La revolución democrática y popular de Thomas Sankara en Burkina Faso / Memoria Histórica

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Burkina Faso quiere decir ‘Patria de hombres íntegros’, del término mossi (una de las lenguas oficiales del país) burkina, ‘hombres íntegros’, y de la voz diula faso, ‘patria’. La antigua República del Alto Volta fue renombrada por Tomás Sankara el 4 de agosto de 1984, un año después del golpe de Estado que lo llevó a liderar una revolución social que le permitió al país soltarse de la injerencia francesa. La nueva patria contó también con un cambio en el himno nacional y la bandera por símbolos que representaron más la diversidad cultural y el territorio, en un país históricamente invadido y sometido a los intereses franceses.

El capitán Thomas Isidore Noel Sankara tomó el poder en un golpe de Estado, con un alto apoyo popular, el 4 de agosto de 1983, a la edad de 33 años, con el objetivo de eliminar la corrupción y el predominio de la colonia francesa. Su “Revolución democrática y popular” (Révolution démocratique et populaire, or RDP) lanzó el programa de cambio social y económico más grande del continente africano en el que mejoró notablemente la educación (90% de la población era analfabeta), la agricultura y el estatus de la mujer en la sociedad. Sus acciones provocaron una fuerte oposición de los líderes tradicionales de la pequeña, pero poderosa, clase media y, por supuesto, de Francia.

Su política exterior se centró en el antiimperialismo y trató de evitar toda la ayuda exterior para reducir la deuda externa del país. Nacionalizó todas las tierras y riquezas minerales para evitar el poder y la influencia del Fondo Monetario Internacional -FMI- y el Banco Mundial. Sankara se definía como un revolucionario inspirado por los ejemplos de Cuba (se le conoce también como ‘El Che africano’); sus políticas nacionales se centraron en prevenir y combatir el hambre con autonomía agraria, le dio prioridad a la educación con una campaña nacional de alfabetización y promovió la salud pública con la vacunación de 2,5 millones de niños contra infecciones mortales.

Incentivó la plantación de más de diez millones de árboles para poner fin a la creciente desertificación del país y duplicó los cultivos de pancoger con la redistribución de la tierra entre los campesinos. “Vamos a consumir solo lo que nosotros mismos controlamos”. También suspendió los impuestos rurales y las rentas nacionales, y comenzó un programa de construcción de ferrocarriles y carreteras para “unir a la nación. Además de esto, su compromiso con los derechos de la mujer lo llevó a prohibir la ablación, los matrimonios forzados y la poligamia; nombró a varias mujeres en altos cargos gubernamentales y las alentó a trabajar fuera de casa y a estudiar aunque estuvieran embarazadas. “No hablamos de la emancipación de la mujer como un acto de caridad o de una oleada de compasión humana. Es una necesidad básica para la revolución, sin ellas la revolución no podrá triunfar”.

Para contrarrestar la oposición en las ciudades, capturó a los funcionarios corruptos, a los contrarrevolucionarios y a los “trabajadores perezosos” y los juzgó en los tribunales revolucionarios del pueblo y estableció Comités de Defensa de la Revolución -CDR-, siguiendo el ejemplo de Cuba. Sus programas de autosuficiencia, como una alternativa desafiante a las estrategias de desarrollo neoliberal  impuestas por Occidente al continente africano durante siglos, lo transformaron en un icono los pobres de África. Su modelo de gobierno inclusivo y solidario, le valió la bronca de Francia, así que fue derrocado y asesinado en un golpe de Estado liderado por Blaise Compaoré el 15 de octubre de 1987. Una semana antes de su ejecución, Sankara declaró: “Aunque los revolucionarios, como individuos, puedan ser asesinados, nunca se podrán matar sus ideas”.

CI DM/DM/4/8/16/7:00

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