“La pugna entre Cuba y Estados Unidos…”

Gracias a un reciente despacho de EFE desde Madrid con el título “La pugna entre Cuba y EEUU, último vestigio de la Guerra Fría en Occidente”, conocí determinadas apreciaciones del  investigador italiano Vanni Pettinà acerca de la médula de la “antagónica relación entre EEUU y Cuba” “congelada en una época en la que esa enemistad estaba determinada por la Guerra Fría y era considerada como ‘inevitable’, cuando en realidad no lo fue nunca” —dice el analista.

Consta en el despacho de referencia que Pettinà es doctor por la Universidad Complutense de Madrid y autor del libro “Cuba y Estados Unidos 1933-1959. Del compromiso nacionalista al conflicto” (Catarata), que ofrece una visión diferente sobre la contienda entre Washington y La Habana desde el análisis de las revoluciones cubanas de 1933 y 1959.

Para el particular del origen del proceso revolucionaria cubano liderado por Fidel Castro, el catedrático destaca la diferencia que había a fines de los años 50 del siglo pasado entre la mirada que hacia Cuba tenían los funcionarios de carrera del Departamento de Estado, “quienes creían que, si dos décadas antes fue posible un compromiso, éste podía repetirse”, y la visión de los embajadores políticos nombrados por el presidente Dwight Eisenhower, “que reflejaban esa mentalidad de la Guerra Fría”.

Ganaron éstos en el pulso para definir las relaciones con Cuba, a pesar de que aquellos fueron incluso partidarios de impulsar, tras la victoria de Fidel Castro, una gran coalición en la isla en la que este líder guerrillero participara, aunque rebajada su influencia —se lee en el reporte de EFE, que añade:

“Ese conflicto entre el Departamento de Estado y los embajadores sería determinante a la hora de fijar una posición de dureza ante la Cuba de Castro. En todo caso, y pese a lo que se ha dicho después, las consecuencias fueron traumáticas para los dos países” y “se fue radicalizando, hasta el hito del intento de invasión de Bahía de Cochinos, en 1961, y aún no ha acabado” —indica Vanni Pettinà.

Al respecto, debo hacer dos precisiones: una, hallo allí una suerte de igualación de los resultados del conflicto mencionada tanto para el victimario como para la víctima, lo que es muy dudoso. ¿Cuánto de trauma puede haber para Estados Unidos en su amplia y multiplicada política de agresiones a la Isla, si lo que Washington perdió en término de suministro de materia prima barata y otras cosas por el mismo estilo pudo recuperarlo repartiendo la cuota de saqueo a La Habana entre los Estados de América Latina que le hicieron el juego —ver “Politiquería del Gobierno de La Habana” ?

La otra, si no fuera un asunto que merece la máxima seriedad, me atrevería a manifestar que decir que “el hito del intento de invasión de Bahía de Cochinos, en 1961” constituye en el mejor de los casos una broma de mal gusto. ¿Acaso alguien medianamente informado duda que el imperialismo yanqui fue autor espiritual y material de su fracasado ataque por lo que en Cuba denominamos Victoria de Playa Girón —invasión por Bahía de Cochinos?

En otro orden de ideas, Pettinà ve más fácil una salida a este conflicto con un cambio de política en Estados Unidos que en la propia Cuba. Según él, allí hay ahora una oposición anticastrista “más ilustrada”, con periodistas y otros profesionales liberales que han dejado la isla.

Siempre de acuerdo con EFE, el investigador del tema significó: “Quizá en un eventual segundo mandato de (Barack) Obama en Washington podrían mejorar las cosas”, para agregar acto seguido:

Pero el paso fundamental, estaría en la retirada del embargo —entiéndase, Bloqueo— estadounidense sobre Cuba. “Entonces desaparecería una de las mayores justificaciones que tiene el régimen castrista para no cambiar nada. Cambiarían totalmente las cartas que ahora hay sobre la mesa”, concluye.

Para quienes pudieran estar interesados/as en mi apreciación sobre el asunto que trato, sugiero ver Diferendo cubano-yanqui, un trabajo breve que escribí hace un año y que didácticamente aborda ese título en su operacionalidad conceptual, devenir histórico, manifestaciones y actualidad —tiene plena vigencia.

Y para saber cómo asumo las perspectivas del tema en caso de la probable reelección del actual mandatario de Estados Unidos, propongo consultar B. H. Obama: ruptura y continuidad, redactado apenas pasado unos días de su elección y que considero vigente asimismo, donde signifiqué:

“[…] la pregunta que salta a la vista es si los proyectados cambios ─con y sin comillas─ que Barack H. Obama promulga serían capaces de eliminar la influencia de la extrema derecha yanqui y sus aliados de la Florida. La posible respuesta: si él fuera capaz de coronar una política civilizada hacia la nación cubana, en ese contexto cobraría fuerza el denominado carril dos (el Lobo vestido de Caperucita Roja ─como se derrumbó el Socialismo en la ex Unión Soviética). Por tanto, se vislumbra una relativa ruptura de lo Made in USA y una absoluta continuidad del intento de desmontar nuestra Patria revolucionaria y socialista”.

No obstante, me resulta indispensable reiterar cuestiones puntuales de cara a lo expresado por el investigador italiano Vanni Pettinà, a saber:

Primeramente, sostengo que es imperdonable que el “Bloqueo interno” —así identificamos muchos a la chapucería, burocratismo, corrupción y otros males que amenazan en extremo la existencia de la Revolución Cubana— continúe perturbando el sueño de nuestro pueblo.

Al propio tiempo, me acompaña la más absoluta convicción según la cual el imperialismo yanqui y sus agentes internos y externos conocen a ciencia cierta del impulso que adquiriría mi Patria si la Administración de Washington suspense tan macabra política. Si no, ¿por qué no acaban de hacer la prueba de tirar para el basurero el engendro que llamamos Bloqueo?

En paralelo, concibo que tenemos que hacernos acompañar por la máxima según la cual el peor servicio que le podemos hacer al proyecto revolucionario cubano es un error: NO hablo de las pifias propias de la inexperiencia sino de dejar de hacer lo que el sentido común y la vida aconsejan materializar, incluyendo la adaptación dialéctica. ¡No hay mejor manera de concretar la tesis del compañero Fidel acerca de la necesidad de cambiar todo lo que debe ser cambiado!, es mi convicción.

Por tanto, identifico como un desacierto apreciar en la desaparición del Bloqueo “una de las mayores justificaciones que tiene el régimen castrista para no cambiar nada”.

Entonces, también estoy convencido que ha sido, es y será siempre nuestra responsabilidad más absoluta el destino del pueblo cubano.

 

 

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