La política de los trabajadores comunistas ante la reivindicación de independencia de Catalunya y el referéndum

La burguesía catalana ha lanzado un gran reto, no sólo a la del resto de España y al Estado, sino en especial a toda la clase trabajadora, y ésta es la respuesta. ¡Pásalo! [Para ver bien el cartel de la imagen, y leer el texto en las bandas de la bandera catalana: clic sobre ella. Situarse encima, ratón derecho: “Abrir imagen en nueva pestaña” o “Ver imagen” o Copiar o Guardar]

No entraré en la cuestión del llamado “expolio fiscal” a Catalunya, a cuenta del déficit fiscal, en hasta qué punto sería posible y ventajoso para la economía capitalista de Catalunya la independencia estatal, qué pasaría con su integración en la Unión Europea, etc. Aunque sean cuestiones relevantes, las cifras que manejan unos y otros bien pueden estar manipuladas para lograr sus propósitos. Lo único seguro es que, con esta maniobra, los trabajadores/as tanto de Catalunya como del resto del estado español, nos estamos arriesgando a nuestra derrota como clase, y demostraré por qué.

Para los impacientes, en estos tiempos de lecturas breves, adelanto la principal conclusión, esperando que atiendan con más calma a los argumentos desarrollados a lo largo del texto (por favor, copiad la URL o el archivo).

1.- Las campañas a llevar en la clase trabajadora catalana y del resto de España. Dos caras de la misma moneda: a favor de la confianza y unidad de los trabajadores

Poner en evidencia la estrategia de la burguesía catalana y española: dividirnos, enfrentarnos, aislarnos para mejor derrotarnos. Rechazo de la imposición españolista contra la voluntad de los catalanes. Rechazo de la imposición de la burguesía y pequeño burguesía catalana contra la clase trabajadora catalana. Exigencia de un referéndum con garantías democráticas (para ganar, el Sí a la independencia debe llegar al 51% del censo electoral).

En España, respeto a la convocatoria de referéndum y a la decisión de independencia de Catalunya. En Catalunya, No a la independencia. En ambos territorios, fortalecer la unidad de la clase trabajadora contra la ofensiva del conjunto de la burguesía europea (española y catalana incluidas), y sus maniobras para dividirnos, enfrentarnos, aislarnos, derrotarnos.

El referéndum no será mañana, sino preferentemente en la legislatura que pronto se estrenará. Tenemos tiempo, pero no para perderlo. Que no haya un solo trabajador/a que en Catalunya y resto del estado español no sepa de qué van el Pacto y el Tratado de Estabilidad, y la Ley de Estabilidad, aprobados también por CiU, es decir, los ejes básicos de la estrategia del conjunto del capital europeo (español, catalán), para abaratarnos, empobrecernos, derrotarnos, someternos aun más en lo que queda de década y sobre todo a partir de 2020. Y cómo el aislamiento estatal y nacional y el enfrentamiento tras la bandera de la “competitividad” o de la Patria, es la principal vía para derrotarnos.

La burguesía representada por el PP quiere derrotarnos antes del terminar su legislatura (finales 2015). Supongo que la burguesía catalana convocará el referéndum bien en ese tiempo o más probablemente entre finales 2015 y finales de 2016. Es decir, entre el final de la legislatura del PP (salvo que se precipite) y la del gobierno de la Generalitat cuando en Madrid habría tomado el relevo el PSOE, que se opondría menos al referéndum teniendo en cuenta las divisiones que ya han salido a la luz en el PS de Catalunya. En tanto, ambas fracciones de la burguesía, desarrollarán una enorme campaña de lavado de cerebro a nuestra clase a cuenta de la Nación y el Estado, y en Catalunya contendrán el descontento con la promesa del paraíso independentista.

El objetivo central de ambas estrategias es que, en vez de enfrentarnos al conjunto de la burguesía, nos dividamos y centremos en tomar partido en un conflicto inter-burgués, entre Estados (el español y el naciente catalán) del que saldremos perdiendo, sirviendo de comparsas, incluso fuerzas de choque, y esperemos que no, carne de cañón.

Por tanto, seamos bien conscientes de que, en un plazo entre hoy y finales de 2016, nos jugamos en el conjunto de lo que todavía es España, la mayor ofensiva burguesa, tanto en agresiones a nuestros derechos y condiciones de vida, como ideológica para arrastrarnos tras las banderas de las respectivas burguesías, perder nuestra independencia de clase, separarnos y aislarnos por nacionalidades y salir todos derrotados. Con ello les resultará mucho más fácil a ambas burguesías imponernos su estrategia para antes y después de 2020. Nada más y nada menos es lo que está en juego y debemos espabilar desde ya. La mejor manera de hacer fracasar esa estrategia es impulsar la lucha, su extensión y coordinación por encima de las nacionalidades y estados, huelgas y huelgas generales; pero debemos tener también una respuesta específica al independentismo y su referéndum.

Ahora toca que los revolucionarios en España y Catalunya estemos a la altura de las circunstancias históricas y seamos capaces de llevar una política independiente de las respectivas burguesías y pequeñas burguesías, y esto sólo será posible con un ajustado análisis de la realidad concreta y su evolución.

2.- ¡No es el capitalismo, es el “expolio fiscal”! Poner sordina a la lucha proletaria con la sardana

Muy astuto el presidente catalán Artur Mas, de CiU. Se ha aplicado desde 2011 a una política feroz de recortes sociales y despidos, incluso más que el PP en otras partes de España, y cuando crece la oposición entre la clase trabajadora y sectores populares, dice: “La culpa no es mía, sino de España”. Si fuese totalmente cierto lo del “expolio fiscal” y honesta la actitud de CiU, la sucesión de los acontecimientos debiera haber sido justo la contrataría. Ante el requerimiento de recortes, Artur Mas se debería haber plantado, y llamado a los catalanes a la lucha: “Me niego a hacer ni un solo recorte contra la sanidad, educación y demás servicios sociales, y a provocar el despido de trabajadores/as, porque nuestro déficit se debe al expolio fiscal. Llamo al pueblo de Catalunya a la lucha contra esta injusticia y a exigir que se nos devuelva lo robado”. Si no ha sido así es porque Artur Mas representa los intereses del gran capital ante todo, la estrategia común a toda la burguesía europea (Pacto y Tratado de Estabilidad que CiU ha aprobado).

Así que , aumenta el poder burgués a costa del pueblo (clase trabajadora y sectores no explotadores de la población) a cuenta de los recortes sociales y despidos. , cuando el pueblo se revuelve contra esa política y el gobierno catalán que la impulsa, Artur Mas, para desviar las tortas, echa las culpas al “expolio fiscal” y a “Madrid”. , no se limita a desviar la presión popular, sino que quiere aprovecharla a favor de más poder para la burguesía catalana. , los trabajadores/as catalanes, desviados y engañados, a cuenta del independentismo burgués y pequeño burgués, y de la marea ciudadanista, perdemos independencia de clase. , la burguesía catalana, gracias a todo esto, en vez de desgastar su poder por la lucha popular, puede aumentar su cuota de poder frente al resto de la burguesía del Estado Español e hipnotizar a la población trabajadora para agredirla más fácilmente, al punto de que Artur Mas, en vez de perder el gobierno por su política de recortes ¡vuelva a ocuparlo con las próximas elecciones!

Artur Mas, como un cinturón negro de judo político, en esta maniobra goza de la colaboración de partidos políticos con peso en la pequeña burguesía, como Esquerra Republicana de Catalunya, que orientan el malestar no contra el capitalismo, sino a favor de la independencia.

La primera victoria del Estado burgués en Catalunya, del gobierno de derechas del presidente Artur Mas (CiU), es la de desviar contra “Madrid”, “España”, el rechazo de la pequeña burguesía y de parte de los trabajadores/as hacia sus medidas de recortes brutales y despidos (sanidad, educación, etc.). No olvidemos que el gobierno de CiU tiene el apoyo del PP, no precisamente por nacionalista catalán, sino porque como partidos burgueses, comparten la misma estrategia de agresión y derrota de la clase trabajadora, y se echan mutuamente la mano en Madrid y Barcelona.

Si no fuese por “España”, nos dicen, no habría que realizar recortes. No deberíamos preocuparnos de la regresiva política fiscal de CiU tanto en Catalunya como apoyando al PP en España, y de la falta de una contundente lucha contra el fraude fiscal de la burguesía, cuyo volumen en el conjunto del estado equivale aproximadamente al total del déficit del Estado. No deberíamos preocuparnos del Pacto de Estabilidad de la U.E. (déficit inferior al 3%) ni por el Tratado de Estabilidad (en España, con la Ley de Estabilidad, déficit 0% a alcanzar para 2020, partiendo del fracaso del 6,3% para este año, y mantenerse en ese 0% a partir de 2020) que gozan del apoyo del CiU, incluso en su versión española, la dura Ley de Estabilidad.

El capitalismo, su crisis actual, su agudización en toda Europa y el mundo, su decadencia histórica ya no sería la causa de fondo ni el verdadero problema. La burguesía catalana que, según nos dice, como toda burguesía, tiene como misión en la vida, no obtener el máximo beneficio, sino crear puestos de trabajado y mejorar cada vez más las condiciones de vida de los trabajadores/as asalariados, nos traería la solución, que no pasaría por cuestionar el régimen asalariado del trabajo, sino arrimar el hombro para sacar adelante a Catalunya lliure, trabajar más por menos para mejorar la competitividad de las exportaciones catalanas (a poder ser, más que las españolas),.

El problema no sería el expolio de la clase trabajadora por la burguesía gracias al régimen asalariado del trabajo (sea cual sea el ordenamiento laboral) y los ingresos y gastos del Estado a costa de los trabajadores/as y de nuestro sacrificio, sino el “expolio de Catalunya por España”.

Los trabajadores/as catalanes, ya no deberíamos tener en nuestro horizonte la realización de huelgas, y menos de una Huelga General (como hemos hecho en Euskadi y Navarra el 26 de septiembre), sino el referéndum hacia la constitución del Estado Catalán, y no “perjudicar con huelgas a la economía catalana” en estos momentos difíciles ni más adelante pues bastantes problemas tendría durante la fase de transición hasta conseguir la integración en la Unión Europea. Pero esos sacrificios valdrían la pena porque nuestros burgueses, nos prometen un futuro floreciente, y como nos lo dicen en catalán, son mucho más fiables que cualquier otro; estamos en “familia”.

Ya no hacen falta manifestaciones airadas, dirigir nuestras protestas contra el gobierno de la Generalitat, mientras aguantamos la cargas de “nuestra” policía, los Mossos d´Esquadra. En lugar de eso, celebrémoslo con una gran sardana, bailando trabajadores en activo o en paro y jubilados, junto con empresarios que nos reducen el salario y despiden, los accionistas y acreedores de los bancos a quienes salvamos con el “rescate”, el pequeño burgués que con tal de no bajar un escalón social quiere más “disciplina” para que nos sacrifiquemos nosotros, los burócratas del Estado Catalán que recortan en los salarios y gastos sociales y nos mandan la policía, políticos al servicio del capitalismo catalán de la mano del europeo, todo ello bajo la presencia de nuestros mossos que velarán porque la fiesta siga “en paz”. ¡A qué agitar banderas rojas o rojinegras, si tenemos la senyera! Sus bandas serán los barrotes tras los que nos aislaremos del resto de los trabajadores/as españoles y europeos.

3.- Lo prioritario: aislar a los trabajadores catalanes para mejor derrotarnos. Tras los barrotes de la senyera

La primera victoria de la burguesía catalana, y también del resto de España, es que con el cebo del nacionalismo, se consiga neutralizar la protesta proletaria y aislar a los trabajadores/as catalanes del resto de España y Europa.

La burguesía del conjunto de Europa, tiene el propósito de derrotarnos para imponernos su estrategia de abaratamiento a través de una agresiva política de recortes salariales y en los gastos sociales. La burguesía europea ya se ha marcado un plazo, con meta en 2020, fecha en la que ya debe empezar a cumplirse el Tratado de Estabilidad. La burguesía española, para la que será más complicado cumplir ese Tratado, en su versión Ley Estabilidad, precisa acusar más todavía esa derrota y a poder ser adelantarla para el final de la actual legislatura del PP que terminará a finales de 2015.

Para vencernos les interesa que aunque estemos sometidos a los mismos agresores (la burguesía nacional y europea, la Unión Europea, el BCE, el FMI), y con agresiones muy similares en todas partes, luchemos aislados, cada uno en el límite de sus fronteras estatales (irlandeses, portugueses, griegos, españoles, italianos, cada uno por su lado) y a poder ser, de nacionalidad (vasca, catalana). Aislados, por mucho que luchemos (ahí está el ejemplo de los griegos, las últimas protestas en Portugal), nos iremos agotando y acabaremos siendo vencidos ante la fuerza unida y coordinada de la burguesía nacional y europea y sus instituciones.

Si los trabajadores/as catalanes creemos que con un Estado Catalán, vamos a estar más protegidos, nos equivocamos. Vamos a estar más aislados y nuestra burguesía y el resto de la europea, podrán concentrar mejor sus fuerzas contra nosotros y vencernos para imponer, además de la contrarreforma laboral, el Pacto y el Tratado de Estabilidad, y lo que inventen, con sus recortes en gastos salariales, empleo y servicios sociales. Las fronteras políticas, no nos protegen, nos aíslan.

Es cierto que las distintas fracciones burguesas, que tienden a organizarse nacionalmente (dicho de otra manera, su organización ha venido siendo la Nación), en una situación de crisis, debido a la competencia, a la lucha por la distribución (vía impuestos, intereses bancarios, etc.) de la plusvalía extraída a los trabajadores, tienden a enfrentarse, ir más al “cada uno a lo suyo” y al “sálvese quien pueda”, pero también colaboran, y sobre todo, son capaces de oponer una estrategia común para explotar el trabajo asalariado, para dividirnos y aislarnos, con el objetivo de derrotarnos y someternos todavía más a las exigencias de la acumulación del capital.

La burguesía del conjunto de Europa, por tanto también la española no catalana, saldría ganando en una mayor partición y aislamiento de la clase trabajadora que dificultará la extensión y unificación de las luchas. Así como las fronteras dificultan enormemente la unidad de trabajadores portugueses y españoles, la frontera catalana multiplicará las actuales. ¡Dividir y vencer! La ley de lucha más vieja de la historia.

Y ambas burguesías tendrán, a cuenta de la independencia, la excusa perfecta para enfrentar a unos trabajadores/as contra otros. A los españoles, contra los catalanes que “nos han dejado tirados” y los alemanes que son “unos nazis” y privilegiados; a los catalanes, contra los españoles que “se quieren aprovechar de nuestro trabajo” y los alemanes que “no nos reconocen de los suyos y no nos dan respiro”. Todos soñando con una “salida nacional” a la crisis que sólo será tal en todo caso para la burguesía del conjunto de Europa a costa de todos los trabajadores/as europeos, aunque unos lo lleguen a sufrir más que otros (los griegos más que los alemanes, por ejemplo).

Que las burguesías catalana y española resuelvan sus pleitos como quieran, pero no a costa de aumentar la división y aislamiento de los trabajadores, ni de enfrentarnos, ni de nuestra mayor explotación.

4.- Levantar el castell de la “construcción nacional”: los trabajadores soportando el peso de la burguesía y su Estado

El seny (cordura, sentido y valores) de la burguesía catalana, su moderación y “equilibrio”, quiere imponerse sobre la clase trabajadora y su rauxa (arrebatos reivindicativos) para, sobre nuestros hombros, levantar el castell, (torre humana), en el que se aupará la burguesía y su Estado. Pensar que pueda ser de otro modo, claramente favorable para los trabajadores/as, no es más que levantar castillos en el aire.

La construcción nacional se hará, como siempre, a costa de la clase trabajadora, de su trabajo no pagado (plusvalía), del recorte de nuestros derechos y libertades efectivas. Incluso lo de la construcción nacional es a estas alturas mentira. La burguesía ya hizo hace mucho tiempo su revolución, es decir, su predominio sobre las demás clases, la construcción de un Estado a su servicio (aunque lo comparta y no sea independiente). Lo que busca ahora la burguesía es la mejor forma de hacer pagar a la clase trabajadora las consecuencias de la crisis del capitalismo decadente y senil, y repartirse la plusvalía del modo más conveniente frente a otras fracciones burguesas y sus aparatos de estado.

La Unidad Nacional se levanta a costa de la división internacional y nacional de proletariado. La “paz social” se logra a costa de subordinar los intereses de la clase trabajadora a los de la “competitividad de la economía nacional” (más productividad, reducción de sueldo y despidos tanto en las empresas ganadoras como en las perdedoras) y el “equilibrio fiscal” del Estado burgués a nuestra costa. La “paz” interna es la condición para que la burguesía pueda participar en guerras más o menos lejanas por sus intereses geoestratégicos, asegurarse mercados y provisión barata de materias primas y energía. Veremos cómo Catalunya, si se hace independiente, sigue participando en la OTAN, poniendo dinero y hombres, integrándose con las fuerzas españolas.

5.- ¡Que ilusión. Un Estado burgués sólo para nosotros! Del seny al Tratado de Estabilidad de la U.E.

En Catalunya ya tenemos la clase trabajadora Estado burgués, sólo que compartido con el resto de España. Con el independentismo sería un Estado burgués limitado a Catalunya. Un Estado con barretina, pero tan burgués como el del resto de España, sólo que sin Monarquía, salvo que formase parte de una especie de “Commonwealth” hispana. Es decir, un aparato de funcionarios, burócratas, altos cargos, administradores, parlamentarios, ministros, jueces, funcionarios de prisiones, policías y hasta militares, cuya tarea fundamental es la de garantizar la buena marcha de esta sociedad y su permanencia, es decir, del régimen asalariado del trabajo, la explotación y el sometimiento de la clase trabajadora a ese orden.

En esta gran fiesta que dicen sería la construcción nacional, la independencia, los Mossos d´Esquadra no se van a comportar precisamente como los cabezudos que juegan a golpear a los niños.

Ya no intervendría en Catalunya la Guardia Civil, ni la Policía Nacional españolas. Tendríamos a nuestros Mozos de Escuadra que ya sabemos cómo actúan y que en el corto tiempo de su existencia han venido acumulando un montón de quejas y denuncias. Surgirían sin duda cuerpos más especializados y con armamento más pesado y algún ejército mínimo, no tanto para proteger las fronteras, como a los buenos burgueses de la rauxa proletaria.

Este Estado burgués se financiaría sobre todo de los impuestos de los trabajadores/as (directos e indirectos). Probablemente habría tanto o más fraude fiscal de la burguesía que en la actualidad dado el desbarajuste de la información con la independencia (leed el artículo de “Las cuentas de la lechera” El País, lunes 24/09/2012). De modo que el déficit del Estado sería, como en la actualidad para el conjunto de España, causado ante todo por el fraude fiscal de la burguesía. Si Catalunya quisiese permanecer o entrar en la Unión Europea, debiera cumplir con todos los requisitos (entre ellos el voto unánime de sus miembros entre los que se encuentra España). En el mejor de los casos, también con el Pacto de Estabilidad y el Tratado de Estabilidad, y sus objetivos de déficit, que si suponen sacrificios en la poderosa economía francesa o italiana, no veo por qué no debiera ser igual para la Catalunya Libre. CiU ha ratificado el Tratado y aprobado la Ley de Estabilidad, así que en Catalunya Lliure, aplicará una muy parecida. Así que es falso que no habría recortes y muy duros.

Y para esa política de abaratamiento y recortes, le vendrá excelente un mayor aislamiento del proletariado catalán del resto de España, que no corra el peligro de contagiarse, por ejemplo, de los trabajadores/as vascos que sí han sido capaces de hacer el 26 de septiembre una Huelga General cuando en Catalunya y en el resto del estado, todavía nadie lo ha hecho a pesar de estar reclamándose.

6.- El tsunami ciudadanista para ahogar a la clase trabajadora, el Plan B de la burguesía

Si esta maniobra de la burguesía catalana está teniendo cierto éxito en arrastrar tras de sí a los trabajadores/as catalanes y poner sordina a su lucha, es porque en buena parte de nuestra clase escasea la conciencia de ser una clase frente al capital. Más que vernos como miembros de una clase social con intereses antagónicos con la burguesía que nos explota, y al Estado como el protector ante todo de sus intereses y que por ello va desmantelando el “Estado de bienestar”, nos consideramos ciudadanos (españoles, catalanes, vascos, etc.) sin una diferencia substancial con otros que son personal burocrático o represivo del Estado, con los pequeños comerciantes o profesionales liberales (abogados, etc.) y ni siquiera con los burgueses que votarían en las elecciones o referéndums al igual que nosotros (un hombre un voto) aunque su dominio de los medios de producción (recursos energéticos y materias primas, tierras, fábricas, bancos, comercios, medios de comunicación, etc.) lo condicione todo a su favor. Así, en vez de ver en nuestra clase el medio para desarrollar nuestra verdadera comunidad para luchar contra la explotación y hasta por la abolición de nuestra condición de clase, creemos reconocer en la Nación nuestra comunidad, y en el Estado burgués ¡nuestra organización y potencial representación! Pura alienación, atontamiento, desorientación, negación de nosotros mismos y nuestra fuerza potencial.

Y los sindicatos, sobre todo CCOO y UGT, ponen todo su empeño en que así nos consideremos. En vez de potenciar la conciencia de clase, quieren diluirla mezclándonos con las “clases medias” (pequeña burguesía) y los servidores del Estado (policías incluidos) (1). Una muestra de ello es la “Cumbre social” y la manifestación del 15/09/2012 en Madrid y su lema de “Quieren arruinar el país”, o sea, no abaratarnos y empobrecernos a los trabajadores/as ante todo, sino hundir a las pequeñas y medianas empresas, y hacernos sentir como ciudadanos cuya preocupación debiera ser ante todo, como la suya, “salvar la economía nacional”, que en la práctica sólo puede significar sacrificarnos por la economía nacional capitalista, gracias también a las “negociaciones” y “pactos” acordados por los sindicatos como colaboradores de la patronal y su Estado.

En vez de poner por delante los intereses de la clase trabajadora y convocar una Huelga General, se subordina todo a un referéndum sobre la política económica del gobierno que para él no sería vinculante, pero para nosotros sí, pues dejaría nuestro derecho a luchar en manos de una pregunta-trampa y de los votos de los burgueses, sus servidores en el Estado, y de los pequeños burgueses. Ya no seremos clase decidiendo en nuestras asambleas en las que no tienen derecho de voto los empresarios ni accionistas, sino ciudadanos que se someten a la “voluntad ciudadana” (no proletaria).

Si CCOO y UGT hubiesen convocado ya y antes, huelga general contra la ofensiva del capital, el descontento de los trabajadores/as y capas no explotadoras de la población, con más dificultad sería recuperado por la burguesía catalana con el cebo del Estado Catalán. Pero impotentes para extender y unificar por nosotros mismos las luchas, es más fácil caer en brazos de alternativas ilusorias que prometen mejorar nuestra situación sin necesidad de enfrentarnos a la patronal, ni al Estado en Catalunya, ni protegernos de la represión de los mossos d´esquadra, porque todos estaríamos “del mismo lado” frente a los verdaderos malos de “Madrid”. En vez de ayudarnos para ir en la dirección correcta, sindicatos y partidos de izquierda, se ponen a la cola de la burguesía catalana e incluso a la vanguardia de la ofensiva ciudadanista.

En lugar de centrar la lucha contra la política del conjunto de la burguesía europea y sus Estados (contrarreforma laboral, Pacto y Tratado de Estabilidad y leyes nacionales, papel del Banco Central Europeo), poniendo por delante las reivindicaciones de los trabajadores/as, desde sectores del 15-M y la “Plataforma En Pie”, se convoca para el 25 de septiembre rodear el Congreso en Madrid para pedir la dimisión del gobierno, del Rey, un proceso constituyente que, como la independencia de Catalunya, sólo puede dar el poder a la burguesía, la clase hoy dominante, pero por el camino, desmovilizar la lucha de los trabajadores/as en espera de que un nuevo Congreso y Constitución resuelva nuestros problemas, para acabar llevándonos otro chasco como con todas las elecciones y sus programas ocultos. Esas protestas movilizan sobre todo a titulados universitarios sin empleo, autónomos arruinados, jóvenes trabajadores parados, encauzando su rechazo a la situación y al sistema político, pero sin apuntar al capitalismo y sus raíces, el trabajo asalariado, ni siquiera a la estrategia del conjunto de la burguesía europea. Si no derrotamos la estrategia burguesa, plasmada en sus pactos y tratados y leyes nacionales, la dimisión del gobierno, incluso un cambio constitucional, no será más que el relevo de quienes llevarán adelante la estrategia para derrotarnos y someternos todavía más. La solución no está en un cambio político (por arriba), sino en un cambio en la correlación de fuerzas entre clase trabajadora y burguesía a escala del estado y de toda Europa, y esto sólo puede darse a través de la lucha desde las empresas, hospitales, escuelas, etc., es decir, con las huelgas, su extensión y generalización (por abajo), poniendo por delante los objetivos comunes con el resto de los trabajadores europeos (como el Pacto y el Tratado de Estabilidad y lo que vaya surgiendo).

Si lo pensamos bien veremos que la burguesía en su conjunto se maneja con dos manos. No sólo la derecha del PP, CiU, PNV, etc., y la izquierda del PSOE y la blandura de Izquierda Unida. También con un Plan A y con un Plan B. El Plan A es el del gobierno, con sus agresiones directas y propósito de derrotarnos por impotencia, agotamiento y palos en la medida en que hagan falta. El Plan B es el de desviar nuestro rechazo a sus medidas hacia alternativas que nos siguen atrapando en la política burguesa (Cortes Constituyentes, Estado más centralizado, Estado Catalán, Estado federal, pacto fiscal…) y con medios de lucha burgueses como los referéndums sobre su política o pequeño burguesas como rodear el Congreso. Todo ello nos conduce a perder nuestra independencia política como clase, y hasta nuestra conciencia de ser una clase, ahogados en la marea ciudadanista y democrático burguesa.

Parece que la parte del territorio del estado español donde mejor resiste cierta conciencia de clase es Euskadi, pues sin supeditarse a CCOO y UGT, que no quieren la huelga general, los sindicatos nacionalistas (ELA, LAB…), con el apoyo de otros como CNT y CGT, han convocado la huelga general el 26 de septiembre, aunque no haya sido rotunda como la anterior convocada por todos los sindicatos. Es llamativo que en Euskadi el movimiento 15-M no tenga influencia. Pero bien pudiera ocurrir que la burguesía vasca, de mano del PNV y otras fuerzas como la izquierda abertzale, arrastrasen a los sindicatos nacionalistas a una dinámica ciudadanista a cuenta de una iniciativa soberanista-independentista. De hecho, las reivindicaciones de un marco autónomo de relaciones laborales, hacer uso de todas las competencias y de la desobediencia para no aplicar en Euskadi los recortes, aunque son justas, tienen el riesgo de la tendencia al aislamiento al pretender buscar un refugio ilusorio a la ofensiva del conjunto de la burguesía europea, y a hacer el juego a la burguesía independentista. Pero por ahora la burguesía vasca no tiene prisa ya que disfruta del Convenio Económico y su cupo (2). Otro factor es que el independentismo tiene mayor riesgo de fractura civil que en Catalunya, por la pasada pero reciente violencia de ETA y la menor homogeneidad lingüística (el uso cotidiano del euskera es inferior al del catalán y más desigual territorialmente, en buena parte por su gran diferencia con las lenguas latinas).

7.- Respetar el derecho de los trabajadores/as catalanes a apoyar la independencia de Catalunya, pero no el derecho de la burguesía a destruir nuestra independencia de clase. Derecho de secesión frente a derecho de autodeterminación

No soy independentista catalana, pero cuando atiendo a las “razones” del Rey, de los militares retirados, del PP, de los tertulianos de radio y televisión que proliferan sobre todo en Madrid, me dan ganas, sólo por fastidiarles y rechazar su política antidemocrática, de apoyar la independencia de Cataluña.

Pero no es una gran diferencia salir de la prisión española para quedarnos en la prisión catalana. Sin embargo, en estas circunstancias, los trabajadores/as del resto del Estado, debemos respetar que en Catalunya nuestros compañeros de clase tomen esa decisión, la compartamos o no. Oponernos a que puedan llevarla a cabo por lo que diga la Constitución (pero bien rápido que la reformaron –agosto septiembre 2011– a nuestras espaldas y por la puerta de atrás en el art. 135 para colarnos la prioridad absoluta al pago de la deuda, límite déficit y deuda para abrir las puertas al Tratado de Estabilidad de la U.E. que ni siquiera se había firmado), por apoyar al Rey y a los ejércitos, obstaculizarla por la suspensión de la autonomía o prohibición de sus decisiones, o con trámites legislativos que no pongan por delante lo que se decida en Catalunya, en lugar de favorecer la unidad de los trabajadores/as, sólo puede perjudicar la confianza mutua y nuestro futuro unitario en la lucha contra el capital y por el comunismo, y que la pequeña burguesía nos considere enemigos de derechos democráticos básicos. En nombre de la unidad de la clase trabajadora, en determinadas circunstancias, el único camino puede ser pasar por la separación estatal y no pretender imponer una unión no deseada.

Así que la posición aquí defendida no tiene nada que ver con el españolismo, porque tampoco es nuestra la política de “arrimar el hombro” para salvar la economía capitalista española, o defender los intereses del aparato de Estado español y de los empresarios no catalanes, contra los de la clase trabajadora y sectores no explotadores de Catalunya.

Ante todo nosotros debemos anteponer nuestros intereses presentes y futuros que pasan por favorecer la unidad consciente y voluntaria de los trabajadores/as del estado español, de la península ibérica, de la Unión Europea y de todo el mundo, contra todas las maniobras para dividirnos y aislarnos. Por eso no nos encontrarán del lado de los nacionalistas españolistas que quieren arrastrar tras de sí a los trabajadores/as del resto de España y enfrentarnos con los catalanes porque quieran la secesión; pero tampoco del lado de la burguesía y pequeño burguesía catalana para enfrentarnos a los trabajadores/as del resto del estado, menos aún como fuerza de choque o carne de cañón, tanto menos si los trabajadores/as catalanes no estuviésemos por la independencia. Aunque es un escenario que por ahora no se contempla, dejemos claro que ni desde un lado ni desde otro debemos apoyar políticas españolas o catalanas que puedan llevar a un enfrentamiento sangriento entre los trabajadores/as de lo que hoy es España. No al abismo de la balcanización, no a un escenario que se parezca a Yugoslavia en la década de los 90. Entre la Nación y nuestra clase, elegiremos siempre a nuestra clase.

Si no estamos por la unidad estatal impuesta, tampoco hagamos del llamado derecho a la autodeterminación nacional algo sacrosanto y por encima de la clase trabajadora. Todavía está por aclararse cuál es la voluntad de la mayoría de los trabajadores/as catalanes. Ante todo, la autodeterminación, la voluntad, de la clase trabajadora, clase mayoritaria de la sociedad, y la única que tiene un potencial de liberar a toda nación y a la Humanidad de la lacra del capitalismo senil y de las opresiones de cualquier tipo. Si la clase trabajadora se opone a la independencia, pero la pequeña burguesía la quiere apoyando a su burguesía independentista y esa vía puede suponer un conflicto interestatal que lleve al derramamiento de sangre ¡que le den morcilla a la pequeña burguesía y no digamos a la burguesía y su derecho de autodeterminación!

Apunto a un caso extremo para que se me entienda bien: aunque en un referéndum el voto fuese favorable a la independencia, no la aceptaría si la mayoría de su clase trabajadora no la quisiese y se tratase ante todo de una maniobra de la burguesía para alejarse de un proceso revolucionario en el resto del Estado, apoyándose en la pequeña burguesía, y para dividir al conjunto del proletariado, aislar al propio y derrotarlo más fácilmente, incluso hacer un baño de sangre con más comodidad. Frente al llamado derecho de autodeterminación nacional, la clave es ¿cómo se autodetermina la clase trabajadora? Si hay un cretinismo parlamentario, también hay un cretinismo autodeterminista.

El llamado derecho de autodeterminación ya no es un requisito necesario para que se desarrolle el capitalismo en Catalunya. La burguesía catalana ha podido cumplir de sobra esa tarea dentro del marco español y gracias incluso a la protección aduanera durante el franquismo, y su aplastamiento de la clase trabajadora en la guerra civil y la represión durante casi 40 años. La inmersión lingüística durante la democracia ya ha conseguido la superación de la opresión del catalán durante el franquismo. La era de las revoluciones burguesas pendientes pasó hace mucho a los anales de la Historia. No estamos ya en el siglo XIX ni siquiera en la primera mitad del XX. Hoy, tras dos guerras imperialistas, los “30 gloriosos”, el neoliberalismo y la globalización, en pleno capitalismo senil en crisis, de la misma civilización capitalista (crisis del crecimiento, limites del planeta al capitalismo, cambio climático, etc.) ese reclamado derecho, no es más que sacar del museo un viejo estandarte para lanzarse a una huida hacia adelante por conseguir una mayor cuota de poder en la Unión Europea y por controlar mejor a los trabajadores/as en Catalunya separándonos más del resto del proletariado español y europeo. La burguesía sabe mejor que nosotros que Catalunya independiente ya no tendrá la soberanía que podría haberle correspondido hace décadas, dado que cada vez más está trasferida a las instituciones, pactos y tratados de la Unión Europea y al Banco Central Europeo, con o sin “rescates”. Y si ese supuesto derecho a la autodeterminación se pretendiese ejercer a costa de enfrentamiento y sangre proletaria, lo que supondría nuestra división total derrota, no debemos reconocerlo. Aquí ya no hay más derechos históricos de sangre que los que tenemos los trabajadores/as para acabar con el capitalismo. ¡Ni una gota de sangre proletaria por las maniobras de la burguesía y los sueños de la pequeña burguesía! ¡No al papanatismo ante el “derecho de autodeterminación nacional” entre quienes se dicen comunistas, y por ese engaño están dispuestos a hacer el juego a la burguesía y pequeña burguesía, y poner al proletariado a sus pies e incluso bajo sus balas!

La burguesía no pelea por los derechos democráticos populares, ni es amante de la democracia. Si así fuese, empezaría por no recortar nuestros derechos ni lanzarnos a sus mossos a la menor lucha. Si saca a relucir el “derecho a decidir” el “derecho a la autodeterminación”, en este preciso momento histórico de crisis del capitalismo y de evolución de la lucha de clases, no es por amor a Catalunya, ni por el “expolio fiscal”, sino con el objetivo de comprometernos con el capitalismo catalán (recortes, competitividad), aislarnos del resto de nuestra clase, derrotarnos. Y esto es antidemocrático, porque somos la mayoría de la población y los únicos que podemos ofrecer a esta Nación y a la Humanidad un futuro sin opresores ni explotadores. Artur Mas ni siquiera cuenta con el entusiasmo de la burguesía catalana, pero tiene una visión estratégica y sabe que la jugada está en una maniobra política e ideológica para neutralizar al proletariado y lograr más cuotas de poder que al final podría quedarse sólo en un Estado federal o un Concierto Económico como Euskadi. Pero también demuestra que, cuando le interesa, la política burguesa puede tener una cierta autonomía sobre los intereses más inmediatos de “los mercados”.

La agudización de las contradicciones entre las distintas fracciones de la burguesía no necesariamente nos hace más fuertes, sino que puede servir para debilitarnos: ponernos detrás de sus banderas, separarnos, enfrentarnos, aislarnos, ser derrotados. El caso extremo es el de la las guerras burguesas; la máxima contradicción entre burguesías y la máxima derrota y postración proletaria (carne de cañón). En la situación actual, un enfrentamiento militar en Europa por el llamado derecho de autodeterminación, no sería más que otra versión del enfrentamiento burgués interimperialista, porque cada burguesía nacional tiene intereses en la explotación de los trabajadores/as de otros países y en la globalización, o caso de ser demasiado débil, es el agente-aliado de otras fuerzas imperialistas más poderosas. Y ante eso ¡lucha contra la propia burguesía!

Como para nada quiero hacer el juego a la sacralización del llamado derecho a la autodeterminación nacional, a poner a la Nación por encima de la clase trabajadora, levantar la bandera que siempre ha justificado nuestra explotación y matanza, me limito a reconocer, el derecho de secesión. Y lo entiendo como un derecho ejercido en referéndum por la población de un territorio, no por un supuesto derecho histórico indiscutible que corresponde a una Nación y que puede ser ejercido cuando a la burguesía le convenga y sin atender a las clases sociales que la componen. Por tanto, en cada caso debemos proceder al análisis del momento concreto de la lucha de clases, y no dejarnos atrapar por palabras grandilocuentes, trampa de la burguesía, al mismo nivel que el “derecho natural” a la propiedad privada y la imprescindible existencia del Estado por el “bien común”. Por ello, llegado el caso, antepondría la decisión de la clase trabajadora a la del resto de la sociedad, porque no reconozco a ninguna Nación burguesa el derecho de imponerse sobre los trabajadores/as. Por tanto, para dar más posibilidades de asegurarnos de que el resultado del referéndum sería también la expresión de los trabajadores/as, el voto favorable a la secesión, no debería ser una mayoría simple, sino reforzada, como explicaré.

Así que menos tonterías nacionalistas por nuestra parte, y ser más capaces de levantar una estrategia para el conjunto de España y de Europa, que es por donde nos estamos jugando un futuro muy próximo; una derrota histórica para antes de 2020 que la maniobra de la burguesía catalana (junto a la española) pretende adelantar: aislamiento, cerco nacional y aniquilación de la resistencia proletaria para 2015-6.

9.- Las importancia de las cuentas del Referéndum. Exigir para la independencia el Sí de un 51% del censo (no del voto) electoral

Es llamativo que Artus Mas y quienes le apoyan estén dispuestos a convocar un referéndum aunque sea ilegal, y que pretendan que los trabajadores/as le secundemos, pero que cuando luchamos por nuestros derechos, no se nos reconozca esa capacidad para violar la ley y se nos eche encima los Mozos y los tribunales. Están dispuestos a que por esta vez nosotros la violemos de su mano si es para decirles que en su referéndum. ¿Será porque los intereses de la clase trabajadora son “particulares” de una minoría “pesetera” y los de la burguesía son “los altos intereses nacionales”, “por el bien de la patria”?

Es imprescindible que se convoque un referéndum. La decisión no puede dejarse en manos del Gobierno catalán ni siquiera del Parlamento con el pretexto de que representan la “soberanía popular”, ni a través de unas elecciones plebiscitarias en las que se mezclen el programa de gobierno y la cuestión de la independencia dejando en sus manos la decisión de declararla, quedando a lo sumo pendiente de ratificación en un referéndum más fácil de ganar por los hechos consumados. Debe garantizarse que la participación en el referéndum demuestre que la clase trabajadora está interesada y no siente que su voto no valga para nada porque de alguna manera ya esté todo decidido. También que el voto Sí para un cambio de tanto calado, sea suficientemente rotundo, mayoritario.

Si no se reuniesen estas condiciones podría darse una situación como la siguiente. Abstención del 40% (como en las elecciones autonómicas catalanas de 28/11/2010), participación del 60% del censo, Sí a la independencia en el 51% de los votos. Se diría que esto ya es la mayoría y que por tanto ha ganado la Independencia. Pero tenemos tres pegas. La convocatoria no interesa suficientemente porque un porcentaje tan alto como el 40% se ha abstenido. Es un resultado demasiado ajustado, en otro momento podría haber ganado el No, por lo que puede llevar a una seria fractura civil. Y también muy importante ¿a qué parte de la población con derecho a voto representaría? Pues sólo al 30,60% del censo electoral [51/100 (votos) x 60/100 (participación) = 3060 /10000 = 30,60% del censo al Sí], para lo cual bastaría con la movilización del voto de la burguesía y pequeña burguesía independentistas sobre todo y un baja participación de la clase trabajadora. Es decir, que menos de un tercio de las personas con derecho a voto impondrían su criterio al resto sobre una cuestión de trascendencia histórica. Esto es poco democrático, aunque formalmente lo parezca. Para un cambio tan radical, que tiene difícil vuelta atrás (no caben los cambios y alternancias propios de las elecciones al parlamento y gobierno), no bastaría con un 51% de los votos a favor, al margen de qué porcentaje del censo representan, porque significaría que los votantes se dividen por la mitad, y que muchos no están interesados, con lo que eso implica de fractura civil, y que el resultado podría variar fácilmente de una consulta a otra. Lo ideal sería que votasen todas las personas del censo de modo que el 51% de votos Sí fuese el 51% del censo. Pero la máxima participación en las elecciones en España (las de 1982 que dieron la primera victoria al PSOE de Felipe González, terminando con la época de la UCD y tras el golpe militar del 23-F, y por tanto de la Transición) fue del 80% del censo electoral.

Una condición para que el Sí a la independencia fuese lo suficientemente mayoritario y representativo, sería que equivaliese al 51% del censo electoral (ojo, no de los votos) en cada una de las provincias catalanas (3). Si llegase a votar el 90% del censo, un voto Sí que representase el 51% del censo debería llegar al 56,67% de votos Sí (5100 / 90 = 56,67%; 0,5667 votos x 0,90 participación = 0,51 = 51% del censo votando Sí). Votando un 80% del censo se necesitaría el 63,75% de votos Sí. Con una participación del 75%, se exigiría un 68% de votos Sí. Votando el 60% del censo, sería necesario 85% de votos Sí para llegar al 51% del censo votando Sí. Es decir, a menor participación electoral, es necesario mayor porcentaje de Sí en los votos.

Es importante el detalle de que ese resultado debe obtenerse en cada provincia, porque podría ocurrir que el total no fuese representativo de una provincia diferenciada. Por ejemplo, en Euskadi, Álava era muy poco euskaldún y menos nacionalista y de atenerse al resultado global, podría verse forzada a una independencia que mayoritariamente rechazaría. En Catalunya, el peso del independentismo es algo menor en Barcelona que en los otras tres provincias. Para la clase trabajadora esto puede ser relevante si su mayor concentración se diese en una provincia con el menor peso independentista.

Artur Mas ha declarado (29/09) que prefiere una mayoría rotunda, “indiscutible”, superior al 51%, pero no hace referencia al censo. Los independentistas catalanes puede que no acepten los requisitos aquí presentados y que simplemente exijan una mayoría reforzada de los votos del 55 o 60% para el conjunto de Catalunya, y sin referencia a un absoluto del censo, de modo que la abstención no les exigiría un voto afirmativo superior. Así, con una participación del 60% y de ahí un 60% de votos Sí, sólo significarían un 36% del censo electoral (60/100 votos Sí x 60/100 participación = 3600 /100 = 36% Sí del censo).Con este nivel de abstención del 40%, el 60% de votos Sí es muy inferior al 85% necesario si se estableciese el requisito del 51% del censo para los votos afirmativos (véase arriba). Y si además fuese el resultado total para Catalunya y no el exigido por provincia, estaría garantizado el triunfo de la Independencia con el voto de las provincias más pequeño burguesas y de la burguesía del conjunto de Catalunya.

Si la burguesía convocase este referéndum, dada sus grandes implicaciones para nuestro futuro, deberíamos exigir el requisito del 51% del censo. Si no se aceptase, habría que llamar a los trabajadores/as al voto para que no decidiesen completamente nuestra suerte la burguesía y pequeño burguesía por abstenernos. Si la mayoría de los trabajadores/as catalanes estuviésemos en contra de la independencia, seríamos estúpidos si por abstenernos permitiésemos que la burguesía catalana consiguiese una victoria histórica de tanta trascendencia para nuestro futuro. Una cosa es no dar el aval a una fuerza burguesa (PP, PSOE, etc.) ni al parlamentarismo ni a ningún gobierno del Estado burgués con nuestro voto en las elecciones. Otra es dejar que decidan el futuro por muchas décadas, incluso en contra de nuestra opinión, porque por purismo hemos decidido abstenernos del voto. Sería como regalar a la burguesía una victoria sin luchar. Y en este caso, el campo de batalla que ellos imponen y es ineludible, sería el del referéndum. Claro que lo ideal sería hacerles desistir del proyecto del referéndum porque se estuviesen unificando todas luchas en el estado español y en Europa, pero no podemos apostarlo todo a esa carta y debemos estar listos para otro escenario más probable.

Dada la naturaleza de este referéndum, mi posición es diferente que ante el reclamado por CCOO, UGT, la “Conferencia social”, Izquierda Unida, sobre la política económica del gobierno. Ese es un referéndum que no se nos impone desde el Estado, sino que “nuestras” organizaciones reclaman poniéndonos así una trampa, por lo que debemos rechazarlo como he argumentando en otros artículos. Pero la Generalitat no debe proclamar la independencia sin al menos previo referéndum y los trabajadores/as debemos actuar del modo que mejor dificulte la maniobra burguesa, que pudiera ser votando si no se tuviese en cuenta la abstención por la exigencia de voto favorable del 51% del censo. En un caso (política económica del gobierno) es rechazar la exigencia de referéndum porque es poner al gobierno en bandeja la trampa para derrotarnos. En el segundo (independencia Catalunya), es poner obstáculos a la iniciativa del Estado en Catalunya para derrotarnos: exigencia del 51% del censo, y voto No de los trabajadores/as.

Pero estos cálculos no deben hacernos olvidar que nuestra lucha está ante todo en la calle, en las huelgas para cambiar la correlación de fuerzas haciendo fracasar la estrategia burguesa de aislamiento, cerco nacional y aniquilación de la resistencia proletaria.

¡Las fronteras no nos protegen, nos aíslan!    ¡Aislados en un Estado, seguro derrotados!    ¡Por encima de las fronteras, unidad obrera!    ¡Derecho de secesión si del proletariado es también la elección!     ¡Como clase trabajadora tenemos la fuerza de la unidad, como ciudadanos, del aislamiento la debilidad!    ¡Con la ciudadanía, decide la burguesía!    ¡En nuestra lucha, no tiene voto la burguesía!     ¡Independencia de clase frente a la burguesía independentista!    ¡Para expolio, el de burguesía al proletariado con el trabajo asalariado!   ¡Independencia: SI del 51% del censo electoral!  ¡Con la independencia no nos libraremos de más recortes y despidos!     ¡La burguesía construye la nación, con los trabajadores, su explotación!    ¡Independencia = aislamiento nacional de los trabajadores = derrota = mayor explotación capitalista!     ¡Treballadors catalans, units als espanyols i europeus!

Notas: 1) Ha sido mal entendida la actuación de nuestros compañeros trabajadores policías “antidisturbios” el 25-S en Madrid, pues lo que parecía represión de la buena no era tal, sino huelga a la japonesa, o sea de celo. Así se unieron a nuestra lucha estos funcionarios recortados en sus ingresos.

2) Euskadi recauda todos los impuestos y paga al Estado un porcentaje por aquellas cargas y servicios en los que no tiene transferida competencias, como Defensa, Embajadas, Monarquía, etc. que se calcula por quinquenios, más otros ajustes y compensaciones. En 2007 Euskadi pagó un líquido de 1.565 millones de euros a la administración central y en los siguientes una cantidad similar. Un régimen comparativamente privilegiado resultado de la anómala configuración del Estado Español como estado de varias fracciones burguesas territoriales, en un complicado proceso de revolución burguesa frente al poder terrateniente y monárquico, y la reparación por la abolición franquista de derechos históricamente reconocidos.

3) Francisco Letamendia, diputado de Euskadiko Eskerra, presentó una enmienda durante del debate de la Constitución en la que decía: “Para el ejercicio del derecho de autodeterminación […] Haberse constituido previamente en territorio autónomo […] La decisión de constituirse en Estado independiente requerirá el voto afirmativo de la mayoría absoluta [o sea el 51% al menos] del censo electoral de cada una de las provincias, regiones históricas o circunscripciones territoriales afectadas.” (Citado en “Los nacionalismos, el Estado español y la izquierda” Jaime Pastor, VientoSur /La oveja roja, 2012, pag 141-2).

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“¿Encubre La Sexta tv a Toxo de CCOO? “Si el gobierno gana el referéndum, me callaré” o sea renunciará a la lucha” (21/09/2012) seleccionado como Destacado

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