La Semana Negra al margen de las organizaciones sociales y culturales

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Este año se ha celebrado la XXIV edición de la Semana Negra. Comenzaba el verano de hace 23 años siendo Areces alcalde de Gijón y, después, Presidente de Asturias hasta las recientes elecciones. En los últimos doce años la socialista Fernández Felgueroso ocupó la alcaldía de Gijón. Es decir, 24 años de poder socialista y, en todo este tiempo, no sólo no ha habido ocasión para consolidar la Semana Negra, sino que fue necesario cambiar su ubicación nueve veces. Pocas zonas de Gijón quedan por experimentar pero en ninguna ha habido fortuna porque entiendo que no ha habido más interés que el inmediato y mañana ya veremos, a juzgar por los resultados.

Después de varios enfrentamientos con la Universidad, este año, por fin, se ha celebrado en el Campus previo acuerdo con el Rectorado y no precisamente de la mano de los socialistas, ni de Areces ni Fernández Felgueroso, sino de la nueva corporación municipal.

Nació la Semana Negra como una feria, como un mercadillo de la novela Negra, de la novela policíaca, sin más pretensiones, y de ahí no pasó durante años. Poco a poco ha ido creciendo, en verano y en Gijón, la gente se apunta a cualquier bombardeo, a todos. Decir que son cientos de miles los visitantes (entre los que me encuentro y desde el comienzo) parece mucho y lo es, pero sin olvidar que cerca de trescientos mil los hay en una sola noche en los fuegos artificiales en la víspera de Begoña, miles todos los domingos en el Rastro y, a diario, en verano, también miles y miles pasean sin más por El Muro a lo largo de la playa o desde Cimadevilla y la dársena de Fomento hasta Poniente, por ejemplo.

Si en tantos años no ha sido posible encontrar un sitio adecuado parece que poner un ultimátum de mes y medio para garantizar la Semana del próximo año resulta más que provocador cuando menos y, sin duda, da la impresión de que no es más que un pretexto para justificar la deslocalización, la huida, no se sabe bien hacia donde. La Semana Negra ha sido “expulsada” por el vecindario de varios zonas por problemas de ruido, entre otros, después de pleitear con el Ayuntamiento. Así es que muchos de los espacios en los que se podría instalar están desechados de antemano.

Entiendo que se han perdido ocasiones de oro para preparar con tiempo un espacio, no sólo para la Semana Negra, sino para otras posibles actividades, pero, sin duda, en los planes del urbanismo de Gijón, nada de esto se tuvo en cuenta y ahora vienen los agobios.

Como si todo lo anterior no fuera suficiente, el mayor problema sospecho que está en la propia configuración interna de la Semana Negra. Se trata de una fiesta, más o menos cultural y lúdica que, de algún modo, tiene el carácter de “oficial” pero que en realidad está controlada y administrada por una persona, Paco Ignacio Taibo II, al margen de cualquier intervención o control público, salvo para las subvenciones y para toda clase de medios materiales públicos, como así ha sido desde su comienzo. La Semana Negra, no sólo ha estado fuera del control público, sino que lo suple, de tal modo esto es así que es la propia organización la que se encarga de cobrar los espacios públicos ocupados por los distintos stand, de su selección, de su participación y de la asignación de cuotas, todo ello sin ninguna intervención por parte del Ayuntamiento que ni siquiera interviene en las cuentas y mucho menos de cualquier otra organización o colectivo.

Pero ahora ha cambiado el color del Gobierno, el del Ayuntamiento de Gijón y el del Gobierno de Asturias, y los “amigos” ya no son los que eran, ahora no tienen el poder y a los nuevos comienzan por darles un ultimátum: mes y medio (frente a 23 años) para encontrar el sitio adecuado para la Semana Negra de 2012 y para garantizar su financiación y sino portazo, nos vamos.

Entiendo que las formas, y su contenido por supuesto, se han de guardar siempre. Resumiendo. En cuanto al Campus, que sí podría ser un buen espacio, se ha entrado con el peor pie posible, a juzgar por lo sucedido en años anteriores. Las vacaciones de la Universidad sólo son en agosto, no en julio, amén de otras consideraciones. Sin otro sitio para la Semana Negra, el Ayuntamiento intenta negociar desde hace años (no sé si imponer) con la Universidad la cesión de una parte del Campus (incluido el pleito por su titularidad) en favor de una “fiesta” privada, por muy Semana Negra que esta sea, sin ninguna contraprestación cultural en favor de la Universidad y menos con su participación. Así las cosas se espera que la Universidad se avenga y comprometa sine die con el evento y lo haga suyo pero desde la barrera, en caso contrario intentan hacerles responsables, o algo así, del fracaso de lo que pretenden sea una negociación.

Tal como están las cosas no parece que haya otra salida que no sea la participación directa del Ayuntamiento y, por supuesto, hasta de la Universidad si lo tiene a bien, eso sí, con una mejora de los contenidos sin que por ello tenga que perder el ambiente lúdico y festivo, pero ampliando caulitativa y cuantitativamente su contenido cultural. Y, si estas dos instituciones han sido relegadas de la organización, mucho más lo han sido las organizaciones sociales y culturales de Gijón (y de Asturias). Esta falta de cultura participativa se convierte ahora en el mayor problema para gestionar la continuidad, la sostenibilidad y el buen nivel de una Semana Negra satisfactoria, cuyo gobierno y contenidos están monopolizados.

La fiesta, la Semana Negra, subvencionada y celebrada en los espacios públicos ha de seguir porque pertenece a la ciudad y a sus ciudadanos.

Foto. Fernández Felgueroso, Taibo y Areces en la clausura de la Semana Negra de 2008 en la playa de Poniente.