La política de vecindad con Marruecos, el Sáhara y la inmigración

Marruecos es el principal beneficiario en la región de los fondos europeos destinados a las políticas de vecindad. Recibió 654 millones de euros ya en el periodo 2007-2010, que no han hecho sino incrementarse desde entonces por distintas vías. El Acuerdo de Pesca de julio de 2018 deja en 128 los barcos europeos -muchos españoles- que pueden faenar desde el Cabo Spartel hasta Noun, incluyendo beneficios para la población saharaui, y el total de capturas en 107.000 toneladas. Del Acuerdo Agrícola, el Consejo adaptó incluir los productos del Sáhara Occidental, votando en 2019 el Parlamento europeo extender las preferencias arancelarias también a los productos procedentes de esta antigua colonia española y revertir sus beneficios a la población saharaui. De la misma forma que los beneficios obtenidos por Sudáfrica en Namibia, como potencia ocupante, debían revertir en este país mientras llegaba el referéndum de independencia de 1990. Y por esa descolonización pendiente del Sahara Occidental soportamos una pobreza económica enquistada frente a las costas canarias; en vez de una economía próspera y un rico Kuwait, por su potencial fosfatero, pesquero y mineralógico.

Y tenemos el «efecto llamada» que permanente y frívolamente ha estado realizando el gobierno Sánchez por su tratamiento de la cuestión migratoria, tan letal para Canarias, como para el prestigio internacional de España. Por la debilidad que ven en el propio ejecutivo de España que, siendo frontera sur de Europa, ni siquiera ha sido invitada a la cumbre comunitaria para reformar el espacio Schengen y las fronteras europeas, ante el recrudecimiento del terrorismo y la amenaza islamista; mientras que si asistieron junto a Alemania y Francia, incluso Austria, y Holanda. Y cuando la propia Frontex, Agencia de Europea de la Guardia de Fronteras y Costas, revela la complicidad de las mafias de la industria migratoria que allegan terroristas islámicos a nuestras costas, con el objetivo de atentar en la UE aprovechando la pandemia.

Mientras, Marruecos sigue con su política chantajista con cualquier excusa. Que es su forma clásica de dar salida a sus graves problemas internos que la propia España y la UE han ayudado a ir mitigando desde el 2000, a pesar de la gran corrupción existente. La industria de la inmigración, lo mismo que las más de 120.000 hectáreas de cultivo de droga, contribuyen a engrasar la economía marroquí, a pesar de las promesas de eliminarlas. Porque para Marruecos un emigrante más es un problema menos, y además trae divisas, engrosando el extraordinario saldo positivo de la balanza de transferencias de su Balanza de Pagos; por cierto, al contrario que la nuestra que es negativa. Y tampoco hay voluntad alguna de acabar con los cultivos de cannabis, del que es uno de los principales proveedores del mundo, y que entra en Europa por España, dañando nuestra imagen ante los socios comunitarios. Nuestro presidente del Gobierno es libre de viajar al país que considere oportuno en su primera salida al exterior; lo mismo que nuestro Rey lo es de visitar Teruel o Melilla. O de que Pablo Iglesias manifieste la necesidad de llevar a cabo el referéndum varias veces pospuesto sobre el Sahara. Y que en España, por cierto, goza de un apoyo público generalizado y transversal. Ni siquiera la Unión Europea reconoce como productos marroquíes los obtenidos en suelo o aguas saharauis. Como el 70% de la arena exportada por Marruecos a España y extraída del Sahara. Si el Presidente Sánchez pinta algo en Europa, debe poner en cuarentena las relaciones de vecindad UE-Marruecos. Una de las formas de acabar con la oleada de pateras.

Javier Morillas. Catedrático de Estructura Económica. Universidad CEU San Pablo.

Fuente : BÁRCABO, 25 dic 2020

 

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