La persistencia de Aranguren

El 9 de Julio del 2009, se conmemoraron los 100 años de su nacimiento. El instituto de filosofía del CSIC, con el apoyo de la sociedad de conmemoraciones culturales, que se puede visitar en la residencia de estudiantes de Madrid, organizó diversos actos para recordar a quien probablemente sea uno de los filósofos y ensayistas más influyentes del Estado. 

Como toda persona lúcida, crítica e inquieta, Aranguren escapa de las etiquetas fáciles. El Aranguren catedrático de ética, el Aranguren – por así decirlo – religioso y el Aranguren político son una y la misma persona. Su curiosidad, insaciable, introducía a sus alumnos en el mundo de la ética anglosajona, la teoría sociológica, la crítica literaria y el estructuralismo, y lo hacía estableciendo relaciones entre campos aparentemente inconexos, comolo hace cualquier conciencia que quiere tejer puentes e integrar perspectivas.

Causó un profundo impacto en los años 50 y 60 entre sus alumnos. Quizás por ello sea éste el Aranguren que más pegada ha dejado en la memoria. El Aranguren que escribió Ética y Ética y política . Pero este Aranguren es sólo una foto fija, puesto que siguió pensando, escribiendo y disentiendo, siempre atento a las demandas e inquietudes intelectuales de su tiempo y de sus alumnos.

En un artículo publicado el 16 de Julio del 2009 en el diario El país, Antonio García Santesmases, catedrático de filosofía política y editor de La izquierda, el poder y otros ensayos, escrito por Aranguren, nos recuerda a un intelectual que estaba ya metiendo su curiosa naricita en otras cosas. Es el intelectual que escribe El marxismo como moral, La crisis del catolicismo y Entre España y América. Es, también, el intelectual que conecta con las reivindicaciones de los estudiantes norteamericanos y sabe otear una nueva forma de entender las relaciones entre política, cultura y religión. A Aranguren, hay que decirlo, le pasó algo inusual : a medida que avanzaba en edad su inconformismo crecía. No tuvo tiempo ni ganas para aprender la resignación. En los tiempos de la transición se fue imponiendo poco a poco una cultura política basada en la necesidad del consenso y el entendimiento recíproco para evitar la confrontación y la polarización social de los años 30. Él, pudo ceder y tirar la toalla : no lo hizo.

En el socialismo español, unitarista y estatalista, se impuso la tesis de que había que enterrar las acumulaciones ideológicas de la clandestinidad, abandonar retóricas izquierdistas y jugar el papel de nueva derecha democrática. La misma tesis de quienes abandonaron el lenguaje político del Franquismo para disfrazarse con una falsa retórica liberal-reformista de centro. El coste de enterrar tal acumulación ideológica de la clandestinidad se notó enseguida : la posibilidad de un mundo sin bloques militares, la necesidad de acabar con la carrera de armamentos, la apuesta por detener un crecimiento económico insostenible, la conveniencia de distinguir entre progreso técnico y moral… y la lucha por transformar la vida cotidiana, se situaron en un segundo plano. Finalmente, el socialismo Español optó por un discurso economicista, una adoración crítica de la modernización sin valores y una política exterior subalterna a la política exterior de Reagan y Bush padre.
Nada nuevo : arrodillarse ante el discurso del más fuerte y proclamar la necesidad de un pragmatismo realista que, bajo la lógica de lo posible, concluye que es menos arriesgado ser cordial y amable ante la opinión pública internacional.

Pero Aranguren reaccionó de nuevo y, como los salmones, nadó a contracorriente para volver al punto de partida de los principios ético-políticos de la izquierda de tota la vita : partidario de un cristianismo heterodoxo y de una izquierda utópica, el el buen sentido de la palabra, nunca dejó de escribir del hecho religioso desde una perspectiva secular, mundana, y reivindicó la racionalidad crítica frente a una política basada en tranformar a los grandes partidos en grandes máquinas electorales, reducir la democracia a una selección de líderes y la sacrosanta gobernabilidad a una sumisión a los dictados del pensamiento único. Una resistencia moral realmente admirable.

¿ Cuantos sujetos de este calibre pueden, a día de hoy, siquiera susurrar claramente lo que piensan en el corporativizado show mediático-político a escala planetaria ?.

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