La política salarial en Cuba

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La política salarial en el período revolucionario ha variado en cuando a sus conceptos, principios e instrumentación en las diferentes etapas del proceso hacia el socialismo. En todos ellos en mayor o menor medida han estado ausentes los principios marxistas-leninistas, situación que ha provocado entre otros, dos efectos de carácter fundamental: la insatisfacción de las necesidades mate­riales y espirituales de los trabajadores y consecuente­mente ha limitado el incremento de la producción y la productividad.

Algunos economistas pretenden ignorar a Marx, Engels y Lenin, sin tener en cuenta que su genialidad jamás podrá ser opacada.

Con el decursar del tiempo y principalmente en el último cuarto de siglo, la no aplicación consecuente y técnicamente fundamentada del principio de pagar a todo trabajador de acuerdo con la calidad y cantidad del trabajo aportado y no corresponder el salario nominal con el incremento de los precios ha provocado retraso al empeño de construir el socialismo. Actualmente el Dios «Oro» regula nuestra sociedad.

La sociedad a que aspiramos debe ser prospera y con ello satisfacer las necesi­dades materiales y espirituales siempre crecientes de los ciudadanos y, a la vez, estar integrada por personas con un desarrollo ético superior.

Estos años de período especial confirman que en lo común de las gentes no es posible mantener y desarrollar principios éticos si no se satisfacen sus necesida­des básicas en correspondencias con sus aspiraciones, dadas por el momento histórico que les toca vivir.

El marxismo nos enseña que «…el hombre necesita, en primer lugar; comer, be­ber, tener un techo y vestirse antes de hacer política, ciencia, arte, religión, etcétera»[1].

Por su parte nuestro José Martí aseveró «pero, en lo común de la naturaleza hu­mana, se necesita ser prospero para ser bueno»[2].

Prosperidad no es consumismo, es la filosofía del «buen vivir».

Pero el socialismo no es solo prosperidad es además un hombre nuevo, un hom­bre ético, solidario, formado en todos sus aspectos en cuyo logro la prosperidad es necesaria pero no suficiente, requiriéndose obligatoriamente el concurso de la educación, la cultura, el reconocimiento, el empoderamiento de cada ciuda­dano, etcétera, que le permita cumplir como señaló el Apóstol «el primer deber de un hombre es pensar por sí mismo»[3].

En la generalidad de los casos la prosperidad del trabajador tiene como fuente principal el salario que recibe en correspondencia con su aporte social, de ahí su gran trascendencia en lograr un sistema que estimulando sus potenciales labora­les logre satisfacer sus necesidades materiales y espirituales; cuando el sistema que aplicamos no se sustenta en las leyes económicas del estadio de desarrollo económico social en que nos encontramos, éste no cumple los objetivos anterior­mente señalados. Las leyes económicas, señala Marx, se vengan de sus violado­res.

Si bien durante el período revolucionario se cometieron graves errores en la polí­tica salarial, entre los cuales podemos citar: la estigmatización del destajo, la eli­minación de las normas de trabajo, el pago de salario igualitarios para las ocupaciones de una misma rama, la lucha contra el burocratismo, la vinculación de normas elementales cuando se incrementa el salario, sistemas de pagos sin fundamentación técnica, la reforma salarial del 2005, etcétera; estas experiencias no sirvieron para nada.

Con la promulgación del Código de Trabajo y su Reglamento, el Decreto No. 323, la Resolución No. 17/2014 del MTSS y otras, se abre una etapa de profundización del caos salarial del país y una total no correspondencia con los principios marxis­tas-leninistas en esta esfera, lo cual traerá consecuencias muy negativas para la sociedad.

El imprescindible desarrollo de la economía, la necesaria separación de las facul­tades del Estado y las empresas y la presión por parte de los trabajadores por incrementar sus salarios, motivado esto en lo fundamental por lo alto de los pre­cios de los artículos de consumo personal y familiar no nos puede llevar a dar facultades a las empresas para la fijación de salarios directa o indirectamente, esta decisión no se compadece con las funciones que debe tener un Estado en vías de construir el socialismo, a lo que pudiéramos añadir la falta de conocimien­tos sobre la organización del salario de la inmensa mayoría de los directores de empresas, directores de UEB y directores de personal; a esto habría que agregar la poca existencia de técnicos en organización del trabajo y los salarios, la ausen­cia de estudios científico-técnico sobre la materia; la pobre y diversa orientación de los organismos superiores, así como, el limitado empoderamiento de los traba­jadores en la dirección de las empresas y la casi nula participación de los sindica­tos en la toma de decisiones y en su papel de contraparte de la administración a los diferentes niveles.

Los problemas que se confrontan actualmente en la planificación y los registros contables también están presentes al momento de tomar una decisión sobre los sistemas de pagos a emplear.

Es totalmente incomprensible que un Estado que construye el socialismo ignore los principios marxistas-leninistas de la organización del salario, así como los sistemas de pago establecidos en todos los países del mundo, inven­tando un nuevo sistema de pago, el denominado «por resultados», donde todos los trabajadores de las empresas tendrán igualitariamente un salario básico de 225 pesos, el mínimo del país el cual no cubre las necesidades básicas del traba­jador, y el resto se recibe en dependencia de los resultados económicos de la empresa, cuyo monto conoce el trabajador en los primeros 15 días del mes si­guiente al cual laboró. Frente a tal situación de total «originalidad», por no utilizar otro epíteto, nos preguntamos: ¿cómo planificar la vida?; por otra parte, si el sis­tema no es socialista, ni capitalista ¿qué es?[4]

En el Informe Mundial sobre Salarios 2014/2015 publicado este año por la Orga­nización Internacional del Trabajo (OIT), se puede leer dentro de los conceptos y definiciones que se han adoptado en este trabajo «De conformidad con la clasifi­cación internacional de la situación en el empleo (CISE-93) “empleado es la per­sona que trabaja para un empleador público o privado y que percibe una remuneración en forma de salario, sueldo”; es decir, un trabajo en el que la re­muneración elemental no depende directamente de los ingresos del emplea­dor. Esta clasificación de empleado incluye a los asalariados regulares; los trabajadores con contrato de duración determinada; los trabajadores eventuales (u ocasionales); los trabajadores a domicilio (o fuera del establecimiento); los tra­bajadores ocasionales y otras categorías de trabajadores con un empleo remune­rado (OIT, 1993b)». ¿Estarán equivocados en la OIT?

Evidentemente los «expertos» que asesoran a la dirección del país sobre salarios, tienen un serio analfabetismo sobre el tema.

Algunos funcionarios de los Organismos de la Administración Central del Estado defienden «a capa y espada» el pago por resultados, por lo que como quiera que sus decisiones influyen en los resultados económicos de las empresas ¿Por qué no aplicar el pago por resultado en los Organismos Ramales del Sector Produc­tivo? ¿Por qué no aplicarlo también en el Ministerio de Economía y Planificación y el Ministerio del Trabajo y Seguridad Social?

Esperamos los «peros».

Se aduce por algunos que el nivel de desarrollo económico del país no permite una reforma general de salario, esto es cierto si su aplicación fuera masiva, pero si esta reforma se elaborará cumpliendo todos los requisitos técnicos y su aplica­ción fuera paulatina en correspondencia con las prioridades de la economía y su costo, salvo intereses estatales, fuera cubierto por las empresas, sería totalmente factible su aplicación lo cual generaría un gran movimiento por la eficiencia y es­taría respaldado por resultados productivos.

No tengo la menor duda que hay que encarar la reforma general de salarios bajo los principios marxistas-leninista y con una adecuada fundamentación técnica si queremos estimular a los trabajadores por el incremento de la producción y la productividad, elevar su nivel de vida y contribuir a la formación de valores.

La efectividad de un sistema salarial no puede valorarse exclusivamente por los resultados que se obtengan del incremento de la producción, la productividad y demás indicadores de eficiencia, hay que tener presente sus efectos sobre:

  • La orientación vocacional.
  • El incremento de la calificación de los trabajadores.
  • La formación en las profesiones necesarias a la sociedad.
  • La distribución ramal y territorial de los trabajadores.
  • La ocupación de puestos de trabajo con mayor calificación y responsabilidad.
  • La ocupación de puestos de trabajo con factores extracalificatorios.
  • La fluctuación real y potencial de los trabajadores.
  • El ejercicio de los trabajadores en la profesión en la cual se graduó.
  • El éxodo hacia otros países.
  • La formación de valores.
  • Etcétera.

Por todo lo señalado anteriormente, somos del criterio de que se impone la revi­sión de la actual legislación salarial: Rectificar es de Sabios.

Termino señalando que, como quiera que algunos compatriotas les gusta compa­rar nuestros indicadores con otros países debo expresar que en la actualidad tan­tos los salarios nominales, como reales de Cuba son los más bajos de América Latina y el Caribe.

La Habana, lunes, 14 de marzo de 2015

¿Cuál es el salario mínimo de los países de América Latina?[5]

A continuación veremos el listado de los salarios mensuales de los países de Latinoamérica en dólares:

  • México: 173.9
  • Uruguay: 294.6
  • Chile 468.1
  • Brasil: 297.4
  • República Dominicana: 216.6
  • Panamá: 461.2
  • Perú: 368.5
  • Colombia: 396.5
  • Costa Rica: 488
  • El Salvador: 308
  • Bolivia: 242.7
  • Ecuador: 463.2
  • Nicaragua: 241.6
  • Guatemala: 385.2
  • Paraguay: 578.2
  • Honduras: 470.9

Como podemos ver, marcamos en negrita el valor más alto y más bajo, que corona tanto a Paraguay en la cima como a México en la base. Es importante saber que en esta comparativa de salarios mínimos se tuvo un promedio de 365.9 dólares mensuales.

[1] Federico Engels, discurso ante la tumba de Carlos Marx, Obras Escogidas, Tomo III, pág. 171. Editorial Progreso, Moscú.

[2] José Martí, O.C. Tomo VIII, pág. 289.

[3] José Martí, O.C. Tomo XIX, pág. 381.

[4] Ver artículo del Dr. Lázaro González Rodríguez: «¿Hacia dónde va la política salarial en Cuba?»

[5] Fuente: http://salariominimo.com.mx/comparativa-salario-minimo-latinoamerica/

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