La música, como portadora de alegrías

Para hacer que las zonas pública y privada, demoníacamente mezcladas por la verborrea, puedan confrontarse dialécticamente y permitir el triunfo de la humanidad real hace falta saber distinguir, como los poetas. ¡La poesía! En ella, al igual que la verborrea sella la esclavización del lenguaje por la estupidez, se sella la estupidez por medio de la música. Que pueda desconocerse la estupidez de la belleza femenina era para Kraus la mayor de las ignorancias, pues ante esa belleza deslumbrante se evaporan las quimeras del progreso. 

  “Entender lo “efímero” como la verdadera actualidad. Una vieja leyenda talmúdica dice que los ángeles son creados (cantidades ingentes de ángeles nuevos a cada instante) para, una vez que han entonado su himno a Dios, terminar y disolverse ya en la nada. Lo efímero  entendido como la actualidad que se conformaría en la presencia de Dios, que por ello sería verdadera. Angelus novus”. Lo que nos enseña la doctrina del acontecimiento es que todo el esfuerzo consiste en seguir sus consecuencias, no en exaltar su ocurrencia. Así como no hay héroe del acontecimiento, tampoco hay quién lo anuncie angélicamente.

   El disparate sin duda es verdadero, la estupidez es bella, la debilidad es buena. En tanto que el lenguaje habría sido sin duda rigor judicial y violencia divisoria, se reconvierte por la poesía en música y la música en evasiva, es objeción y aplazamiento. La música, como portadora de alegrías, ¿es la guardiana de la moral? “Salgo solo a entregarme a mi insólita esgrima/ husmeo en los rincones el azar de la rima/ tropiezo en las palabras como en el empedrado/ y a veces doy con versos largo tiempo soñados”.

   Como un ángel desbocado también anda el poeta a la caza de una metáfora que ahora acaba de doblar una esquina, ensamblando allí unas palabras, pervirtiendo algunas frases hechas, enamorado de las semejanzas, abusando felizmente del quiasmo, buscándose aventuras incesantes, con el placer y el tormento de acabar, impaciente y vacilante siempre. Gracián dirá de la agudeza que confiere el título de águila a quién la advierte y el de ángel al que la produce.

   “¿Quién, si yo gritase me oiría desde los órdenes angélicos? Y suponiendo que un ángel me cogiese de repente contra su corazón: me desharía por su más fuerte existencia. Porque lo bello no es más que el comienzo de lo terrible, ese grado que todavía soportamos; y lo admiramos tanto porque como al desgaire desdeña aniquilarnos. Todo ángel es terrible”.   Para hablar con propiedad, deberíamos distinguir entre: Serafines,Querubines,Tronos, Dominaciones, Virtudes, Potencias, Principados, Arcángeles y Ángeles. Estos últimos son los encargados de los asuntos humanos. Incentívere, Escónditur, Revelatio, los ángeles del enigma. Nullius, Anonadatis, Noseris, Terminatio, los de la muerte  

  Supongo que ante todo hay buenos y malos ángeles. El distraer a alguien que está ensimismado. Te habías quedado encantado, le dices, pasando por alto que quizás estaba en contacto con su ángel bueno. Algo odioso en Oriente. Para malos el de la Apocalipsis dice levantando su mano hacia el cielo: “No habrá más tiempo”, parece aplicarse a la música a partir de un determinado momento, cuando pudo dejar que tener que ajustarse a una métrica invariable. Si fuera cierto que los ángeles desean con lujuria a las mujeres de la tierra, no es de extrañar que San Pablo pidiera llevar un velo sobre sus cabezas, por causa de los ángeles. En otra epístola previene sobre la adoración de los ángeles, dando a entender que para ciertas cosas, no hay diferencia entre ellos y los demonios. Jung en uno de sus últimos libros dice que la obsesión por los platillos volantes (vistos realmente, objetivamente existentes) es una necesidad inconsciente de volver a contemplar la aparición de lo sagrado: de ser testigos de verdaderas y auténticas teofanías,  si por lo menos de hierofanías. En suma, las apariciones, según esto son sustitutos de los ángeles.

  Al final dice el poeta: “Como una herramienta gastada, carecía de todo/ sentido mi cuerpo./ Me habían dicho lentamente las palabras terribles:/-Estás muy enfermo./ Ya me sentía separado de los demás por un muro/ de sufrimiento./ Como las rejas de una cárcel mi cama tenía/los barrotes de hierro./ Trompetas finales sonaban en la noche/ sin luz y sin sueño./ Los ángeles blancos partían y venían volando/ los ángeles negros”.

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