La manifestación, un fracaso lleno de peligros

Por Domingo Sanz

Los perdedores absolutos de la nueva convocatoria en la Plaza de Colón han sido Casado y Rivera, pues la compañía de Vox en abierto es, aún, veneno para los que tienen dudas y, sin esos, no se llena ninguna plaza.

Por Domingo Sanz

Ni en el mejor de los sueños podía imaginar un fracaso tan estrepitoso de una concentración convocada o apoyada por todas las derechas nacionales, menos la catalana y la vasca, y sin exceptuar a falangistas y ultras similares. Teniendo en cuenta la cantidad de autocares que han traído de otros lugares, la necesariamente bajísima respuesta de los residentes en Madrid es un motivo añadido de alegría.

Según la lógica de los números, si el sentimiento por la unidad de España fuera equivalente al de los que salen a manifestarse por Catalunya en las Diadas de cada 11 de septiembre, a la de ayer deberían haber asistido más de cinco millones de personas. Aunque en lugar de los 45.000 que ha informado la Delegación de Gobierno hubieran sido 150.000, el desastre de asistencia hubiera sido total.

Sin duda, no haber evitado la compañía protagonista de Vox ha envenenado la convocatoria, pues automáticamente cayeron todos los disfraces. En cambio, y tal como ocurre siempre con lo que asusta o avergüenza, poder ocultar las simpatías inconfesables resulta imprescindible para el avance soterrado de un partido que trae a la memoria tantos crímenes y tanta impunidad. El secreto de las urnas favorece esta vez a los de Abascal. PP y Ciudadanos pueden seguir temblando porque la pregunta es la siguiente: ¿cuántos de los excesos verbales de Casado son expresión de esa paranoia que cada noche le invade al contar el número de los que se han ido a Vox, y también cada mañana de las que se publican encuestas que certifican lo mismo?

Una pena la cobardía de Sánchez retrocediendo el viernes. Para no perder autoridad ante los catalanes debería haber sido firme con los que insultan y amenazan, aunque hay que reconocer que de esos tiene muchos en su propia casa. Cada vez me recuerda más a Adolfo Suárez, en cuanto a las presiones que sufría, y menos a los Felipe González y Alfonso Guerra de la Transición, que no tuvieron el menor problema en liquidar a los líderes históricos del PSOE en el congreso de Suresnes.

Perdedores absolutos de la nueva convocatoria en la Plaza de Colón han sido Casado y Rivera. Era digna de ver la cara del de C’s cuando escuchó lo de la “espada clavada por Sánchez” durante la lectura del comunicado conjunto: Casado la había pronunciado el sábado y apareció en los medios. Por eso parece que él sí que se la clavó a Rivera, seguramente también por la espalda.

COLABORA CON KAOS