La prensa, el lenguaje, la realidad y Colombia

Entre los días 28 y 29 de este mes de marzo que termina, he podido recoger la siguiente informacióno lo que se le parezca) sobre la última liberación por parte de las FARC-EP y la que quizás esté muy próxima.&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp

En el Canal 24 Horas de TVE se refirieron a los farianos como integrantes de grupo terrorista, y en la edición electrónica del diario ABC se podía leer textualmente: «El presidente de Colombia está dispuesto a aceptar un «acuerdo humanitario» con el grupo terrorista para lograr la liberación de rehenes.&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp

Ya tenemos en ambos ejercicios «informativos» el uso de la palabra «terrorismo» para referirse&nbsp a la actividad de una organización insurgente que lleva décadas practicando la lucha armada en un conflicto armado(valga la redundancia) en el que cualquier otra opción ha sido ha sido bañada en sangre por el aparato oligárquico colombiano y sus actividades represivas oficiales y paramilitares.&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp

Por su parte, los teletextos de Antena 3 y de Telemadrid se hacen eco de la agencia Europa Press cuando publican que «Uribe quiere negociar con la guerrilla la liberación del cabo Pablo Emilio Moncayo, así como de los otros secuestrados, a cambio de excarcelar a miembros de la guerrilla».&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp

Si antes se usaron con perversidad las palabras «canje humanitario»(por el entrecomillado) cuando de eso se trata precisamente, ahora los de las FARC son secuestradores, es decir, no hacen prisioneros de guerra, y los miembros de la insurgencia encarcelados no reciben por la prensa capitalista el estatus de presos políticos en el ámbito de una larga guerra civil.&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp

La Sexta va más lejos que&nbsp EP(Europa Press) cuando en el teletexto se transcribe que «Uribe no devolverá(al decir del presidente) delincuentes a las FARC y reconoce el número de miembros de las fuerzas de seguridad colombianas «secuestrados» por las FARC.&nbsp &nbsp

Pasamos a El País digital y nos encontramos con que «Uribe asegura estar dispuesto a aceptar un acuerdo humanitario con las FARC y éstas liberan a un soldado en Colombia tras 11 meses de secuestro».&nbsp &nbsp

En una línea similar publica El Mundo en su edición digital que «el soldado colombiano liberado por las FARC tiene 5 heridas de bala, las cuales fueron causadas por dicha organización en un enfrentamiento». Como colofón, este periódico presenta en su sección «Guerras olvidadas» el reportaje titulado «Los secretos de la liberación de Calvo», trabajo que se completa con el artículo «Noticia de un secuestro», de la colaboradora Sonia Aparicio, del cual he destacado este fragmento: «…más de 11000 niños soldado- una de las cifras más altas del mundo- que, según Human Rights Watch, combaten en uno u otro bando». Curiosamente, en La Vanguardia electrónica, en Canal Sur o la cadena Cuatro, no destaca el lunes nada sobre este espinoso asunto. Y digo espinoso porque los medios corporativos emplean su conocida vara de medir cuando abordan la problemática de estados como Colombia e Israel frente a los oficialmente declarados «rogue states», integrantes del «Eje del Mal».&nbsp &nbsp

Pero claro, por la boca muere el pez y los portavoces políticos y mediáticos de esta truculenta historia incurren en contradicciones flagrantes que no podemos pasar por alto, alegremente.&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp

Si el presidente colombiano acepta un canje con los insurgentes es porque está dando a entender que hay un conflicto de naturaleza armada en su país, cosa que había negado categóricamente hasta ahora, pero dice «terroristas» para hablar de los otros, no de él y su entorno. Extraña casualidad o aberrante cinismo. A saber qué entiende este hombre por «delincuentes» y por qué ahora parece tan comprensivo, a pesar de haber estrechado como nunca sus lazos con la estrategia estadounidense de injerencia en América Latina. Injerencia contrainsurgente(no antiterrorista)y en los avances de la Revolución Bolivariana en Venezuela con la aceptación del ALBA en otras naciones de la región.&nbsp

Las siete bases militares en Colombia no son instalaciones recreativas sino una grave amenaza para los que ya se pueden ustedes imaginar, empezando por el propio pueblo colombiano.

La prensa dominante habla de «guerras olvidadas» cuando sistemáticamente afirma que el estado colombiano es democrático y da poca cobertura a las monstruosidades cometidas por los represores en un territorio de fosa comunes, asesinatos despiadados, mutilaciones varias, etc.&nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp &nbsp Para algunos, los malos son los que anhelan más que nadie la paz, pero la paz con justicia social, que es la verdadera.&nbsp &nbsp

Las FARC, al igual que el ELN, ya están hartas de desmentir las gratuitas acusaciones que caen sobre ellos cada dos por tres. Una de ellas es la que he citado más arriba, la de los menores de edad en la mal llamada guerrilla, pues es mucho más que eso.

Estos/as jóvenes perdieron a sus familias por culpa de crímenes del ejército y los paramilitares, no tienen a dónde ir y gracias a los guerrilleros que los acogieron, han podido sobrevivir e incluso recibir educación. Los menores sólo desempeñan funciones logísticas, no participan en acciones armadas directas y nadie está reclutado por la fuerza. Los adultos que luchan ahí lo hacen por convicciones, no por captación bajo amenaza. Human Rights Watch ha demostrado demasiadas veces que no es una fuente ciento por ciento fiable, en este tema y en otros.

Muy probablemente estos niños y no tan niños recibirían un adoctrinamiento antirrevolucionario en el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y,&nbsp con el tiempo, acabarían infiltrados en las FARC, como chivatos principalmente.

Aún me parece pronto para que el proyecto Colombianos y Colombianas por la Paz esté convencido de que se avecinan cambios sustanciales en la tierra de García Márquez, encaminados a que cese la violencia y se empiece a refundar Colombia sobre la base de la voluntad popular sn miedo ni ignorancia.

Transnacionales y gobiernos de países desarrollados miran por sus negocios y tendrían que rendir cuentas por su implicación en el sufrimiento de campesinos desplazados o periodistas y activistas sindicales muertos o desaparecidos.

Mientras tanto, sigamos cuestionando las palabras de los que por un interés u otro, se llenan la boca de «derechos humanos» cuando no apuestan por un mundo, si no perfecto, mucho mejor que el que tenemos, que no da para ponerlo por las nubes, tal como está configurado.&nbsp

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