La medicina oculta

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Los oyentes de radio escuchan de forma continuada las respuestas de escritores profesionales, cuando les preguntan cómo llevan sus confinaciones. Todos aducen lo mismo: para ellos no es algo nuevo, puesto que es parte de su oficio estar aislados durante grandes períodos de tiempo. Siendo verdad, en estos días de férreo aislamiento obligado, produce en la mayoría de los oyentes una suerte de desazón más o menos frustrante.

Si en algún momento a uno de esos escritores, siquiera uno, le diera por olvidarse de sí mismo, para acordarse de los demás, podía dar ánimos a los oyentes a escribir sus propias experiencias del aislamiento. Tal vez más de uno de los escuchantes iba a pensárselo. Es entonces el momento de los consejos o ayudas estimulantes. Deben dejar de pensar que no saben escribir. Importa que trasladen al papel u ordenadores todas las sensaciones perturbadoras que llevan dentro. Empiecen ahora mismo. Les sobra tiempo. No se preocupen si no les sale “bonito”. Cuenta que van saliendo leves fragmentos extraídos de sus negruras interiores. Así todos los días. Poco a poco se verán sorprendidos de cuanto van diciendo. Es como si lo escrito no fuera suyo. Esa es la leve luz que han tocado. Han llegado a desconocerse por haber bajado a lo más profundo de su ser. Sabrán por sí mismos que el saber tiene su origen en el no saber.

A través de la escritura, advertirán cómo el desquiciamiento invivible anterior va desapareciendo.

Háblenles a sus familiares y amigos de esa “medicina” encontrada. Mas no se reprochen por no haber empezado a descubrirla antes. La vida del presente es lo que es y no lo que fue o pudo ser.

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