«La República» de Marx (II) Los opios

Primera parte: http://old.kaosenlared.net/noticia/republica-de-marx-i-juventud

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El maestro Marx y sus jóvenes discípulos Rosa Luxemburgo y Gramsci continúan dialogando tras conocer cuál es el mayor enemigo de la juventud. Esta vez, intentarán averiguar cómo surge el apolitismo.

GRAMSCI- Créeme cuando te digo que nunca una palabra pudo definir con tanta precisión el mal de la juventud.

MARX- Así es. No obstante, me he limitado a darle nombre concreto a vuestros pensamientos.

G- Pero también has conseguido sembrar la semilla de la sana curiosidad en nosotros, esa curiosidad necesaria para todos los jóvenes, al mencionar que unos «opios» pueden contribuir a dar un mal uso de la rebeldía juvenil.

ROSA LUXEMBURGO- Humildemente, pienso que los «opios» pueden ser la piedra angular del mal de la juventud, el apolitismo, pues, ¿acaso no es verdad que si los opios que redirigen a un incorrecto uso de la rebeldía, dañino para la juventud, fácilmente estarán relacionado con el apolitismo, la principal enfermedad de los jóvenes y por tanto sería algo nefasto no analizarlos tras detectar ese enemigo?

MARX-  Ambos os expresáis con verdad. Y viendo obligatorio tratar este tema antes deseo asegurarme de vuestros conocimientos. ¿Qué significado le encontráis a la palabra «opio»?

R.S- Una droga. Y me parece que ya sé por dónde vas.

MARX- Sí, una droga. Pero, en el pasado, más que una droga, se le consideraba un analgésico. Centraos ahí.

G- Lo veo.

MARX- Sabréis por lo tanto, que un analgésico calma el dolor físico.

R.S- No puede ser de otra manera.

MARX- Bien, ahora estad atentos, oh amigos míos: nos encontramos en una situación de malestar. No me refiero a la consciencia por parte de los explotados, de los que más tarde reflexionaremos, de su propia explotación y de las consecuencias de esa misma explotación sino al cénit de la ineficacia del sistema, el paradigma de su propia inestabilidad y próximo colapso. Esta situación intensifica la posibilidad de concienciación de los explotados, una posibilidad que en los tiempos de supuesta bonanza disminuye pero no acaba desaparecer.

G- Puedo deducir que según la situación del sistema la concienciación disminuye o aumenta, al igual que el apolitismo. Entonces, ¿es éste el factor decisivo para  incrementar o reducir el mal del apolitismo? Creo que hemos abandonado a los «opios» y hemos marchado a otro tema como conducidos por el viento, amigos.

MARX- No tan raudo, oh Gramsci, no pienses que he dejado atrás a los «opios» aún. Para empezar, perdonadme por no aclarar que no solo la juventud padece de apolitismo, pues obviamente la masa explotada, los trabajadores, también sufren de esta peligrosa enfermedad que pone obstáculos difíciles de superar en su concienciación.

G- Cierto.

MARX- Y es en este momento cuando os digo; pensad que si la situación de malestar empeora las condiciones del explotado como el restallido de un látigo en sus espaldas, ¿no deberíamos encontrarnos actualmente en el mayor momento de concienciación de los explotados?

R.S- Eso mismo.

MARX- Pero obviáis el factor de los «opios», estos analgésicos que consiguen distraer al explotado de su precaria situación, haciéndole olvidar sus problemas y así pues, haciendo proliferar el apolitismo, la enfermedad. En el caso de la juventud, el apolitismo motivado en gran parte por estos «opios» construye a las personas que después formarán parte de la masa explotada, las personas sin conciencia que los insaciables ansían con todas sus fuerzas. Por ello, los «opios» son elementos que empiezan a contagiar a la juventud de la enfermedad del apolitismo.

R.S- Lo veo claro. ¿Podrías ejemplificarnos, querido amigo, algún «opio» para dejar más claro qué son y así permitirnos más fácilmente evitarlos?

MARX- No sé si ya he hablado demasiado pero lo intentaré. Recordad que no hace mucho tiempo, la religión era un poderoso opio entre el proletariado. La religión católica prometía a sus seguidores el Paraíso una vez dejaran la vida terrenal siempre y cuando, dicho de manera resumida, sean buenos cristianos y en efecto, eso hacía que el proletariado viese más razonable preocuparse más de alcanzar el Paraíso, eterno, que en mejorar su existencia, muy corta. Ergo, pensad que si esto mitigaba su sufrimiento, los demás «opios» de la actualidad harán una función similar.

R.S- ¿Pero es que acaso la religión ya no es un «opio» actual?

MARX- Sí y no; sí, sigue siendo un opio pero de menor calibre. Al igual que un fármaco que, tomado durante mucho tiempo y de forma indebida, ya no produce ningún efecto sobre la persona, así sucede con el «opio» de la religión. En la contemporaneidad, abundan distintos «opios» que sirvieron como punto de apoyo para la estructura del «opio» religioso»; destacaría con mucha importancia, por ejemplo, el fútbol y similares, que mantienen distraídos a grandes masas de explotados y además sustituye el debate político y social por el banal debate deportivo. Sin introducirnos demasiado en el anterior, nombraré al alcohol, que en su forma juvenil, es quizá uno de los «opios» indicados para la juventud, un gran pilar de su evasión. Sin olvidarnos de los espectáculos televisivos, y creo que he acertado en la primera palabra, que distraen a otros sectores de la población. Existen otros «opios» menores como pudieran ser ciertos géneros del cine y de la literatura, los estupefacientes o los videojuegos.

G- Pregunto entonces, ¿debemos renegar de todas estas actividades y combatirlas con fuerza allá donde hayan explotados inmersos en ellas?

MARX- Ve con cuidado, amigo mío; muchas de esas actividades, algunas realizadas con moderación, no son, digamos, dañinas pues en sí, no son un «opio». Se convierten en «opio» cuando son usadas para los fines de los mismos. Si seguimos el camino que propones podemos caer en algo sumamente peligroso.

R.S- Dinos. ¿Qué puede ser, además del apolitismo y los «opios», peligroso?

MARX- El sectarismo, amigos míos.

 

Xabier García

@jxabierg

 


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