La marginalidad

Buena parte de las reticencias desdeñan la movilización y el proceso constituyente por marginales, por ser un discurso en el que no está la gente, que los trabajadores, la clase obrera, están por otra cosa.

Y resulta que sí lo están. Salvo que pensemos que los trabajadores son una minoría social, que no creo, es abrumadora la evidencia del apoyo popular tanto a la movilización como a la propuesta constituyente. Más allá del éxito del 25 de septiembre, superando la criminalización más estrafalaria y la represión, estos últimos días han salido encuestas que vienen a situar la cuestión.

Por un lado la encuesta de El País del pasado domingo señalaba que un 77% de la población apoyaba los motivos de la convocatoria del 25S y de ellos dos tercios apoyaba la manifestación (pese a haber sido catalogada de golpista, antidemocrática, fascista… por buena parte de los grandes medios y del inmovilismo político). Junto a ese dato, “hace dos años, predominaban de forma clara (58% frente a 37%) quienes pensaban que [la Constitución] solo precisaba retoques parciales, ahora los porcentajes se han invertido. Un 49% pide reformas y cambios profundos, mientras que el 44% se queda en los retoques parciales.” En dos años ha crecido doce puntos hasta ser ya la mitad de la población quienes creen necesario un cambio constitucional sustancial.

Y por otro lado la encuesta del CIS de ayer viene a confirmar que la población señala a las élites políticas por la crisis económica. Y esto es una buena noticia porque efectivamente esa élite que voluntariamente se ha sometido al poder económico-financiero es corresponsable del ruinoso sistema económico que padecemos: por eso nos presentamos a las elecciones, porque pensamos que esa élite política es una parte sustancial de los problemas de nuestro pueblo. El desplome del PP y el PSOE evidencian también que cuando se señala la denominada clase política la gente se refiere, con razón, al bipartito turnista. Cuando Alberto Garzón y Cayo Lara (junto al resto de diputados de IU) salen del Congreso para unirse a los manifestantes del 25S fueron recibidos con mucho apoyo salvo por los policías que empujaban a Garzón.

Sí hay clima social para que cuajen propuestas de cambio y es suicida interpretar el momento histórico como una fase defensiva. Hay una pulsión popular por un cambio que habrá que ayudar a canalizar. Entre otras razones porque si no hay propuestas rupturistas por la izquierda, la pulsión cambio buscará otras respuestas peligrosas. Algunos justifican su inmovilismo en el peligro de deriva fascista de la crítica genérica a la política: si no damos respuesta a la justa indignación popular esa deriva será sólo una profecía autocumplida.

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Foto de Juanlu Sánchez tomada de Eldiario.es

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