La provocación del prior

Por Eusebio López

Sacar a Franco del Valle no es un ejercicio de memoria y reparación histórica, sino una batalla política contra los que heredaron los negocios crecidos bajo la dictadura, y de lo que no han respondido nunca gracias a la Ley de Punto Final / Ley de Amnistía.

¡El prior del Valle de los Caídos le niega al gobierno entrar en la basílica para aplicar la ley! ¿Estamos en el siglo XVI, cuando los luteranos luchaban por separar la iglesia de los asuntos civiles? ¿Cuántos siglos lleva Europa de adelanto al Estado Español? Alucinante.

El Estado Español debería ser expulsado de la UE por este simple motivo: la iglesia no puede bajo ningún concepto ser un estado dentro del estado, salvo que volvamos a la Edad Media. Pero la UE, que suministra armas a un estado teocrático como Arabia Saudí, no va a expulsar a otro donde la Iglesia es “un estado dentro del estado”; no está en la esencia de la Unión Europea la defensa de los derechos democráticos, sino la del saqueo de los pueblos y la clase trabajadora.

Pero lo que más asusta de esta situación es la impotencia de un gobierno que se dice laico, en un estado que se supone aconfesional, ante la provocación del prior del Valle. Tanto impone un señor, ¿o es que tras ese señor está el verdadero régimen del 78, las instituciones heredadas del franquismo, desde la Audiencia Nacional hasta la Legión, pasando por la misma monarquía, y tras ellos, alineados, la mayoría de los capitalistas españoles?

Porque tras este prior encontramos a todos aquellos que llevan años desmantelando el Estado de Bienestar, privatizando servicios y reduciendo salarios, a los que jalearon el 155 y el “a por ellos”, los que van a Altsasu a provocar, los que prometieron un AVE a Badajoz (Aznar) y el tren que tienen se estropea cada dos por tres. Están los que gritan como energúmenos porque el SMI sube a 900 euros, la patronal y los partidos de la burguesía más casposa (PPVOXCs).

Sacar a Franco del Valle no es un ejercicio de memoria y reparación histórica, sino una batalla política contra los que heredaron los negocios crecidos bajo la dictadura, y de lo que no han respondido nunca gracias a la Ley de Punto Final / Ley de Amnistía. Si este gobierno, y sus aliados de Podemos, dejan pasar esta oportunidad de derrotar al neofranquismo, éste se envalentonará más todavía; y demostrarán a la sociedad que solo son partidos de una “izquierda asustada” ante el griterío de la extrema derecha, inútiles para las batallas que se avecinan.

El neofranquismo sobreactúa porque sabe que en el subconsciente social español está, como una garrapata, la derrota del 36, derrota que fue certificada por los antifranquistas PSOE y PCE en la Transición. El prior sabe que el gobierno no va a tomar ninguna medida de fuerza, porque el PSOE no tiene la menor intención de romper el régimen del 78; por eso se hace el chulo… es consciente de que estamos en un régimen que le avala en su chulería.

Además, bien le viene al Gobierno esta chulería, porque así la exhumación del dictador se prolongará años, hasta que un poder judicial controlado por neofranquistas (recordemos que los dos únicos procesados por los crimenes de la dictadura son los jueces que intentaron investigarlos), resuelva. Y esto puede quedar para las “calendas griegas”. El gobierno, con la judicialización del proceso, se ahorra tener que tomar medidas para acabar con el “estado dentro del estado” que es la iglesia católica.

 

 

La provocación del prior

 

 

 

 

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