La manifestación de Schrödinger

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Si a Newton le bastó una manzana para descubrir la gravedad, Schrödinger nos montó uno de los rompecabezas más célebres de la ciencia tan solo con un gato, una caja y una partícula radiactiva. Su experimento -100 % teórico, para no ofender a animalistas- consistía en introducir al gato en una caja sellada herméticamente. La partícula radiactiva que citábamos antes cuenta, exactamente, con un 50 % de posibilidades de desintegrarse, en cuyo caso resultaría letal para el animal; de manera que, hasta que un observador no abra la caja y “contamine” el experimento con su mirada, el felino se encontrará vivo y muerto al mismo tiempo. Un tanto complejo de digerir, ¿verdad? No culpes de ello al autor, sino a la física cuántica.

Perplejamente inspirado en el famoso experimento de Schrödinger citado aquí, te propongo ahora realizar un viaje hacia un estudio similar. ¿Te animas? Te animo.

Bien. Antes que nada, debemos partir de las observaciones iniciales de un sujeto experimental, el cual ha sido escogido al azar de una muestra perfectamente identificable y accesible por todos a través de las redes sociales. Así, tras prestar la debida atención a los argumentos por él esgrimidos, podríamos resumir sus percepciones en los siguientes tres puntos básicos:

  1. El Gobierno era plenamente conocedor de la grave situación que se le avecinaba a España a causa de la amenaza del coronavirus antes del día 8 de marzo.

  2. El Gobierno no suspendió la manifestación feminista del 8 de marzo porque su celebración le beneficiaba políticamente.

  3. El Gobierno debía haber decretado el Estado de Alarma mucho antes del día 8 de marzo.

Una vez llegados a este punto, supongamos que tenemos una caja dentro de la cual se encuentra el cornavirus. El Gobierno es perfectamente conocedor, ya no solo de la presencia del virus, sino también -como ya se ha dicho- de la extrema gravedad que el mismo supone; por lo tanto, sabe que al introducir una multitudinaria manifestación feminista dentro de la caja se generará una hecatombe de dimensiones estratosféricas. Entonces ¿por qué lo hace?

Lo hace porque le beneficia”, tal es el argumento esgrimido por el sujeto experimental. Sin embargo, al ser el Gobierno plenamente consciente de las consecuencias que todo ello desencadenaría, también lo es de que el acontecimiento terminaría por ser fervorosamente utilizado en su contra; por lo tanto, sabe positivamente que le perjudica.

¿Notas algo raro aquí? En efecto, acabamos de llegar a una extraordinaria situación de paradoja en función de la cual, permitir la manifestación feminista del 8M beneficia y perjudica al Gobierno simultáneamente.

Estamos, sin lugar a dudas, ante una cuestión irresoluble que nada tiene que envidiar al gato del físico Schrödinger: la bautizaremos, pues, como la manifestación de Schrödinger.

El observador, clave en el experimento

Recientes estudios sobre el terreno han demostrado que dentro de la caja, junto a la citada manifestación del 8M, se encontraban muchos otros elementos en contacto directo con el coronavirus -tales como infinidad de eventos deportivos, lúdicos, religiosos y políticos-.

Es en este punto donde se hace más palpable la influencia del observador sobre el resultado del experimento, ya que al ser este informado del sentido de los resultados obtenidos y al ser expuesto de nuevo al contenido de la caja, el sujeto experimental afirma percibir únicamente la manifestación, incapaz de distinguir el resto de elementos allí presentes.

Siguiendo el camino abierto por los resultados anteriores, y sucumbiendo a los deseos del propio sujeto experimental, se ha planteado la hipótesis de que el Gobierno decrete el cierre hermético de la caja antes del día 8 de marzo.

Para nuestro asombro, en una nueva pirueta perceptiva del sujeto experimental, este vuelve a influir sobre el resultado del experimento acusando ahora al Gobierno de ejercer prácticas dictatoriales bolivarianas, obviando todas esas observaciones que ha sostenido firmemente a posteriori -las cuales habíamos tomado como referencia para realizar el presente estudio-. La paradoja ya no es el experimento, sino el sujeto experimental en sí.

Conclusión

La percepción humana sigue planteando los más exigentes retos a la racionalidad científica tal y como la conocemos hoy. Quizás los próximos avances en el terreno de la física cuántica (o en el campo sobreinformativo de las redes sociales y apps de mensajería instantánea) consigan aportarnos nuevas respuestas, algo más satisfactorias, en el futuro. De momento, debemos conformarnos con la constatación de una serie de delirantes paradojas que, a buen seguro, se irán multiplicando de forma exponencial hasta superar con holgura la tasa de infecciosidad del propio coronavirus. Sin duda, un toque de atención a la presuntuosidad del ser humano, capaz de enviar naves espaciales a Saturno sin haber sido capaz de desentrañar aún los misterios que se albergan en el interior de su cabeza.

revistaelgiro.com

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