Publicado en: 5 diciembre, 2018

La mitad del cielo y…de la tierra

Por Iñaki Urdanibia

Un cuidado catálogo de mujeres revolucionarias y rebeldes

Por Iñaki Urdanibia

« Cuidado con las mujeres cuando se sienten asqueadas de todo lo que las rodea y se sublevan contra el viejo mundo. Ese día nacerá el nuevo »

                                              ( Louise Michel )

La mitad de la que habla el título ha sido silenciada en los libros de historia en la que los protagonistas han sido, salva rarísimas excepciones, hombres, viriles ellos; es como si aquello de la mujer en casa la para quebrada fuese un principio de aplicación universal. A las féminas se les asigna un rol que ha sido habitualmente el de ama de casa que cuida de sus hijos y mima , obedeciendo, al marido. Es obvio que ya desde tiempos bien pasados ha habido mujeres que han desentonado saliéndose de la norma y ocupando protagonismo en la plaza pública escapando de las cadenas del hogar y sus servidumbres. Ya en tiempos remotos algunas irrumpieron en terrenos acotados para sus compañeros, masculinos, dedicándose a la escritura o la filosofía : ahí están las Safo de Lesbos, Hiparquia, Christine de Pizan y, más tarde Mary Wolstonecraft, Lou-Andreas Salomé, Olympe de Gouges, Sophie Grouchy, Harriet Taylor Mill, Isabelle Eberhardt, y más recientemente Hannah Aredt o Simone de Beauvoir, y no paso lista, ya que en ésta no están todas las que son, pero sí que son todas las que están, mujeres que dejaron huella y algunas de ellas, como la última de las citadas, supusieron un impulso indudable en la lucha de las mujeres por su emancipación.

La Editorial Lengua de Trapo acaba de publicar un libro de explícito título: « Revolucionarias» cuya autora es Josefina L. Martínez. Como ya se señala desde el título ( y los nombres propios que se anuncian en la cubierta: Flora Tristán, Louise Michel, Eleanor Marx, Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo, Aleksandra Kollontai, Sylvia Pankhurst, Juana Rouco Buela, Mika Etchebéhère, Domitila Barrios de Chungara, Azucena Villaflor y Angela Davis) el terreno queda bien delimitado: estamos ante una serie de mujeres que, en distintas circunstancias históricas y geográficas, fueron de las de armas tomar( algunas lo hicieron en el sentido estricto del término); fueron mujeres, doce, que rompieron con los clichés a su género asignado y salieron a la calle a luchar por sus derechos y por los de todos.

Fue en los tiempos de la revolución francesa cuando se oyeron algunas voces discordantes que señalaban la injusticia de que en los principios reivindicados( libertad, igualdad y fraternidad) se las dejaba fuera, reclamaban que el las listas de derechos proclamados se añadiesen los propios de ellas; amén de estas reivindicaciones, la participación directa de no pocas mujeres en la revolución mentada al igual que en la posterior Comuna parisina pudo verse a las mujeres en las barricadas , luchando coco con codo con sus compañeros. Estas luchas fueron acompañadas de luchas – digamos que – propias, en base a las cuales consiguieron ciertos derechos como el de votar.

En el libro que traigo a esta página, se presentan en primer lugar las pioneras, para en la segunda abordar a quienes mostraron su rebeldía combativa en el pasado siglo; la obra resulta reveladora en los medidos retratos que ofrece, retratos que van acompañados por unas certeras ilustraciones de doce mujeres( Ángela León, Carla Fuentes, Clara León, Elda Broglio, Emma Gascó, Fátima Valle, Isabel Monteoliva, Marisa Maestre, Montse Urquiza, Paloma Péres Reyes, Silvia Chesire y Verñonica Grech), de modo y manera que cada una de las revolucionarias presentadas lo es por medio del discurso y de la figura. El abanico se abre desde la mujer que adelantándose a los promotores de la Internacional, hablase de la unión obrera: Flora Tristán; de ellas se nos narra su agitada vida y los viajes en los que trataba de extender su visión de unión obrera haciendo hincapié en la necesidad de tener en cuenta no solo las clases sociales sino también la cuestión de género. Si los acercamiento comienzan con los avatares de esta impenitente viajera romántica y socialista utópica concluye con al retrato de Angela Davis que hubo de vivir en la clandestinidad debido a que se le buscaba como autor de un asesinato, secuestro y algunas lindezas más; tras padecer cárcel, se vio inmersa en las situaciones de segregación racial, lo que le condujo a implicarse en la lucha hasta convertirse en líder del movimiento de liberación negra. Además de las vicisitudes existenciales se da cuenta de sus posturas ideológicas expuestas en sus obras, y en su propio compromiso.

Entre las dos nombradas, diez mujeres más nos son dadas a conocer: la indomable communarde Louise Michel, deportada y encarcelada, siempre al pie del cañón. La hija de Marx, Eleanor, dedicando sus esfuerzos para la puesta en marcha de la AIT y de otras iniciativas sindicales , la comunista alemana Clara Zetkin promoviendo la conciencia feminista dentro del mundo obrero y extendiendo a nivel internacional tales iniciativas, siempre en lucha contra el reformismo y en defensa de una líneas realmente revolucionaria, lo que le llevó a enfretarse a las visiones fosilizadas y sectarias de Stalin ; la espartaquista Rosa Luxemburgo con su dinamismo tanto teórico como organizativo, dando cabida a la espontaneidad de las clases trabajadoras frente a los corsés dirigistas, y…su trágico final: asesinada junto a su camarada Karl Liebknecht por militares, con la mirada para otro lado del socialdemócrata de turno, Noske a la sazón ministro de gobernación; la bolchevique Aleksandra Kollontai, estudiosa del marxismo y comisaria del pueblo para la asistencia pública , impenitente luchadora por ver incluidos en el programa del partido las reivindicaciones femeninas y agitadora de temas que por lo general quedaban al margen en el campo de la revolución: el sexo, el amor, la familia…temas que fueron arrinconados en un gran retroceso que llevó en los tiempos de Stalin a hacerlos desaparecer de cualquier manifiesto programático. Asistimos luego al movimiento sufragista de la mano de Sylvia Pankhurst, seguimos la combativa travesía con Juana Rouco Buela, nacida en Madrid pero instalada en Argentina e implicada en el movimiento libertario, promoviendo huelgas, e inspiradora de Mujeres Libres en 1936, que llegó a contra con 22000 afiliadas…sus propósito de crear una organización propia de mujeres dentro de las filas del anarquismo no obtuvo el éxito debido al ninguneo por parte de la CNT.

Si hasta aquí las mujeres presentadas, si se exceptúa Angela Davis, quedan incluidas en la primera parte, Revolucionarias, con la poumista Mika Etchebéhère se abre el conjunto de las Rebeldes. Llegada de Argentina la mujer participó en la guerra civil como miliciana siendo de las que trataban de ahondar la revolución , lo que supuso la represión por parte de los estalinistas, del mismo modo que anteriormente vivió las decisiones de los republicanos que no permitían que las mujeres portasen armas, asignándoles trabajos en la retaguardia. En Bolivia vemos la actividad de solidaridad y lucha sindical junto a los mineros de Domitila Barrios de Chungara que hubo de conocer la represión y la sangre minera vertida, y responder a las embestidas represivas con la puesta en pie del Comité de Amas de Casa del siglo XX, y conocemos el empeño de esta mujer que pensaba que solamente con el socialismo podría lograrse la emancipación femenina, sin ocultar sus diferencias y fogosos debates con las feministas de los países imperialistas. Azucena Villaflor pionera del movimiento de las Madres de Plaza de Mayo en constante lucha contra la dictadura de Videla y su política de desapariciones. Como ya queda dicho el cierre lo da Angela Davis.

En fin, tras la visita a esta geografía femenina de las luchas el libro concluye con una bibliografía recomendada que es una invitación a seguir viajando por tales pagos.

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