, memoria, madurez personal…). Por eso el capitalismo, en su decadencia, puede tener a la vez: guerras mundiales, amenazar con la autodestrucción nuclear, llegar a la Luna, dar un salto tecnológico con la microelectrónica, la productividad y el consumo pero que agota los recursos naturales y contamina el medio ambiente, o social con la sanidad pública y las pensiones de jubilación durante muchos años, pero en pocos países, impedir el colapso de la economía con la muleta de una deuda gigantesca y la especulación que puede acabar por hundirla (crisis 2008), degradar gravemente el medio ambiente con el cambio climático y ver en las renovables un nicho de negocio, naves a Marte en tanto millones de personas carecen de medio de transporte adecuado para llegar a un centro médico que les queda lejos, los avances prodigiosos de la informática y ponernos en riesgo de surgimiento de una I.A.G. psicópata… Decadencia no quiere decir: hasta aquí todo iba bien, a partir de aquí todo irá mal. El capitalismo con el despliegue de sus contradicciones, se ha convertido claramente desde el inicio del siglo XX (no XXI) en una traba y en una amenaza para el desarrollo y existencia de la Humanidad. Y en concreto, en el plano psicológico, esto sucede de la mano del autoritarismo y del narcisismo (la alienación y el fetichismo de la mercancía son hechos objetivo-subjetivos que ya vienen “de serie”, desde el inicio).

Un pilar fundamental de la personalidad autoritaria, como es la obediencia (acrítica) a la autoridad, en la que se apoya toda estructura de poder y en particular la empresarial y estatal, sigue estando muy presente en la actualidad y sigue siendo muy peligrosa. Así lo demuestra un experimento espectacular (por lo extraordinario y al ser un espectáculo en sí mismo) tan reciente como el realizado en 2009 en Francia, un país de lo más democrático para los parámetros burgueses y con los sindicatos más fuertes de toda Europa. No es Corea del Norte, ni Irán, ni Turquía, ni la región de española de Murcia donde en las elecciones generales de 10-11-2019 la derecha del PP (26,51%) y la ultraderecha de Vox (27,99%), sumaron el 54,50% de los votos ¿qué resultado habría tenido allí este experimento? Mejor no saberlo.

Adoptó la forma de un falso programa piloto de concurso (con participantes y mucho público que desconocían que era un experimento) para la televisión francesa llamado “La zona extrema” (La zone Xtreme), que dio lugar al documental “El juego de la muerte” (se puede encontrar en Youtube, y también en https://www.documaniatv.com/social/el-juego-de-la-muerte-video_dba6c9925.html parte subtitulado, resto doblado; y https://gloria.tv/post/Y7bhd4mZZ9EJ2qrm7nA1ZhwPT de tve2 todo doblado), versión modernizada de los experimentos sobre el tema que hizo en los años 60 Stanley Milgram. Dicho experimento televisivo fue asesorado por el psicólogo social progresista Jean-Léon Beauvois, autor del “Tratado de la servidumbre liberal. Análisis de la sumisión” (Editorial La Oveja Roja. 2008, prologado por Slavoj Zizek), cuyas conclusiones son también importantes. Sin duda seguirán vigentes también las actitudes situacionales que permitieron el terrible experimento en 1971 de Philip Zimbardo de la “cárcel” de la universidad de Stanford (EEUU), con un abyecto comportamiento de carceleros y presos voluntarios, como lo demuestra lo que ocurrió en 2003 en la prisión de Abu Ghraib (Irak) a manos de los militares-carceleros norteamericanos. Le dediqué al “concurso” un extenso análisis en “Tu enemigo está en ti. Mírate en este espejo. Una clave de lo que nos pasa” (29-3-2016), enlace al final.

El auge de la extrema derecha en países con una democracia tan consolidada, tan liberal y con tanto peso de la socialdemocracia durante décadas, como Suecia, o nuevamente en Alemania, Francia, Italia y otros países, como el ascenso de Vox en España (de momento en la burguesía, policías, militares, y gente que siempre ha votado a la derecha), demuestran que el carácter autoritario sigue teniendo un peso enorme que se refleja en la elección de los votantes, en la política institucional (NOTA 11).

Porque la sumisión de las masas no es sólo una cuestión de miedo a la represión, ni de dominio ideológico (la ideología dominante es la de la clase dominante), ni la indefensión aprendida (a base de mucha frustración o castigo que conduce a la resignación y renuncia ni a intentarlo NOTA 12) sino que el capitalismo tienden a moldear a su imagen y semejanza la psique de sus servidores (estén arriba o abajo en las relaciones de explotación y dominación), según el momento de su evolución histórica.

Y ahora toca inducir en el ser humano, más que en otros tiempos, los rasgos narcisistas de la personalidad, buena adaptación a los requerimientos del capitalismo, sistema que ahora impera más que nunca al haber desaparecido o reducido al máximo lo que antes persistía, con fuerza, de modos de producción pre-capitalistas, con su correspondiente influencia en la psique humana, y también en la resistencia a su “formateo” por el capital (el origen reciente campesino o artesano influyó de muchas maneras –algunas positivas- en la lucha del proletariado). Pero con esto ocurre algo parecido a lo que sucede con la religión. Las creencias religiosas influyen en la psique, pero primero son creadas por los humanos. El capitalismo, feudalismo, esclavismo, comunidades originarias igualitarias…, patriarcado y matriarcado… todas son relaciones sociales humanas, creadas por los humanos porque su psique lo permite, lo tolera y lo impulsa en determinadas condiciones históricas, aunque luego sufra las consecuencias.

Rechazar que el “homo sapiens capitalista” se corresponda con la forma más realizada, elevada, de la naturaleza humana, no puede llevarnos a negar la existencia de la propia naturaleza humana, tanto física (prácticamente la misma desde el inicio de nuestra especie, ahora más altos, quizás más guapos, más saludables, con más esperanza de vida, con mayor mestizaje) como psíquica. Para no extenderme demasiado en esto último y no perder el hilo de la argumentación central os remito a la NOTA 13.

Que el narcisismo sea un cambio importante, con una dinámica regresiva y muy peligrosa, no debe llevarnos a pensar que por ello el ser humano ya no es el que era, que no existe una naturaleza humana lo suficientemente firme, estable, o que la mutación antropológica (psíquica; página 150 del libro de Jappe) a cuenta del narcisismo, equivalga a una mutación en la especie humana surgiendo algo que ya no sería propiamente el anterior ser humano, por lo que creo que queda mejor la expresión que otras veces utiliza de regresión antropológica, pues explica lo que ocurre.

La concepción del narcisismo de Jappe tiene sus raíces en el psicoanálisis, y por tanto, no es necesariamente el reconocido por la psiquiatría, que tiene unos criterios de diagnóstico propios y lo cataloga como trastorno narcisista de la personalidad, que en esa forma afectaría a un porcentaje de personas bajísimo (menos del 1% de la población). En internet hay acceso completo al DSM-IV. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. — http://www.mdp.edu.ar/psicologia/psico/cendoc/archivos/Dsm-IV.Castellano.1995.pdf ——- En cuanto a las posibilidades de superarlo, existen. Véase aquí — https://www.msdmanuals.com/es/professional/trastornos-psiqui%C3%A1tricos/trastornos-de-la-personalidad/trastorno-de-la-personalidad-narcisista

Aunque comparten una falta o escasez de empatía, hay más esperanzas con un narcisista que con un psicópata, que es más duro, no tiene problema de autoestima (necesidad de admiración) ni tendencia a caer en la depresión por su falta, como el narcisista. Teniendo en cuenta que el narcisismo que anuncia Jappe no tiene por qué llegar ni de lejos en la mayoría de la gente al grado reconocido por la psiquiatría, las esperanzas de que quienes lo padecen puedan superarlo son mayores.

Que en una persona se combinen los rasgos narcisistas y los autoritarios, me parece posible cuando incluso “es frecuente que los individuos presenten al mismo tiempo varios trastornos de la personalidad pertenecientes a grupos distintos” (página 646 del libro, 657 del pdf) “Los trastornos de la personalidad histriónico, límite, antisocial y paranoide pueden asociarse con el trastorno narcisista de la personalidad.” (página 676 del libro, 687 del pdf, del DSM IV)

Esto es importante, pues el histriónico, en su deseo por ser el centro de la atención, tiene similitudes con el narcisista, aunque éste quiere o cree ser el más importante y perfecto y de ahí la atención que se le debe; y me parece que los ejemplos de autodestructividad, y destructividad, el fenómeno del Amok, no encajan con el narcisismo, sino más con los trastornos de la personalidad límite, antisocial y paranoide; siendo el primero más autodestructivo que los otros. La “pulsión de muerte” sería más o menos propia de esos otros trastornos, pero no del narcisismo. Pero esto no es lo más importante, pues la realidad no se manifiesta generalmente a través de casos puros, como si fuesen conceptos que se materializasen, y lo más preocupante es que abundan cada vez más todos esos rasgos y comportamientos dañinos, “cada loco con su tema” o varios “temas” revueltos en la misma persona, que luego la psiquiatría procura catalogar con mayor o menor acierto (más por síntomas que por su génesis y dinámica, muchas veces poco clara), Esto no quiere decir que no tenga importancia conocer a fondo estas cuestiones, que debamos conformarnos con la informalidad y el eclecticismo, sino que no debemos dejar que nos intimiden y “aten las manos” con unos criterios que pueden ser muy cuestionables por mucho que ahora se vistan de saber científico y tengan el visto bueno de las instituciones. La psiquiatría también es deudora de una visión del mundo hipotecada por la ideología dominante que es la burguesa, a la que no escapan del todo los esfuerzos científicos. Conviene no olvidar la colaboración de figuras de primera fila de la psiquiatría e instituciones oficiales de psicología en recientes prácticas de tortura científica de lo más crueles. Una muestra en el documental “Monstruos eminentes” emitido por La Noche Temática de tve2 (1-2-2020) y que se puede ver en https://www.documaniatv.com/politica/monstruos-eminentes-video_9102d356c.html

He mostrado que el autoritarismo sigue estando muy presente, y mostraré como creo que se combinará con el narcisismo. Pero el estatus de ambos rasgos no es el mismo en la psiquiatría, pues no se reconoce un trastorno autoritario de la personalidad, como sí del narcisismo. Sin embargo, hay estudios que revelan la importancia del autoritarismo y como se relaciona con toda la estructura de la personalidad, como los realizados en su día por Adorno y Fromm, que recomiendo al final. Es asombroso que el DSM no reconozca el autoritarismo. La explicación estaría en que no parece un trastorno, pues está extendidísimo, lo tenemos metido hasta la médula, parece natural (experimentos de Milgram, etc.), y porque es un recurso fundamental en el poder de las empresas, iglesias e instituciones más importantes del Estado, y tampoco es cosa de cuestionarlo y de que se enfaden con los psiquiatras ¿verdad? La clasificación clínica o no, no es algo que me preocupe, pues hay muchas cosas en discusión entre los mismos psicólogos y psiquiatras (se puede comprobar por los textos de los que luego aportaré enlaces), y que en el futuro seguro que darán lugar a revisiones taxonómicas. Así, hay quien ve en el narcisismo una manifestación ligera de la psicopatía.

Por eso, aunque haya mencionado la clasificación oficial de la psiquiatría no quiere decir que esté de acuerdo con todo lo que digan. Hay muchos expertos que cuestiona algunos aspectos, como la tendencia a crear más y más supuestos trastornos que terminan medicándose con fármacos (buen negocio para la industria), cuando si son problemas reales debiera irse a las causas que están en otro sitio, muchas veces de tipo social, relaciones humanas, y que su pretendida solución a través de la farmacología es una forma de control social que además a veces acaba generando perjuicios mentales. En vez de reconocer la raíz social de muchos problemas, la ideología dominante lleva a psicologizarlos e individualizarlos, en suma, despolitizarlos, y cargarlos a la espalda de cada uno “allá te las compongas, toma esta pastilla”. Es alucinante que los DSM no reconozcan a la psicopatía, como trastorno de la personalidad ni como nada, sino sólo a la que tiene una sanción legal por su comportamiento antisocial (trastorno antisocial de la personalidad), cuando resulta que también existen, lo dicen los psiquiatras, los psicópatas integrados socialmente y disciplinados (no impulsivos irracionales) que alcanzan importantes posiciones de poder; pero a esos no les persigue la ley y no acaban en la consulta del psiquiatra. El último DSM es el V, de 2013. Véanse estas interesantes reflexiones “Psicópatas integrados/subclínicos en las relaciones de pareja: perfil, maltrato psicológico y factores de riesgo” Varios autores —- http://www.papelesdelpsicologo.es/pdf/2169.pdf —– “Psicopatía, ideología y sociedad” – Inmaculada Jáuregui Balenciaga —- https://www.redalyc.org/pdf/181/18101805.pdfhttps://revistas.ucm.es/index.php/NOMA/article/view/NOMA0808230083A/26371 —– “Revisión de la psicopatía: Pasado, presente y futuro.” Sebastián López —-https://www.redalyc.org/pdf/2332/233229143007.pdf —– “La inadecuada identificación de la psicopatía con el trastorno antisocial de la personalidad” Marta María Aguilar Cárceles — http://criminet.ugr.es/recpc/19/recpc19-13.pdf

Hay casos de personas cuyo cerebro apunta a la psicopatía, pero que jamás se han comportado como tales. Lástima que no recuerde el título de una serie documental emitida por televisión española, canal 2, en la que un científico neurólogo que estaba investigando las señales de psicopatía en el cerebro, se sorprendió al descubrir que esas eran las características del suyo, y sin embargo, por haber recibido desde bebé tanto respeto, cuidados y amor en su familia, vivido en un ambiente sin delincuencia y recibido una buena educación (por eso era neurólogo) no había desarrollado pautas de comportamiento antisocial y criminal, sino al contrario, por lo que era también un buen esposo, padre, y médico con sus pacientes. Otro caso es el de quienes no hayan sido tan afortunados en su infancia y entrado en esa vía criminal, pues esto hace que se produzcan determinadas conexiones (o desconexiones) en el cerebro, circuitos de reacción aprendida y espontánea de resentimiento, ira y violencia, que ya resulta muy difícil o imposible de revertir.

Si pese a tener un cerebro de psicópata hay posibilidades de no llegar a comportarse como tal, y los narcisistas tienen más posibilidades de curarse que los psicópatas antisociales (ya muy endurecidos), eso aumenta nuestras esperanzas para afrontar el narcisismo de baja intensidad (generalmente, así podría llamársele) cada vez más difundido en la gente, que no por eso deja de ser muy peligroso para nuestro presente y futuro.

Pues dice Jappe “Pero ¿cuáles son las causas históricas de este auge del narcisismo? Un retorno generalizado a formas psíquicas preedípicas [complejo de Edipo; psicoanálisis] constituye una verdadera mutación antropológica y tiene necesariamente causas muy importantes” (páginas 149-50) “A lo largo del siglo XX lo que se produjo en la sociedad fue más una verdadera “alza de la tasa de narcisismo” que un aumento del número de personas completamente narcisistas” (página 153 de “La sociedad autófaga”).

V.- LA PINZA entre el AUTORITARISMO y el NARCISISMO, AMENAZA nuestra SUPERVIVENCIA

Por si el futuro que nos espera con el capitalismo no fuese ya suficientemente malo, y no hubiésemos tenido bastante con el autoritarismo, ahora se añade otro factor, el del desarrollo de los rasgos psicológicos narcisistas, en la mayor parte de la población, y en particular en las generaciones jóvenes (las menos afectadas por la educación familiar y escolar marcadamente autoritaria que padecieron las generaciones mayores), que son precisamente las que directamente deberán enfrentarse a ese futuro temible.

El narcisismo es un rasgo psicológico opuesto a la empatía, la solidaridad, por tanto, al internacionalismo proletario, VITAL para sobrevivir a nuestra época y superarla.

Cuando más se están desarrollando y multiplicando los rasgos narcisistas, es cuando más necesaria sería una personalidad centrada sobre todo en el nosotros (resultado de la colaboración, con respeto a la individualidad, no el del colectivismo autoritario y totalitario que la aplasta) en lugar de en el yo y lo mío, centrada en el sentimiento de comunidad y no en el individualismo, con mucho sentido de responsabilidad ante el mundo en el que viven y lo que dejará para las generaciones futuras, y así poder sumar las fuerzas necesarias para asumir colectivamente las enormes tareas que nos permitan superar los gigantescos retos que tiene delante nuestra especie. ¡Casi nada!

Pero el narcisismo existe y combinándose con el autoritarismo. El principio de autoridad es fundamental en la empresa y en el Estado burgués, y en éste, especialmente en sus funciones represivas (policía, tribunales, cárceles) y guerreras (ejércitos). El capitalismo tiende a resolver los problemas y conflictos que atenazan su desarrollo con la “solución” de las guerras: guerras para la conquista de las colonias, guerras con otras potencias por el reparto de las colonias, guerras por la descolonización para que otro imperialismo ocupe el espacio dejado por el colonialista en retirada, guerras por el reparto general del mundo, guerras para controlar las principales fuentes de energía o materias primas… La decadencia muy avanzada del capitalismo y su tendencia a crisis mundiales cada vez más acusadas, y un horizonte de posible colapso civilizatorio agravará esa propensión a la guerra, a escala planetaria. Si esta evolución hacia la “resolución” de las contradicciones del capitalismo ya fue factible dos veces (guerras mundiales) apoyándose en el tipo de personalidad predominantemente autoritaria, (también en la clase trabajadora, aunque menos acusada que en otras clases sociales), ahora y en el futuro, con un peso mayor de las características narcisistas, sería más fácil, dado el grado de egocentrismo, individualismo e irresponsabilidad ante el mundo que es propio del narcisismo.

El sistema se quita las responsabilidades de encima todo lo que puede, y las carga sobre el individuo. De este modo el narcisista vuelve a ser el centro del mundo, pero en negativo. Hoy el sistema promueve el discurso de una hiper-responsabilización imposible de la vida individual para ocultar sus determinantes colectivos y estructurales: “lo que te pase es responsabilidad tuya, no de los demás ni de la sociedad”. Si hay problemas ecológicos, el peso se pone en lo que cada individuo puede hacer en sus prácticas de consumo y residuos, a la vez que se le invita a consumir compulsivamente (dando rienda suelta a las tendencias narcisistas, sobre todo en las fechas en que se promueven las rebajas en los comercios), y se pone menos el acento en las actividades contrarias al medio ambiente, que son básicamente la mayor parte de las actividades económicas y sobre todo su motor más allá de la satisfacción de las necesidades, que es el beneficio (recurriendo a la obsolescencia programada, etc.). Esa individualización de los problemas es totalmente irrealista y por tanto no puede ser asumida en la práctica, pues las personas aisladas llegan donde pueden, o sea, a muy poco. El verdadero resultado de esta hiper-responsabilización, es el desentendimiento y la irresponsabilidad por lo que les pase a los demás y a todos como comunidad humana, pues “si el mundo no es responsable de mí, yo no lo soy del mundo; y a mí que no me exijan más, que llego hasta aquí”. Esta consecuencia era perfectamente previsible y quienes han promovido esta orientación seguro que lo sabían.

La atomización de la clase trabajadora en individuos, la precarización del empleo, los falsos autónomos, les resta fuerza y confianza en lo que pueden llegar a conseguir colectivamente; bastante carga sienten con la responsabilidad de llegar a fin de mes, sacar adelante los hijos…, como para cargar sobre sus espaldas el colosal peso del futuro de la Humanidad y del planeta; así que mejor ignorar, evadirse o autoengañarse con que son suficientes pequeños compromisos personales, y es todo lo que le toca o puede hacer (“ya distribuyo la basura para el reciclaje, el resto es responsabilidad de los políticos, que para eso les pagamos”, etc.). En otros tiempos, el sentido de responsabilidad por los hijos pequeños, frenaba la militancia pues “si me encarcelan ¿qué será de mis hijos?”. Hoy día, la maternidad y paternidad se ha retrasado muchos años, pero eso no se ha reflejado en un mayor tiempo de militancia social y política, sino al contrario. La juventud de hoy es, en este sentido, mucho más débil psicológicamente (sí, sé que no es un concepto científico, pero es correcto intuitivamente) que la de los 60-70s, y ésta ya lo era con respecto a las de las décadas de los 10s a los 40s del siglo pasado, que hubieron de pasar experiencias durísimas. Visto que va aumentando la media de edad de la población, el número de ancianos y de edad muy avanzada, y que esto tiene un efecto político conservador, se verá agravado cuando los jóvenes de hoy envejezcan si ni siquiera durante su juventud tuvieron una fase importante de rebeldía social, ni adquirieron ninguna experiencia positiva y gratificante (para su autoestima, sentido de su identidad personal, etc.) en la lucha social y política. No serán unos ancianos como los que hoy se movilizan por las pensiones, en buena parte porque ya lo hicieron en las décadas de los 70s y 80s.

La ruptura política inter-generacional se profundizará cuando la escasez lleve a plantearse qué hacer con una parte de la población muy anciana cuya vida se prolonga por los avances sanitarios y médicos, y que consume sin producir nada. La política de recortes se orientará a los gastos sanitarios, y la ayuda a las personas dependientes, y las primeras víctimas serán los más ancianos. Desentenderse sería tanto más fácil por el resentimiento de las generaciones más jóvenes con las más ancianas, dada su irresponsabilidad ante cuestiones que entonces ya estaría pasando una notable factura, como el cambio climático.

Los rasgos de personalidad autoritario y narcisista, aunque distintos, se combinarían, si bien de diferente manera en el tiempo. En una primera fase, predominaría el narcisismo que, con su irresponsabilidad individualista, nos llevaría a la derrota total al no querer asumir las tareas que la realidad impone para liberarnos del capitalismo y sus consecuencias; a la vez presionará, para intimidar y pervertir, la faceta autoritaria, que se expresará en el ascenso de la ultraderecha. En un segundo tiempo, una vez derrotados, el autoritarismo se impondría para alistarnos bajo la disciplina de nuestros estados, para lo que serviría de enganche el narcisismo que pone su propia satisfacción por delante de la de todo el mundo, en este caso, de otros pueblos, sobre los que volcaría su frustración e ira por el hundimiento de sus pasadas aspiraciones. Una combinación perfecta a la hora de asistir sin pestañear al genocidio de todos aquellos pueblos que supongan una competencia u obstáculo a lo que se entienda como la propia supervivencia. Es más, probablemente asistamos a una cierta “superación” del narcisismo mediante un refuerzo de las tendencias autoritarias, pues el narcisismo, al verse impotente para enfrentar y resolver los gigantescos problemas que a la Humanidad se nos vienen encima, en su desesperación puede replegarse y dejar que afloren con fuerza las tendencias autoritarias que seguirán existiendo en las personas y que reclamarán que alguien, un líder carismático (caudillo, führer…) les “saque las castañas del fuego”, y eso tendrá sin duda un carácter populista-fascista aunque se disfrace de cualquier otra ideología (el estalinismo no se diferencia mucho). Esta es una vía más fácil y rápida de “rectificación” del narcisismo que una superación real hacia una conciencia de comunidad democrática, asumiendo las responsabilidades personales y colectivas hasta la raíz de los problemas, y hasta sus últimas consecuencias (con riesgo de la propia libertad y vida).

VI.- SALIR de ESTO ¿CÓMO?

En esta situación tan difícil, de extrema debilidad de la clase trabajadora, cuando el capitalismo es cada vez más una amenaza para la existencia de nuestra especie, cuando las condiciones objetivas y subjetivas parecen conspirar en nuestra contra, debemos comprender cómo pueden también ayudarnos si sabemos encararlas.

Para empezar debemos tener muy en cuenta lo que el mismo Jappe nos dice: “El valor no es una estructura “total”. Es “totalitario” en el sentido en que aspira a transformar todo en mercancía, pero no podrá lograrlo porque una sociedad de esas características sería completamente insoportable (por ejemplo, no habría más amistad, amor; educación de los niños, etc.).” (Prefacio a “El colapso de la modernización”, página 27). Es decir, que tenemos una base objetiva, en las necesidades humanas, para poder seguir resistiendo a la presión del valor. La naturaleza humana se adapta y somete en gran parte al valor, pero no es mutada por el valor a su completa imagen y semejanza, incluso pese a lo que llama Jappe, la mutación antropológica del narcisismo. Pero la dinámica del valor puede acabar destruyéndonos por otra vía, como la III Guerra Mundial, la catástrofe medioambiental con una subida de las temperaturas imposible de controlar, apocalíptica, etc.

Jappe tiene más razón de la que parece a primera vista, y de lo que generalmente los/as revolucionarios entendemos por intervención política. De lo que he explicado en la NOTA 13, y de estas palabras de Jappe se puede sacar la conclusión de que en esta lucha contra el narcisismo y el autoritarismo, de su indiferencia ante la gente, contra la influencia del trabajo abstracto y su indiferenciación de las cosas, destinándolas a un fin que no debiera ser el suyo, la primera línea del frente de batalla no está en la lucha en la empresa o en las calles, etc., sino en el hogar, en la crianza de las criaturas. Ahí es donde con el amor a los bebés empezamos la primera batalla contra el narcisismo, el autoritarismo, el formateo hacia el capital-Estado. De ahí que el permiso de materinidad y paternidad, tal como lo he planteado en la Nota 13, tenga una importancia estratégica que normalmente no sabemos reconocer (sobre todo los hombres, y tampoco muchas feministas, y en general los que no tienen hijos/as). Si alguien piensa que esto es una cursilada de abuela, es que no conoce lo dura que puedo ser y, sobre todo, todavía no ha entendido nada de las verdaderas fuerzas de la vida contra el gran destructor de la vida que es el capitalismo, ni comprendido que esa es ya su verdadera naturaleza pese a su fachada de “progreso” y “elevación del nivel de vida”. ¿De dónde creéis que sacamos la fuerza y la inspiración para resistirnos a toda la mierda que el sistema nos arroja encima a diario, a nuestro condicionamiento a cuenta del fetichismo de la mercancía, del trabajo abstracto, del culto a la mercancía y al dinero, a la autoridad patronal, estatal, o de la presentadora de un falso concurso de televisión que nos exija torturar a un presunto concursante (el experimento antes mencionado), si no es del respeto, del amor a la vida, estrechamente relacionado con el sentimiento de empatía, sin el cual es imposible la solidaridad y no digamos el internacionalismo proletario, lo único que podrá unir políticamente y salvar a esta Humanidad de su autodestrucción? ¿De dónde creéis que sacaremos las fuerzas y la inspiración para detener el curso al colapso de la civilización, una III GM, los genocidios, la extinción masiva de especies, o a la emergencia de una Inteligencia Artificial General (IAG) psicópata que ya empieza a asomar la patita? (sí, reíros) ¿De dónde creéis que sacaremos las fuerzas y la inspiración para acabar con el capitalismo pero sin que levantemos en su lugar una mierda como el estalinismo o vete a saber qué? ¿Del odio al capitalismo? Sí, el odio destruye, arrasa, pero es incapaz de construir nada nuevo y mejor. Sólo del amor por la vida auténtica, desarrollada, completa, y no de querer más (más dinero, mejor posición social, etc.) es de donde sacaremos las fuerzas colosales y la inspiración necesarias para acabar con esto y crear un mundo nuevo y mejor. Debemos impedir que corrompan ese amor a la vida, o podemos darnos por jodidos, queridos/as (merecéis que me dirija así a vosotros/as si habéis sido capaces de llegar hasta aquí desde el principio). Ni con las mejores condiciones objetivas podríamos lograrlo sin esa llama, y menos teniendo tanto en nuestra contra.

Para elaborar este texto (pese a sus deficiencias), me he pegado una paliza mayor de lo que podáis creer, y por eso me he ganado también alguna regañina de la familia. Pero habrá valido la pena si en el corazón de un solo lector/a he conseguido inspirar una llama con lo que acabo de deciros. Pues de lo contrario, todo lo demás, miles de razonamientos y argumentos, por muy profundos, radicales y anticapitalistas que sean, se asentarán en la arena, y a la menor dificultad o revés se hundirán, y se los llevará el viento del olvido. No tengo ni tiempo ni ganas para revisarlo, pero creo que vale la pena leer un texto que publiqué hace años “Horizonte 2050: Socialismo o Mega-Crisis. Recuperar nuestra vida y salvar la Tierra. Una propuesta de Marco” (14/05/2011), que todavía se puede leer en “Recopilación textos de Aurora Despierta en el viejo old.kaos” (29-5-2017), enlace al final de éste. Prosigo en el plano en el que estamos habituados.

El capitalismo y sus estados provocarán cada vez más descontento en la clase trabajadora y sectores populares. Por supuesto que esto puede tener una salida reaccionaria (es muy probable), pero también podría tenerlo revolucionaria a condición de que no confiemos en que se logrará por el curso espontaneo de las cosas, sino por nuestra intervención más consciente contra las tendencias que llevarán ese descontento al molino de la reacción o a perderse por el desagüe.

He descrito cómo el predominio del trabajo abstracto y la indiferencia del trabajador/a hacia su trabajo concreto, son un factor importante, acompañado por la sociedad de consumo y sus fantasías insaciables, en la germinación de las tendencias narcisistas. Pero también tenemos a muchos trabajadores/as a quienes les gusta su oficio, con vocación profesional, pero que se ven frustrados por las condiciones de trabajo propias del capitalismo y que no se sienten compensados por el salario, incluso aunque fuese algo mayor, y en los que, por tanto, la indiferencia ante el mundo, es menor, y no ven la salida en la avidez del consumismo y sus fantasías. Incluso entre los trabajadores/as que sienten indiferencia o rechazo por su labor, también puede existir la aspiración a una labor con sentido para ellos, como ven que la tienen otros o la desean para sus hijos.

Tanto unos como otros trabajadores/as se verán presionados a luchar ante la pérdida de capacidad adquisitiva de sus salarios, el empeoramiento de las condiciones de trabajo o la pérdida de empleo y la miseria del subsidio de paro, o desvalorización de las pensiones de jubilación o contra la represión mediante despidos o de sus protestas por la policía, etc. Si no se resignan y luchan, el proceso mismo de la lucha que exige buscar y dar apoyo (apoyo mutuo), cooperación, no pensar sólo en uno mismo, tomar las decisiones democráticamente, someterse a las decisiones de la mayoría, apoyar a los que lo están pasando peor, etc., ya es en sí mismo una forma de terapia de grupo contra las tendencias autoritarias y narcisistas. Se suele decir que la vida nos hace madurar a golpes, a veces pasando por dolorosas crisis y trances que si no acaban con nosotros, nos hacen más fuertes y más sabios (o menos estúpidos), aprendemos lo que es la vida en realidad, a valorar lo que de verdad es importante, etc., y quisiéramos poder transmitir eso a los demás, aunque demasiadas veces no sabemos aprender si no es por escarmentar en nuestra propia cabeza.

Si los trabajadores/as van a la huelga, lo más importante no es por qué entran en ella (puede ser por sus aspiraciones consumistas), sino lo que pasa durante el proceso y como salen de ella. Si es como individuos egoístas que sólo puntualmente han tenido una unidad de acción por un interés común, o como compañeros pues han aprendido a valorar otras cosas como más importantes (o al menos tanto) que un aumento salarial, y que por eso, aunque no lo hayan conseguido y además hayan perdido el salario de los días de huelga, no se arrepienten y se sienten orgullosos de su lucha, de su unidad, de su dignidad como personas y trabajadores/as.

En las descripciones de las experiencias revolucionarias, incluso de las grandes luchas (como Mayo del 68 en Francia), los testigos insisten en el nuevo espíritu que anima a la gente, en la transformación que experimentan, en cómo se despliegan sus mejores facetas de entusiasmo, entrega, generosidad, cooperación, comunicación, respeto por todos, ruptura de los valores tradicionales reaccionarios y represivos, subordinación del yo a un nosotros al que no domina nadie (ningún caudillo), la superación de la sensación de aislamiento e impotencia por la de la de comunidad y fuerza del colectivo en lucha, pasar del deseo individual (al menos tal como se expresaba antes y que buscaba saciarse consumiendo alguna mercancía) a las necesidades colectivas… Se produce una especie de catarsis, y aunque sea por un período de tiempo corto, muchas personas es como si hubiesen hecho una terapia de personalidad y mandado a la basura algunos de sus rasgos y potenciado al máximo otros. Y a veces estos procesos estallan inesperadamente (aunque con el tiempo se descubra unas condiciones que impulsaban a ello), sin saber bien cómo ni por qué (la causa aparente puede ser hasta poco importante, pero funcionar como la gota que rebosa un vaso), sorprendiendo a los propios protagonistas y a los espectadores, incluso a los revolucionarios/as que estaban soñando durante años con algo así.

Con esto no quiero decir que podemos estar tranquilos, cruzados de brazos, confiando en que eso llegará seguro, pues puede que no (con el autoritarismo y el narcisismo combinados nos lo estamos poniendo todavía más difícil de lo que ya era antes). Debemos trabajar mucho para que ocurra y para que cuando suceda nos coja lo más preparados posible para impulsar el movimiento, no se eche (o lo echen) a perder, y llegar hasta donde convenga que lo haga teniendo en cuenta las circunstancias, pues tampoco es cosa de precipitarse si las condiciones no aconsejan tomar ya determinadas decisiones que suban la apuesta. No será nada fácil, sino muy difícil dada la extrema debilidad de la que partimos.

¿Y qué cosas podemos hacer? Pues muchísimas, pero prestando siempre especial atención a las más relevantes, a las que más pueden aportar cara al futuro, pues no se trata de caer en el activismo, pues para activismo, el de los pollos a los que se les ha cortado la cabeza, y que tras su agitada carrera sin sentido, terminan desplumados y en la cazuela.

Por ejemplo, hay que hacer esto mismo. Dar a conocer un buen libro que al menos nos ayude a identificar mejor los obstáculos a salvar, si no queremos darnos de bruces una y otra vez. Con respeto al narcisismo y el autoritarismo, debemos comprenderlos mejor, cómo se dan, cómo se combinan, cómo podemos tratarlo cara a sus implicaciones sociales y políticas sin poder recurrir a la terapia individual o de grupo con un psicólogo. Y revisar principios, métodos y prácticas todo lo que haga falta.

Además de comprender el papel de la faceta abstracta del trabajo, es imprescindible facilitar que los trabajadores se apropien de esto del modo que resulta más accesible para ellos, esto es, la teoría del valor-trabajo, de la plusvalía, del salario y la ganancia. Por ello, recientemente, he publicado un estudio sobre la teoría de la plusvalía y su revisión, haciendo un llamamiento para la organización internacional de un debate que termine por resolver sus deficiencias, y que recomiendo al final. La crítica del valor, del trabajo abstracto y la mercancía, “a palo seco”, no tiene la menor oportunidad de calar en la clase trabajadora. Debe comunicarse a través de la denuncia de la plusvalía, que a su vez debe ser revisada pues si ha fracasado en su implantación en la clase trabajadora no es sólo por las derrotas, las llamadas traiciones o el cambio de las condiciones objetivas (desindustrialización, precarización…), sino por sus propias debilidades. Según la teoría, y expone Jappe, el fetichismo de la mercancía no se resuelve explicándolo pues espontáneamente resurge de las condiciones capitalistas de existencia y sólo se puede erradicar eliminando éstas. Pero con la conciencia de la plusvalía no ocurre igual, pues atañe directamente al bolsillo del trabajador/a y a su actividad laboral. Por supuesto que la mera conciencia no cambia la realidad, pero asumida la teoría de la plusvalía, ese conocimiento no se pierde, salvo que se aparque por vivir en un tiempo de derrota, reflujo, contrarrevolución. Por tanto, es ahí donde AHORA debemos poner el peso de la denuncia, y a la hora de la transformación revolucionaria, tener bien en cuenta todo lo relativo al trabajo abstracto, la mercancía y el fetichismo de la mercancía para eliminar todas las condiciones sociales de las que emana (NOTA 14).

Si hay un sector social que todavía esté en condiciones de hacer la crítica del trabajo abstracto y llevarla a la práctica, está en los miembros de la clase trabajadora a través de la denuncia de la plusvalía, pues otros sectores sociales se encuentran todavía más alejados de esa posibilidad. Sin ese sujeto revolucionario, en forma de fuerza social contra la sociedad de clases, el capitalismo desembocará en su colapso y muy probablemente nuestra autodestrucción. Los miembros de la clase trabajadora creadora del trabajo abstracto, la plusvalía y la ganancia son, salvo casos menores, los únicos que están en condiciones de generar el grueso de la fuerza social capaz de acabar con el capitalismo, en lo que sería una caída controlada, antes de que sencillamente se nos caiga encima aplastándonos del todo. Todavía no se han hecho cosas fundamentales que podrían ayudarlos a empoderarse contra el capital. Por eso no debemos descartarlos por todas sus debilidades e impotencias hasta hoy, pues nos jugamos demasiado Precisamente cuando nos estamos acercando al peor período de la existencia del capitalismo, al que supone la mayor amenaza para nuestra especie, lo que es nuestra última esperanza de salvación, el niño proletario (clase trabajadora) ¿vamos a arrojarlo junto con el agua sucia de sus miserias? ¿No merecen estas condiciones un análisis más fino del proletariado del que ha hecho la corriente de la wertkritik.

Yo creo que quedan motivos para confiar todavía en que del proletariado (clase trabajadora) pueda surgir esa fuerza social contra el capital y contra él mismo en cuanto que clase como parte inseparable del capital. Pero no, si seguimos con lo que generalmente se viene haciendo y proponiendo durante casi dos siglos (sindicalismo, reformismo, Capitalismo de Estado, cooperativismo, autogestión…). La constitución de los trabajadores/as asalariados en fuerza social, como sujeto revolucionario empieza por su recuperación de la teoría revisada de la plusvalía. Sin esto, no estará preparada, y la reacción de los trabajadores/as ante las próximas enormes turbulencias del capitalismo, de los shock materiales y psicológicos a los que someterá a la gente, probablemente será una gran desorientación que puede acabar en desesperación, impotencia, para terminar arrojándose en brazos de cualquier alternativa que parezca ofrecerles un alivio o la solución, aunque sea un moderno populismo-neofascista, o neo-capitalismo de estado, cualquier cosa antes que el mayor esfuerzo que exige la comprensión de la verdadera raíz de los problemas y saber contra qué obstáculos materiales y humanos hay que enfrentarse, y combatir con todos los medios que las circunstancias exijan.

Tras la experiencia de un siglo, creer que las masas trabajadoras serán capaces de encontrar por sí mismas el camino a su autoliberación, como hacen el recorrido hasta la reivindicación de aumento salarial, sin una importante ayuda y orientación por quienes estamos en mejor posición política (no estoy proponiendo una dirección-dominación partidista tipo leninista), es demasiado fuerte y arriesgado, como confiar el futuro de uno mismo a que le toque el gordo de la lotería: está dentro de lo posible, pero también de lo más improbable. Y cuando llegue la gran tormenta, todas las fuerzas de la confusión, la demagogia, la represión, se desatarán con una fuerza todavía desconocida, y si previamente no se ha sembrado, no se cosechará. Y la corriente de crítica del valor, debiera ser la más consciente de esto, pues para ella, la espontaneidad e incluso las teorizaciones supuestamente más revolucionarias, vienen siendo de siempre una forma de adaptación a lo fundamental del capitalismo, por mucho que se alce en armas contra él, o lo “revolucione”.

Escribe Jappe en su Prefacio al libro de Kurz “El colapso de la modernización”: “El trabajador, en tanto trabajador no está fuera de la sociedad capitalista, pero [creo que debiera decir pues] constituye uno de sus dos polos. De los análisis de Marx podemos concluir que “una revolución de los trabajadores contra el capitalismo” es una imposibilidad lógica; sólo puede existir una revolución contra el sometimiento de la sociedad y de los individuos a la lógica de la valorización y el trabajo abstracto.” (página 15).

Marx divergiría completamente de esto, no sólo porque él confiaba plenamente en la clase trabajadora como sujeto revolucionario, sino porque del capítulo I de volumen I de El Capital, del que tanto se inspira la corriente de crítica al valor, no se concluye eso, precisamente contra “los trabajadores”, ni siquiera contra “la clase”.

Entonces ¿de dónde surgirá ese movimiento revolucionario? ¿De la masa amorfa de la “multitud”, de Toni Negi?. Una cosa es la clase y otra diferente los miembros que la componen, seres humanos con sus necesidades humanas de desarrollo más allá de las de su clase. La clase trabajadora es el otro polo del capital y no puede existir sin el otro polo, y consolidarse como clase es terminar consolidándose como clase del capital, al contrario de lo que ocurría con la burguesía cuya consolidación suponía su liberación de los restos del feudalismo y frente al proletariado. Los trabajadores/as, en cuanto colectivo de personas, no son necesariamente lo mismo que la clase. Su humanidad no se reduce a la faceta de trabajador/a para el capital, y sus contradicciones y enfrentamientos con el capital pueden llevarse más allá de los límites de su condición de clase. Si esto no fuese así, Jappe también debiera descartar a las personas de esta clase como posibles revolucionarios y entonces ¿de dónde saldrían esos “individuos” que se vuelven contra “la lógica de la valorización y el trabajo abstracto”? ¿de la burguesía, de la pequeña burguesía, del lumpen-proletariado…?

Al igual que millones de pequeños propietarios campesinos se han arruinado a lo largo de la historia del capitalismo, se han desclasado y las mismas personas han pasado a formar parte del proletariado o de su ejército de reserva (desempleados en busca de trabajo y presionando a la baja los salarios), el colectivo humano que ahora constituye la clase trabajadora, las mismas personas (o la inmensa mayoría) pueden empezar a “desclasarse”, no aspirando a convertirse en masa en pequeños burgueses propietarios de un negocio o profesionales autónomos (condenados muchos a ser falsos autónomos o depender del capital medio o grande), sino en un colectivo, fuerza social, por constituir otro colectivo diferente, el de los trabajadores/as libremente asociados en el trabajo socializado (no individual, artesanal, etc.). Es de ahí de donde vendrá la revolución contra el capital hasta su raíz más profunda. No seré yo quien haga la apología del “materialismo dialéctico”, ni de la dialéctica hegeliana-marxista llena de errores, imposibles triples saltos mortales lógicos creyendo que puede caer de pie, pero hay que reconocer que en esto puede inspirar mucho más que la tosca lógica formal expuesta en este caso por Jappe.

Diverjo de lo que dice Jappe, Kurz y toda su corriente, sobre el sujeto y la clase trabajadora, como si ya no valiese, pues no está fuera, exterior, aparte del sistema, pues ¿acaso hay en la civilización capitalista y en este punto de su evolución, alguna clase social o sector social relevante –no sólo individualidades de diverso origen o situación social- que lo esté, y que sea capaz de generar una revolución y llevarla hasta el final? Hasta hoy, por mucho que se han intentado, no se ha encontrado, y no hay motivos para esperar que aparezca, y menos con el análisis que del capitalismo (ya una civilización) hace la corriente de la wertkritik. Los trabajadores/as asalariados somos seres humanos que conformamos un colectivo que ahora es una clase del capital (en su parte de capital variable como trabajo vivo actual, y su labor pasada, como capital constante –medios de producción-) pero, partiendo (no quedándonos en) de la lucha por nuestras reivindicaciones inmediatas, podemos ir cambiando de actitud, de objetivos, y constituirnos en una fuerza social contra el capital y a la vez “contra sí mismos” en cuanto que clase consubstancial al capital (es la que le da vida y reproduce), para pasar a convertirnos en el colectivo de trabajadores/as libremente asociados, hasta la extinción como clase social junto a todas las demás. Y si subrayo la lucha es porque en la lucha por un aumento salarial lo verdaderamente importante no es éste (se puede conseguir o no, para tal vez diluirse en la siguiente subida de precios), sino lo que la lucha aporte en el camino a la constitución como sujeto que lucha por su autoliberación. Pero no debemos engañarnos. La historia ha demostrado que la acumulación de luchas reivindicativas parciales no lleva a la revolución. Debe haber una variación en los objetivos, y la revolución no se consolida si no se sabe orientar la lucha hacia la superación del capitalismo hasta su raíz, por tanto, de la misma clase trabajadora. No es factible plantear una lucha contra el capitalismo y su Estado burgués, de golpe, como totalidad, sin mediación, sin pasos previos, parciales y que vaya avanzando en esa dirección, pues no es así como se da la toma de conciencia revolucionaria por parte de las masas, como consigue la seguridad en la justeza de los objetivos, como se aprende a distinguir a los falsos amigos, como se desarrolla la capacidad de autoorganización, la combatividad, como se adquiere confianza en las propias fuerzas, la determinación de luchar hasta el final y con todas las consecuencias. No es así, sin pasos previos, como se puede superar el autoritarismo y el narcisismo en las masas, que necesitan de un largo proceso de luchas, de experiencia, de “terapia de grupo” (en la lucha de masas), para madurar psicológicamente y adoptar los rasgos de la creatividad revolucionaria. El problema es cómo articular la marcha de lo particular a lo global, en base a qué denuncias y reivindicaciones.

Este planteamiento de colectivo que pasa de clase en sí (para el capital) a clase para sí (contra la burguesía, pero dentro de la lógica del capital privado o estatal…) a clase “contra sí” (contra su misma existencia como clase que es inseparable de la existencia de una clase explotadora y dominante), y que debe estar presente ya antes de la revolución (no sólo en el socialismo cara a la superación definitiva de la existencia de las clases) lo planteé ya hace muchos años contra las ideologías obreristas vulgares de “darle la vuelta a la tortilla” y de apología del “poder de clase”, del proletariado como “clase dominante”, que siempre habían acabado sirviendo como tapadera para el poder de otra clase (NOTA 15).

También debemos llevar bien alto la denuncia del imperio de la mercancía y del beneficio, reclamar que la finalidad de los bienes producidos debe ser servir como valores de uso para satisfacer las necesidades humanas, no para otros fines (armamento, vigilancia, represión, etc.), y no como medios para el beneficio, y que deben estar a disposición de la gente aunque el capitalismo niegue a unas personas la posibilidad de trabajar y tener medios de pago, o no estén en condiciones de hacerlo aunque se les brindase (enfermos, ancianos, niños y adolescentes, madres con bebés…). El derecho a una vida en condiciones aceptables está por encima del derecho al trabajo, por muy humanizado que sea. Denunciar la apología del trabajo, cuando menos sentido tiene pues hasta el mismo capital reclama cada vez menos el trabajo vivo, pero a la vez lo quiere imponer como condición para que podamos vivir (léase el Manifiesto contra el trabajo, enlace en Recomendados).

Si no queremos caer en el activismo (actividad sin brújula ni método apropiado), necesitamos también profundizar en una cuestión fundamental, como es la comprensión del estadio actual del capitalismo, sobre nuestro programa, sobre la estrategia y la táctica. No hay ejército que quiera vencer que no se plantee esto, y la transformación social también necesita de esta planificación de la lucha si no quiere fracasar una y otra vez. Por eso he escrito también un libro sobre eso para aportarlo a un debate sobre estas cuestiones en el que debe participar cuanta más gente mejor, y que recomiendo al final. Relacionado con lo anterior, también necesitamos una valoración del curso histórico, o sea, de lo que puede ocurrir en las próximas décadas, y cómo podemos afrontarlo del modo más inteligente posible. Por eso he propuesto a la consideración de todas/os un eslogan-marco internacional (Horizonte 2050, superando el capitalismo o condenados), cuyo texto recomiendo al final.

Para avanzar en la práctica son imprescindibles propuestas para la lucha de modo que se aprovechen al máximo los esfuerzos, se explote al máximo las debilidades del enemigo, y se potencien al máximo los resultados. Por eso, durante la lucha contra los recortes sociales españoles y europeos (la Troika) propuse una línea de unidad con objetivos comunes con portugueses, franceses, etc., que he expuesto muchísimas veces en mis textos, y ahora en la propuesta de lucha por las pensiones, y que tenéis en el artículo que recomiendo al final, y que debiera inspirar como método y orientación, para otras luchas futuras, pues pone en el centro de la lucha por reivindicaciones inmediatas, la unificación de las luchas dándoles un objetivo común y el internacionalismo proletario para superar la división y el aislamiento tras las fronteras estatales, lo que será CRUCIAL en el futuro si no queremos ser derrotados.

Debemos hacer estudios de psicología social desde lo que más nos interesa para hacer posible la transformación social y personal, reconocer los obstáculos para saber cómo salvarlos. Por eso recomiendo el libro de Jappe, también el de José María Chamorro “Capitalismo, izquierda y ciencia social. Hacia una renovación del marxismo” (ver al final), y también he escrito algo sobre eso, aunque todo ya no esté disponible en Kaos en la red. Seguro que hay mucho, interesante y útil por descubrir y difundir entre nosotros.

Por supuesto, identificar a los enemigos y los falsos amigos (partidos, sindicatos, etc.), para denunciarlos; y las debilidades de quienes están de nuestro lado, para superarlas. Y siempre reconocer la necesidad que tenemos de las aportaciones y críticas de los demás, pues si “cuatro ojos ven más que dos”, muchas cabezas “bien amuebladas” pensando sobre lo mismo e intercambiando sus reflexiones, llegan mucho más lejos que una.

Por último, expresar un deseo. A ver si hay alguna editorial valiente que se atreva a publicar lo que dice Jappe que es la principal obra de Kurz “El libro negro del capitalismo” (Schwarzbuch Kapitalismus. Ein Abgesang auf die Marktwirtschaft ) de casi mil páginas (no confundir con otra obra del mismo título y dos autores publicada por la editorial Txalaparta).

NOTA 1.- Mi intención desde hace tiempo era poder estudiar a fondo y de forma sistemática la extensa obra de Anselm Jappe (pues es lo más accesible en España de la corriente de la crítica del valor, a falta de conocimiento de alemán o portugués) y poder hacer muchas consideraciones, pero no sé cuando estaré en condiciones de hacerlo (ni si podré), y además en febrero de 2020, se cumple ya un año desde la publicación del libro en España. Por eso he decidido que no conviene demorar más esta invitación a las personas que puedan estar interesadas, pues lo que nos ofrece Jappe es muy relevante para nuestro tiempo, lo cual no significa, por supuesto, que sea indiscutible. Corro el riesgo de “meter la pata” en alguna cosa por no haber podido hacer el referido estudio, pero estoy convencida de que con este esfuerzo de divulgación (de ahí también la cantidad de enlaces a textos, videos, audios) haré más bien que mal, y los demás siempre podrán corregir mi criterio, pues no tienen por qué atenerse a él, ni necesitan de una “maestra”. Muchas veces, pretender lo mejor, es enemigo de lo bueno (o regular al menos) que ya es factible y suficiente de momento. Sería presuntuoso, egoísta y tonto por mi parte sacrificar esta tarea de divulgación (modesta pero importante socialmente) a un posible posterior trabajo que tal vez no llegue nunca (ahora disfruto de una cierta “tregua” en mi estado de salud, pero las treguas siempre acaban, a veces porque una de las partes la rompe unilateralmente y de modo sorpresivo). Lo más interesante es que el mayor número de personas conozcan los asuntos, reflexionen, debatan y gracias a esa labor colectiva saquen las conclusiones más útiles para la lucha, y no esperar a que aparezca algún/a genio que sepa del asunto a la perfección y lo resuelva. Una pieza de este artículo formaba parte inicialmente de otro trabajo mucho más extenso pendiente de terminar, y lo aprovecho ya para reducir su extensión (lo he hecho también con otros temas como el colapso del capitalismo y curso histórico, y la plusvalía) y completar esta presentación. Como siempre, empiezo a escribir y me cuesta parar porque un asunto lleva a otro y ese a otro más… Pero en algún punto hay que acotar el tema y terminar, y ya estoy agotada.

NOTA 2.- Pues si el valor-trabajo de las mercancías suman un millón de horas (le corresponderían dos millones de diners; 2 por hora), y en diners tenemos un valor nominal de tres millones, no podemos comprar mercancías por tres millones pues no superan los dos, por lo cual, los poseedores de un millón de diners sobrantes podrían quedarse con una moneda que no sirve para nada. Para arreglar este desajuste, habrá que subir los precios de las mercancías, y el valor de cambio de la hora de trabajo, pasaría de 2 a 3 diners (1 millón de horas x 3 diners = 3 millones de diners). Ahora, con el mismo valor dinero, se podrá comprar menos horas de trabajo. En el caso inverso, si lo que escasea es el dinero, o se emite más (lo normal), o con menos valor dinero se podrá comprar más horas de trabajo, pues los precios tendrían que bajar. Invirtiendo los valores del ejemplo anterior, si tenemos 3 millones de horas y sólo 1 millón de diners: 3 millones de horas x 0,33333 diners la hora = 1 millón de diners.

NOTA 3.- Por eso, el origen del capitalismo no viene de la laboriosidad, frugalidad y ahorro de los artesanos, de la ampliación del intercambio de valores iguales (ley del valor), sino del intercambio desigual y el saqueo, como denunció Marx en El Capital en el capítulo dedicado a la acumulación originaria del capital, y como ha clarificado mucho más Robert Kurz en su estudio “Cañones y capitalismo. La revolución militar como origen de la modernidad”, con enlace al final.

De ahí que la forma del valor en el capitalismo, no es el resultado natural (ni dialéctico) de la evolución del valor desde la producción simple de mercancías, sino del establecimiento de unas relaciones sociales de dominación a través del expolio y la violencia que, por la privación a los productores directos de los medios de producción, permite poner en marcha este mecanismo que es el capitalismo y cómo se expresa en él el valor de uso, el trabajo abstracto y la mercancía, y que una vez en marcha el proceso se automatice, y parezca que esas categorías tengan propiedades sociales y sean las que dirijan todo, como si fuesen una fuerza de la naturaleza, y además haya una gran dificultad en comprender por qué las cosas valen lo que valen, y atribuir al medio de intercambio (sobre todo si es el oro o la plata y no el papel moneda) un valor intrínseco (el oro y la plata serían en sí dinero), de manera que la relación no es entre las facetas abstracta del trabajo (su valor) sino entre cosas con una misteriosa cualidad particular que determina las condiciones de intercambio, y por ende, entre los humanos. Si no se explica esto, parece que son categorías “platónicas” las que se encarnan en la realidad, en vez de ser la conceptualización de la misma. Somos los humanos los que establecemos relaciones sociales y luego quedamos atrapados en sus reglas que parecen adquirir vida propia y servirse de los humanos; pero nosotros podemos acabar con eso pues somos quienes permitimos su existencia con nuestro trabajo diario. Aunque el método de exposición del problema aconseja también ese tratamiento, empezar por ahí (por el orden lógico), como hace Marx en El Capital, en vez de por el orden histórico (la acumulación originaria del capital), tiene sus consecuencias teóricas negativas que explico en mi texto de revisión sobre la teoría de la plusvalía. Por eso disiento en esto de lo que entiendo que dice Jappe. Además, Marx, para no caer en el idealismo (como Proudhon con sus valores eternos), explica claramente cómo surgen las categorías, comparando diferentes modos de producción, parecido a lo que yo he hecho comparando al indio, el artesano y el capitalista.

NOTA 4.- Luis González Reyes (miembro de Ecologistas en Acción) en la interesante “Introducción. Diálogo para una sociedad rojiverde” en “Decrecimiento vs Green New Deal” Varios Autores, de la New Left Review en español (25-5-2019), que podéis leer aquí https://www.traficantes.net/editorial y la publicación en concreto aquí https://www.traficantes.net/libros/decrecimiento-vs-green-new-deal —— Dos tomos extraordinarios En la espiral de la energía. De Ramón Fernández Durán y Luis González Reyeshttps://www.ecologistasenaccion.org/29055/libro-en-la-espiral-de-la-energia/ ——- Dossier Decrecimiento de El Viejo Topo n 258-259 Julio de 2009, incluyendo una entrevista a Anselm Jappehttps://opsur.files.wordpress.com/2010/02/1287.pdf

El trabajo abstracto-plusvalía-ganancia-dinero, con su lógica y dinámica expansiva, indiferente a su soporte o portador concreto, pasando de uno a otro, con tal de seguir siendo el mismo al final (pero aumentado), me recuerda mucho a lo que casi es su metáfora (hay muchas diferencias), el parasito victicito del excelente falso documental titulado “La Gran Guerra Marciana (1913-1917)”, que es una mezcla de I Guerra Mundial e invasión extraterrestre ucrónica, varias veces emitido por tve2 y que se puede ver en https://www.documaniatv.com/historia/la-gran-guerra-marciana-1913-1917-video_69dd1707a.html —- Incluso al ocurrir este fenómeno en ese tiempo, parece también una metáfora de la llegada de la decadencia del capitalismo con la Primera Guerra Mundial, aunque el futuro que le sigue en todo caso se parecería a “los 30 gloriosos” iniciados en 1945.

Ya que cito un texto sobre decrecimiento, etc., aprovecho para publicitar una vez más el libro de José Iglesias Fernández, “La miseria del decrecimiento. De cómo salvar el planeta con el capitalismo dentro” (Una lectura crítica del libro de Carlos Taibo. En defensa del decrecimiento. Sobre capitalismo, crisis y barbarie) que podéis encontrar en http://rbis.coordinacionbaladre.org/docsfiles/archivos/lamiseriadeldecrecimiento.pdf — También en http://rentabasica.net/decrecimiento/decrecimiento/lamiseriadeldecrecimiento.pdf

Y como no voy a ser menos ¡faltaría plus!, también mi texto «“La izquierda ante el colapso de la civilización industrial” de M. Casal. Debatiendo» (18-2-2017) — libro debatiendo el de Manuel Casal Lodeiro e investigando por mi cuenta — http://kaosenlared.net/la-izquierda-ante-el-colapso-de-la-civilizacion-industrial-de-m-casal-debatiendo/ — ERRATAS: En la página 100 del documento en pdf, o punto 13 del capítulo XIX.- ¿QUÉ SÍ HACER?”, dice:“porque el pico del petróleo ya se habría alcanzado en 2015”, y debe decir: “porque el pico del petróleo ya se habría alcanzado en 2006”. Y un poco más adelante, donde dice: “la culpa al capitalismo (a la gente por su consumismo, etc.)”, debe decir: “la culpa al capitalismo (no a la gente por su consumismo, etc.)” — Para descargar directamente el documento completo en archivo PDFhttp://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2017/02/Colapso-libro-debatiendo-PDF.pdf

NOTA 5.- Por eso resulta confuso lo que dice Jappe muchas veces y expresa también así: “el valor y el dinero, la mercancía y el trabajo abstracto, como datos negativos y destructores, típicos sólo del capitalismo” (“De lo que es el fetichismo de la mercancía y sobre si podemos librarnos de él”, enlace al final). Si dijese: “el valor y el dinero, la mercancía y el trabajo abstracto, como datos negativos y destructores sólo son típicos del capitalismo” entonces podría estar de acuerdo, aunque deberíamos analizar qué suponía para los proveedores el comercio que daba ganancias a los mercaderes (como las especias y otras). Pero esas categorías de Jappe no son sólo del capitalismo, y fuera del capitalismo no tienen de por sí esos efectos destructores. Su predomino sólo se da en el capitalismo, por mediación de la plusvalía, posible por el monopolio por la burguesía de los medios de producción, o la falta de dominio por los trabajadores/as de esos medios, y la producción “regulada” por el mercado, vía el beneficio, en el ciclo D-M-D´, no en el ciclo M-D-M.

La plusvalía es trabajo abstracto, pero no sin más, sino expresión de una dominación y explotación de clase. El ciclo D-M-D´ no es sólo un ciclo del trabajo abstracto que se valoriza sino, ante todo, una relación social posible por la privación a los trabajadores/as del dominio de los medios de producción y la orientación de la producción al mercado para el beneficio, mediante la extracción de plusvalía. Si insisto en esto no es porque crea que Jappe no lo sabe (absurdo) o porque no me parezca importante la clarificación sobre el trabajo abstracto y el mercado (a tener muy en cuenta para el socialismo) sino porque poniendo tanto el foco en el trabajo abstracto, dejar en muy segundo plano la plusvalía, lleva de diluir la relevancia de las diferencias de clase implicadas en la producción de trabajo abstracto, se corre el peligro de devaluar la lucha de clases y el papel en ella de la clase trabajadora más allá de desmitificaciones necesarias. Pues aparte otras consideraciones importantes sobre la clase trabajadora que haré en otro lugar de este texto, las posibilidades de generar un sujeto revolucionario parten del conflicto entre clases, de la lucha de clases, aunque luego queramos que tenga una orientación mucho más radical, incluso con la existencia misma de la clase trabajadora (par inseparable de la burguesía). En esa devaluación caen los de la crítica del valor, pues son muchas las declaraciones en ese sentido de Jappe, también de Kurz, y creo que mucho más en Postone (no es de la misma corriente, pero anda cerca). Y su relevancia a la hora de fijarnos las tareas teóricas y la práctica política es muy grande, y no digamos las consecuencias históricas. En mi caso me parece que para todos/as es prioritario resolver problemas muy importantes de la teoría de la plusvalía precisamente para posibilitar que de los miembros de la clase trabajadora y empezando por sus luchas todavía como clase, en la lucha de clases, pueda surgir el sujeto revolucionario, que no se entenderá ya propiamente como clase, sino como colectivo fuerza social contra el sujeto automático, el imperio del trabajo abstracto, la mercancía y la existencia misma de las clases (también la trabajadora y su par la burguesa)

Además, también hay otro factor muy importante en la reproducción y generación de las clases sociales, y es la división social del trabajo, entre pensantes y ejecutantes, y la gran diferencia de conocimientos sobre cuestiones centrales. Por mucho derecho democrático que exista, si unos saben y otros no, al final las decisiones se irán decantando siempre del lado de quienes saben. Una clase trabajadora con bajo nivel de cualificación, o con conocimientos muy parcelados, fácilmente puede ser presa de una dinámica burocrática o sólo aparentemente participativa, en la cual, quienes de verdad conocen las cuestiones fundamentales, pueden usar su posición para conseguir privilegios materiales y adoptar medidas que vayan reinstaurando, con muchas justificaciones “razonables”, los mecanismos del capitalismo o de otra sociedad clasista de explotación y dominación. Y no vale con decir que ahora existe un grado de cualificación grande de la clase trabajadora, si vemos la súper especialización en la que se incurre, y cómo está a escala mundial, no sólo en los países más avanzados y en los sectores de tecnología punta. En España “la generación más preparada de su historia” ha dado muestras sobradas de su ineptitud y desidia para abordar las cuestiones generales políticas más sencillas (como lo que tantísimas veces he explicado sobre la lucha contra la política de austeridad), pues se ha acostumbrado a la súper especialización, incluso múltiple, pero sin el menor interés por tomar la menor iniciativa e investigar por su cuenta y descubrir lo que está ahí pidiendo a gritos ser reconocido pese a tener la información a un clip de distancia en su ordenador o un toque en su esmarfon (para que se entienda mejor de lo que hablo, remito al final a mis artículos sobre pensiones y pensionistas que son una buena introducción al tema; y para otro, al estudio que publiqué sobre el fósforo y las existencias de fosfato de roca; o sobre la IAG; pese a partir yo de cero en el conocimiento de ese tipo de materias). Se ha demostrado hasta la saciedad que la burguesía no tenía nada que temer de la alfabetización de las masas, ni siquiera del ingreso masivo en la universidad. Con semejante actitud ante la vida, la explotación y dominación de clase están garantizadas hasta la extinción de nuestra especie, pues “la generación más preparada” puede ser también la peor preparada, la que tiene la peor actitud, para dirigir su vida en tiempo convulsos. Y el narcisismo, en sus facetas de egocentrismo e irresponsabilidad ante el mundo, también tiene que ver con esto.

NOTA 6.- Mi supuesto del “hijo de papá” narcisista me sirve para exponer el caso es su mayor pureza, pues el capitalismo necesita ahora menos que nunca de un propietario que sea un esforzado directivo entregado en cuerpo y alma a la gestión de sus negocios y que viva austeramente con el objetivo de invertir en la producción su capital acrecentado, cuando todavía no existía la llamada sociedad de consumo. Lo que hace a una persona ser un capitalista es ser un “funcionario” del capital y apropiarse de una parte de la plusvalía, como los empleados asesores de nuestro “hijo de papá” que le sirven sin ser los propietarios y hacen el papel de directivos. Dadas las características de su existencia (mero propietario del capital que no tiene ninguna relación personal con el esfuerzo del trabajo, la creación de nada), es el candidato perfecto para ser un narcisista, por su desinterés, desapego e indiferencia de la realidad concreta pues no le importa de dónde provenga su ganancia con tal de que no le cause graves problemas personales con la ley, su impotencia real (no tiene oficio, otros le preparan hasta la comida) compensada por su sentimiento de omnipotencia práctica (el dinero lo puede todo, y tiene dinero a paladas), igualación de todo por el dinero (la pregunta es siempre “cuánto cuesta”, “cuánto pides por ello”, cualquier persona puede comprarse, es sólo cuestión de un precio mayor o menor, por tanto también todas las mujeres son en el fondo unas putas…), insatisfacción porque nada puede terminar de llenarle (el amor de una compañera e hijos que no tiene y aunque los tuviese, seguramente “amigos” interesados, prostitutas…), actitudes arrogantes y prepotentes, se siente superior, piensa que todo el mundo le envidia y envidia a cualquiera que brille socialmente más que él, deseo de controlarlo todo (comprar políticos, periodistas, etc.) y rabia si pierde el control en algo (desprecio por el “populacho” y sus protestas que le encantará se repriman con mano dura).

En mis lecturas sobre la psicopatía, los autores sospechan que los llamados psicópatas integrados (pasan por personas normales) tienen una especial presencia en la élite del poder económico, político y militar. De ahí los pocos o nulos escrúpulos morales con los que actúan muchas veces sirviendo sin pestañear a los requerimiento impersonales de la lógica del capitalismo y su Estado burgués, pese al sufrimiento que eso pueda causar a millones de seres humanos.

Anseml Jappe dice “(se sabe que el lugar por excelencia para encontrar “perversos narcisistas” se encuentra en los niveles de dirección: ciertas investigaciones empíricas han llegado incluso a demostrar que, entre los dirigentes de las empresas, los narcisistas están ampliamente sobrerrepresentados. Parece que ser un perverso narcisista ayuda mucho a hacer carrera).” Pero también que “La agresión deliberada contra el mundo, los hombres y la naturaleza que caracteriza al capitalismo no es el resultado de una inclinación por el mal por parte de los dirigentes –incluso si esto puede añadirse en ocasiones-, sino que es en sí misma consecuencia de esa indiferencia básica.” (páginas 159-62 de “La sociedad autófaga”). La ejecución de la dinámica del capital, indiferente a la vida, tiene en los psicópatas integrados y en los narcisistas, sus mejores “funcionarios” que, si pueden, también le darán su “toque personal”. Y el capitalismo, con la dinámica social que crea, fomenta la existencia de estas personas y su promoción social.

Por tanto, la causa última de nuestros males no está en el 1% de la población (“somos el 99%”, eslogan estúpido del movimiento Occupy Wall Street), tanto porque somos menos como porque el capitalismo no es cosa de un grupo humano –los burgueses-, sino una relación social en la que todos participamos, también los trabajadores/as, manteniendo a diario el sistema con nuestro trabajo y plusvalía, muchas veces con fervor. Tampoco radica, como se decía antes, en “las doscientas familias” de plutócratas, ni tampoco en los bancos, el capital financiero (como denunciaban sobre todo los nazis para desviar la atención del capitalismo al que sirvieron del modo más feroz, y ahora hacen tantos anti-neoliberalismo), salvando al capital productivo de mercancías (cosas) como si fuese inocente, “bueno”. La causa está en el propio mecanismo interno del capitalismo: el beneficio basado en la plusvalía (trabajo genérico), obtenida de la parte del trabajo nunca pagada al trabajador/a, y que se materializa en las mercancías (sean bien o servicios).

NOTA 7.- Ahora bien, aunque todavía no lo tengo claro, sospecho que, en tanto no se consiga desarrollar y generalizar a todos los países, todas las ramas de la actividad y todos los centros de trabajo relevantes, los métodos de cálculo que vendrían de la mano de la digitalización, la informática o inteligencia artificial, habría que seguir dándole al mercado una función, limitada, sobre todo para conocer la relación entre la demanda y la oferta de determinados bienes, establecer el tiempo de trabajo socialmente necesario, y regular así la producción en su detalle. De lo contrario, me temo que una planificación al detalle necesitaría de tal cantidad de trabajo contable y administrativo que disminuiría las posibilidades de reducir el tiempo de trabajo (tiempo libre necesario para muchas cosas, entre ellas, la participación política) y repartir el existente entre más personas, generaría una gigantesca burocracia con sus riesgos (quien administra y reparte, se puede llevar la mejor parte), y entorpecería la producción de bienes para satisfacer las necesidades de la gente (es más fácil calcular para la industria pesada que para la ligera de bienes de consumo, como demostró la planificación de la URSS).

Se podría facilitar la tarea eliminando la variedad de productos del mismo tipo que sólo respondan a intereses comerciales. Pero aun así, la solución definitiva sólo puede venir de la digitalización, y de las posibilidades que ofrecería para la conexión de todas las empresas y puesta en común de sus datos, como si fuesen las secciones de una misma corporación. Sin embargo, tampoco se puede tomar esto alegremente, pues no podemos correr al punto de generar una Inteligencia Artificial General (IAG), en tanto no tengamos garantizado que sea absolutamente segura para nosotros y no se convierta en una amenaza (ved mi estudio al respecto). Ni podemos olvidar que hay un límite en los recursos naturales y que deberemos saber atender a las ventajas y desventajas tanto de la centralización como de la descentralización de la producción, de la circulación de bienes desde larga distancia o de proximidad, en la división internacional del trabajo.

En tanto habría que recurrir, secundariamente, a un mercado con funciones limitadas y rompiendo a la vez el ciclo D-M-D´ que espontáneamente acaba generando capitalismo y desigualdad social. El marxismo ya hizo hace mucho tiempo la crítica del cooperativismo como un “capitalismo obrero” que más pronto que tarde genera su propia capa burguesa, como es evidente en el cooperativismo existente. Otro tanto se puede decir de la “autogestión” de la empresa para el mercado “socialista”.

Por consiguiente, lo principal sería no regirse por el beneficio y la plusvalía, y no tanto que a cierta escala no haya mercado, mercancía y dinero. El dinero podría tener limitado su uso. El mercado habría dado de un modo sencillo, aunque tampoco perfecto (sin destinar trabajadores/as a ello ni crear una burocracia), información valiosa sobre la oferta y demanda de ese producto. Pero las decisiones sobre la distribución de los recursos (si se mantienen en la empresa, se amplían o se reducen) para el siguiente ciclo, no correspondería ya a la empresa, sino a la planificación común, que vela por el interés común y la satisfacción general de las necesidades. La empresa, de motu propio, no podría decidir utilizar recursos (en forma de dinero o lo que sea), que llevasen a una reproducción ampliada de sus recursos (equivalente a la reproducción ampliada del capital, cuando se invierte la ganancia en un nuevo ciclo de D´-M-D´´), ni tampoco invertirlos en otra empresa para participar de sus ganancias, pues entonces estaríamos de hecho en el ciclo D-M-D´. A lo sumo, por defecto, en tanto un organismo superior no tome otra decisión, procedería (al modo del artesano), a la reproducción simple, esto es, la reposición de sus recursos materiales y humanos, sin incremento alguno. Si lo conveniente fuese reducir su producción (lo indicaría la demanda), la decisión sobre qué hacer, a dónde destinar el trabajo humano que sobrase, no recaería en la empresa, y en todo caso el trabajador/a no sufriría una merma en sus recursos (corriendo a cargo de la colectividad) y así no pasaría a integrar ningún ejército de reserva de trabajo que presionase a la baja los ingresos de los demás. El dinero serviría al intercambio entre determinadas empresas (entre otras, la circulación de productos sería directa, como entre las secciones de una misma empresa, sin convertirse en mercancía). En cuanto a los trabajadores/as no cobrarían su parte directa (hay otra indirecta en educación, sanidad y otros servicios públicos, bienes comunes y colectivos; y diferida, en jubilación) en bonos de trabajo (no son dinero, sino un certificado de su tiempo de trabajo que sólo sirve para intercambiar por determinado equivalente en bienes de consumo), sino en dinero. Esto, si pudiesen ahorrar una cantidad, les permitiría, sumando esfuerzos personales (formando cooperativas pidiendo fondos a particulares), tomar medidas de emprendimiento con iniciativas innovadoras, sin tener que esperar al visto bueno y la ayuda o asunción del asunto por las instituciones públicas, que a veces podría ser muy lento o sin la suficiente visión de futuro para comprender las ventajas del proyecto a largo plazo. Caso de tratarse de algo negativo, la colectividad podría impedir que empezasen u ordenar parar y negarle cualquier apoyo. También permitiría que se asegurase más la libertad de expresión al poder crear una publicación propia, sin depender de los medios de comunicación y editoriales públicos.

Lo más importante es que el dinero ya no tendría la función de inversión para el beneficio (D-M-D´). Por tanto no habría motor en la ganancia y el dinero. El dinero vería así reducida su función a la de indicador del estado de la oferta y demanda, de reponedor de lo usado, y para facilitar nuevas iniciativas a grupos de particulares. No estaríamos ni en la empresa capitalista, ni en el cooperativismo en el capitalismo, ni en la autogestión “socialista” de la empresa, que acaban moviéndose por el beneficio; pero tampoco en la imposible pretensión (cuando todavía las condiciones son desfavorables) de planificarlo todo al detalle desperdiciando trabajo en ello y creando una burocracia que puede parasitar los recursos. Todo esto es muy provisional. Lo adelanto por si alguien quiere seguir este hilo de reflexión, pues no sé cuándo podré abordar este tema a fondo y tal vez ¡revisarlo de arriba abajo!.

Hay un libro que no sé sí podré llegar a leer pero que me parece prometedor y pudiera ser interesante para alguien y por eso lo menciono “Ciber-comunismo. Planificación económica, computadoras y democracia” Paul Cockshott y Maxi Nieto (Editorial Trotta, 2017). Podría prometérnoslas muy felices, pero debemos tenerse en cuenta el problema del agotamiento de muchos recursos materiales, y los riegos de que emerja una Inteligencia Artificial General psicópata o en el mejor de los casos hipócrita, en el capitalismo sobre todo, pero también en el socialismo si no se trata el asunto con el más estricto control y previsión de su evolución jamás imaginado para garantizar que sea amistosa (no paternalista) con nuestra especie, y no una amenaza.

NOTA 8.- Incluso ya prácticamente ha desaparecido, primero ante los supermercados, luego los hipermercados de las grandes superficies y ahora el comercio on line, el pequeño comercio familiar de barrio obrero, donde socializaban también las mujeres compradoras y se podían reforzar los lazos de vecindad y apoyo mutuo, el comerciante aportaba recursos económicos para las fiestas del barrio que también ayudaban a socializar en el mismo entorno, y tiempo atrás fiaba a las compradoras hasta que cobrasen el jornal y pudiesen saldar la deuda. Ahora es el trato impersonal con la cajera, el anonimato y el aislamiento efectivo (nada se puede comparar al trato presencial donde es posible un contacto visual y hasta táctil), y la tarjeta de débito o el préstamo caro.

NOTA 9.Ernest Mandel, que fue un importante economista y dirigente marxista-trotskista, contaba esta anécdota tan extrema para nuestras costumbres, pero muy reveladora: «Esta manifestación encuentra su expresión en el lenguaje cotidiano. Me han explicado que en la ciudad de Osaka, la capital comercial e industrial más importante del Japón, el modo más común de dirigirse a las personas al encontrarse con ellas no es “¿Cómo está usted?”, sino “¿Cómo va el negocio?” o “¿Está usted haciendo dinero?”» (“Alienación y emancipación del proletariado” página 34, Editorial Fontamara, 1978; una recopilación de textos de Mandel). Hará ya 40 años, un amigo que recientemente había vuelto de los EEUU (creo que estuvo sobre todo en Florida, donde era muy corriente oír hablar español en la calle y establecimientos públicos) comentaba que allí, al muy poco de ser presentado a gente, enseguida le preguntaban ¡cuánto ganaba!, no sólo a qué se dedicaba.

NOTA 10.- Muy interesante e innovador el libro del neurólogo Donald W. Pfaff El cerebro altruista. Por qué somos naturalmente buenos”, Herder, 2017. No os perdáis este documental extraordinario emitido por tve2 en La Noche Temática, titulado “La revolución del altruismo” que se puede ver en https://www.documaniatv.com/social/la-revolucion-del-altruismo-video_431298e7d.html

Entiendo que el problema de la maldad estriba fundamentalmente en que esa bondad se machaque desde bebés con un trato falto de la suficiente responsabilidad, atención y amor por las criaturas (de mil formas, aparentemente inocuas y practicadas durante miles de años). De que, como han demostrado experimentos con bebés, nuestra necesidad de sentido de pertenencia a un grupo (aunque sea muy reducido de personas) nos puede llevar a limitar la bondad y el altruismo a ese “nosotros” y negarla a “ellos”, aplicando un doble rasero moral. Añadamos que el sistema social establezca (consciente o inconscientemente), una dinámica que pervierta a las personas, como ocurre con las sociedades de clases y Estado, y en particular el capitalismo a través de la empresa, el mercado, el dinero, el mercado, el Estado, y también de instituciones como la familia, la escuela, las iglesias, los roles que deben cumplirse en cada una de esas situaciones, la intrusión de la mercancía hasta donde no debiera (niños jugando con sus maquinitas en vez de entre ellos, socializándose y madurando). Pero no podemos echar toda la culpa al orden social. Las posibilidades de maldad también se apoyan en el hecho evidente de que, desde el punto de vista social y psicológico, tenemos más en común con los chimpancés (macho dominante, agresivos, depredadores) que con los bonobos (predominio de las hembras, procuran resolver las tensiones practicando el sexo). También en que, al parecer, el cerebro humano no está plenamente maduro hasta los veinte y pocos años, y en tanto le resulta más difícil controlar sus impulsos y emociones, y se puede ver afectado negativamente por la drogadicción y otras causas; si tenemos en cuenta que durante miles de años la esperanza de vida no era como hoy, que la gente se casaba y reproducía muy pronto, con muchos partos para que al menos algunos hijos sobreviviesen, que también se iba muy jóvenes a la guerra y resultaba bastante fácil formatear sus cerebros para eso, podremos entender mejor muchas cosas. También el hecho de saber que moriremos, a falta de algo más importante que consiga darnos paz, hace que esperemos prolongar nuestra vida si tenemos pendiente el consumo de algunas cosas, y si acumulamos muchas posesiones que podemos dejar en herencia, será como si prolongásemos nuestra presencia (o su huella) más allá de la muerte. Por supuesto también existen casos de personas que por traumatismos, enfermedad, ven afectadas partes cruciales del cerebro, como la prefrontal del neocortex que les dificulta controlar su comportamiento y les vuelve más violentos, imprevisibles… Teniendo en cuenta todo este cóctel y la múltiple proporción de sus ingredientes, puede bastar con poner a personas normales en una situación especial, en la que unos deban jugar el rol de presos y el otro de carceleros, para que emerja lo peor de cada uno (experimento en 1971 de Philip Zimbardo).

Por esto también, es tan fundamental en nuestro mundo globalizado potenciar el conocimiento mutuo de las gentes para superar los sentimientos estrechos de pertenencia, comprender que formamos todos una gran “familia” humana, permitir que surja la empatía que da pie a la solidaridad y el apoyo mutuo. De ahí, aparte otras muchas razones, que el internacionalismo proletario sea lo que nos pueda salvar en un mundo capitalista decadente que verá crecer exponencialmente sus tensiones guerreras.

NOTA 11.- Por si todavía no la conocéis, no podéis dejar este mundo sin ver esta extraordinaria película (creo que en España nunca la han emitido por televisión, ni en las cadenas públicas, así estamos todavía), fiel en todo su horror a lo que sucedió, una lección del tipo de cosas que sin duda volverán a ocurrir cuando este sistema entre en crisis y guerra generalizada, sobre todo en su colapso, y de la mano de hombres henchidos de autoritarismo y narcisismo (la raza superior, el sentimiento de omnipotencia, el resentimiento bestial, etc.). La película “Masacre. Ven y mira” director Elen Klimov, 1985, sobre los sucesos en Bielorrusia durante la invasión nazi https://www.veoh.com/watch/v6591367XngY9PnD . También hay que ver esta serie de documentales a base de entrevistas, Shoah (1985) de Claude Lanzmann, que hace bastantes años emitieron por tve2 de madrugada — https://zoowoman.website/wp/movies/shoah/. — También el documental en dos partes “Das Reich. Una división SS en Francia” (emitida varias veces por tve2) que en documaniatv están con un título algo diferente en https://www.documaniatv.com/historia/la-division-mortal-de-hitler-das-reich-1-6-de-junio-de-1944-10-de-junio-de-1944-video_388209888.htmlhttps://www.documaniatv.com/historia/la-division-mortal-de-hitler-das-reich-2-10-de-junio-de-1944-8-de-mayo-de-1945-video_4034bf1f6.html

NOTA 12.- Si algo demuestra tanto el experimento de Milgram como este libro [el artículo está dedicado en su mayor parte a aprovechar lo que plantea el “Tratado de la servidumbre liberal. Análisis de la sumisión” del psicólogo social Jean-Léon Beauvois] es que la sumisión de la clase trabajadora, aunque con algunas similitudes, no es el resultado del fenómeno llamado indefensión aprendida por Martin Seligman con su experimento con un perro sometido a descargas eléctricas aleatorias que no podía evitar y que cuando posteriormente se le ofrecía la oportunidad de escapar ya no sabía aprovecharla (ver el artículo El mantra del “todos son iguales”: indefensión aprendida, fatalismo y disonancia cognitiva” de Iria Meléndez y otros en Diagonal https://www.diagonalperiodico.net/saberes/mantra-del-todos-son-iguales-indefension-aprendida-fatalismo-y-disonancia-cognitiva.html ) aunque sí tiene que ver con la llamada disonancia cognitiva, y con lo que podríamos llamar resignación aprendida en la primera infancia. Cierto que una clase trabajadora derrotada y aplastada por la contrarrevolución puede sufrir también de indefensión aprendida, pero el origen de la sumisión de la clase trabajadora no es ese, sino una resignación aprendida y una servidumbre voluntaria con libertad de elección, no del todo verdadera. Al menos es así desde que el capitalismo echó sus raíces, se estableció firmemente, y ya no tenía que recurrir a los métodos violentos, rapaces y brutales de lo que Marx describió como la acumulación originaria del capital.. Esa servidumbre voluntaria con libertad de elección es la que analiza Beauvois en su libro. Esta es una cita de mi texto en pdf que ya no es accesible “Sumisión de la clase trabajadora. Psicología social. Estilos empresariales. Trabajo hoy. Alternativa PDF 28 páginas” (2/9/2013) PDF con imágenes, en color, 28 páginas —— http://2014.kaosenlared.net/especiales/e2/indignacion-globalizada/item/67164-sumisi%C3%B3n-de-la-clase-trabajadora-psicolog%C3%ADa-social-estilos-empresariales-trabajo-hoy-alternativa-pdf-28-p%C3%A1ginas.html

Sobre la indefensión aprendida (a veces también llamada “impotencia aprendida”) – https://es.wikipedia.org/wiki/Indefensi%C3%B3n_aprendidahttps://disenosocial.org/indefension-aprendida/ —- ; https://www.youtube.com/watch?v=bkxygUbwdN0 (Desaprender la indefensión aprendida | Lluis Torrent | TEDxLeon). Sobre la conformidad al grupo ;https://www.youtube.com/watch?v=j_FhjulHaGw (¿SOMOS BORREGOS? | Los experimentos de Solomon Asch ).

Todos estos procesos no son el origen de la sumisión de la clase trabajadora. El origen está en la necesidad de vender su trabajo por no tener acceso al dominio de los medios de producción. Tratándose de una sumisión “libre” (a diferencia del esclavo o del siervo de la gleba), el mecanismo que funciona es el analizado por Beuvois, sutil, pero muy poderoso, sobre todo hoy. Esto se refuerza por la dinámica capitalista del sujeto automático (valorización del valor-dinero) que no permite detenerse y tiene sus consecuencias negativas si se entorpece sin una alternativa de cambio radical; y del fetichismo de la mercancía que pone un velo a la relación social real hay que detrás, y que se basa en la explotación del trabajo. Y se ve reforzado por la ideología dominante que surge espontáneamente de esas condiciones de existencia alienadas y fetichizadas, y que se sistematiza todavía más para justificar lo que haga falta (ayudado de la familia, la escuela, la iglesia, los medios de comunicación, el servicio militar, la política con una u otra orientación). Como conviene amaestrar a las personas cuanto antes mejor para la sumisión en la explotación y su orden de dominación y a la compensación de la frustración consumiendo cosas (mercancías que nos venden), se empieza haciendo con los bebés acostumbrándoles a una economía del amor (de las caricias, en sentido amplio de expresión cariñosa, que diría el Análisis Transaccional) que les lleve a la resignación y la sumisión, y cuando no se utilizan métodos autoritarios, funciona la desatención e irresponsabilidad (aunque sea involuntaria) de los padres que dejan a sus hijos al cuidado de la televisión, el smarfon, exponiéndoles durante horas a la publicidad de juguetes, etc., en los canales de televisión especializados en los niños, creando necesidades innecesarias y la impresión de que el mundo está para satisfacerlas, y para “compensarles”, cediendo a caprichos que no les hacen ningún bien y que generalmente pasa por el consumo de mercancías. Y como todo este arsenal no es siempre suficiente para mantener sometida a la clase trabajadora a la medida de los intereses del capital en cada momento (puede querer detener el ascenso de la lucha por mejores condiciones de vida y más derechos políticos; o imponer recortes a todo y para ello debe vencer su resistencia), aunque la clase trabajadora se someta en lo fundamental (incluso una importante subida salarial o la exigencia de libertad sindical, no cuestionan el capitalismo, sino que puede contribuir a dinamizarlo y evitar cuestionamientos mayores), o puede que alguna ver se atreva a rebelarse contra el capitalismo mismo, es por lo que se refuerza con todos los demás métodos que queramos añadir, desde la doctrina del shock, o las más duras experiencias represivas contrarrevolucionarias en la línea de los experimentos más duros de indefensión aprendida, entrando aquí en escena totalmente el Estado burgués con todos su arsenal. Aunque algunos de estos refuerzos, para las personas se dan en diferentes momentos de la vida (en la niñez o en la vida adulta), muchos lo hacen de forma combinada con más o menos intensidad según el momento. Pero debemos tener en cuenta el principio, la causa, pues de lo contrario podríamos querer eliminar alguno y aunque lo consiguiésemos (al menos temporalmente) no terminaríamos de resolver el problema.

NOTA 13.- La psique humana no es una “hoja en blanco” en la que se pueda escribir cualquier cosa, e impunemente para su equilibrio y supervivencia. Lo demuestra que hay unos límites pues, pese a la enorme variedad de civilizaciones y culturas a lo largo de la historia, por debajo de todas esas capas, existe una naturaleza humana (inalterable salvo evolución natural de la especie –mutaciones- o manipulación genética) que nos permite reconocernos como diferentes entre los animales parientes próximos, y que se expresa en: gestos, emociones, sentimientos, necesidades de cuidados y relación afectiva, necesidad de vivir con otros, pues no somos como el orangután, de vida solitaria, sino como los gorilas, chimpancés y bonobos, que viven en grupo, necesidad para los bebés, durante al menos el primer año de vida, de una relación intensa y amorosa con su madre, fundamental para el debido desarrollo de su cerebro y que no se carguen de estrés y endurecimiento emocional, necesidad de asumir separaciones a poder ser sin traumas (destete, ir con sus iguales a un lugar de socialización y estudio, el duelo por rupturas amorosas o fallecimientos…), de que la “separación” de la madre sea un proceso más natural porque la criatura ya siente colmada de ese amor, y con la seguridad de que siempre estará ahí, busque espontáneamente la autonomía, necesidad de compartir el afecto de las figuras maternas o paternas con la otra parte y los hermanos/as, de relacionarse con los iguales y el mundo y sus reglas (empezando por los juegos y juguetes), de la amistad, de la sexualidad, el amor y la reproducción, maternidad y paternidad, del humor y de la risa de la danza, algo de canto, algo de ritmo musical, contar relatos, de explicarnos el mundo, del trato a los enfermos y ancianos, empezando por los familiares, de sentido de pertenencia hacia círculos cada vez más amplios de la especie humana (hasta las generaciones pasadas y futuras de toda la especie), de la relación con otras especies y la Naturaleza…, cuestiones básicas universales, a las que se ha dado respuestas más o menos diferentes con resultados también diversos (unos más felices o dolorosos que otros), según la civilización, el modo de producción.

Quiero detenerme en el punto “ de que la “separación” de la madre sea un proceso más natural porque la criatura ya siente colmada de ese amor, y con la seguridad de que siempre estará ahí, busque espontáneamente la autonomía,”. En las últimas seis décadas se ha extendido mucho la situación, que contribuye al narcisismo, de que la criatura no puede tener esa saciedad y seguridad de amor aunque su madre estuviese capacitada para dárselo, pues su madre está demasiado tiempo ausente (ha debido ir a trabajar por un salario, por necesidad y/o porque se supone que las cadenas del trabajo asalariado y la competencia por escalar puestos profesionales es la forma en que la mujer debe liberarse –¡como si eso hubiese supuesto alguna liberación para los hombres y les hubiese librado de las formas más acabadas de alienación, explotación, dominación y destrucción de vidas humanas generadas por el capitalismo, desde las dictaduras a las guerras!-), ha dejado al niño/a demasiado pronto en un centro al cuidado de un personal insuficiente y que nunca podrá dar a la criatura la atención personalizada y amorosa que necesita para sentirse colmada y segura. Sólo el descenso muy marcado de la natalidad en los últimos lustros está obligando a facilitarla aumentando el tiempo remunerado a las asalariadas (y autónomas) de permiso por maternidad. Pero sigue siendo insuficiente para las necesidades de apego y desarrollo neuronal y psicológico de la criatura. El permiso laboral para el cuidado de la criatura debe aumentar todavía más, al menos como en Suecia que son 480 días (1 año y 115 días o 16 semanas y 3 días) y en España 16 semanas o 112 días. (más detalles en https://diariosanitario.com/suecia-un-paraiso-para-la-maternidad/ )

Durante los primeros meses después del parto debería ser ejercido por la madre, por razones naturales biológicas y psicológicas que no debemos ignorar y violar por el bien de ambas partes (sobre todo de la criatura, aunque creamos que no pasa nada, sí pasa y se observará con el tiempo sobre todo). La reclamación de igualdad económica, social y política, no puede ignorar la diferencia natural y tratar a todos como si fuesen lo mismo. La maternidad no es lo mismo que la paternidad, ni lo será nunca por mucho que el padre participe desde el principio en el cuidado de los hijos/as, pues en el padre no se producen los cambios biológicos y psicológicos de la madre en su relación con la criatura, salvo que esté desnaturalizada por la represión sexual-afectiva o el narcisismo, etc. Lo que debe hacerse en todo caso es compensar y corregir las posibles consecuencias negativas de la diferencia, para que no haya una desigualdad de recursos y de poder social. Y esto no debiera pasar necesariamente por trabajar (eso es lo que el capital nos quiere hacer creer y nosotras/os tragamos por el culto al trabajo –asalariado además-). La independencia económica de la mujer-madre no pasa necesariamente por trabajar, sino por tener recursos suficientes sin depender de nadie en particular, sino de la comunidad (en nuestro caso, del Estado en tanto no lo hagamos desaparecer). En la primera parte del permiso, debiera ser la madre la que lo disfrute, y el padre participaría en su tiempo libre, y más tarde usará el permiso, de lo contrario, quien sale perdiendo seguro, es la criatura, y al final es toda la sociedad la que paga las consecuencias, aunque no se dé cuenta de las causas. Y deben crearse las condiciones de facilitación y compensación necesarias para que la maternidad no se retrase tanto, pues ya es contra natura, y causa perjuicios a la larga, pues si la madre muere a los 85 años, el hijo/a puede tener sólo 55 años, y cuando se le muera la abuela, el nieto/a puede tener 25-30 años.

¡Vale ya de confundir la liberación de la mujer con la de las burguesas empeñadas en hacer su carrera como ejecutivas de empresa y caer en todas las taras de los hombres. Y de concebir la igualdad según los parámetros del capital, para el cual todo es igual, todo da lo mismo, con tal de que asegure su beneficio!

Si la prioridad en el permiso de maternidad/paternidad, la debe tener la madre y durante bastante tiempo, eso no quiere decir que el padre no pueda y deba implicarse y mucho desde el primer momento. Es muy importante que establezca un fuerte vínculo empático con la criatura, pues eso lo ablandará también a él y hará que se resquebraje su coraza autoritaria y que por tanto ejerza tanto de “funcionario” del sistema empresarial-estatal para el formateo del niño/a.

Por lo dicho, el narcisismo no se debe pretender superar por la imposición de la autoridad (paterna) que impone un super-yo normativo (entonces caeremos en la personalidad autoritaria), sino evitar por la satisfacción de la necesidad del amor proveniente de la madre sobre todo (ha estado 9 meses en su vientre y mamado de ella), la sensación de seguridad y pertenencia (a lo que sea la familia en cada caso) y la búsqueda espontánea de autonomía, y así se evitaría hasta el llamado complejo de Edipo, y luego la “necesidad” de “romper” con la madre a cuenta de la autoridad del padre. Esto exige por tanto que la madre tampoco esté sometida, que no tenga reprimida su sexualidad y capacidad de amar, pues cuanto mejor, más libre y segura se sienta, mejor podrá dar amor a su criatura.

Hay que tener cuidado con cómo manejamos el concepto del complejo de Edipo. En la familia patriarcal, con la madre oprimida y reprimida ella en su sexualidad y afectividad, se dificulta su relación espontanea y verdaderamente amorosa con sus criaturas que quedan hambrientas de afecto, y por eso el padre, desde el punto de vista de la criatura, se convierte en competidor de la atención por la madre (también otros hermanos/as, de donde surgen los celos), y el padre, para formatear a las criaturas en el autoritarismo para adaptarlas al capitalismo, lucha contra los lazos que todavía unen a la criatura con su madre, pues resultan demasiado “blandos”, “femeninos”, para la dureza e insensibilización que exige el sistema. El resultado será que, el hijo sobre todo, debiéndose identificar con la figura de autoridad, adoptándola como muleta de fuerza aparente para una identidad real aplastada (la máscara o coraza del yo), no habiéndose resuelto la carencia de amor, se buscará compensarla con el poder sobre las cosas y las personas, a las que habrá de controlar, y en el amor, ser celoso y posesivo, no sea que se vea privado “otra vez”. Por tanto, el complejo de Edipo no es algo innato en el ser humano, sino una reacción de defensa ante una carencia injusta. Lo ideal sería que no hubiese esa carencia y por tanto tampoco esa reacción de defensa, no apareciendo el complejo de Edipo. Pero que no se dé el complejo, no indica necesariamente que no exista esa carencia, sino que la figura de la madre está demasiado ausente como para crear ese vínculo, y también la figura del padre como para verlo como un rival, o sea, mucho peor que cuando existe el complejo. La “superación” del complejo de Edipo, no es su resolución feliz y madura, sino la renuncia definitiva y el acorazamiento, el endurecimiento por el super-yo autoritario, o sea, peor. El narcisismo es pre-edípico, o sea, que ni siquiera ha llegado a establecer el lazo con la madre que expresa el complejo de Edipo, pues todavía tiene menos satisfecha su necesidad de afecto, sustituida con la atención distanciada de los padres y la ofrecida a través de la satisfacción oral y la reducción del estrés mediante el chupete y luego de las mercancías (montones de juguetes, televisión, esmarfons “niñera”). De ahí seguramente su búsqueda de “compensación” del vacío interior provocado por la carencia afectiva, a cuenta de una avidez sin límite (“pide cosas y se te darán”), y de “compensación” de la sensación de fragilidad interna a cuenta de la sensación de poder al acceder al “mundo” y controlarlo con sólo apretar un botón del mando a distancia o pasar el dedo por el esmarfon, y la satisfacción de caprichos sobre cosas, sin aprender los límites realistas que aceptaría con naturalidad si contase con la verdadera atención, amor y sensación de protección y seguridad de los padres. El problema de la “infantilización” narcisista no es que se haya “pegado demasiado a las faldas de la madre” o que “la madre se lo consiente todo” y entonces deba intervenir la autoridad paterna para poner las cosas en orden y permitir la maduración del niño/a, sino que el niño/a ha recibo “caricias de plástico” (como dirían en el Análisis Transaccional), no verdadera atención y cariño y por eso sigue reclamando y lo seguirá haciendo durante toda la vida, “compensándose” con una imagen inflada del yo, etc. El problema de nuestra especie desde hace algunos miles de años no es “demasiada madre”, sino “poca madre de buena calidad”, no por culpa de ellas, sino para empezar, del patriarcado, que necesita seres humanos endurecidos para el mundo de la explotación, la dominación y la guerra.

Sin amor, no se puede apreciar realmente nada, nada es único y perfecto (pese a sus defectos), ni puede emerger lo mejor de las personas; el primer gran amor es (o debiera ser) el amor a la madre, y su amor hacia nosotros dura (si nada lo estropea) hasta su muerte, y así el nuestro porque ella nos ha dado el regalo más grande –y devaluado- del Universo, la vida; y si esto no existe, aparecen los rasgos propios de los trastornos de personalidad (o como se los quiera clasificar), con su escasa o nula empatía, no distinguir y valorar a los seres humanos por lo que son, sino para lo que me sirven, etc. (léase en el cuento “El principito” de Antoine de Saint Exupéry, el capítulo XXI de su relación con el zorro y lo que éste le enseña; http://bibliotecadigital.ilce.edu.mx/Colecciones/ObrasClasicas/_docs/ElPrincipito.pdf ). Me contaba una enfermera veterana que había atendido durante años a muchos enfermos/as próximos a la muerte que nunca había oído que en sus lamentos llamasen al padre, siempre a la madre, y lo mismo ocurre con los soldados heridos en combate, sobre todo si son jóvenes. Tal vez empiece esto a cambiar con la mayor implicación del padre en el cuidado de los niños/as. Dar a las criaturas todo el cariño y seguridad afectiva que necesitan no las vuelve mal criadas, pues es natural en ellas responder al cariño auténtico con cariño y fraternidad, aunque difieran en su expresividad (véase, enlace antes, el video “La revolución del altruismo”).

Por eso, si queremos poner coto al desarrollo tanto del autoritarismo como del narcisismo u otros trastornos de la personalidad debidos en gran parte a la falta de amor, habría que asegurar cuatro cosas. Que la madre tenga una sexualidad y afectividad maduras, no reprimidas, y que por tanto sea capaz de dar mucho amor auténtico a su criatura. Que la madre no esté sometida a nadie (para ello asegurar comunitariamente medios de vida suficientes para no depender de un hombre ni de otra persona, lo que no quiere decir que no viva con quien le parezca bien). Que se pueda dedicar de pleno a la maternidad durante mucho tiempo (véase como orientativa la baja de maternidad en Suecia). Que después se reintegre a una actividad fuera del hogar en la que no haya explotación y dominación, pues esas relaciones condicionan la personalidad y por tanto, el trato con las criaturas y la educación que se les da para integrarse en ese mundo, por consiguiente, ésta sería en realidad la primera condición.

Si no existiese una naturaleza humana psíquica, estable a través de los tiempos, pese a sus diversas manifestaciones, no podríamos comunicarnos ni entendernos hoy con personas de tribus de cazadores-recolectores que todavía existen en África y sobre todo en el Amazonas, o nos resultarían incomprensibles las obras de arte rupestre del Paleolítico, o del teatro griego, o la Ilíada y la Odisea de Homero, la Biblia (sobre todo el Antiguo Testamento), los escritos de los romanos, no podríamos admirar las esculturas griegas y romanas, las pinturas romanas de Pompeya (lo de los egipcios, sus gigantes de piedra y pirámides, ya es más especial, como los moái de la Isla de Pascua), por corresponder a modos de producción tan alejados del capitalismo.

Desgraciadamente, en lo psíquico, de partida, somos mucho más semejantes al chimpancé que al bonobo (antes llamado “chimpancé pigmeo”); tenemos menos en común con el gorila y menos aun con el orangután. Pero pese a eso seguimos teniendo un fondo bondadoso (libro “El cerebro altruista” de Pfaff) que puede florecer en vez de truncarse como tantísimas veces ocurre y como tiende a torcer la presión de las relaciones sociales de producción capitalistas (trabajo abstracto, plusvalía, mercado, dinero) y su Estado burgués. Según sea el trato que se dé al ser humano desde el nacimiento, puede llevar a una psique equilibrada y al florecimiento de sus cualidades más creativas y respetuosas con la vida, o a la más desequilibrada, destructiva con su semejantes, los demás seres y él mismo (desde las autolesiones al suicidio); a una vida apacible o al sufrimiento extremo. Es decir, que existe un “mecanismo” psíquico que pueden funcionar óptimamente o estropearse, que es más o menos funcional o disfuncional a las necesidades de la vida en general.

NOTA 14.- En cuanto a los temas de la alienación y el fetichismo de la mercancía y el valor, sin duda es importante profundizar en esto, para comprender mejor los obstáculos objetivos y subjetivos a los que nos enfrentamos a diario, saber qué debemos superar en las tareas de la transformación revolucionaria de la sociedad y abordar incluso antes. Pero desde hace mucho tiempo, es muy urgente una revisión de la teoría de la plusvalía que en algunos aspectos nos debería resultar casi evidente -como creo haber demostrado en mi revisión de la misma-, y que –a diferencia de los discursos sobre el fetichismo de la mercancía o de la alienación- tendrá una utilidad clara desde ahora mismo en la intervención política de masas, en el empoderamiento de la clase trabajadora.

NOTA 15.- Robert Kurz, en su libro “El colapso de la modernización” (1991, primera edición en español, en 2016, Argentina), decía al final del mismo, antes del breve glosario, lo siguiente referente a la revolución necesaria “Esto sería de hecho una revolución, pero ya no donde una “clase” al interior de la forma mercancía (y construida por ésta) “triunfe” por sobre alguna otra “clase” como sujeto antipódico.” “Para ello, sin embargo, debe emerger primero un movimiento destituyente como fuerza social, y esto sólo puede acontecer en la consciencia”.

Kurz en la parte final del libro hace unas previsiones que en buena parte se cumplieron con la crisis de 2007-8 (la primera edición del libro, en alemán, es de 1991), lo que ya tiene un gran mérito, y sabemos que el futuro tenderá a ser en sus grandes líneas como lo describe. Pero no ofrece como alternativa más que una revolución en la conciencia sin saberse en qué sector social o clase social podría darse, y a partir de que reivindicaciones impulsarse. De ahí la desvalorización del posible papel de la clase trabajadora y de la lucha de clases, y la dificultad para ofrecer una táctica que parta de los conflictos existentes para elevarlos hasta el cuestionamiento de raíz del capitalismo.

Sin llegar a los extremos de Kurz, hace muchos años, de mi cosecha, sin tener ni idea de los planteamiento de Kurz, ni de su existencia ni la de su corriente, ni nada, ya me plantee la cuestión de la fuerza social (no clase) proletaria que se debía levantar incluso contra sí en cuanto que clase, ya antes de la revolución, pues en tanto que clase sólo puede persistir en su existencia si lo es para el capital, sea bajo la forma privada, autogestionada o estatalizada. Y aunque la superación de la clase lleve su tiempo, el objetivo debe estar siempre muy presente en la conciencia y en las prácticas, a riesgo de estancarse en el supuesto “dominio de clase” que sólo llevaría a retroceder. Una primera formulación pública de la fuerza social ya está en el capítulo I.- La crisis de la militancia y del sujeto revolucionario de mi libro “[LIBRO] Militancia, la crisis de finales de los 70 en España. Unas lecciones y orientaciones para hoy” (10-12-2007, pero ya no se puede descargar el pdf, que es donde estaba completo). Insistí en textos posteriores, y ya más desarrollado y explícito hasta en el título, en el texto “Proletariado del siglo XXI: contra la alienación, “contra sí” como clase, para sí como seres humanos” (16-5-2008), lo que en ese momento (en España al menos) sonaba a absurdo o error garrafal. Esos textos ya pueden volverse a localizar en Old Kaos en la red. Pero para poder leerlos enteros es imprescindible la recopilación que publiqué cuando ya no podían verse. Ahí van los enlaces https://kaosenlared.net/libro-militancia-la-crisis-de-finales-de-los-70-en-espa-a-unas-lecciones-y-orientaciones-para-hoy/ —- https://kaosenlared.net/proletariado-del-siglo-xxi-contra-la-alienaci-n-contra-s-como-clase-para-s-como-seres-humanos/ — — “Recopilación textos de Aurora Despierta en el viejo old.kaos” (29-5-2017) —- Recopilación selección documentos de diciembre 2007 a diciembre 2011 en el viejo Kaos en la red, en archivo PDF — http://kaosenlared.net/recopilacion-textos-aurora-despierta-viejo-old-kaos-2/ — y descarga directa del archivo PDF en http://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2017/05/Recopilacion-textos-de-Aurora-Despierta-en-OLD-KAOS-PDF.pdf . Si dos cabezas, sin ninguna relación entre sí, y partiendo en buena parte de razonamientos diferentes, llegan a una conclusión muy parecida, quizás no se trate de dos extravagancias.

LIBROS de JAPPE y otros relacionados más o menos con la crítica del valor: Algunos de los textos de Anselm Jappe disponibles en castellano son los siguientes: Guy Debord (1998), en Editorial Ana-grama, Criticar el valor. Superar el capitalismo (con Jordi Maiso y José Manuel Rojo) (2015), en Enclave de libros. Y en la editorial Pepitas de Calabaza, los siguientes: El absurdo mercado de los hombres sin cualidades. Ensayos sobre el fetichismo de la mercancía (con Robert Kurz y Claus-Peter Ortlieb) (2009), Crédito a muerte. La descomposición del capitalismo y sus críticos (2012) y Las aventuras de la mercancía (2016). La sociedad autófaga. Capitalismo, desmesura y autodestrucción (2019).

El colapso de la modernización. Del derrumbe del socialismo de cuartel a la crisis de la economía mundial” Robert Kurz 1991. Prefacio de Anselm Jappe en 2016. Editorial Marat 2016 (en España lo distribuye Traficantes de sueños). —— El Prefacio de Jappe se titula “Elementos para una historia de la crítica del valor”. Otra traducción en archivo pdf https://www.google.com/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=16&cad=rja&uact=8&ved=2ahUKEwiUjeWk2aPnAhWGO8AKHb5cDuI4ChAWMAV6BAgGEAE&url=https%3A%2F%2Frevistas.unc.edu.ar%2Findex.php%2FNOMBRES%2Farticle%2Fview%2F21237%2F20765&usg=AOvVaw0LT_irB31HCt9Lbtqlrz6Q —— — La primera sección del libro (17 páginas de las 285 del libro) http://natxo.com.ar/wp-content/uploads/2016/12/El-colapso-de-la-modernizacion-capitulo-1.pdf

El colapso de la modernización” – 15 años después.- Entrevista a Robert Kurz – https://www.exit-online.org/link.php?%20tab=transnationales&kat=Espanol&ktext=El%20colapso%20de%20la%20modernizacion%20-%2015%20anos%20despues ——- Entrevista a Robert Kurz: Nuevos y viejos combates 2004– https://lapeste.org/2018/09/entrevista-a-robert-kurz-nuevos-y-viejos-combates/ —- también en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=11547 ———- Una reseña de libro de Kurz, por Lorena Acosta Iglesias, pdf – https://media.proquest.com/media/hms/PFT/1/3JLKB?_s=1IwOo0ZeWa%2BCN0W%2BeXORlvab%2By4%3D ———– Una crítica trotskista a Kurz — “Una revolución sin sujeto y un sujeto sin revolución (sobre el libro de Robert Kurz, El colapso de la modernización)” Pablo Riednik – He encontrado algunas coincidencias en la crítica , que se reconocerán en mi texto- https://revistaedm.com/verNotaRevistaTeorica/328/una-revolucion-sin-sujeto-y-un-sujeto-sin-revolucion-sobre-el-libro-de-robert-kurz-el-colapso-de-la-modernizacion ———- Guía de bibliografía de la crítica del valorhttp://data.over-blog-kiwi.com/1/48/88/48/20151017/ob_7bcca5_bibliografia-critica-del-valor-en-cast.pdf ——– Roswitha Scholzhttps://es.wikipedia.org/wiki/Roswitha_Scholz ——- Roswitha Scholz – “El patriarcado productor de mercancías. Tesis sobre capitalismo y relaciones de género” Pdf directamente descarga http://constelaciones-rtc.net/article/download/815/869/ ——– “Tiempo, trabajo y dominación social. Una reinterpretación de la teoría crítica de Marx” (1993) Moishe Postone. Madrid. Editorial Marcial Pons.2006. En internet puede aparecer alguna edición en pdf. También en http://comunizar.com.ar/biblioteca/ ——— “Marx Reloaded. Repensar La Teoría Crítica Del Capitalismo” Moishe Postone. Buscar en http://comunizar.com.ar/biblioteca/

ENLACES a sus textos o reseñas de sus textos o de su corriente: Anselm Jappe – Guy Debord (Anagrama 1998) el líder situacionista – buscar en http://comunizar.com.ar/biblioteca/ —— Carta de Debord a Jappehttps://www.alasbarricadas.org/forums/viewtopic.php?f=24&t=55637 ——- Anselm Jappe “Espectáculo: fase suprema de la abstracción” (sobre Guy Debord) — http://esfulletperdut.ourproject.org/wp-content/uploads/2013/08/058-Guy-Debord.-Espectaculo.-Fase-suprema-de-la-abstraccion-impresion.pdf

Anselm Jappe “De lo que es el fetichismo de la mercancía y sobre si podemos librarnos de él” — Es también el Prólogo de Jappe a textos de Marx en El Capital, el apartado cuatro del capítulo I (“El carácter de fetiche de la mercancía y su secreto”) y el capítulo II (“El proceso de intercambio”), con una nueva traducción (ya no dice “fetichismo de la mercancía” sino el “carácter de fetiche de la mercancía”) en el libro publicado por Pepitas de calabaza “El fetichismo de la mercancía (y su secreto)” Karl Marx — https://kmarx.wordpress.com/2016/12/04/de-lo-que-es-el-fetichismo-de-la-mercancia-y-sobre-si-podemos-librarnos-de-el/

Anselm Jappe “Ser libres para la liberación”https://lapeste.org/2014/08/anselm-jappe-ser-libres-para-la-liberacion/ —- http://www.alasbarricadas.org/forums/viewtopic.php?t=53803 con comentarios ; — http://www.semanario-alternativas.info/archivos/2012/8%20agosto/229/PORTADA/paginas%20portada/Articulos/ser_libre.htmlhttps://enelhorizontedelacrisis.files.wordpress.com/2013/01/libres-para-la-liberacic3b3n.pdfhttp://el-radical-libre.blogspot.com/2012/08/ser-libres-para-la-liberacion-anselm.html

Anselm Jappe “¿Ya se volvió obsoleto el dinero?” http://alasbarricadas.org/forums/viewtopic.php?t=51723https://www.jornada.com.mx/2011/12/23/opinion/018a1polhttps://desobediencias.wordpress.com/2013/10/10/ya-se-volvio-obsoleto-el-dinero/https://www.exit-online.org/textanz1.php?tabelle=transnationales&index=3&posnr=187&backtext1=text1.php

Anselm Jappe “Tesis sobre las raíces del mal” (un resumen de sus posiciones) – – https://kaosenlared.net/tesis-sobre-las-raices-del-mal/ ——– Anselm Jappe “Cambiar de caballo”https://enelhorizontedelacrisis.files.wordpress.com/2013/01/cambiar-de-caballo.pdf ——- Anselm Jappe “Las sutilezas metafísicas de la mercancía”http://www.krisis.org/1998/las-sutilezas-metafisicas-de-la-mercancia/

Anselm Jappe “Trabajo abstracto o trabajo inmaterial. En el horizonte de la crisis: teoría y crítica de la sociedad capitalista” Texto en el que se basó la presentación de Anselm Jappe en la cuarta sesión del curso el 13 de abril de 2015, “¿Más allá del fetichismo de la mercancía? La civilización del trabajo y su descomposición“. El original italiano puede encontrarse en el libro Anselm Jappe: Contro il dentro (Milano: Mimesis, 2013, pp. 15-34) ¿Trabajo abstracto o trabajo inmaterial?.— https://enelhorizontedelacrisis.wordpress.com/calendario-sesiones-2015/anselm-jappe-trabajo-abstracto-o-trabajo-inmaterial/

Anselm Jappe “Algunas buenas razones para liberarse del trabajo”https://lapeste.org/2017/12/anselm-jappe-algunas-buenas-razones-para-liberarse-del-trabajo/ ——- Anselm Jappe “Sobre la civilización del trabajo y su descomposición”https://capitalycrisis.wordpress.com/2015/04/07/anselm-jappe-sobre-la-civilizacion-del-trabajo-y-su-descomposicion/ ——– Anselm Jappe “El gato, el ratón, la cultura y la economía” con especial atención a la cuestión del narcisismo (su génesis) y la infantilización de masas —- https://www.exit-online.org/textanz1.php?tabelle=transnationales&index=4&posnr=156&backtext1=text1.php

Entrevista a Anselm Jappe en El Viejo Topo n 258-259 Julio de 2009 Sobre decrecimientohttp://www.decrecimiento.info/2018/08/entrevista-anselm-jappe.html ——- Entrevista “Ningún problema actual requiere una solución técnica Se trata siempre de problemas sociales”http://rebelion.org/noticia.php?id=255190 ——- Entrevista “El fin del capitalismo no será pacífico”http://www.revistahincapie.com/anselm-jappe-el-fin-del-capitalismo-no-sera-pacifico/ —– Entrevista con Anselm Jappe sobre marxismo y la crítica al valorhttps://radiozapatista.org/?p=15965 ——– Entrevista Crítica del Valor. Crisis terminal del capitalismo y movimientos emancipatorios —- https://www.nodo50.org/ekintza/2018/critica-del-valor-crisis-terminal-del-capitalismo-y-movimientos-emancipatorios/ ——- Entrevista a Anselm Jappe en el diario El Confidencial (creo que no se puede poner el enlace por ser diario de prensa) sobre su libro “La sociedad autófaga” – “La capacidad para absorber las protestas es uno de los puntos fuertes del capitalismo” ——– Acceso a textos de Jappe y otros – https://enelhorizontedelacrisis.wordpress.com/bibliografia-recomendada/ —— Enlaces a artículos de Jappe en español – http://bibliotecacuadernosdenegacion.blogspot.com/2017/01/articulos.html ———- Varios de JAPPE y de Maiso en – Constelaciones. Revista de Teoría Critica. Vol.5 (2013) Teoría crítica de la subjetividad. www.constelaciones-rtc.nethttp://constelaciones-rtc.net/issue/view/49/pdf_5

«Anselm JAPPE – La société autophage. Capitalisme, démesure e autodestruction» — por Alfonso Figuerido Francisco — http://constelaciones-rtc.net/article/view/2865/pdf ——– “JAPPE, A., Las aventuras de la mercancía, Logroño: Pepitas de Calabaza, 2015” por Jorge del Arco Ortiz – http://constelaciones-rtc.net/article/view/1537 —- http://constelaciones-rtc.net/article/view/1537/pdf

El tablero aúreo. Consideraciones sobre la teoría del valor en Robert Kurz” – Clara Navarro Ruiz — http://constelaciones-rtc.net/article/view/1161http://constelaciones-rtc.net/article/view/1161/pdf

web que empezó con la crítica del valor, con Robert Kurz (fallecido en 2012, el 18 de julio, día tan especial para los españoles): GRUPO KRISIS en español — http://www.krisis.org/navi/espanol/

Manifiesto contra el trabajo http://www.krisis.org/1999/manifiesto-contra-el-trabajo/ —- Otro lugar para el texto https://lapeste.org/2017/01/grupo-krisis-manifiesto-contra-el-trabajo/ — otro https://capitalycrisis.wordpress.com/manifiesto-contra-el-trabajo-1999-grupo-krisis/

Robert Kurz “La degradación de la cultura”https://www.rebelion.org/hemeroteca/cultura/040429rk.htm —— Robert Kurz – “Las lecturas de Marx en el siglo XXI” – Prólogo a su libro “Leer a Marx” — https://www.rebelion.org/hemeroteca/izquierda/kurz290602.htm — Capitulo V – https://www.mail-archive.com/[email protected]/msg02929.html ——– Robert Kurz. “Cañones y capitalismo. La revolución militar como origen de la modernidad” https://www.exit-online.org/textanz1.php?tabelle=transnationales&index=4&posnr=106&backtext1=text1.php ——- Robert Kurz.- “El doble Marx”https://www.exit-online.org/textanz1.php?tabelle=transnationales&index=4&posnr=107&backtext1=text1.php

Artículos de Robert Kurz en Rebeliónhttp://www.rebelion.org/mostrar.php?tipo=5&id=Robert%20Kurz&inicio=0 ——- Varios textos de Kurz “El pensamiento de Robert Kurz”https://web.archive.org/web/20110912060551/http://www.elortiba.org/kurtz1.html —- http://www.elortiba.org/old/kurtz1.html

De “El libro negro del capitalismo” de Robert Kurz, el libro entero en alemán https://www.exit-online.org/pdf/schwarzbuch.pdf . Partes en portugués: — Prólogo https://web.archive.org/web/20190613203758/http://www.obeco-online.org/rkurz433.htm —- Introducción a la nueva edición de 2009 https://web.archive.org/web/20190613203548/http://www.obeco-online.org/rkurz432.htm — Historia de la primera revolución industrial, http://www.obeco-online.org/rkurz444.htm — otras partes del libro : — http://www.obeco-online.org/rkurz442.htmhttp://www.obeco-online.org/rkurz440.htmhttp://www.obeco-online.org/rkurz441.htmhttp://www.obeco-online.org/rkurz436.htmhttp://www.obeco-online.org/rkurz434.htmhttp://www.obeco-online.org/rkurz435.htm –. Pueden incluir más traducciones al portugués en http://obeco.planetaclix.pt/ (en el enlace se ilumina y parpadea un NEW).

Una entrevista a Robert KurzSobre el “Libro negro del capitalismo” ¿Una vida humana? Sólo sin mercado, estado y trabajo — https://www.exit-online.org/textanz1.php?tabelle=transnationales&index=2&posnr=102 — también en https://www.aporrea.org/actualidad/a12031.html

Quién fue Robert Kurzhttps://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Kurz ——– En memoria de Robert Kurz (1943-2012) – Miguel León http://rebelion.org/noticia.php?id=153760

Una separación del grupo Krisis, y a donde se fue Kurz: Grupo Exit (Krise und Kritik der Warengesellschaft ; Crisis y crítica de la sociedad mercantil ) Textos en español https://www.exit-online.org/text1.php?tabelle=transnationales&index=4 — textos en portugués y alguno en español — http://obeco.planetaclix.pt/ Muchas posibles entradas organizadas por temas, autores, entrevistas, etc.

web francesa sobre la crítica del valor — http://www.palim-psao.fr/http://www.palim-psao.fr/2015/10/bibliografia-en-castellano-critica-del-valor-wertkritik.html —— Otra web en similar línea: Capital y crisis. Teoría crítica del valor-trabajo – Pero solo anuncia seminarios sobre el tema – https://capitalycrisis.wordpress.com/

Cristina Ventura “¿Es posible una acción política partiendo de la teoría del valor-trabajo?”https://capitalycrisis.wordpress.com/2016/06/18/es-posible-una-accion-politica-partiendo-de-la-teoria-del-valor-trabajo/

In memoriam, fallece Moishe Postone (1942-2018) — https://vientosur.info/spip.php?article13656 —- Artículos de Daniel Tanuro sobre la obra de Postone: — https://vientosur.info/spip.php?article11804 el 1 y su pdf https://vientosur.info/IMG/article_PDF/La-actualidad-de-la-teor-a-del-valor-de-Marx_a11804.pdf —; https://vientosur.info/spip.php?article11806 el 2 y su pdf – https://vientosur.info/IMG/article_PDF/Tiempo-trabajo-dominaci-n-social-y-destrucci-n-ecol-gica_a11806.pdf

Varios textos de la corriente y comentadores (descargable pdf) en: Constelaciones. Revista de teoría crítica Núm. 8-9 (2017): Marx, la Teoría Crítica y el presente: Legados, actualizaciones, reapropiaciones. — http://constelaciones-rtc.net/issue/view/55http://constelaciones-rtc.net/issue/view/55/pdf_7 —— Constelaciones. Revista de teoría crítica Núm. 5 (2013): Teoría crítica de la subjetividad. — http://constelaciones-rtc.net/issue/view/49http://constelaciones-rtc.net/issue/view/49/pdf_5 —– Cuadernos de Negación https://cuadernosdenegacion.blogspot.com/ ——– Cuadernos de Negación nº 11, dedicado al trabajo abstracto, el valor, la plusvalía, la mercancía — https://cuadernosdenegacion.blogspot.com/2018/05/nro11-contra-la-valorizacion-de-la-vida.html

VIDEOS (fijándose en los que Youtube ofrece a la derecha, hay más y en otros idiomas): Entrevista a Anselm Jappe sobre marxismo y crítica al valor — https://www.youtube.com/watch?v=XwAXoTwYQC0 ——- Conferencia Anselm Jappe – En busca de las raíces del mal (4 horas y media; es más cómodo leerlo en sus artículos, muy pesado tener que traducir) — https://www.youtube.com/watch?v=NT3Y3B2mlmk ——- Anselm Jappe y la teoría crítica del valor Wertkritik en Pepitas de calabaza (es un comentario) — https://www.youtube.com/watch?v=fe6CdrXVDQg ——- El fetichismo de la Mercancía Karl Marx Anselm Jappe Pepitas de Calabaza wertkritik (es un comentario) — https://www.youtube.com/watch?v=NZPh0CYtOpE ——— II Seminario Internacional de reflexión y análisis Anselm Jappe (no está Jappe, otra persona lee su texto “Ser libres para la liberación” — https://www.youtube.com/watch?v=2uSy3ZoIdHo ——– ¿Crisis o declive del modelo capitalista? Sobre los limites internos de la acumulación del capital – -(Jordi Maiso)- (sólo es sonido, por eso, ver en Audios, más abajo) https://www.youtube.com/watch?v=QhbiORA7qpA —– Jordi Maiso – Sujeto automático y emancipación — https://www.youtube.com/watch?v=r9V2uEJ8SBA (también hay en Audios, más abajo) —– Canal Instituto de Transición Rompe el Círculo (capitalismo, energía, informática) — https://www.youtube.com/channel/UCtTaeaDl9qHZKKmMaonFLCg/videos . Web http://rompeelcirculo.org./http://mostolessinpetroleo.blogspot.com/

AUDIOS (en ivoox hay opción de descargar y guardar el archivo en el ordenador): Anselm Jappe — https://www.ivoox.com/Anselm%20Jappe_sb.html?sb=Anselm%20Jappe —- Jordi Maiso — https://www.ivoox.com/Jordi%20Maiso_sb.html?sb=Jordi%20Maiso ——- ¿Crisis o declive del modelo capitalista– Sobre los límites internos de acumulación del capital –(Jordi Maiso) https://www.ivoox.com/crisis-o-declive-del-modelo-capitalista-sobre-los-audios-mp3_rf_11338614_1.html?autoplay=true ——— Jordi Maiso – Sujeto automático y emancipación — https://www.ivoox.com/Sujeto-autom%C3%A1tico-y-emancipaci%C3%B3n_sb.html?sb=Sujeto+autom%C3%A1tico+y+emancipaci%C3%B3n ——- El “patriarcado productor de mercancías”. Debate con Roswitha Scholz. Audio – https://www.traficantes.net/node/148344 —— Jordi Maiso, presentación de Roswitha Scholz –desde el minuto 8:55 https://www.ivoox.com/sesion-6-estrategias-tacticas-audios-mp3_rf_11534137_1.html?autoplay=true —— Lorena Acosta “Robert Kurz y Moishe Postone: dos propuestas de teoría crítica de la sociedad capitalista en la actualidad” — https://www.ivoox.com/lorena-acosta-robert-kurz-moishe-postone-dos-audios-mp3_rf_19597719_1.html

SOBRE el FETICHISMO de la MERCANCÍA : “El Capital” de Marx de tres libros (I, II y III), que la editorial Siglo XXI presento también en 8 volúmenes de bolsillo, edición de Pedro Scaron. Se puede descargar como zip o sueltos en https://proletarios.org/ . Pueden leerse on line y descargar la página htm (excepto el volumen 7 que corresponde a una parte del libro III que no han incluido on line), en https://webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital.htm ——– Marx “El Capital”, libro primero (de tres) — https://webs.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital1/ — Marx El Capital, Libro primero, cap. 1, Mercancía y dinero (donde pone [87] 4. El carácter fetichista de la mercancía y su secreto ) — Marx El Capital, Libro primero, cap. 2, El proceso del intercambio.

Isaak Illich Rubinhttps://www.marxists.org/espanol/rubin/index.htm“Ensayos sobre la teoría marxista del valor” Cuadernos Pasado y Presente 53, 1974 — https://www.marxists.org/espanol/rubin/1928/isaak-rubin-ensayos-sobre-la-teoria-marxista-del-valor-1928.pdf —– Isaak Illich Rubin. Historia del pensamiento económico. Un breve repaso al curso (1924) — https://www.marxists.org/espanol/rubin/1924/historia-pensa-econ.htm ——– Fetichismo de la mercancía — https://divulgacionmarxista.wordpress.com/2013/11/30/fetichismo-de-la-mercancia/ ——- Audios sobre el fetichismo de la mercancía (tomadlo en dosis moderadas, aconsejo) https://www.ivoox.com/fetichismo%20de%20la%20mercancia_sb.html?sb=fetichismo%20de%20la%20mercancia

Investigaciones sobre el papel del autoritarismo

Constelaciones. Revista de teoría crítica Vol. 10 (2018): Violencia socializadora y dinámicas autoritarias en el horizonte de la crisis. — http://constelaciones-rtc.net/issue/view/135http://constelaciones-rtc.net/issue/view/135/pdf_8

El clásico “El miedo a la libertad” de Erich Fromm, http://ciudadanoaustral.org/biblioteca/04.-Erich-Fromm-El-miedo-a-la-libertad.pdf ; también una obra muy especial, la histórica investigación-encuesta a trabajadores/as alemanes entre 1929-31 (previa a la subida de Hitler al poder), reveladora de aspectos importantes de su mentalidad y psicología, dirigida por el Instituto de Investigación Social (del que surge la llamada Escuela de Frankfurt), publicada por Erich Fromm, con el título “Obreros y empleados en vísperas del Tercer Reich. Un análisis psicológico-social” editorial Fondo de Cultura, 2012; y “Estudios sobre la personalidad autoritaria” de Th. W. Adorno, en Escritos sociológicos II, vol. 1, Akal; aunque no supera el punto de vista del ala izquierda del burgués Partido Demócrata de los EEUU, tiene algunas cosas interesantes el libro de George Lakoff “Puntos de reflexión. Manual del progresista” Península 2008. Una reflexión con un text en https://g7e9.wordpress.com/2011/12/01/la-personalidad-autoritaria/

OTROS AUTORES RECOMENDADOS. Aunque tengo mis divergencia, una aportación importante, incorporando una problemática tan echada de menos en el marxismo como es la psicología social e individual, es el libro de José María Chamorro “Capitalismo, izquierda y ciencia social. Hacia una renovación del marxismo” (Gavagai, España, 2019, 581 páginas, tamaño grande, letra pequeña, muy denso). Como es una editorial poco conocida, de escasa difusión, para haceros una idea del contenido del libro copio de la contraportada “Este libro tiene tres partes. En la primera se expone una renovación de la teoría marxista por la vía de remediar su gran carencia; pues siendo el marxismo una teoría general de la sociedad, no integra, como sería necesario, una teoría psicológica en su núcleo. Esa carencia, que en tiempos de Marx era disculpable, pero no en el presente, ha perjudicado el desarrollo de temas marxistas fundamentales, como el de la ideología, el de las clases sociales, el de la revolución como puerta de entrada al socialismo y el de la fabricación del “hombre nuevo”. Hoy puede encontrar remedio si se utilizan de manera adecuada los materiales y conceptos que han ido ofreciendo, desde los años 40 del pasado siglo, las disciplinas básicas del campo de la ciencia social, así como la teoría de sistemas y la cibernética. En la segunda parte se utiliza la teoría marxista así renovada para desarrollar una crítica al capitalismo (incluido el más ejemplarmente socialdemócrata), y no sólo a su economía, sino ante todo a sus formas de socializar (de fabricar a los individuos) y a su naturaleza de plutocracia disfrazada, que hace al capitalismo incompatible con la democracia. En la tercera parte se reflexiona acerca de cómo debería organizarse una izquierda anticapitalista y cuáles deberían ser sus tareas fundamentales, lejos de apremios del electoralismo que caracteriza a los partidos políticos prosistema, imitados por la izquierda marxista.” ——– Jean-Léon Beauvois“Tratado de la servidumbre liberal. Análisis de la sumisión.” Con prólogo de Slavoj Zizek. Editorial La Oveja Roja. 2008, 270 páginas.

Corsino Vela .- Capitalismo terminal. Anotaciones a la sociedad implosivahttps://traficantes.net/libros/capitalismo-terminalCorsino Vela.- La sociedad implosivahttps://traficantes.net/libros/la-sociedad-implosivaCorsino Vela y otrosNo le deseo un Estado a nadie. A propósito del “conflicto catalán” seguido de unas consideraciones para entenderlo. Pepitas de Calabaza. 2018. ——— Audios. Sobre Corsino Vela, “La sociedad implosiva” — https://www.ivoox.com/sociedad%20implosiva_sb.html?sb=sociedad%20implosiva — Sobre Corsino Vela “Capitalismo terminal” – https://www.ivoox.com/capitalismo%20terminal_sb.html?sb=capitalismo%20terminal —- Sobre Corsino Vela — https://www.ivoox.com/Corsino%20Vela_sb.html?sb=Corsino%20Vela ———

De mis textos, recomiendo para el caso esta brevísima selección: “Pensiones y nuevo ministro de la austeridad y la derrota” (15-1-2020) — un balance y una propuesta https://kaosenlared.net/pensiones-y-nuevo-ministro-de-la-austeridad-y-la-derrota/ ——- “Plusvalía y ganancia. Revisión urgente de una teoría necesaria” (9-1-2020) — un planteamiento nuevo de la teoría de la plusvalía — https://kaosenlared.net/plusvalia-y-ganancia-revision-urgente-de-una-teoria-necesaria/ ——- “Horizonte 2050, superando el capitalismo o condenados” (20-12-2019) – estudio de la cuestión del colapso, y propuesta mundial de un eslogan-marco para la confluencia de las luchas y la elaboración política, sucesor del de “Otro mundo es posible” — — https://kaosenlared.net/horizonte-2050-superando-el-capitalismo-o-condenados/ ——– «“Ética para máquinas” de Latorre. La I.A. psicópata. Llamamiento» (19-11-2019) — un extenso estudio sobre el peligro para la Humanidad de la Inteligencia Artificial General y una orientación política contra ella https://kaosenlared.net/etica-para-maquinas-de-latorre-la-i-a-psicopata-llamamiento/ ——- “Pensionistas ¿Así les traicionarás? Guía para vencer” (14-3-2018) —- http://kaosenlared.net/pensionistas-asi-les-traicionaras-guia-para-vencer/ ———- “Cuenta atrás hacia el colapso, y nosotros ¡en Babia!” (23-6-2017) —- http://kaosenlared.net/cuenta-atras-hacia-colapso-babia/ ———- “Programa político. Más allá del electoral, de mínimos-máximos y de transición” (14-3-2017) — la crítica que ya hace un siglo necesitábamos — http://kaosenlared.net/programa-politico-mas-alla-del-electoral-de-minimos-maximos-y-de-transicion/ ————- “Capitalismo: modo de vida decadente. Notas sobre estrategia y táctica” (20-10-2016) – Libro, archivo PDF de 200 páginas — http://kaosenlared.net/capitalismo-modo-de-vida-decadente-notas-sobre-estrategia-y-tactica/ —- Para descargar directamente el archivo pdf — http://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2016/10/Decad-capit-estra-tact-EN-PDF1.pdf ———– “El Mayo del 68 real, contado a la generación 15M y del precariado” (11-5-2016) — con versión PDF con imágenes, —- http://kaosenlared.net/el-mayo-del-68-real-contado-a-la-generacion-15m-y-del-precariado/ — Enlace directo a la versión pdf http://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2016/05/Mayo-68-para-15M-en-PDF-a.pdf ——— “Tu enemigo está en ti. Mírate en este espejo. Una clave de lo que nos pasa” (29-3-2016) con un análisis detallado del concurso-experimento “La zona extrema” del documental “El juego de la muerte”—— http://kaosenlared.net/tu-enemigo-esta-en-ti-mirate-en-este-espejo-una-clave-de-lo-que-nos-pasa/ ——-“2030. Crisis energética y capitalista. Lucha laboral, de clases y la izquierda. Orientaciones. Campaña Marco. PDF” (2/3/2015) —– con versión PDF — http://kaosenlared.net/2030-crisis-energetica-y-capitalista-lucha-laboral-de-clases-y-la-izquierda-orientaciones-campana-marco-pdf/ — Y directamente al archivo pdf — http://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2015/03/Horizonte-2030-en-pdf.pdf

Para ACCEDER a mis artículos, informes y libros. Los artículos del 11 de enero de 2015 hasta hoy, los podéis encontrar poniendo esta nueva dirección https://kaosenlared.net/autor/aurora-despierta/ a la que también os lleva si hacéis clic en mi nombre en el artículo. Para vuestra comodidad, tenéis la relación y enlaces correctos a los textos previos al 20-10-2016 en “Capitalismo: modo de vida decadente. Notas sobre estrategia y táctica” (20-10-2016) – Libro, archivo PDF de 200 páginas — http://kaosenlared.net/capitalismo-modo-de-vida-decadente-notas-sobre-estrategia-y-tactica/ —- Para descargar directamente el archivo pdf — http://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2016/10/Decad-capit-estra-tact-EN-PDF1.pdf —– Ahí funcionan los enlaces de los artículos desde el día 21-12-2011 hacia hoy, y también la descarga de los archivos pdf adjuntos, aunque los artículos anteriores al día 15-1-2015 (cuando se adoptó el sistema Word Press) se hayan pasado en diciembre de 2019 al Old Kaos y pone como autor/a no su nombre sino el común a todos de “Autor de Old Kaos” (ese nombre se llega a prolongar, compartiendo con la previa denominación genérica de autor, hacia atrás hasta el 21-10-2011) y los anteriores al 17-12-2011 como común “Autor de Kaos 2014”, que corresponde al old kaos original (se prolongan hacia atrás hasta el 7-11-2003). Pero yo empecé a publicar en kaos a finales de 2007. Os recomiendo que os descarguéis los archivos pdf, no sólo por su interés, sino por si hubiese más cambios en la web que llevasen a que se perdiesen. Desde el 26-5-2014 para atrás ya no están accesibles para descargar los archivos pdf. Los míos previos al 11-12-2011 corresponden a lo que antes de diciembre de 2019 y durante años fue el Old Kaos en la red. En los años recientes los artículos fueron inaccesibles al estar desactivado old-kaos. Ahora se puede acceder, pero las direcciones URL se han modificado, por tanto, no sirven los enlaces que incluí en mis documentos. Tampoco figura como autor/a el real, sino uno genérico como “Autor de Kaos 2014”, y los archivos pdf adjuntos han desparecido. Pero los míos se pueden identificar porque en el texto tenía la costumbre de explicar cómo localizar fácilmente mis materiales, por lo que ponía mi nombre. Para conocer los míos más importantes tenéis la “Recopilación textos de Aurora Despierta en el viejo old.kaos” (29-5-2017) —- Recopilación selección documentos de diciembre 2007 a diciembre 2011 en el viejo Kaos en la red, en archivo PDF — http://kaosenlared.net/recopilacion-textos-aurora-despierta-viejo-old-kaos-2/ — y descarga directa del archivo PDF en http://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2017/05/Recopilacion-textos-de-Aurora-Despierta-en-OLD-KAOS-PDF.pdf –. Los últimos cambios en la web de kaosenlared han hecho que desaparezcan los comentarios que ya había en los artículos. Eso ha supuesto una pérdida importante en aquellos en los que mediante los comentarios había profundizado o aportado datos y pruebas relevantes a cuestiones planteadas en el texto y mantenido un debate interesante con algunos de los comentaristas.

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