La resaca electoral en India

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Hace unos días ha finalizado el largo proceso electoral indio para elegir a los 543 miembros del decimoquinto Lok Sabha (Parlamento o Cámara Baja), y de donde saldrá el próximo primer ministro del gigante asiático.

Esta cita electoral se presentaba con muchas incertidumbres y con algunos cambios demográficos estructurales que podían condicionar el resultado final. Por un lado, el aumento del voto urbano sobre el del campo tiene cada vez más peso en los partidos políticos más importantes, y sobre todo en la elaboración de los programas de éstos. Y por otra parte, nos encontramos con el aumento demográfico del voto joven. En estos momentos, la franja de edad entre los 18 y 35 años ha superado al segmento de población más vieja.

Los ‘malabarismos científicos’ de todas las proyecciones pre-electorales han supuesto un rotundo fracaso, ya que no han acertado ni de cerca los resultados finales, volviendo a constatar la cada vez mayor crisis de credibilidad de esas encuestas y sondeos en cualquier cita electoral. Además, las elecciones del 2009 han supuesto la reelección de un primer ministro, Manmohan Singh, por primera vez en cerca de cuarenta años.

El triunfo de la coalición electoral, Alianza Progresista Unida, liderada por el Congreso Nacional Indio (CN) ha sido de una envergadura y un margen que nadie había supuesto. Con 263 parlamentarios, sobre el total de escaños (206 de ellos del CN), le bastaría llegar a un acuerdo con los parlamentarios independientes o
con algún partido regional minoritario para gobernar, a priori, sin grandes obstáculos los próximos cuatro años.

La otra cara de la moneda la representa la Alianza Democrática Nacional, al frente de la cual se sitúa el segundo partido del país, el hinduista radical Bharatiya Janata Party (BJP) que ha salido derrotado no sólo por el abrumador triunfo del CN, sino porque el BJP ha perdido más de veinte parlamentarios, viendo cómo sus deseos ‘de cambio’ se esfuman del horizonte político indio, y la crisis interna y de liderazgo puede estar a las puertas de esa organización.

Otro de los claros derrotados es la formación llamada Tercer Frente, que agrupaba al Partido Comunista de India (PCI), al Partido Comunista de India- Marxista (PCI-M) y a otras fuerzas parlamentarias de izquierda y algunos partidos regionales. Sus proyecciones de convertirse en la lave del futuro gobierno se han venido abajo tras las importantes pérdidas de los dos primeros, que han visto cómo en sus plazas más fuertes del país el CN les ha superado en escaños y votos.

La victoria del Congreso Nacional Indio, es la suma de diferentes factores. En primer lugar, y ante una coyuntura compleja (ataques terroristas en el pasado, crisis económica global, inestabilidad regional), el factor del miedo ha llevado a muchos votantes a buscar el voto ‘de la continuidad y la estabilidad’ que para ellos puede representar el CN. En segundo lugar, la propia reorganización del partido, que ha sabido acabar con las fugas de los ‘barones’ Y personalidades políticas que han buscado su propia carrera política al margen del CN, en busca de su beneficio personal. Al tiempo, además, que ha recompuesto su enorme maquinaria interna y ha sabido aprovechar el tirón de Rahul Gandhi, al que muchos auguran un gran peso en el futuro indio.

Finalmente, el CN ha sabido captar el voto de buena parte de la minoría musulmana, que temerosa de un triunfo de las fuerzas reaccionarias hinduistas del BJP se habrían decantado por sus rivales.

La grave derrota de la izquierda parlamentaria, que ha sufrido importantes pérdidas en dos de sus bastiones más emblemáticos (Bengal Occidental y Kerala), también obedece a todo un abanico de factores. Por un lado, los enfrentamientos entre diferentes formaciones políticas de izquierda a la hora de afrontar las difíciles coyunturas del país, ya que mientras que unos apostaban por un rápido desarrollo industrial en determinadas regiones, ello suponía la confiscación de
tierras de cultivo, por lo que otros defendían los derechos de los agricultores a resistir esas medidas. Los violentos enfrentamientos y la posterior represión tampoco han ayudado a que estas fuerzas difundan con claridad sus mensajes.

En este sentido, si con el impulso industrial pretendían ganarse el apoyo de las nuevas clases medias, no lo han logrado, y además del rechazo de los agricultores más pobres se han encontrado también con las protestas de la ‘intelligentsia’ local, otrora firme defensora de las políticas progresistas.

Tampoco hay que olvidarse del llamamiento del Partido Comunista de India (Maoísta) al boicot electoral. Esta fuerza, que cada día tiene más peso en el escenario indio, requeriría sin duda un tratamiento aparte, para poder analizar en profundidad los cambios y propuestas que representan en la actualidad.

El rumbo político del próximo primer ministro, Manmohan Singh, tiene el camino despejado. Ya no necesita del apoyo de las fuerzas de izquierda institucionales que en el pasado frenaron en parte los planes de Singh. A partir de ahora, el rumbo económico de India va a estar dominado por la desinversión del sector público y las privatizaciones; la liberalización de la normativa para permitir una mayor participación económica extranjera; la flexibilización del
mercado laboral y la apertura del mercado doméstico a las cadenas multinacionales extranjeras.

En materia exterior, el gobierno de Singh profundizará sus acuerdos estratégicos y la colaboración con EEUU. Además habrá que ver el pulso que mantiene con China por la hegemonía del continente asiático, y sobre todo sus relaciones con Pakistán (algunos mencionan además el conflicto de Jammu& Kashmir y los posibles ataques islamistas).

Pero el panorama indio es mucho más complejo que el escenario surgido tras las elecciones. Las violencias y tensiones de todo tipo siguen latentes en el seno de la sociedad del gigante asiático. Los conflictos religiosos, los ataques islamistas, la violencia separatista, el movimiento maoísta, el hinduismo chauvinista o el sistema de castas, son algunos ejemplos.

Pero además, en India nos encontramos con otra amalgama de problemas. La superpoblación, la pobreza, la violación de los derechos humanos, la contaminación y deterioro del medio ambiente, también marcarán el futuro del país.

Y sin duda alguna la corrupción, ya que en India el movimiento de dinero negro o las bolsas con dinero son algo ‘habitual’, no hay más que ver la sucesión de escándalos que han sacudido a las clase política o al dato que indica que una cuarta parte de los anteriores parlamentarios habían sido acusado ‘de cargos criminales, incluyendo tráfico ilegal de personas, violación, asesinato, malversaciones’.

O el grave problema del campesinado indio, que generando el 70% del empleo de la población ve cómo la mitad del presupuesto federal se destina al sector servicios, que supone tan sólo el 0,5 de la misma. La crisis agrícola ha supuesto también que cerca de doscientos mil agricultores se hayan suicidado en los últimos diez años y la destrucción y desplazamiento a causa de las llamadas Zonas Económicas Especiales (SEZ) han añadido mayor incertidumbre a este amplio sector de la población india.

La llamada ‘mayor democracia del mundo’ tiene otra cara que no presentan los medios. El peso ‘familiar’, que hace que se produzca una cierta sensación entre la masa electoral de que siempre ‘es alguien quien decide. No el votante, ni necesariamente el partido político’; la escasa presencia de la mujer, con tan sólo un 7% de los más de 8000 candidatos; y el sentimiento extendido de que la mayoría de líderes políticos tienen muy clara la identificación de política con dinero y poder.

Las fichas del entramado institucional indio ya están casi colocadas, pero todavía, como hemos podido ver, quedan muchas piezas más para completar el complejo puzzle de India.

Gabinete Vasco de Análisis Internacional (GAIN)

Txente Rekondo

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