La mejoría de los mejores

 Es posible que las cosas de dinero sigan yendo a peor por un tiempo. Y que si no van a peor muy deprisa podamos acostumbrarnos. También que si luego van a mejor vayan a mejor de la mejor manera posible, hay que salir del pesimismo, de la enfermedad y de la crisis despacio para salir bien, del mismo modo que hay que rodar con el golpe.

  “Es un tratamiento radical de todo pesimismo esta manera que tienen nuestros espíritus libres de enfermar, de permanecer enfermos por mucho tiempo, y luego, en ser remisos en volver a encontrar la salud, quiero decir una salud “mejor”. Hay sabiduría, una sabiduría vital, en no administrarse a sí mismo la salud más que a pequeñas dosis, de vez en cuando, durante mucho tiempo”. El caute de los gerontólogos se expresa así: si quieres envejecer sano, envejece temprano.

  Nietzsche diría además que tampoco hay que andar con prisas al leer o al comprender, pretendía “No escribir nada que no acorrale hacia la desesperación a todos los tipos de hombres «apresurados». La filología es, en efecto este arte venerable que exige ante todo de su admirador una cosa: mantenerse aparte, tomarse su tiempo, devenir lento -como un arte, un conocimiento de orfebre aplicado a la palabra, un arte que no tiene que ejecutar más que trabajo sutil y precavido y no llega a nada si no llega lento”. Los déficits de atención por hiperactividad ilustran lo que decía el filósofo de la cabeza de pólvora.

 Antes de embarcarme a enseñar montañas, de reponsabilizarme de un grupo excursionista intentaba adivinar quién iba a ir más despacio, sabía que acabaría haciendo la excursión a su lado. Ya podrían aprender de los buenos guías de montaña los responsables sociales, ya quisiera yo que los que mejor se conocen el camino no se apartaran de aquellos a los que peor les van las cosas, sobre todo cuando el camino “hace subida”.

  Cuando nos desvinculamos del modelo del convoy, cuando la velocidad de progreso no viene determinada por la velocidad del más lento, la mejoría de los mejores deja de poder funcionar como propulsora de la mejoría de la suerte de los más desfavorecidos. No cumplimos el lema de los Rangers: “Nunca dejar atrás a un compañero”. En la medida en que hay que seguir forzándose a recordar esto, seguimos estando en guerra, más vale no salir de excursión.

 Cuesta correr hacia arriba, hacia arriba hay que ir lento. Los buenos guías y maestros lo saben, y también los buenos padres. ¿Nos reproducimos hacia adelante o hacia lo alto? Los alemanes con su gusto por juntar palabras dirían ¿Fortplanzfung o Hinausplanzfung? Para mejorar realmente, para saberlo, lo sabremos porque vamos despacio. En la montaña, cuando viene la niebla sólo así sabemos que seguimos subiendo. Las alturas en evolución, en educación, en desarrollo no se alcanzarán corriendo, sino encontrando el camino hacia arriba, por muy lento, poco practicable y difícil que parezca.

   Los elogios de la lentitud son estúpidos para todos lo que están en la miseria. El que los de la austeridad nos digan que las verdaderas mejoras deben venir lentamente suena a cachondeo, a burla sangrienta de los miserables. Para resolver sus problemas, como en matemáticas, la rapidez en el método es clave. Cuando se acerca el peligro, a medida que la sombra de lo irreversible va cerrando los caminos en las sociedades democráticas el difundir esperanzas, el andarse despacio, con cuidado, con manners before morals, con la gente que está pasándolo tan mal es alta traición, todos esos cuentos deben ceder el paso al establecimiento de protocolos de urgencias.

  ¿Para qué queremos tanta comunicación como tenemos si no? ¿Es posible que de una manera natural hagamos nuestro camino junto a los que nos necesitan gracias a la tecnología? ¿Es posible que vayamos alegremente de excursión por la vida, que dejemos de estar en guerra, que no tengamos que entender el lema de los Rangers como una carga porque nos comunicamos mejor? Después de todo las primeras palabras que sonaron por teléfono las pronunció en 1876 su inventor A.G. Bell a su ayudante: “Mr. Watson, come here, I need you”. La comunicación desde el principio ya tenía que ver con la urgencia.

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