La situación del campo en España. Una posición de clase

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Recientemente hemos asistido a protestas de “agricultores” por la situación en que se encuentra el sector agrícola en España. Las razones de tales protestas son un tanto confusas, aunque parece resaltar como elemento unificador los bajos precios en origen de los productos agrícolas.
No se nos escapa, sin embargo, que el hecho “coincide” de manera sospechosa con el incremento, absolutamente insuficiente, del salario mínimo en 50 euros mensuales. Está claro que la extrema derecha ligada a la oligarquía terrateniente pretende capitalizar el descontento general en el campo y manipular ese descontento en su propio beneficio.
Es totalmente cierto que la mayoría de los precios de los productos agrícolas no se han movido desde hace casi cuatro décadas y que muchos campesinos no sobrevivirían si no fuese por el complemento de las subvenciones. ¿Pero cuales son las causas profundas de este hecho y sus consecuencias?
En primer lugar, tenemos que el precio que paga el consumidor final es de aproximadamente un 600% mayor que el del producto en origen. Esa enorme plusvalía va a parar a los comercializadores intermediarios y a los grandes distribuidores finales. Es decir son los grandes consorcios capitalistas los que, aquí también, se llevan la plusvalía generada por el trabajo de campesinos y jornaleros.
Por otro lado, tenemos que la mayoría de las subvenciones de la PAC van a parar a los más grandes terratenientes y solo una pequeña parte a los campesinos. Pero este hecho, reconocido por todos, tiene una causa concreta, esta ocultada por las fuerzas políticas y los medios de comunicación del Régimen: el cambio de modelo de subvención de la producción a la superficie. Esto tiene una repercusión negativa sobre el campesino que trabaja la tierra y que está obligado a sacarle el máximo provecho a su pequeña explotación, mientras favorece enormemente a grandes terratenientes con grandes extensiones de tierra improductiva o insuficientemente productivas. Esto se hizo de manera consciente y meditada. Expone de una manera rotunda el carácter de clase de la Unión Europea.
Además un gran terrateniente obtiene una mayor rentabilidad proporcional que un campesino. Mientras el primero suele suprimir cultivos sociales, que generan mano de obra, y utiliza maquinaria agrícola de envergadura a la que saca la máxima rentabilidad por la magnitud de las parcelas en las que la usan, el pequeño campesino sí tiene que recurrir a cultivos sociales para poder sobrevivir sus pequeñas parcelas reducen la rentabilidad con respecto a los grandes terratenientes.
Todo esto acelera un proceso lógico del capitalismo en el campo: la acumulación de Capital, es decir, en este caso la acumulación de tierra en cada vez menos manos a costa de la absorción de las pequeñas explotaciones agrícolas. En España han desaparecido cerca de las tres cuartas partes de las pequeñas explotaciones, engullidas por los terratenientes.
Esta es la llamada “economía de mercado” es decir el Capitalismo y su evolución lógica. Reformistas y socialdemócratas hablan de “intervenir y regular el mercado”, una cantinela engañosa repetida e incumplida desde hace muchísimo tiempo, como si esto fuera posible y como si ellos realmente no jugaran el papel de meros administradores de los negocios de terratenientes, oligarcas y grandes consorcios comercializadores y distribuidores.
Es evidente la contradicción de intereses entre campesinos y terratenientes. Sin embargo la llamada “izquierda” no interviene en este sector poniendo de manifiesto esta contradicción y contribuyendo a la organización de los campesinos. Hace mucho que abandonaron la acción en el movimiento campesino, como también lo han hecho en el Movimiento Obrero.
Esto facilita que los sectores políticos mas reaccionarios y fascistas, representantes desde siempre de la rancia oligarquía terrateniente consiga arrastrar a la mayoría de los campesinos hacia sus intereses y su agenda política.
Una de las manifestaciones mas evidentes de la dirección reaccionaria del movimiento de protesta es el rechazo a la subida del Salario Mínimo Interprofesional como si esta tuviera una repercusión determinante en la renta de los campesinos y mucho menos en la de los grandes terratenientes que no utilizan apenas mano de obra. Es la propuesta simplona, falsa y cobarde propia del fascismo, pero que cala en en importantes sectores del campesinado gracias a la inhibición de esa “izquierda” posmoderna, dedicada a perder el tiempo con mamarrachadas que nada tienen que ver con la lucha de clases.
Desde CSU-Extremadura defendemos los legítimos intereses y reivindicaciones del campesinado de nuestro país, pero defendemos en primer lugar los intereses de los obreros del campo, sobreexplotados y sometidos a un régimen de la seguridad social que favorece el fraude por parte de los patronos. No importa que suban o no el SMI, porque en muchos casos no se llega a pagar este salario ni el de los convenios del campo. Tampoco se cotizan ni constan la jornadas reales trabajadas, gracias a un sistema que favorece el fraude a la Seguridad Social.
También el proceso de acumulación de la tierra provoca la destrucción de puestos de trabajo en el campo, por la eliminación de cultivos sociales. Falta de empleo en el campo que es la causa determinante de la despoblación de las zonas rurales.
Frente a esto solo hay una salida y solo una: Reforma Agraria Integral. Una reforma que debe estar necesariamente basada en la nacionalización de los grandes latifundios y su explotación en régimen de cooperativa, la promoción de la asociación de pequeños campesinos, también en cooperativas y la industrialización de las zonas rurales mediante la inversión pública (para los que es necesario la nacionalización de la banca entre otras), empezando por la transformación de la materia prima producida en estas regiones. Todo lo demás son patrañas y engañifas de esos vende humos de la socialdemocracia que lo único que consiguen es reforzar al fascismo en el mundo rural.
Es necesario también trabajar por la salida de nuestro país de ese consorcio de las multinacionales que es la Unión Europea que recrudece la explotación de obreros y campesinos y solo favorece a grandes consorcios, monopolios y multinacionales.
Conseguir este objetivo no será fácil, pero hay que empezar por recuperar la acción militante en el movimiento campesino y en el movimiento obrero, convenciendo en primer lugar a esos militantes honestos que hoy por hoy han sucumbido a los cantos de sirena de la socialdemocracia posmoderna.

 

Fuente: CSU Extremadura

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