La réplica de los Egaña

Por mikel arizaleta barberia

Se cantó una jota escrita por sindicalistas de la UGT: «Ya no se llaman civiles/ los del gorro atravesado/ que se llaman asesinos/ del trabajador honrado».

Por Mikel Arizaleta 

En la página 208 y siguientes de su libro “Bizkaia en la Edad Media, tomo I, Un debate historiográfico”, relata su autor, el doctor José María Gorordo Bilbao, la polémica y apasionada discusión en sesión parlamentaria habida entre los días 13 y 21 de junio de 1864 en el senado sobre “los fueros de las Provincias Vascongadas”.

Nos recuerda el historiador Gorordo que la reunión estaba prevista para aprobar la ley de presupuestos, pero como cuestiones previas se habían presentado dos enmiendas de claro contenido político en relación con los fueros vascos: una, del senador Sánchez Silva (defendiendo la tesis antiforal, muy extendida en el ámbito político y social español) y la otra, de varios senadores vascos: Francisco de Lersundi, el conde de Villafranca de Gaitán, Ignacio Olea, el marqués de Santa Cruz, Joaquín de Barroeta Aldamar, Francisco de la Rivas y Pedro de Egaña, en defensa de los fueros.

En los años previos a la guerra contra los franceses y a la promulgación de la primera constitución española en 1812, explica la medievalista y profesora de la Universidad de Valladolid, Mª Isabel del Val Valdivieso, la historia medieval de Bizkaia cobró excepcional protagonismo en el panorama político. Reflejo historiográfico de ese fenómeno son las tres obras que el doctor Gorordo confronta en su tesis, la de Llorente, encargo del gobierno y, por tanto, próxima a los planteamientos del gobierno monárquico, y las de Aranguren y Lerín, encargo de Diputación de Bizkaia y vinculadas a su posición.

Los senadores, en aquella “agria e intensa discusión” de junio de 1864, conocían los trabajos y argumentaciones de estos tres historiadores, escritas  50 años antes.

“El senador Egaña, tras diversas manifestaciones de réplica, hizo una referencia a las fuentes historiográficas que su oponente había utilizado como testimonios irrecusables, diciendo que la mayor parte de esos libros fueron escritos por cronistas de los reyes con la mejor intención sin duda, pero con un deseo poco favorable a las Provincias Vascongadas.

Se refirió a Llorente como una de esas fuentes. Egaña no se anduvo por las ramas y dijo: “Este señor fue buscado con mucho empeño por el príncipe de la Paz (Godoy) para que escribiese una obra con el objetivo de hacer trizas los fueros de las Provincias. Todo el mundo sabe que a poco fue reducido a la emigración por haber seguido el partido francés, y todo el mundo conoce un librito del mismo señor, impreso en Burdeos, deshaciendo la mayor parte de su trabajo antiforal”.

Y luego, en su turno, Barroeta Aldamar reitera la certeza del encargo remunerado de Godoy a Llorente, para divulgar todos los documentos que pudiesen contrariar o combatir las instituciones vascongadas y dijo con contundencia: “Más tarde el mismo Llorente, estando emigrado, ofreció a las Provincias Vascongadas reunir los documentos necesarios para producir una obra que combatiese la que antes había escrito, y no se aceptó la oferta. Señores: hablo con algún conocimiento de causa de lo que sobre esto ocurrió”.

Y el doctor Gorordo comenta: “Si se probase que esta información relatada por Barroeta Aldamar ante el pleno del senado fuese cierta, o si apareciese el libro anunciado por Egaña, la credibilidad de Llorente quedaría muy deteriorada y, en consecuencia, su obra descalificada.

¿Se retractó Llorente de sus tesis?, es una de las cuestiones que analiza el autor en este voluminoso y muy interesante trabajo citado: Bizkaia en la Edad Media.

Y ¿a qué viene esto?

Diversos informes de la Guardia Civil, entre ellos los que ha realizado a cuenta de la riña nocturna de Altsasu por la que imputaron a 8 jóvenes de la localidad, afirman que la campaña “Que se vayan” fue inventada y desarrollada por ETA y sus «satélites».

Declaración rotundamente falsa, como explicaba con detalle el 14 y 16 abril de 2018  en el periódico Gara –sin duda resumen de otro trabajo más extenso- el documentadísimo historiador, Iñaki Egaña.

Escribe el prolífico historiador, Iñaki Egaña:

“Cuando ETA nació, 1958, la campaña ya tenía al menos 25 años de recorrido. Y el nombre explícito de «Que se vayan / Alde Hemendik», lo propuso en 1978 la coalición Euskadiko Ezkerra que, como es sabido, concluyó su recorrido político integrada en el PSOE, en tiempos de Felipe González… El partido EIA, el único grupo entonces integrado en Euskadiko Ezkerra y con fecha el 18 de julio de 1978, dio publicidad a una campaña para la retirada de las fuerzas policiales de Hego Euskal Herria. El nombre de la campaña fue “Que se vayan”, “Alde hemendik”, en euskara. La campaña fue tan popular que surgió una melodía con ella y una canción que fue la banda sonora de la película “El pico”, de Eloy de la Iglesia (1983).

El 14 de julio de 1978, Juan María Bandrés hizo unas significativas declaraciones a la agencia Efe: «La presencia de las Fuerzas de Orden en Euskadi es, de por sí, una provocación». Bandrés fue senador de 1977 a 1979 y diputado a las Cortes españolas de 1979 a 1989, por Euskadiko Ezkerra. En 1993 ingresó en el PSE-PSOE. Tras su fallecimiento en 2011 le fue otorgada la Gran Cruz de Isabel la Católica.

Desde la época de la Segunda República, por no citar tiempos anteriores, la presencia de la Guardia Civil había sido contestada por amplios sectores de la población navarra que pidió, según coyunturas y agentes sociales o políticos, su «disolución», «expulsión del territorio» o «sustitución por policías forales».

El resumen de más de 80 años de esa reivindicación llegó hace un par de años y lo dio el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, sala de lo Civil y Penal, en el auto nº18/2016 que sobreseyó las diligencias abiertas contra Hasier Arraiz, «porque las frases proferidas por el querellado respecto a la Guardia Civil –la reclamación histórica de una parte de la sociedad vasca de que abandone el País Vasco– aunque supongan el rechazo de la propia existencia del Cuerpo, simple y llanamente por lo que es: un Cuerpo de Seguridad del Estado, evidentemente rechazables moral y socialmente, no pueden ser sancionadas penalmente, a riesgo, claro está, de perjudicar la pluralidad ideológica de nuestro sistema».
En el propio Altsasu, en octubre de 1934, la Guardia Civil detuvo a Constantino Salinas, médico, vicepresidente de la Diputación Foral y dirigente del PSOE, mientras participaba en una manifestación. Desde la puerta del bar Txoko, el obrero Emilio Igusquiza Gómez, que se encontraba con su hijo Justiniano en brazos, de 14 meses, afeó la conducta de los agentes. Uno de ellos le disparó tres tiros que le causaron la muerte instantánea. El hecho produjo gran consternación en Altsasu y repetidas manifestaciones contra la Guardia Civil de todo el espectro político. Se cantó una jota escrita por sindicalistas de la UGT: «Ya no se llaman civiles/ los del gorro atravesado/ que se llaman asesinos/ del trabajador honrado».

En la Segunda República fueron numerosos los ayuntamientos navarros que debatieron mociones para la expulsión de la Guardia Civil de sus poblaciones. La campaña estuvo dirigida, en la mayoría de los casos, por el sindicato UGT. En octubre de 1938 fue juzgado Félix Blanco «por haber promovido una moción municipal en la que se pedía la salida de esta fuerza militar del pueblo». Interrogado sobre sus gestiones para lograr la salida de la Guardia Civil de Peralta, Félix Blanco aclaraba que fue «el concejal Jesús Boneta quien presentó una moción pidiendo que se suprimiese la Guardia Civil del pueblo, que el Ayuntamiento aprobó la propuesta y le dio curso al Gobernador Civil de Pamplona, pero el resultado fue opuesto porque enviaron nuevos guardias de caballería para reforzar los que había de infantería».

Y si lo afirmado por Pedro Egaña sobre Llorente y su retractación aquellos días de junio de 1864 en el senado español sigue a expensas de confirmación, lo investigado, redactado y publicado en abril del 2018 por  el historiador Iñaki Egaña rebatiendo con detalle los diversos informes de la guardiacivil, está al alcance de cualquier lector y muestra palmariamente su mendacidad y tendiosidad. Dicho como  entonces, sin andarse por las ramas, en el senado: Una gran mentira.

La exigencia de la retirada de las FOP (Fuerzas de Orden Público), reinventadas en FCSE (Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado), antes y ahora sigue siendo en Euskal Herria una reivindicación transversal.

Mikel Arizaleta

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