La lucha subversiva es para toda la familia

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El poder se pone muy intranquilo cuando se toca el tema monetario. Es una de las cosas que más les duele. Es lo que en última o primera instancia puede desestabilizar una situación de dominación. Y mediante el capital precisamente es como se mantiene dominada Euskal Herria tanto bajo la opresión de dos estados y la UE como de la burguesía local.

Para los y las que no creemos que la fase de resistencia debe concluir sino que debe vigorizarse como nunca antes de forma masiva y eminentemente social mientras en paralelo se da cuerpo a las alternativas especialmente a través del poder popular hasta la existencia de dos legitimidades opuestas y enfrentadas en todos los ámbitos como embrión de la independencia vasca mediante hechos consumados hacia la Euskal Herria socialista y feminista y para los y las que tampoco creemos en que se pueda pensar “como país” sino pensar como la clase trabajadora de un país, ya que la sociedad vasca no es un ente neutro sino compuesto de clases con intereses irreconciliables y lo que favorece a los ricos nunca va en favor de las demás, va llegando el momento de tomar conciencia del verdadero poder que tenemos.

La resistencia no es ganar pero la victoria es imposible sin resistencia ya que en ausencia de ella ante la opresión, los poderes fácticos del estado y las ofensivas del capital tienen el camino libre para asentarse. Y eso es lo que están haciendo frente a una Euskal Herria indefensa que va perdiendo el pulso nacional y social en ausencia de poderes fácticos propios.

Cuando un Estado recibe ataques o se le plantean situaciones determinadas responde. Es una necesidad evidente aunque no suficiente. A parte de responder y resistir los embates, estratégicamente necesitará de ofensivas, anular las alternativas al statu quo que defiende, seguir construyendo su modelo asentándolo y destruir toda amenaza. Todo eso es necesario para que un régimen determinado no caiga, para que un estado determinado no se erosione.

Cuando un movimiento de liberación pretende liberar ocurre exactamente lo mismo. Se hace necesaria la resistencia, ofensiva, alternativa, construcción y destrucción.

¿Qué ocurre cuando una fuerza está siendo ejercida sobre un objeto que opone poca resistencia? Que esa fuerza condicionará el movimiento del objeto con más eficacia.

Si el poder fáctico del capital parece que es omnipotente no es de menor virulencia el poder fáctico que puede llegar a desplegar la clase trabajadora consciente ya que el poder de los estados y el capital solo se mantiene gracias a la sumisión y la ignorancia.

¿Sabes lo que ocurriría si varias decenas de miles de personas simultáneamente sacan de los cajeros y ventanillas de cierta banca escogida toda la pasta que puedan? ¿Eres consciente de lo que pasaría si se señala a una empresa o multinacional que se haya destacado por la explotación y los despidos y se llamaría a un boicot nacional como cabeza de turco? ¿Qué pasaría si barrios enteros en protesta por las facturas que cada día sangran más cortarían servicios en sus propias casas durante tiempo determinado? ¿Y si se deja de consumir algo para ser remplazado por otra cosa? ¿Y si esa otra cosa es elaborada mediante ayuda mutua y procesos emancipatorios? Aquí solo la imaginación es el límite.

Todo esto y mucho más de cara a dar cuerpo a un verdadero poder fáctico está al alcance hoy mismo en Euskal Herria si de una forma seria se trabaja la sensibilización social sobre cualquier apartado que esté haciendo daño a la clase trabajadora vasca y se estructura la respuesta de una forma metódica. Una respuesta que erosione al sistema hasta intentar desplazarlo mientras se ocupa lo erosionado con la alternativa. Ni siquiera es delito sacar dinero de un banco, no comprar cierto producto a cierta empresa o no colaborar con un proyecto. Este poder que tenemos enfocado al proceso de liberación nacional y social es algo que puede hacer muchísimo daño a los que lo están haciendo a la clase trabajadora vasca y es algo que verdaderamente podría ser un elemento que pueda realmente condicionar y que no Euskal Herria y su clase trabajadora sea la condicionada.

Se hace necesario un diseño detallado de donde se puede hacer más daño, dónde se afecta más a la estabilidad, la planificación de los pasos a dar y la implicación social en esa tarea. Maniobras de este tipo sustentadas con firmeza que cuenten con amplio apoyo popular pueden ser una arma de poderosas consecuencias y que a su vez posibilita la participación y activación popular a muy diversos niveles de implicación. El sistema se mantiene gracias al pueblo. Sin él no son nada. Si el pueblo se para su robo se para. Por eso necesitan al pueblo domesticado y dependiente.

En Euskal Herria hay mimbres para hacer movimientos de envergadura que puedan colapsar el ordenamiento de las cosas. En Euskal Herria tenemos armas en nuestras manos disponibles que aún no han sido muy exploradas ni profundizadas. Un boicot nacional contra una empresa, contra un banco, contra una entidad, contra un objetivo concreto puede llegar muy lejos si nos ponemos con seriedad a ello. Nos intentan convencer que cosas así no son posible. Mienten.

La situación por la que está pasando el capital y el estado en su ofensiva de recortes de derechos si bien coloca en una posición de mayor indefensión a la clase trabajadora también hace que los estados caminen inexorablemente hacia democracias burguesas extremadamente autoritarias, y relativamente fáciles de quebrar ya que se hacen muy susceptibles a cualquier tipo de protesta que supere la mera reivindicación y la manifestación programada.

La clave reside aquí en la selectividad del objetivo a tumbar, aprendiendo del enemigo en sus tácticas contra-insurgentes a la inversa, y en la confianza en la lucha y la desestabilización. La subversión  ordenada, estudiada, golpeando a las cadenas más susceptibles de quebrarse antes puede iniciar un fallo en cascada de consecuencias no controlables para el estado y el capital y un impulso de energía para la tarea de liberación nacional y social que debe contar con un proceso de construcción pero también uno de destrucción.

Hay que decidir si estamos para afianzar el sistema y parchearlo, salvándolo, o para dejarlo atrás. Si se quiere dejar atrás, la línea más corta es haciéndolo directamente.

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