La pandemia puede ser atajada

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Llama poderosamente a atención que en las tertulias televisivas y radiofónicas trátese el tema que sea los mismos periodistas son expertos en todos los temas: es igual que se trate de seguridad social, de sanidad, de política exterior. Hasta aquí puede que sea “tolerable” la expresión de sus opiniones. Pero lo que ya resulta inaceptable es que ante expertos en temas específicos ninguneen sus conocimientos y sus propuestas. Si este amateurismo soberbio radica en determinados periodistas, no digamos en los políticos, más preocupados por sus intereses de partidos que por la gobernanza. De ahí que un ministros de Fomento tenga una preparación de “profesor de gimnasia” y el de Sanidad, que gestiona la pandemia de coronavirus, sea “licenciado en filosofía”.

Recientemente en TV3 entrevistaron a Oriol Mitjà eminente infectólogo e investigador, que en varios años de estancia en Nueva Guinea y en países africanos ha curado de PIAM a un numerosísimo grupo de enfermos que padecían ya malformaciones en sus cuerpos. Ahora está estudiando, con su equipo la manera de atajar las transmisiones del dichoso coronavirus.

Dicho esto, uno de esos periodistas todoterreno, toda opinión y todos los temas reunidos, apoltronada en hacer un buen juego a los políticos, se atrevió a poner en tela de juicio las propuestas de Oriol de cómo atajar la pandemia y qué aspectos se habían hecho mal y qué decisiones habría que tomar. Es decir, se invierten los roles de la entrevista: el especialista propone, analiza, y expone sus razonamientos y la periodista, Pilar Rahola, dada su “experiencia científica” cree que sale victoriosa de un ficticio enfrentamiento. Pero la cuestión no queda aquí. Días después, en CAT Radio, y ya revestida de toda autoridad por haber embebido las tesis de Oriol Mitjà, toma la puja más afilada para fustigar a los políticos estatales utilizando los argumentos y el razonamiento de Oriol. Todo un episodio de filibusterismo. Pilar Rahola, que cobra sus intervenciones en las emisoras públicas del erario común, afirma lo que niega, y niega lo que afirma según la conveniencia y el lugar. Lo importante es saberse hacer imprescindible a base de “prostituir” el periodismo.

Ayer en Twitter, Oriol afirmaba que “el país está en la UCI, y, dados los resultados, hay que cambiar al médico que lo ha atendido” y lo explica mediante tres propuestas: Suspender el transporte público y el trabajo, establecer un plan de sostenibilidad para identificar con rapidez los brotes y potenciar el uso de pruebas diagnósticas.

Enfrentarse a todo el aparato mediático y político con propuestas estructuradas a partir de la experiencia acumulada es de valientes. Llamar por su nombre a quienes no han sabido adoptar medidas oportunas para detener la pandemia y defender sus propuestas es hacer hincapié en la dignidad de la persona que antepone el bien común a la tranquilidad de su trabajo en el hospital Germans Trias i Pujol.

No quisiera especular, pero estoy seguro que si a su capacidad y dedicación para trabajar las epidemias se uniera la militancia política en alguno de los partidos de poder, la Generalitat de Catalunya se hubiera encargado dirigir los programas y las acciones para detener la pandemia; pero hay un pero muy grande: para Oriol lo primero son las personas y la economía queda en un segundo plano. Las patronales catalanas se han apresurado a mandar el “recado” a los políticos sobre las medidas económicas a adoptar en beneficio siempre del capitalismo empresarial.

 

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