La magia del Trabajo Garantizado y otros trucos con el dinero

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Por Agustín Franco

Si es terrorífico ver a jueces tarotistas y a médicos homeópatas y a curas hablando de ética y moral, más aterrador es ver brillar a economistas magos. La Economía Ficción o econ-fi abunda por doquier. Siendo la homeopatía neoliberal la disciplina socialmente más extendida: Que estás en paro, no hagas huelga, se un emprendedor. Que te han desahuciado, no te resistas, activa tu capital humano. Que trabajas y no llegas a fin de mes, no protestes, nada de Renta Básica Universal, pon a trabajar esa habitación que tienes vacía. ¡Tétrico, tétrico!

Alienados, capitalienados, laboralienados, como reconoce el economista extremeño Fabio Almeida en su reflexión gráfica laboralienados. Sí, sí, falta hablar más desde las vísceras, como reivindica la periodista Sarah Babiker.

El truco de magia que está haciendo furor en los últimos tiempos es el de la transustanciación del desempleo en trabajo garantizado, eso sí, gracias a unos polvitos mágicos de soberanía monetaria estatal. ¡Gore total! Y sin referirnos aquí ahora al carácter falaz, inmoral, fetichista, patriarcal, distópico y aporofóbico del TG.

El circo de la economía ha llegado a su ciudad. Los domadores del mercado, intrépidos y valientes capaces de meter su cabeza y su dinero (sí, el de usted) en las fauces de la libre competencia sin merma de ni uno sólo de sus cabellos.

¡Y el hombre bala!, capaz de especular en todos los mercados a la velocidad de la luz y salir indemne antes de la explosión de la burbuja financiera.

¡Y la mujer barbuda!, la primera en romper el techo de cristal y escalar a la cúpula de las grandes empresas.

¡Y los trapecistas!, saltando de contrato precario en contrato precario y sin red social de protección. Y el más difícil todavía, cayendo en picado, desde un paro de larga duración, en la piscina pequeñita de la jubilación.

¡Y los animales!, muchos animales… El desfile de elefantes, de los gigantes del pensamiento económico, adiestrados para decir y hacer las piruetas y cabriolas más inverosímiles. Marx neoliberal. Adam Smith haciendo trucos de cartas con su mano invisible. David Ricardo contando sus historias de miedo y zombis hambrientos. Keynes resucitando y predicando las bondades de la explotación garantizada… ¡La fiesta ha llegado a su ciudad!

¡Y los famosos payasos de la tele!, con su nariz rojo progresista y sus zapatos gigantes (llenos de dinero), los reyes del humor y las risas garantizadas. Trabajo para todos, salarios dignos para todos, capitalismo vegetariano… Ja ja ja, ríen los niños y los mayores. ¿No lo creen?, pues ya verán, voy a meter mi contrato laboral en este león vegetariano, a ver si se lo come…

Todos miran expectantes, esperando que el gran felino devore al payaso y haga trizas el contrato, en mil pedazos… El león no se mueve… “¡Ven lo que les decía, es vegetariano!”, espeta ufano el payaso con aire altisonante. Y entonces otro de los payasos acercándose muy precavido al león, haciendo aspavientos al público, descubre el engaño y ruge de indignación (ante el aullido de risas de los más peques): “¡Si es de plástico!”, ja ja ja…

Pero no todo es circo para niños. También hay ferias de economía friki y encuentros de econ sci-fi. La ciencia ficción económica nunca ha estado más de moda. Hay para todos los gustos. Incluso se está escribiendo el primer tratado crítico contra la econ-sci-fi, incluye temas clásicos y otros pintorescos: comercio justo, finanzas éticas, salario decente, ayuda oficial al desarrollo, capital humano, emprendimiento, responsabilidad social corporativa, decrecimiento, filantrocapitalismo, trabajo garantizado, soberanía monetaria estatal…

Obviamente, los teólogos del mercado, los marketheologizers, desaprueban estas sectas y corrientes pseudocientíficas porque les roban fieles y adeptos. Sus iglesias y catedrales están cada vez más vacías y sólo van curiosos a homenajear y rendir honores a algún dictador de épocas económicas pasadas. Muchos creyentes fanáticos han entrado en una espiral infernal de denuncias contra los artistas de este gran circo económico por supuestos delitos contra los sentimientos religiosos neoliberales y la fe capitalista.

Cuenta la leyenda que en las noches de luna llena, cuando los refugiados escalan masivamente las vallas y los sintecho asaltan las calles y los rincones cálidos de los cajeros automáticos, algunos capitalistas se convierten en filántropos. Salen en desbandada, poseídos de un torrente de solidaridad, ávidos de aliviar la pobreza ajena. Se les ha visto cazando al vuelo grandes comisiones e indemnizaciones millonarias para repartir limosna a diestro y siniestro, sin miramientos, sin burocracia…

Los vampiros del agro-business no quieren ser menos que los licántropos del capitalismo y en su batalla solidaria contra los filantrocapitalistas inundan en fechas señaladas los supermercados de voluntarios del Banco de Alimentos, en un alarde de eficiencia y moralidad como nunca se había visto antes desde Adam Smith.

En esta guerra por la solidaridad no podían faltar los zombis rabiosos contra el desempleo. Mordiéndolo a dentelladas, haciéndolo desaparecer de las estadísticas y hasta de las pesadillas de los más intachables sindicalistas.

Respiremos aliviados, el hechizo al fin se ha disuelto. Lo que no consiguieron los pobres comunistas soviéticos, aquello del ‘socialismo en un país’, lo han logrado los postkeynesianos con su mágica soberanía monetaria estatal.

Nunca antes el Estado-cenicienta había soñado con un casamiento real tan pomposo y romántico: El hermoso príncipe azul que como dote ofrece la garantía del empleo.

Cuenta la leyenda que tras la ceremonia nupcial en el contrato matrimonial el príncipe escribió su verdadero nombre y apellido: Explotación Garantizada. Lo escribió con la sangre de su anterior esposa: Estado del Bienestar.

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