La môme Piaf

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Por Iñaki Urdanibia

Fue precisamente quien lanzó la carrera artística de la cantante, el dueño de un cabaret de Pigalle de nombre Henri Leplée, el que le cambió de nombre, llamándole la môme Piaf, lo que traducido al castellano vendría a ser el gorrioncillo. La que se convertiría en una deslumbrante estrella de la canción que representaba el sentir francés, se las había pasado canutas en su infancia. Su familia no es que fuese un ejemplo de armonía y organización, ya desde su más tierna infancia la pequeña acompañaba a su padre en los espectáculos de acrobacia callejera que él realizaba encargándose ella de pasar la boina y cantar, actividad que, sea dicho de paso, lograba más recaudación que las contorsiones paternas además de que estrenó a la chiquilla en el trato con el público. Más tarde fue abandonada por su madre lo que le llevó a sentir carencias afectivas de por vida; su madre era mujer de mala vida y se hacía acompañar por su joven hija a los locales en los que vendía su cuerpo, si bien tras vivir con su padre la mayor parte de su juventud la pasó con su abuela que era la dueña de una casa de putas ( para decirlo rápidamente)..

No está de más recordar un recomendable libro publicado en la necesaria colección de biografías de mujeres, de la editorial barcelonesa Circe, se publicó hace cuatro años, una certera biografía de la cantante: <<Edith Piaf>> ( 376 + 16 páginas. Ilustraciones )         escrita por Carloyn Burke.. El acercamiento a la difícil vida de la cantante francesa (1915-1963), cuyo nombre de nacimiento era Edith Gassion es puntilloso, elaborado con admiración, mas al tiempo con cierta distancia a la vez que con una enorme compasión hacia esa mujer sufriente, cuya vida era como una trágica canción. Fue a los veinte años cuando la cantante abandonó la calle para comenzar a actuar en locales cerrados interpretando canciones realistas en las que daba cuenta de las penas y penurias de las mujeres de los barrios más pobres de París. En la medida que avanza el relato de la vida vamos conociendo el sufrimiento que unido con un férreo tesón hicieron que Piaf se abriese camino en el mundo del espectáculo hasta alcanzar las más altas cotas del éxito y la celebridad dentro y fuera de los límites hexagonales.

La creadora de más de un centenar de canciones, las arrastraba con su singular voz en interpretaciones memorables, con el escenario ocupado por su frágil y enigmática figura y una voz que conmovía por su fuerza y sensibilidad en composiciones como <<La vie en rose>>, <<Non, je ne regrette rien>>, y tantas otras que pusieron banda musical a su país.

Una voz que expresaba el pavor a la soledad y que clamaba en busca de afectos, que hallaba en un círculo de amigos cercanos la “familia” de la que había carecido ; amores frustrados que hundían en profundas sombras las luces de las candilejas de su fugaz vida, entre los que se ha de destacar la trágica desaparición de quizá su verdadero amor, el boxeador Marcel Cerdan. La “corte” de la que hablaba , la extendió a las generaciones futuras al apoyar a jóvenes valores como Charles Aznavour ( que fue inicialmente su paciente secretario), Yves Montand o Georges Moustaki.

Huyendo del estilo people , que tan propio podría resultar para la ocasión, la biografía nos introduce en la luminosa estela de una fugaz cantante …<<espléndida voz de terciopelo negro>> que dijese su amigo Jean Cocteau.

Comme si tout mon passé défilait que cantaba en su <<Padam…Padam>>; eso sí con sus más y sus menos ya que sin ocultar su apoyo a la resistencia ( hasta con algunas célebres canciones) y su entregada ayuda para esconder a gente perseguida, tampoco se negó a aceptar algunas giras organizadas por los ocupantes lo cual, por cierto, le supuso tras la Liberación algunas averiguaciones en torno de su comportamiento…de las que salió declarada inocente.

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