La repetición de las elecciones en Andalucía: una hipótesis para nada descartable

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Tras los resultados del pasado domingo, y pese a ser unos de los peores de la serie histórica del PSOE en este territorio, la formación liderada por Susana Díaz se las prometía muy felices. Grandes titulares sobre la victoria «arrolladora» de la nueva lideresa del social-liberalismo llenaron las portada de los principales medios de prensa, y hasta periodistas ubicados en lo más rancio de la derecha española, como Eduardo Inda, se mostraron felices por la consolidación de la baronesa socialista como supuesta alternativa al aumento de PODEMOS por la izquierda. Pasados apenas cuatro días, sin embargo, las dudas sobre el futuro de estos resultados empiezan a ser cada vez mayores.

Como es sabido ya, Andalucía se vería abocada a celebrar nuevas elecciones autonómicas en septiembre si la secretaria general del PSOE-A y ganadora de los comicios del pasado domingo, Susana Díaz, no logra sacar adelante su investidura como presidenta de la Junta en sucesivas votaciones durante dos meses, según los plazos que establecen el Estatuto de Autonomía, la Ley del Gobierno de Andalucía y el Reglamento del Parlamento. Y aunque esta hipótesis sigue siendo bastante remota, los movimientos políticos que los diferentes partido han hecho durante estos últimos días siembran, cuando menos, un halo de incertidumbre al respecto.

En primer lugar, si antes del 22-M la hipótesis de un gobierno en minoría del PSOE, caso de que los resultados confirmarsen lo que estaban pronosticando las encuestas -como así fue-, con apoyos puntuales de otros partidos a lo largo de la legislatura, y un apoyo indirecto del PP, vía abstención en la segunda votación de investidura, que permitiera la proclamación de Susana Díaz como presidenta, parecía lo más probable, en estos momentos el escenario, al menos por lo que reflejan las declaraciones de los dirigentes andaluces del PP, parece radicalmente distinto.

Los malos resultados del PP el pasado domingo han llevado al partido a variar la decisión inicial anunciada por el propio Mariano Rajoy de dejar gobernar a la fuerza más votada, y ahora parecen no estar dispuestos a apoyar ni activa ni pasivamente la investidura de la señora Díaz. El Partido Popular tiene decidido, según han hecho públicos diferentes medios cercanos a esta formación, votar en contra de la investidura de Susana Díaz como presidenta de la Junta de Andalucía y no se abstendrá para que, según las fuentes de tales medios, «el PSOE tenga que retratarse con Podemos o con Ciudadanos». Un giro de 180 grados que, de confirmarse, podría poner patas arriba las política andaluza durante los próximos meses. Un giro que, además, sería, sin duda, avalado por el electorado del PP, en tanto que una repitición de las elecciones podría darles una nueva oportunidad para revertir los nefastos resultados obtenidos, y eso daría un soplo de aire fresco al partido de cara a las próximas convocatorias por venir.

Además, un pacto, explícito o implícito, del PP con el PSOE, profundizaría en la idea, tantas veces abordada en el discurso político durante los últimos meses, de la existencia de una gran coalición entre los dos partidos mayoritarios, poniendo en bandeja la campaña electoral tanto a PODEMOS como a Ciudadanos para los próximos comicios a celebrar, y haciendo del argumento del «bipartidismo» algo más que mera retórica. Algo que, desde luego, no debe ser lo más deseable por un partido, el PP, que ya ha sufrido un primer gran revés en este ciclo político que se iniciaba en Andalucía y que vive con la amenaza de Ciudadanos como el PSOE vive con la de PODEMOS.

Si el PP mantiene, pues, su palabra, al PSOE no le quedaría más remedio que llegar a algún tipo de acuerdo, como bien plantean desde el PP, con una de las dos nuevas fuerzas que acaban de entrar en el parlamento andaluz: PODEMOS o Ciudadanos. Esto es así en tanto que la nueva composición del Parlamento, el más fragmentado de la historia con cinco grupos políticos (PSOE-A con 47 escaños, PP-A con 33, Podemos con 15, Ciudadanos con 9 e IULV-CA con 5), provoca que Susana Díaz necesite sumar a los 47 diputados del PSOE-A el apoyo de al menos ocho parlamentarios para alcanzar la mayoría absoluta en primera votación (55 escaños) y la abstención de uno o varios grupos -según su tamaño- para obtener la mayoría simple en sucesivas votaciones. Con, por ejemplo, el apoyo o la abstención de su antiguo socio de gobierno, Izquierda Unida, no le valdría para sacar adelante la investidura.

Pero, de momento, ni PODEMOS ni Ciudadanos parecen demasiado dispuestos a «salir en la foto» el día de la investidura como responsables, directos o indirectos, de la elección de Susana Díaz como presidenta del gobierno andaluz. Todo el calendario electoral que las diferentes fuerzas políticas tienen que afrontar a lo largo de lo que resta de este año (municipales y autonómicas, elecciones catalanas y, sobre todo, elecciones generales), hace que cualquier movimiento en este sentido se tenga que analizar, valorar y decidir con sumo cuidado. Un movimiento en falso, en un escenario en el que las cuatro formaciones principales parecen estar, según las últimas encuestas, en un horquilla de porcentajes bastantes similares, podría ser duramente castigado por el electorado en las próximas convocatorias.

PODEMOS, por ejemplo, en declaraciones de varios de sus dirigentes, no ha cerrado la puerta a un acuerdo con el PSOE de cara a un posible apoyo o una posible facilitación de la investidura, y espera a reunirse con el equipo de Susana Díaz y escuchar sus planteamientos y proyectos de legisltaura antes de tomar una decisión al respecto. Tanto Carolina Bescansa, como Teresa Rodríguez, como algunos de los nuevos diputados que se sentarán en el parlamento andaluz en representación de este partido, han incidido en esta misma idea. Eso sí, sin decirlo todavía de forma oficial, parece evidente que, salvo sorpresa mayúscula, PODEMOS no está por la labor de permitir la investidura de Susana Díaz. Para ello el PSOE debería aceptar algunas de las principales propuestas programáticas defendidas por PODEMOS, como el plan de rescate ciudadano o la solución inmediata al problema habitacional en Andalucía. Algo que se nos antoja verdaderamente complicado, máxime teniendo en cuenta la experiencia de gobierno de esta pasada legislatura y el desprecio que el PSOE hizo de los acuerdos de gobierno pactados con IU. Además, una decisión así pondría a la nueva formación ante un panorama más que complicado de cara a su propio electorado, que en buena parte proviene de antiguos electores de IU y/o PSOE, desencantados con las políticas de recortes aplicada por el gobierno de la Junta durante los años pasados. Además, en cualquier caso, de acuerdo al propio código de la formación, cualquier acuerdo en este sentido debería ser sometido a referéndum entre las bases, y no parece que esas bases, por lo que se puede leer en sus foros de debate y lo que ellos mismos han dicho en el pasado, estén demasiado dispuestos a «suicidarse» electoralmente llegando a un acuerdo con el PSOE, máxime cuando no existe la «amenaza» de un gobierno del PP, que sí ocurría en la pasada legislatura, que podría favorecer el apoyo a un acuerdo puntual para sacar adelante la investidura del PSOE y evitar así el gobierno de la»derecha»en Andalucía.

Así, si se diera el caso, nada descartable, de que tanto PP como PODEMOS votaran en contra de la investidura, al PSOE tan solo le quedaría recurrir a la opción de un acuerdo con Ciudadanos, puesto que el apoyo de IU, como se ha dicho, no le sería suficiente. Pero eso sería también establecer un escenario en el que todas las miradas políticas y mediáticas se situarían sobre la formación naranja, cargando de una presión bastante dura al partido de Albert Rivera. Por si acaso, sus dirigentes, tanto a nivel estatal como a nivel andaluz, ya han puesto una primera condición al PSOE para poder llegar a cualquier acuerdo: que Chaves y Griñán dimitan de sus respectivos escaños. Un duro desafío al PSOE que  no tiene pinta de ser aceptado por el partido del puño y la rosa, entre otras cosas porque ya dijeron, cuando se conocieron las imputaciones de los dos ex-presidentes de la Junta, que solo pedirían tales dimisiones en el momento que se inciara  juicio oral contra ellos. ¿Estarían dispuestos Chaves y Griñán a renunciar a su aforamiento para facilitar la investidura de su hijastra política, Susana Díaz?, ¿forzarían desde el PSOE dichas dimisiones? Ambas hipótesis parecen complicadas, al menos en estos momentos. Por tanto, Ciudadanos debería decidir: o renunciar a sus exigencias o votar en contra de la investidura. La decisión de apoyar la «gobernabilidad» podría pasarle un alto precio político a las aspiraciones electorales de este partido, y, como sugieren desde el PP, los dejaría «retratados», tanto a ellos como al propio PSOE, que, en cambio, seguro que no pondría la menor pega a un apoyo de Ciudadanos, activo o pasivo, a la investidura de Susana Díaz. Por tanto, si es inteligente, y salvo que el PSOE acepte sus pretensiones, Ciudadanos también dirá «no» a la investidura.

Otras hipótesis como el posible apoyo o abstención de IU (que, de momento, y pese a la experiencia pasada, tampoco ha sido plenamente descartado por la coalición de izquierdas, según las propias palabras de Antonio Maíllo), sumado a un voto «disidente» de varios diputados de otras fuerzas, tampoco parece probable. Y, de hecho, sería complicado de entender que IU decidiera dar cualquier tipo de apoyo al PSOE depués de lo ocurrido con el pacto de gobierno anterior y el trato recibido por parte del PSOE, además de que prácticamente sería ya, en vista de los resultados ahora obtenidos, como acabar de cavar su propia tumba política.

Nos encontramos, pues, ante un panorama bastante incierto. El calculo electoral de lo que está por venir y la propia dinámica interna de los diferentes partidos, hacen que, a día de hoy, no se pueda afirmar o negar nada con rotundidad, y el escenario resulta más que imprevisible, al menos en teoría. Porque a la hora de la verdad, seguro que alguien se «retrata», y con bastante probabilidad que será el PP, esto es, será el bipartidismo (hoy por ti…).

En realidad a la dirección estatal de ninguno de los partidos (salvo a IU, tal vez), le interesa que se repitan las eleccion¡es: demasiado lío teniendo en cuenta que para esas fechas, próximo septiembre, hay elecciones catalanas y a dos meses vista más o menos de las generales. Pero, como se suele decir, «a ver quién es el bonico que sale en la foto del día de la votación permitiendo, por activa o por pasiva, que sea investida Susana». Es un papelón para todos los demás, cada uno por sus propias razones.

El PP porque su electorado que todavía mantiene se sentiría defraudado, sobre todo teniendo en cuenta los resultados que ha sacado, además que, como hemos dicho, daría armas de ataque a PODEMOS y Ciudadanos por aquello de «la gran coalición». A PODEMOS no le interesa porque sería un suicidio que le haría perder gran parte de la credibilidad ganada durante este año pasado y a Ciudadanos, salvo que Griñán y Chaves dimitan o los «dimitan» desde Ferraz, más de lo mismo, e IU porque después de los efectos del pacto y el castigo recibido, volver a dar su apoyo al PSOE sería ya, como hemos dicho también, terminar de cavar su propia tumba.

Así que, casi con toda seguridad, esto se va a acabar por resolver en algún despacho de Madrid y seguramente sea, por lo que hemos visto durante tantos años, en la calle Génova, salvo que el PSOE, insistimos, acepte las condiciones de Ciudadanos o Ciudadanos renuncie a su principal pretensión sobre el futuro de Chaves y Griñán.

Ya iremos viendo, pero, en cualquier caso, no es para nada descartable que se tengan que repetir las elecciones. Y eso sí que pondría ya el año electoral en curso a un nivel nunca visto antes desde la llegada del actual modelo político e institucional, basado en la Constitución del 78, al estado español.

Pedro Antonio Honrubia Hurtado, para Kaos. Andalucía

 

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