Publicado en: 27 diciembre, 2016

La pretensión de monopolizar las fiestas

Por Iñaki Urdanibia

Derivas sobre el carácter de estas fiestas siguiendo al maestro Claude Lévi-Strauss.

Por Iñaki Urdanibia

De un tiempo a esta parte, aunque la cosa viene de lejos, se observa un cerrar las filas por parte de sectores del cristianismo, en el caso hispano del catolicismo ( nacional), con el fin de dejar claro que el día 25 lo único que se celebra y se ha de celebrar es el nacimiento de un niño-prodigio, hijo de virgen ( guapa y buena donde las hubiese), que vino al mundo para salvar a la humanidad, y lo pagó con su propia sangre. Baste observar cierta prensa y otros medios de (in)comunicación para cerciorarse de lo que afirmo, si es que alguien duda. Ante algunas declaraciones de alguna autoridad municipal hablando de que la celebración tiene unos lazos claros con el solsticio de invierno, llamando a recuperar tal sentido de la fiesta, ha soliviantado sobremanera a los pastores del rebaño seguidor de Jesucristo; para muestra basta un botón, leo en el ABC de hoy-día 24 de diciembre- una airada homilía del predicador de turno, Santiago Martín, titulada « Llegó la Navidad» que ya, desde la entradilla, marca el tono: « no podemos permitir que nos roben, sepultándola en un aluvión de gastos o en solsticios paganos» tras lo cual se embala y suelta las razones, de peso celestial, que justifican su postura que en resumidas cuentas y como no podía ser de otro modo reposa en los datos históricos-según señala el clérigo-, « algo que realmente ocurrió y que cambió la historia de la Humanidad. Es un acontecimiento histórico, y por lo tanto, ligado a una fecha y a un sitio concreto», vamos que fue en la noche del 24 al 25 de diciembre del año 0, según las cuentas cristianas impuestas a sangre y fuego por quienes habían convertido, por decreto-ley, la religión cristiana en la oficial del imperio. El hecho-sigo al sacerdote con clerigman– fue un hecho que cambió la historia; el recién nacido era « el hijo de un carpintero y de una joven nazarena- eso sí, guapísima y la criatura más buena que haya existido nunca»…para concluir que , por si alguien no lo tiene claro: « la Navidad es esto: El recuerdo de que un día en un rincón de la geografía, nació el Salvador del mundo…con él nació el amor , el Amor con mayúsculas…un amor que nos enseña, entre otras cosas, que el fin no justifica los medios». En fin, que la verdad es una y no puede haber concesiones al disolvente paganismo, ni competencias( la única permitida, velis nolis, es las comerciales que hacen su agosto en invierno) con otras posturas realmente explicativas; eso sí , se ha de imponer con amor y por amor ( debe ser aquello de: quien más te quiera te hará llorar), como todas las medidas de Constantino, de la Edad Media, monopolizada por su dios, y las posteriores hogueras inquisitoriales, encendidas por la amorosa y siempre católica Isabel…en fin, siempre con amor y por amor y con los mecanismos del amor, como si no fuese suficiente con la invasión de los espacios públicos, de todos, con belenes e insulsas cancioncillas que hablan de peces bebiendo en ríos, de campanas sobre campanas, de tamborileros…rapataplan! Todo eso, por los visto es insuficiente ante la invasión pagana / atea que nos invade, tal vez se deba recurrir a medidas más contundentes, como en otros tiempos: ¡ Fuego!

Así lo debieron entender en Dijon en 1951, católicos y protestantes soliviantados ante la creciente presencia de otros protagonistas que amenazaban con adueñarse de las celebraciones ( santas), cuando ante la catedral se llevó a cabo un auto de fe en el que el que ardió fue el bueno de Papá Noel. Como lo relata un luminoso ensayo del antropólogo –al que muchos desde hace tiempo han arrojado al fuego purificador por ser , según dicen, uno de los responsables de todos los males que nos acechan: relativismo, anti-humanismo…- el belga Claude Lévi-Strauss, quien al calor de la pira, escribió en el número 77 de la revista Les Temps Modernes un artículo titulado: « Le Père Noël supplicié».  (ver enlace)

Así lo relataba France Soir uno de los medios que prestó atención a la noticia : « el Padre Noel ha sido colgado en las rejas de la catedral de Dijon y quemado públicamente en el atrio. Esta ejecución espectacular se ha desarrollado en presencia de varios centenares de niños apoyados por diferentes mecenazgos . había sido decidido con el acuerdo del clero que había condenado al padre Noel como usurpador y herético. Había sido acusado de paganizar la fiesta de Navidad y de haberse instalado como un cuco tomando cada vez un protagonismo mayor. Se le reprocha sobre todo el haberse introducido en todas las escuelas públicas de donde el nacimiento es escrupulosamente desterrado». [ Ha de añadirse que la prensa se vio inundada de cartas de protesta contra tal ajusticiamiento pirómano, y hasta se llegaron a organizar actos de desagravio para el personaje que, una vez, más se dirigió desde la plaza del ayuntamiento a los agolpados presentes].

Tras señalar el contexto en el que se produjo el acto señalado: el enfrentamiento entre las posturas religiosas y las racionalistas – téngase en cuenta que tras la Liberación el partido gaullista, el MRP, era abiertamente confesional- que pasaron a defender paradójicamente al personaje quemado en símbolo de la irreligión, con lo que « los racionalistas se convirtieron en guardianes de la superstición ». De todas formas las posturas que defendían tal personaje como modo de mantener la ilusión de los pequeños, esquivaban la cuestión fundamental, según el antropólogo: « se esquiva la cuestión en vez de responder, ya que no se trata de justificar las razones por las que el papá Noel gusta a los niños , sino cuáles son las razones que han empujado a los adultos a inventarlo».

Tras la segunda guerra, la creciente implantación del personaje es deudora de la admiración por las costumbres propias de Estados Unidos, de modo que lo que al principio era juzgado, por los franceses en concreto, como una chiquillada pasó a implantarse con fuerza en forma de anuncios de los grandes almacenes, los papeles de regalo en los que la figura del personaje tomaba cuerpo, las cartas de petición, los chiquillos enloquecidos con los juguetes de moda, y la presencia de gente disfrazada de papá Noel en todas las esquinas. Los intentos explicativos-señala CLS- resultan más complejos que los estudios que se realizan sobre los mitos y creencias de los pueblos llamados “primitivos” ya que en las sociedades modernas de la época estas cuestiones se ven con menos distancia y perspectiva que con respecto de otros pueblos y costumbres lejanas tanto en lo temporal como en lo geográfico: así, la explicación de la influencia norteamericana simplifica excesivamente las cosas , muestra la indudable presencia de la difusión por estimulación.

Pasa a continuación a indicar cómo la celebración de tales fiestas había ido creciendo, en Europa, debido al aumento del nivel de vida , si bien ya anteriormente se daban maneras y rituales , ya presentes en el medievo, de ciertas fiestas que celebraban el (re)encuentro familiar, aunque también es verdad que no se puede establecer un lazo genealógico, causal, entre las celebraciones actuales y las de la antigüedad, así por ejemplo los druidas ya recurrían a las alabanzas a los árboles, ya que el árbol de Navidad no se puede observar antes del siglo XVII en algunos textos alemanes, huellas que luego se trasladaron , en el siglo siguiente, a Inglaterra y uno más tarde a Francia…para nombrar al personaje encargado de distribuir regalos entre los niños, fue adquiriendo diferentes nombres: papá Noel, san Nicolás, santa Claus, lo cual muestra más un origen común que una confluencia entre diferentes, que cubrían la misma función.

Evitando pues las supuestas explicaciones monocausales y búsqueda de claros, y distintos, orígenes, el ensayista lo señala como una solución sincrética: « es decir, concentrando en un solo objeto exigencias hasta entonces en estado disjunto: árbol mágico, fuego, luz duradero, verdor persistente»; si esto es lo relacionado en simbolismo del árbol, el personaje de papá Noel, esta es una figura moderna nórdica que queda ejemplificado en la existencia, en Dinamarca, de un departamento especial de correos para responder a las cartas de los niños, y lo presenta, domiciliado en Groenlandia, como marchando en un trineo tirado por renos; esta explicación se complementa con la influencia que pudo tener la presencia en Islandia y en Groenlandia de tropas americanas en la segunda guerra mundial, sin embargo también matiza que la presencia de los renos no es casual ya que en documentos ingleses del Renacimiento, hablan de los renos como presentes en las danzas de navidad, mucho antes de toda creencia en el papá Noel. A partir de esta travesía por diferentes huellas, el ensayista pasa a preguntarse de dónde viene la animosidad, mostrada de manera realmente fogosa en Dijon , contra tal personaje.

Su modo de vestir está compuesta de pieles, de unas botas, y viajando en un trineo lo que da cuenta de que es un personaje relacionado con el invierno; es un anciano, conocido como padre, lo que hace pensar en la autoridad de los mayores, mas a la vez se ha de subrayar que no es un mito, ni una leyenda, sí es, sin embargo, un ser sobrenatural-permanece sin cambios a través del paso del tiempo, eternamente fijado en su forma inmutable y que vuelve cíclicamente. Los niños le admiran y le dirigen cartas con peticiones y oraciones, y a la vez son empujados a comportarse bien ya que el personaje premia a los buenos y priva de ello a los malos, de modo que es una divinidad de una clase de edad de nuestra sociedad, con la diferencia que los adultos no creen en él, al contrario de lo que sucede con la divinidad religiosa, al tiempo que , eso sí, incitan a sus hijos a creer en ello recurriendo a todo tipo de mistificaciones.

El personaje es la expresión de la diferenciación entre adultos, adolescentes y niños, con lo que se puede buscar las semejanzas con los ritos de paso e iniciación presente en prácticamente todas las sociedades; por otra parte imposible evitar los parecidos entre el papá Noel y los katchinas personaje de los indios del sudeste de Estados Unidos , ya que ambos asoman periódicamente en sus poblaciones con el fin de premiar o castigar; se convierte así el recurso a este personaje, o a otros, como instrumento para fomentar la obediencia de los pequeños…y del mismo modo que en épocas pasadas las mujeres iban de casa en casa, en vísperas de navidad en la Inglaterra del siglo XVIII, pidiendo dinero a cambio de ramos de flores, los chiquillos repiten la costumbre al cambiar sus cantos por dinero; mujeres y niños, es decir, los dos formando parte de los no-iniciados, que habitualmente son mantenidos en la ignorancia – siendo quienes mantienen tales rituales y sus personajes representativos conocedores de la mentira de lo que difunden-…haciendo que la separación entre adultos y niños sea reflejo de otra separación entre los vivos y los muertos; manteniendo su presencia, no obstante, en el mundo de los adultos durante los revellones en los cabarets, durante la noche de san Silvestre…

En definitiva, CLS llega a la conclusión de que los ritos y creencias ligadas al papá Noel se han de incluir en la sociología de la iniciación y posteriormente enumera diferentes prácticas que puestas en relación sincrónica( fusión sincrética de santa Claus y papá Noel, el abad de Liesse que se repartía las funciones con san Nicolás, y un cúmulo de referencias a Horacio, las saturnales, etc., etc., etc.) le han hecho concluir con las conclusiones que aporta y que dejan claramente expuesto que las fiestas de diciembre que desde la Antigüedad hasta la Edad Media ha mantenido los mismos rasgos tanto en lo decorativo, como en lo que hace al intercambio de regalos, la alegría y los festejos, la fraternización entre pobres y ricos, entre dueños y sirvientes…Y sigue con detalle los paralelismos, las concomitancias, los desplazamientos las coincidencias y las sustituciones llevadas a cabo por la Iglesia con el fin de recuperar todas las costumbres y fiestas ancestrales…arrimando el ascua a su sardina sacra.

En fin, unos rituales que festejan la vida, la abundancia, los regalos como símbolo del buen rollo entre todos, y la figura tutelar del papá Noel invitándonos a celebrar la vida como y como en el caso de la celebración de los carnavales después del desfase y la abundancia( de todo) llegan los tiempos de vuelta al orden. La Iglesia-según CLS- no se equivocaba al ver en el personaje -luego vestido de rojo por iniciativa publicitaria de la Coca-Cola- una amenaza a sus consagradas visiones y rituales, mas lo que no puede hacer es negar los derechos al ateísmo, al paganismo…costumbres muchas veces reivindicadas en la actualidad y que enlazan con el rey de las Saturnales al bonachón Noel, con los cambios, pérdidas, mutaciones y desplazamientos que se han dado en el largo camino, quedando constancia, no obstante, de que el rey de las Saturnales era heredero de un prototipo más antiguo, y que personificaba el exceso durante una época del año, siendo posteriormente sacrificado. El trabajo de CLS, que he presentado concluye diciendo que « gracias al auto de fe de Dijon, he aquí el héroe reconstruido con todos sus caracteres, y no es la menor paradoja de esta paradoja de este singular asunto que queriendo poner fin a papá Noel, los eclesiásticos dijonenses no han hecho más que restaurar en su plenitud, tras un eclipse de algunos milenios, una figura ritual de los que se han encargado, bajo pretexto de destruirlo, probar su perennidad» .

El trabajo que he presentado, tras la pista del antropólogo belga, es muestra, en sus derivas, de ciertas constantes estructurales -a modo de arquetipos- que se están presentes, adoptando diferentes máscaras, en distintos mitos y creencias religiosas ( baste recordar, conste que estos ejemplos no los pone él: el nacimiento de dios o del iluminado de una virgen, el número doce como el de los apóstoles, los signos del zodiaco, o de los meses del año; la creación de la mujer de una parte cogida de un hombre….), de la complejidad de las cosas de los paralelismos y préstamos existente entre leyendas, y hace bueno aquello que dijese Oscar Wilde: lo contrario del matiz es la barbarie.

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