La ponzoña

 

En Inglaterra se pretende limitar el derecho de huelga. También ahí, por primera vez desde la segunda guerra mundial, se abre el número de comedores sociales ante el número creciente de pobres-pobres.

En España, el número de comedores sociales puestos en marcha por asociaciones privadas no deja de crecer para evitar que los muertos por hambre quiten el puesto a los accidentes como primera  causa de muerte “inducida” después del suicidio.

En Francia se prohíben manifestaciones contra el genocidio al pueblo palestino.

En España se habla de una nueva ley de huelga y se acaba de poner en marcha la Ley Mordaza. En países como Portugal, Brasil, Argentina o Chile, crecen las protestas y manifestaciones con uso de la violencia policial por los recortes en educación. En España sucede lo mismo y por las mismas razones.

¡Cuántos paralelismos y qué extrañas coincidencias son estas! Pero no son causales, claro está. En todas partes del Planeta donde el neoliberalismo emponzoña la vida de las naciones sucede lo mismo: proliferan los cierres de empresas, los despidos, la pobreza, los recortes sociales, en educación y en sanidad, así  como los derechos laborales, y el cerco a las libertades. Y todo eso se acompaña de privatizaciones de los sectores públicos, bien sean de interés estratégico o de interés social.

En época de crisis como la presente, el Estado, ahora convertido en Estado-Madrina  de los ricos, abre las huchas del dinero de los pueblos, que se supone debería  distribuir con justicia- más que nada porque es SU hucha- para entregarlas a banqueros, por ejemplo, que lloran lágrimas de cocodrilo fingiendo necesidades, pues su palabra es suficiente debido a  su pedigrée de clase. El Estado neoliberal se ha convertido en una gran liquidador -a precios de saldo para diversos amigos de  más que sospechosa catadura moral- de bienes públicos que solo pertenecen a los ciudadanos,  obligándonos a pagar  deudas que no nos pertenecen y que detraen de  nuestros impuestos. Es algo así como si una familia rica pusiera sus propiedades  en manos de un administrador, y este en lugar de administrarlas se dedicara a malvenderlas a unos amigotes por precios risibles de los que luego obtendrá su parte del botín.

En los complicados juegos de póker entre grupos financieros y multinacionales varias,  los pueblos son la banca que siempre pierde. Entonces comienzan los recortes de todas clases. Un juego este de los gobiernos, -entre los que España es puntero- indigno, miserable, inaceptable, inmoral, sí, sí, pero ¿quién duda que les funciona cuando todavía las encuestas les dan mayoría en intención de voto y copan el poder en Europa? Miren el ejemplo deplorable de una Europa hoy irreconocible. Uno se pregunta qué mala cosa  pasa en la cabeza de un tercio de conciudadanos españoles y continentales,  o qué clase de grave enfermedad social es esta de la apatía, la sumisión y el conformismo, que  lleva a los ciudadanos europeos as elegir ser gobernados por quienes arruinan sus vidas.

Cada vez que se convocan elecciones  muchos son los que acuden al llamado de los partidos en los que han depositado su confianza. Creen que el ganador va a cumplir con su programa y mejorará su nivel de vida. Al día siguiente, ya comienza a desengañarse, porque gane quien gane  no se cumple nada de lo que le llevó a votar. Y es el caso que no hay vuelta atrás ni control alguno sobre los que ganan mintiendo. ¿Y quiénes son estos? Siempre son los mismos: los que pretenden vivir del fruto del  trabajo de los pueblos olvidando sus necesidades, mintiendo con descaro y  reprimiendo sus protestas. No son parte del pueblo, aunque el pueblo ignorante les crea como los niños creen en los reyes magos. Así que hablemos de esto.

Cualquiera que sea su “denominación de origen” y su forma de gobierno; ya se defina como república o como monarquía; como socialista, liberal o conservador, siempre hay unos arriba y otros abajo; unos con poder y encumbrados en el bienestar, con privilegios de los que la gente común está muy  lejos de tener, y otros sin poder malviviendo en el malestar en la exacta proporción inversa al bienestar de los otros y de quienes estos protegen ( los ricos). Así que la denominación de “casta” con que algunos definen a los dirigentes políticos conservadores y aliados, está muy justificada. Y son la misma clase de gente en todas partes. Los de abajo también son los mismos en todas partes, pero entender esto es un ejercicio excesivo si se tiene una mente conservadora Por desgracia, la mayor parte de los de abajo, la tienen. Por eso votan conservador y  los de arriba ganan elecciones hasta con mayorías absolutas.

Los de arriba en estas seudodemocracias controladas por el poder financiero, dicen gobernar para todos, incluidos los de abajo, como si eso fuera posible sin mermar sus cuentas corrientes,  pero cuando los de abajo salen a la calle para expresar que se sienten engañados o estafados, o marginados socialmente, o que pasan hambre en la familia, o no tienen trabajo, o son despedidos por las bravas, o apoyan a víctimas de los de arriba, entonces  los de arriba, esos que en las encuestas al día de hoy tienen mayoría en intención de voto,  les mandan a SU policía, les prohíben, les encarcelan, les multan.

En este momento histórico en que en España  volvemos al franquismo a golpe de decreto-ley, cuando alguien forma parte de un piquete informativo, intenta evitar un desahucio, abuchea a un corrupto político  o a un ladrón banquero ( es fácil encontrar uno, cualquiera sirve) si investiga la corrupción, o hasta escribe una novela que molesta a los militares, le multan, le apalean,  le hacen la vida imposible, le encarcelan y hasta lo expulsan de su trabajo, aunque este sea el de juez. Tiremos de hemeroteca.

Estas represalias  de mano dura nada tienen que ver con la democracia ni con la suave mano de  guante blanco con que los de arriba acarician a SUS corruptos del mismo club  sin que los votantes conservadores – también los de abajo que se sienten de arriba – se den por enterados, evidenciando así su falta de principios  éticos y democráticos más elementales. Hasta la Constitución que ellos mismos, los conservadores y los falsos progresistas se dieron, es papel mojado cuando choca con los intereses de quienes financian a gobiernos indecentes como el español, por ejemplo,  cuyo método favorito  de gobierno es el decreto-ley.

En este momento histórico en que la corrupción se ha enseñoreado de la vida pública,  quien apoya a un corrupto, o guarda silencio ante sus desmanes, o le admira en secreto o le vota, es otro corrupto, aunque sea en pensamiento. Por ello, el votante de los de arriba en la España o en la Europa de hoy, carcomida por la corrupción y el neoliberalismo explotador, se nos muestra como un potencial peligro bien objetivo y evidente para el resto de sus conciudadanos, con el apoyo de los medios de comunicación en manos conservadoras o ultras, como los de la Iglesia. Desde estos medios crean un estado de opinión favorable a los de arriba, como era de esperar.

No tuvieron bastante los bancos con cobrar escandalosos precios de usureros por sus  préstamos ni bañarse en oro sus directivos blindados con pensiones vergonzantes; no tuvieron bastante los dueños de las empresas con robar con protección legal  la plusvalía a sus trabajadores, contratar y despedir cuando les venga en gana. No tuvieron bastantes privilegios y ayudas de las huchas del pueblo los obispos, que como agradecimiento a quienes les dan de comer  tienen en sus filas a curas que piden en España una nueva cruzada contra los rojos, y luego dicen que “es que la iglesia es así”. No tuvieron bastantes muestras de estas y otras injusticias lacerantes del gobierno ultraconservador los españoles que aún mantienen intacta para estos verdugos  sociales su intención de voto caiga quien caiga y marcan la equis en la casilla de la Iglesia,  aunque caigan ellos mismos. Esperpéntica, descerebrada, o masoquista, no sé cómo calificar esta postura.

Menos mal que el horizonte se presenta prometedor en cambios sustanciales. Ahora los ricos duermen peor. Espero que los obispos les hagan compañía.

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