La represión que no se desarma

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Por Borroka garaia da!

En el pasado mes de noviembre fue detenido y encarcelado Mikel Irastorza. Detenciones que se extenderían a Manu Azkarate también encarcelado o Garikoitz Ibarluzea. A lo que se añade que este mes fue detenido por la policía británica también Antton Troitiño.

Mientras que en estos momentos hay cinco vascos en los calabozos franceses tras ser detenidos recientemente en Luhuso mediante un acto de propaganda de guerra, el futuro de otros siete vascos, éstos detenidos en Altsasu hace un mes y encarcelados posteriormente tras un montaje mediático-policial se dirime hoy en los tribunales españoles. Tribunales por los que estos día han pasado más vascos detenidos en operaciones contra la libertad de expresión en las redes sociales. Tribunales a los que quiere llevar la ertzaintza a otros detenidos esta semana. Esta semana también Etxerat ha denunciado sabotajes contra vehículos de allegados que visitaban a presos y presas políticas.

Mientras que las detenciones, procesos judiciales y encarcelamientos políticos no dejan de gotear en Euskal Herria, venimos de una ofensiva represiva contra el movimiento popular de Gaztetxes y casas ocupadas que por ahora se va traduciendo en los desalojos del Gaztetxe de alde zaharra en Iruñea, ataques a Huarte 24 y expulsión de jóvenes de Compañia-3 o el brutal desalojo de Sarasate también en Iruñea. Desalojo del Gaztetxe de Etxarri en Errekalde, y más ataques al Gaztetxe Makala II de Barakaldo, al de Mungia y al de Hendaia. No dejan de gotear tampoco las multas político-económicas como recientemente eran impuestas a solidarios de muros anti-represivos como el de Gasteiz. Represión que también recientemente se llevó la vida de Elhadji en custodia de la policía nacional española. Como guinda del pastel de fin de año, hemos visto como la burguesía vasca y su ertzaintza no pierden la forma, militarizando la UPV como si fuera un cuartelillo.

Mientras tanto los mal llamados accidentes laborales no dejan de subir como la espuma y la clase trabajadora vasca no deja de bajar en sus perspectivas de futuro. Unas perspectivas en las que tampoco se ven con claridad la consecución de derechos hoy arrancados por los estados y el capital, desde la autodeterminación de Euskal Herria pasando por el derecho a vivir en libertad y en paz, mientras todo lo cubre un manto negro de violencia y conculcación de derechos de los presos y presas políticas vascas.

Este es el panorama que se nos presenta a finales del 2016. Un panorama que no se va a solucionar aunque ETA se desarme y no le quede ni un casquillo. Esta opresión y represión que no cesa, que no se desarma, ni tiene ni tendrá ninguna voluntad de ello, existe y se mantiene por la necesidad del sistema vigente en mantener a Euskal Herria y su clase trabajadora bajo la dominación. Y solo terminando con ella podremos empezar a hablar de paz ya que mientras haya dominación, la represión es su alma gemela. En estas condiciones, cualquier intento de proceso de paz no tiene ningún otro destino que la nada pues para que la paz pueda abrirse paso tendrá que ponerse previamente en la mesa un proceso de liberación nacional y social lo suficientemente fuerte como para condicionar y dejar atrás la opresión.

La represión que no se desarma

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