La mentalidad colonialista y el mundo multicultural

Sin lugar a dudas y por encima de las críticas que cabe hacer al proyecto político bolivariano que lidera el presidente Hugo Chávez en Venezuela; el mismo conlleva implícito y explícito una clara perspectiva de compromiso político con las clases populares y dominadas de nuestro sub-continente. Este se ha materializado principalmente en las Misiones, en las cuales se incluye un número cada vez más importante de personas, quienes se benefician en lo económico, social y académico.

La lucha por la construcción de un mundo multipolar ha sido también otro importante factor presente en los discursos oficiales de los representantes del gobierno. Pero para que este discurso pase de la retórica al campo de lo concreto, es necesario descubrir la propia identidad, que significa por una parte valorar la propia cultura producto de estos cinco siglos de contradicciones históricas; pero al mismo tiempo, apreciar sin prejuicio la experiencia y el aporte dejado por los pueblos que sin querer se convocaron para crear la América mestiza. Para sacar provecho de este ejercicio reflexivo, es necesario aceptar las diversas entidades socio-culturales de nuestra sociedad.

Pero aquí cabe preguntarnos: ¿Cómo nos reconocemos? ¿Nos identificamos con ese rostro mestizo que tenemos la mayoría de los venezolanos? Permítanme responder contándoles una anécdota. Hace poco tuve la oportunidad de asistir a un evento en la Embajada de Venezuela en Chile. Me llamó la atención sus salones decorados al más claro estilo mantuano: las lámparas de lágrimas, las mesas, los sillones, en fin, todo. Y lo que nunca ha de faltar en una estancia de gobierno oficial: los cuadros de nuestros más insignes héroes libertarios.

Pero, me pregunté, ¿dónde está el obrero, el campesino, el vendedor del mercado, el ama de casa, el estudiante, que han conformado nuestros movimientos sociales emancipadores? Además, protagonistas todos de la historia verdadera, esa que no está en los libros de estudio. Por qué no decoran estas casas con alfombras de Tintorero, orgullo de nuestra artesanía; y con tantas otras expresiones de esa cultura mestiza que recordamos cada 12 de octubre. No, al contrario; nuestras embajadas son una clara muestra de las casas de esa oligarquía a la que constantemente le gritamos que se les acabó su hora.

Aunque parecen detalles insignificantes son reflejo de nuestra mentalidad “colonialista”, aún dominada por los ideales de la ilustración, por el gusto europeizante, por la estética “culta”. Nuestro discurso se dirige al sur, pero nuestra mentalidad sigue en Europa. Es necesario ubicarnos más allá de la retórica sobre la base de nuestro origen, de nuestra tradición histórica y de las características propias de nuestra cultura. Tenemos y estamos obligados a aprender a valorar “de a de veras”, como dicen los mexicanos, nuestra cultura porque es un paso fundamental para crear reales condiciones de soberanía más allá de los económico y social.

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