La negación del otrx como imposibilidad del anarquismo

La negación del otrx como imposibilidad del anarquismo

En la actualidad el anarquismo se ha re-constituido y revitalizado a partir de prácticas revolucionarias que rebasan las fronteras de los movimientos que se auto-reivindican como tal. Ubicándose más allá de los debates entre “compañerxs de la idea”, la emergencia de este anarquismo práctico ha tendido a redimensionar los marcos de lucha y de discursividad de los movimientos anarquistas. Bien sea por develamiento o por articulación, las fronteras que definen la acción práctica del anarquismo se han delineado ya no desde el discurso, el dogma o la ortodoxia, sino desde el despliegue de un marco para la acción colectiva que se moviliza en torno a la horizontalidad, la auto-gestión, la auto-organización, el apoyo mutuo y el ejercicio del poder-hacer[1].

Ciertamente, el contexto definido se constituye como un espacio de problematización que transversaliza los debates y reflexiones alrededor del anarquismo, en particular, en los países en donde, los denominados gobiernos “progresistas”, han aperturado condiciones de posibilidad para la construcción orgánica, retrotrayendo las viejas sensaciones de la cooptación y el clientelismo. Sin embargo, y más allá de los debates que se plantean en torno a estos temas, existe un lugar de enunciación que, objetivando a través dispositivos cognitivos y epistemológicos que reivindican la idea para sí, opera desde la negación de un otrx que, desarrollando prácticas revolucionarias, es definido como anarcoide, y en el mejor de los casos, como movimientos con “identidad des-naturalizada” [2].

Anarquismo(s) y movimiento(s)

Durante los últimos años se ha producido una gran cantidad de artículos, trabajos de grado y libros que buscan registrar y sistematizar el resurgimiento de las ideas anarquistas en el continente latinoamericano. Citando diversas experiencias y prácticas, lxs autorxs buscan dar cuenta de las tensiones y contradicciones que han llevado a los movimientos, colectivos e individualidades a establecer posicionamientos claros respecto al carácter centralizador y enajenante del Estado y el capitalismo neo-liberal. Así, es posible encontrar, por un lado, a quienes rescatando la historia intelectual del anarquismo buscan otorgarle sentido a la coyuntura actual. Por el otro, a quienes bebiendo de las aguas de las tradiciones del autonomismo (Operaísmo Italiano), el marxismo abierto (Holloway et al.) y otras novedosas lecturas sobre el cambio social (teorías decoloniales, filosofía de la liberación, entre otras), dan cuenta de los lugares, estrategias e itinerarios de diversas experiencias y prácticas emancipatorias en el continente.

En este sentido, lo que queda de manifiesto no es más que la existencia de perspectivas de análisis que, con sus matices y particularidades, expresan formas distintas de concebir, articular(se) y relacionar(se) con las prácticas sociales de emancipación y resistencia que buscan describir. Por un lado, la lectura abierta y siempre conjunta que permite la construcción de espacios articulación y despliegue de la acción colectiva. Por el otro, el espacio suturado de cierto anarquismo que, constriñendo las prácticas, busca –en el mejor de los casos- cooptar la experiencia para sí, como forma de justificar sus posturas[3], y niega –en el peor de los casos- al otrx en tanto éste no comparte sus postulados y marcos discursivos respecto a temas diversos que problematizan el contexto latinoamericano (por ejemplo, los procesos de interlocución e interpelación con los llamados Estados “progresistas”). Es ésta última postura de análisis la que, desde nuestra perspectiva, nos parece más peligrosa para el fortalecimiento del proceso de reconstitución y revitalización del anarquismo en América Latina.

Bitácora de un naufragio: negación del otro e imposibilidad

Las lecturas que, desde una perspectiva anarquista, niegan al otrx en tanto generador de prácticas sociales de emancipación y resistencia, operan, en primer lugar, por la confusión –arbitraria y/o intencionada- que éstas generan entre el anarquismo, como praxis revolucionaria, y el movimiento anarquista en tanto colectivos plataformistas, de afinidad y/o de especificidad. Siempre presta al ejercicio de esta confusión, dicha lectura termina por constituir un lugar de enunciación que invisibiliza al otrx en la identidad suturada que del anarquismo esta lectura genera.

Tal condición queda demostrada cuando algunos representantes de esta tendencia de análisis afirman que: “[h]ay algo esencial para que el esperanzador retorno ácrata termine de arraigar: consolidar el anarquismo como herramienta valedera y constructiva para las luchas sociales autónomas de hoy, que además las oriente hacia la perspectiva de revolución inherente al ideal libertario” (Méndez, 2012; énfasis Caosmosisk).

No hay una actitud más arrogante y leninista que la de declarar que el anarquismo se configura como una especie de espíritu absoluto hegeliano que orienta las luchas,  y una acción de dominación más soberbia que, discriminando las luchas sociales en autónomas y no autónomas, circunscribe a el anarquismo al ámbito de las primeras despachando, apriorísticamente, cualquier posibilidad de construcción colectiva con otros movimientos. Tras esta afirmación se esconde entonces, por un lado, la negación –en tanto sujetos- de los movimientos y organizaciones que desarrollan espacios de estrategias para la lucha, por el otro, la configuración de una perspectiva del anarquismo basada en el eurocentrismo[4].

Ahora bien, la construcción y fortalecimiento de la autonomía en el actual contexto latinoamericano, es un proceso mucho más complejo que el enunciado por esta lectura suturada de cierto anarquismo en américa latina cuando postula que: “[s]ería desastroso si el anarquismo es incapaz de definir ese curso autónomo que fue una de sus fortalezas en el pasado, lo que de ningún modo significa aislarse sino mantener el propio perfil y no diluir […los] objetivos específicos” (Méndez, 2012). Solo alguien que desconozca el territorio concreto y real de las luchas, y cuya referencia sea –exclusivamente- las experiencias registradas en los libros, podría asumir y postular un anarquismo sin sujeto como orientador de las prácticas sociales por la emancipación y como una moral que, sin aislarse, sanciona todo aquello que no se le parece.

Si como afirma Nelson Méndez, “el anarquismo será acción social o no será” (Méndez, 2012), no queda más que dejar su propia consciencia y visión de mundo, que tanta acción social existe en esa perspectiva anarquista que él pretende desarrollar y si ésta es o no, la expresión de una imposibilidad.

Referencia Bibliográfica

Méndez, Nelson (2012) Sobre el anarquismo en Latinoamérica hoy. Publicado en Kaos en la Red. Disponible en: http://www.kaosenlared.net/secciones/s/anarquismos/item/31578-sobre-el-anarquismo-en-latinoam%C3%A9rica-hoy.html



[1] Experiencias como la de los trabajadores desocupados en la Argentina, las cooperativas de viviendo y ayuda mutua en Uruguay, el movimiento de pobladores en Chile, el Movimiento Sin Tierra en el Brasil, el movimiento indígena en los países centro-andina y las formas de organización popular y comunitaria en Venezuela se constituyen como ejemplos de este despliegue.

[2] “Ya dijimos que es su obligación [la del anarquismo] re-crearse para enfrentar las nuevas circunstancias, pero desnaturaliza su identidad si lo hace buscando eficacia en las agotadas plataformas organizacionales del leninismo, si promueve un anti-imperialismo donde el grito de denuncia al agresivo intervencionismo yanqui se calla frente a otras potencias imperiales de similar talante, si cuestiona al capitalismo privado para excusar al capitalismo estatal, si aceptase que los avances en la conquista del pan disculpan los retrocesos en la conquista de la libertad, si propone que con la tolerancia y aun patrocinio de “Estados progresistas” es posible erigir “poder popular” (Mendez, 2012; énfasis caosmosisk).

[3] A éstas alturas ya es manifiesta, por ejemplo, la actitud del Periódico El Libertario que sólo reseña experiencias y movimientos sociales convenientes a su lectura del contexto y no las que, con su práctica, expresan el potencial presencial del anarquismo en Venezuela

[4] Como queda expuesto cuando, diferenciando América Latina de Europa, afirma: “[e]l cuadro del anarquismo en el Nuevo Mundo se completa con la referencia a las tensiones y retos con que debe lidiar hoy […]” (Mendez, 2012). Ciertamente, la existencia de ese nuevo mundo al que Mendez refiere, no es más que el significante que a partir del proceso de conquista y colonización fue impuesto como forma de nombrar a un “continente joven” que debía ser “orientado” hacia la “cúspide de la civilización”.

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