La pobreza expone más al contagio de un virus que sí entiende de clases

La pandemia entiende de clases y así lo muestran los contagios en Madrid, con la incidencia del virus multiplicada en los barrios más pobres, donde la precariedad y los trabajos presenciales exponen más al contagio, un fenómeno que se repite en todo el globo y requiere una respuesta que proteja más a los más vulnerables.

En Madrid cuatro distritos del sur acumulan más casos. Son Usera, Puente de Vallecas, Villaverde y Carabanchel. En común tienen la pobreza y la precariedad, pues son los territorios con menor renta de la capital, viviendas de peor calidad y menor tamaño y un bajo porcentaje de titulados superiores que deja pocas opciones de teletrabajo.

En estas zonas también se concentra la población nacida fuera de España, aún más vulnerable. Además, muchos no pueden irse de vacaciones.

Las Calesas, en el madrileño distrito de Usera, es la zona con más incidencia del virus de toda la región. Con 552 casos por cada cien mil habitantes en dos semanas, el coronavirus tiene una presencia seis veces mayor que en el distrito de Salamanca, el más rico de Madrid.

Solo un 17 % de la población tiene estudios superiores, hay un 11 % de paro y la renta media es de 17.476 euros anuales. En Salamanca los titulados superiores son el 57 %, el paro es del 6,5 % y la renta media es de 61.562 euros, cuatro veces la de Usera. En el barrio pobre los pisos son de media de 80 metros cuadrados, los hay, claro, mucho más pequeños; en el barrio rico la media es de 133.

No es un fenómeno madrileño: «El proceso se está dando exactamente igual en otras ciudades de España, del extranjero también. Está ocurriendo en las ciudades capitalistas modernas”, explica a Manuel Franco, epidemiólogo social y uno de los científicos que han pedido una evaluación independiente de la gestión del coronavirus en España.

MÁS EXPUESTOS A LA TRANSMISIÓN

Dos causas explican la desigualdad en los contagios. Los trabajadores pobres “están más expuestos” porque sus trabajos, a menudo esenciales, no se pueden hacer a distancia. Además, están menos protegidos y su dificultad para cumplir aislamiento es mayor. En la lotería del contagio llevan más boletos.

“Se está dando mucha importancia al tema de que la gente está siendo inconsciente, que sale a la calle, no usa mascarilla, pero se está poniendo poca atención al tema de la exposición. Las personas que tienen que salir a trabajar frente a las que se quedan en casa y el tipo de trabajo, trabajos precarios que hay riesgo de perder y a los que vas aunque estés enfermo”, señala Javier Segura del Pozo.

Este médico salubrista, epidemiólogo y miembro de la Asociación Madrileña de Salud Pública (Amasap) no está sorprendido con el mapa de contagios, un «gradiente social» que también se ve en otras enfermedades. Quienes están más desprotegidos enferman y mueren antes.

La presencialidad -a menos renta menos teletrabajo, como comprobó una encuesta del Ayuntamiento de Madrid- la mayor movilidad en el transporte público, donde no se puede respetar la distancia, que es necesaria -subrayan los expertos- junto a la mascarilla, o espacios de trabajo poco ventilados o sin distancia favorecen el contagio.

Estas condiciones se dan entre los temporeros o en las industrias cárnicas, pero son necesarios más estudios para saber dónde están los focos en las grandes urbes.

Falta la variable de la ocupación y también la del tipo de trabajo. Segura del Pozo quiere despejar estas incógnitas y saber “si aquellas ocupaciones que llamábamos esenciales durante el confinamiento son las que están cayendo”. Es su teoría: “reponedores de supermercados, transportistas, riders, mujeres que cuidan o limpian y que si se ponen enfermas pierden la casa en la que están limpiando”.

“Si se dan de baja, no tienen el dinero que necesitan para poder comer” y se arriesgan a un despido, como explica Silvia Durán, médico de familia y portavoz del sindicato Amyts.

Los problemas no acaban con la baja laboral. Los contagiados tienen difícil aislarse en pisos donde el baño es compartido y no sobran las habitaciones, una situación que multiplica los casos secundarios. “Pisos muchos de ellos de 40 metros cuadrados”, señala Durán, aludiendo a un hacinamiento que “aumenta la carga viral”.

AYUDAR MÁS A LOS MÁS VULNERABLES

El problema en estos barrios no se arregla apelando a la responsabilidad individual y tampoco dando consejos genéricos, coinciden los epidemiólogos.

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