La problematización filosófica

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Por Iñaki Urdanibia

« La filosofía sirve para entristecer. Una filosofía que no entristece a nadie y no contraría a nadie no es una filosofía. La filosofía sirve para dañar a la estupidez, hace de la estupidez algo vergonzoso»

                                             ( Gilles Deleuze )

Desde hace unos años en el país vecino, del norte, se vende como filosofía, con altavoces mediáticos a tutiplen, un pupurrí de ideas recibidas, huecas como dientes prohibidos, sobre los derechos humanos, las libertades, etc., etc., etc. El dominio de tal espíritu que en vez de ir al fondo de los problemas se limita a cantar loas sobre las mil y una maravillas de los valores occidentales, se inició con las prédicas de lo nouveaux philosophes, asistidos y altavoceados por la dirección de una colección de la editorial Grasset ocupada por Bernard-Henry Levy, que tenían como objetivo el despiadado ataque a los antiguos maîtres à penser cuyas ideas disolventes no conducían más que a la barbarie ( aunque ésta se presentase con rostro humano); por si esta embestida no fuese suficiente, un tiempo después Ferry&Renaut dieron la señal definitiva para un inequívoco rétour à l´ordre, amalgamando a una serie de pensadores( Foucault, Derrida, Bourdieu,…) que según ellos representaban la pensée 68 con su anti-humanismo teórico como denominador común, con todos los peligros que tales posturas suponían. Así, el panorama filosófico hexagonal pasó a ser un escenario de repetición de lo mismo: la defensa del mejor de los mundos posibles; se acabó la crítica, el penser autrement que proponía – y practicaba- Foucault, quedaba arrinconado, dejando de lado la filosofía propiamente académica recluida en los recintos educativos y dedicada a la repetición del panteón de célebres. No le faltaba razón a Michel Onfray, antes de desbarrar en su carrera contra todos y todo, o casi, cuando afirmaba que en cada una de las páginas de los criticados había más chicha que en todas los volúmenes de los críticos, que o eran sino meras jaculatorias para uso de clases terminales ( del bachillerato y su conclusión basada en la disertación).

Pues bien, es innegable que hay pensamientos que dan que pensar, que sembrando la duda y la crítica a las concepciones heredadas dinamizan la reflexión, la discusión y el planteamiento cabal de los problemas filosóficos, sociales, políticos, etc. , mientras que hay otros que no consisten más que en la defensa de lo dado, con matices para un lado o para otro ; los primeros abren nuevos enfoques, enriquecen el pensamiento y llevan contra las cuerdas, por decirlo con un símil boxístico, los problemas a los que se acercan o a los que cercan. Yves Charles Zarka publica un original acercamiento a algunos de los filósofos que han innovado y dejado huella en el panorama cultural hexagonal: « Points névralgiques de la philosophie. Sur quelques philosophes français contemporains » ( PUF, octobre 2018), que obviamente han de ser incluidos en el conjunto los primeros, el de los los críticos, el de los deconstructores, el de quienes pronunciándose a contracorriente abre nuevas vías al pensar .

Pero ¿ qué es un punto neurálgico? Ya en la primera página lo aclara Zarka: « es una pregunta o una posición particular, local, mas en orno a la que una filosofía se estructura en su totalidad. Dicho de otra manera, es un lugar de decisión filosófica que no compromete únicamente la coherencia de un pensamiento, sino también y sobre todo su especificidad y su consistencia. Un punto neurálgico es así un lugar de decisión filosófica», tras esta necesaria aclaración el autor señala cómo en los casos que visita podía haber elegido en cada caso algún otro punto neurálgico ya que no necesariamente hay solo uno, pero ha optado por aquellos que juzga más significativos. Puede decirse de entrada que Zarka ha elegido con tino a lo pensadores presentados al igual que sus puntos neurálgicos.

Nadie ha de pensar que en la obra es un acercamiento a las filosofías de los presentes sino que , reitero, que lo que centra la atención del profesor de la universidad parisina ( Descartes Sorbonne) y de otros centros extranjeros es lo esencial de su significación, sus lugares críticos , sus lugares de crisis.

El viaje comienza con Michel Foucault del que se destaca la relación que en su quehacer se da entre subjetividad-verdad y poder. Indudablemente la obra foucaultiana supuso un cambio de enfoque a la hora de estudiar el poder; Zarka sigue la trayectoria del pensador de Poitier desde el sujeto epistemológico al sujeto ético, que fue el objeto de sus últimos trabajos y seminarios: la parrrèsia ( el decir la verdad y decir todo) y el cuidado de sí ( epimeleia heautou ) complementando el conocimiento de sí ( gnôthi seauton). La concepción del sujeto – o ausencia de él – es seguida desde las primeras obras arqueológicas ( del saber) o genealógicas ( de poder y sus prácticas institucionales ) hasta las derivas éticas del último periodo que le condujo a sumergirse en los pensadores de la Grecia clásica y la mecánica que se traducía en diferentes ejercicios espirituales en los que el acceso a la verdad y el dominio de sí era puesto en relación con otras personas, lo que venía a suponer el antecedente de la posterior confesión cristiana o la terapia psicoanalítica. [ Parece contradictorio, no obstante, con la explicitación del propio MF – bajo la firma Maurice Florence- de su trayectoria filosófica : toda ella – según señalaba- dedicada a analizar la construcción del sujeto moderno por medio de prácticas institucionales y distintas tecnologías del yo…- el mantener, como hace Zarka- una especie de giro ético y una vuelta al sujeto, que tanto gustó a ciertos ordenancistas, entre los que parece situarse el propio autor, que ante los últimos trabajos de Foucault clamaban alborozados: tras las aventuras filo-libertarias , ha vuelto al redil liberal , por decirlo de un modo clarito…sabido es, no obstante, que todo es cuestión de interpretación, y en este terreno unas van para un lado y otras para otro].

El siguiente paso va a llevarnos a Jacques Derrida que en vez de ser abordado de la tan manida deconstrucción ( postura metodológica) lo va a ser desde sus conceptualizaciones acerca del perdón y de la hospitalidad, que le empujaba a ir más allá de las posturas consagradas al respecto, rebasando los límites de lo pensable…empresa muy propia del autor de La gramatología. Tras los rastreos por los dos terrenos mentados, Zarka va a dedicar unas lúcidas páginas al papel que Derrida asignaba a la filosofía, que es donde somos introducidos en algunos de los conceptos que siempre se asocian a la obra derridiana ( la nombrada deconstrucción, la différance…).

Luego le toca el turno a Gilles Deleuze y sus propuestas de desterritorialización ( que apunta a la pertinencia de las filosofías del pasado fuera de su tiempo y su pertinencia en otros contextos) complemanteda con la reterritorialización ( desplazamiento en sentido contrario que lleva a los conceptos a ser situados en un territorio y una época determinados).

Más adelante les toca el turno a Jean-François Lyotard, del que señala como eje la legitimación postmoderna en los campos del saber; aun siendo cierto que el autor de Le Différend, saltó a la palestra internacional al dar carta de naturaleza en el campo filosófico al término tomado en préstamo de la crítica literaria y la arquitectura, soy de la opinión que encasillar al pensador en tal etiqueta usada y malusada ad nauseam es restrictivo en exceso ya que la mirada lyotardiana – muy centrada en el campo de la estética y los histórico-político – mantiene cierta unidad que subyace desde sus tiempos libidinales a los kantianos y del diferendo ( por los bordes de lo intratable) y que opino que sería más certero que no reiterar su condición posmoderna. Dicho esto, cierto es también que la aproximación que realiza Zarka con respecto al asunto( la falta de credibilidad en los grandes meta-relatos de legitimación como clave definitoria de los posmo)resulta realmente rigurosa con respecto al pensador estudiado.

Luego Jacques Lacan y su revisión del psicoanálisis al hacerle jugar un papel en el terreno de la filosofía política, Pierre Bourdieu y sus teorías sobre el capital simbólico, y los modos de legitimación por medio de los sistemas de reproducción y herencia; Jean-Paul Sartre y las cuestión del humanismo, Emmanuel Lévinas y la centralidad del otro como base para un humanismo heterónomo, Paul Ricoeur y el sujeto que va de sí a sí mismo, según los términos del filósofo, René Girard y el concepto de deseo mimético, finalizando su periplo entre los filósofos franceses, con Vladimir Jankélevitch y su yo-no-sé-qué y su casi-nada ironiza con el ser heideggeriano.

No finaliza, no obstante, ahí su peregrinación sino que una segunda parte ( À l´horizon de la philosophie française de la seconde moitié du XXe siècle ) es dedicada a algunos autores germanos que han tenido gran importancia e influencia en no pocos pensadores hexagonales, hasta el punto de que a ves se ha hablado de ellos ( muy en especial de Heidegger) como un affaire français), y me estoy refiriendo a Hannah Arendt de quien se explora la banalidad del mal, a Martin Heidegger a quien se dedica unas atinadas pinceladas que presentan su concepción nihilista con respecto a la muerte , y unos excursos, realmente escorados, por las relaciones entre la filosofía del Dasein y la técnica y las maldades de la judería mundial y sus maquinaciones complotistas, para acabar con otra mirada también escorada con respecto a Carl Schmitt de quien se destacan los aspectos relacionados con el antisemitismo …obviando la huella de este pensador de la política en otros pensadores nada sospechosos de mostrar odio ni antipatía por los judíos ( y pienso en Walter Benjamin, y en nuestros tiempos : en Giorgio Agamben, o los populistas de izquierdas- Ernste Laclau y Chantal Mouffe, por ejemplo-, o hasta el propio Derrida) ; de todos modos nada nuevo bajo el sol ya que con respecto a este último autor germano ya había publicado Zarka una obra descalificadora ( Un détail nazi dans la pensée de Carl Schmitt : «La justification des lois de Nuremberg du 15 septembre 1935. PUF, 2005) en la que ya desde el propio título dejaba nítida su postura: Schmitt era un nazi y anti-semita y responsable en gran parte de la justificación jurídica de las tropelías nazis, ergo…postura similar al que se ha mantenido con respecto a Heidegger ( Farias, Faye et compagnie ) y que sin entrar en mayores vendría a suponer jetter le bebé avec l´eau du bain. Pero bueno…hay gente que soluciona todo en un pis pas y que lo ve – en cartesiano- todo claro y distinto y de golpe. ¡ Qué suerte!

En el editorial de un número hors série de 2010– para celebrar el décimo aniversario- de la revista Cités que él dirige ( Voyages inédits dans la pensée contemporaine ) se leía: « La grandeza de un pensamiento reside en su capacidad de invitar a un viaje inédito, un viaje no balizado que permite comprender lo que no era comprendido y abrir nuevos horizontes»…Los pensadores a los que se acerca en esta ocasión , no cabe duda, que son de los que abrieron el pensamiento a territorios nuevos, al descubrimiento de lo desconocido y de lo imprevisto, a la reconsideración de las cosas a partir de otro punto de vista.

P.S.: Si ya antes al referirme a Foucault y a Lyotard señalaba ciertos desajustes a mi modo de ver, en la interpretación zarkiana, en la última cuestión tratada ( Schmitt / Heidegger) las posturas del autor dista millas de las consideraciones que este affaire ha provocado en algunos de los pensadores traídos a colación, lo que me da por pensar que Zarka es un verdadero y avezado maestro en el arte del esgrima, de la esquiva , y – pourquoi pas– del discernimiento en algunos casos al menos…tal vez siga en esto aquella indicación foucaultiana de su obra como una caja de herramientas, y en esta cada cual coge lo que necesita o le conviene. Tal vez.

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