La muerte gringa

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Está escrito en la Biblia que el Armagedón es la batalla final entre dios y los gobiernos humanos negados a someterse a su “autoridad”. Para tal cosa, la divinidad enviaría, como lo hizo en la antigüedad, una última plaga: El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Eufrates; y el agua de éste se secó…

Este final no es como lo imaginaron los narradores bíblicos, el triunfo de los  dioses sobre los insumisos. Al contrario, será la debacle de una civilización que construyó un gigantesco poder en nombre de dios, alegando su auspicio, y sometiendo a su pueblo idiotizado a lo que han llamado el destino manifiesto.

Es su desmesura la que pondrá fin a ese imperio. Su colapso, que sería un gran acontecimiento celebrado por todos los pueblos sometidos del mundo, ocurrirá en un plazo no mayor de 35 años. Sólo podrían prolongarlo echando mano, ahora desesperadamente, a nuestras reservas hídricas y energéticas.

No me estoy aventurando en faenas de oráculos y adivinadores, oigo lo que dicen los expertos científicos. No hay agarradera infinita para el consumismo desaforado. Desquiciaron el trabajo productivo con la especulación financiera que es sólo realidad digital. Para mantener tal ficción tienen que continuar inflando esa burbuja. Hasta que explote.

Agotaron la existencia de petróleo y recurren al fracking, que es el correlato físico de la burbuja virtual anterior: bombear agua y todo tipo de nocivos químicos al subsuelo hasta hacerlo reventar para sacarle el gas contenido allí.

Y como si fuera poca esa demencial fracturación del subsuelo con líquidos venenosos, están gastando en ello los millones de litros de agua requeridos para el funcionamiento normal de la vida, y contaminando irreversiblemente la que yace, aún pura, en el subsuelo.

Pero cuidado, su final no será fulminante. Durante los próximos años recibiremos las dentelladas y coletazos estertóreos de esa enorme bestia empeñada en jinetearnos. Como sólo a los perturbados les gusta semejante cosa, tendremos que resistir sus ataques, hasta que se despachurre.

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