La lucha resurge en la Universidad

En los últimos meses hemos asistido a un florecimiento espectacular de asambleas en universidades que está volviendo a poner al movimiento estudiantil en la primera línea de las movilizaciones anti-recortes. Si bien no es tan numeroso como  cabría esperar, está teniendo una gran actividad y puede protagonizar un papel importante en la lucha contra los recortes en enseñanza que viene protagonizando el profesorado durante todo el curso.

Resulta evidente la influencia que ha ejercido el 15M en el origen y la formación de estas asambleas, pero no se ha de olvidar que el movimiento estudiantil, en las últimas décadas, ha vivido diversas etapas de crecimiento y (casi) defunción, que podrían hacer considerarlo de forma cíclica. Ahí están las protestas contra el “Plan Bolonia” entre 2007 y 2009 que, aunque no lograron que se rechazara el bochornoso acuerdo, implantaron tácticas y herramientas como la asamblea, el encierro o la difusión de panfletos de elaboración propia, que hoy en día se vuelven a utilizar, a pesar de que se diluyera todo durante unos años.

Al margen del movimiento puramente estudiantil, que parece haber eclosionado definitivamente durante esta primavera, el sector de la enseñanza lleva movilizado desde comienzo de curso a consecuencia de la oleada de recortes a los servicios públicos del Estado que se han ensañado especialmente con la educación.

El profesorado comenzó el curso con un nivel de combatividad histórico en un sector tradicionalmente poco propenso a las movilizaciones, llegando a plantear, a través de la red de asambleas que surgieron en casi todos los centros, una huelga indefinida. CCOO y UGT se vieron fuera de juego sintiendo que habían perdido las riendas del conflicto y consiguieron manipular el joven movimiento asambleario repitiendo las votaciones hasta que salieron los resultados que ellos defendían. La consecuencia fue una domesticación indignante de la lucha y una desmovilización generalizada acabando con el impulso del comienzo de curso.

En este marco, el resurgimiento del movimiento estudiantil ha sido una bocanada de aire fresco para un conflicto que languidecía ante el bochornoso papel de apagafuegos de las principales empresas sindicales del sector. El estudiantado en lucha puede devolverle la ilusión y la radicalidad con la que comenzó el presente curso y volver a provocar que los sindicatos burocráticos pierdan la iniciativa, algo absolutamente clave para que el conflicto pueda deparar alguna victoria.

Asamblearismo y autogestión en los campus

El movimiento estudiantil se caracteriza por su estructura genuinamente asamblearia y horizontal. Los distintos campus o facultades de cada universidad tienen su propia asamblea, que se reúne periódicamente y están en contacto con los demás grupos de su universidad; y a su vez, todas estas agrupaciones de los distintos centros se citan en un “inter-asambleas” al que acuden los miembros (portavoces o individualidades) para juntar fuerzas y coordinar acciones.

Obviamente, el movimiento ha aprovechado el impulso del 15-M para crecer, utilizando también una organización asamblearia como históricamente ha venido siendo habitual. Aunque, en principio, no existía otro fin que no fuera la defensa de la educación, con los recortes del Estado en este ámbito, las movilizaciones se han centrado en contra de la implantación de la “Estrategia Universidad 2015”, de los tasazos y demás medidas de “austeridad”.

Sus acciones normalmente se han organizado desde cada universidad hacia el exterior, desembocando en manifestaciones de estudiantes, de toda la enseñanza o, incluso, con bloques independientes en luchas en principio ajenas a la educación, como la huelga general del 29 de marzo o la conmemoración del surgimiento del 15-M.

Es interesante observar también que en un principio estas asambleas carecía de una forma o estructura definidas y han ido evolucionando, en algunos casos hacia posturas consideradas más extremas o, en otros, hacia la aparición de “liderazgos” (individuos que toman funciones de representación o dirección de la asamblea), quizá derivados de la falta de estructura o de formación de los propios miembros del movimiento.

Por otra parte, es significativo el sentimiento contrario a los sindicatos de Estado y a los partidos políticos que generalmente está presente en las deliberaciones. Como individuos cada uno es libre, pero las asambleas suelen respetar estos principios, a pesar de que se ha acudido a movilizaciones convocadas por los sindicatos (CC.OO., UGT, CGT…) y algunos partidos políticos, generalmente  de izquierdas, han intentado sacar rédito a costa del movimiento.

Profesores y estudiantes, ¿unidos y adelante?

La gran incógnita es saber si el movimiento estudiantil y el profesorado en lucha serán capaces de generar vínculos entre las reivindicaciones de unos y otros para poder afrontar el conflicto unidos y con la máxima capacidad de movilización. Independientemente de cuál sea el objetivo que se marquen las asambleas y siempre que este no vaya dirigido a reforzar a las estructuras  burocráticas y a los aparatos de dominación del Estado, lo importante es que se logre mediante el asamblearismo y la acción directa.

Cualquier logro, por pequeño que sea, obtenido por medio de la acción directa, es un paso más para afianzar el asamblearismo y la democracia directa como formas habituales de organización social y como el sistema alternativo a la estructura jerárquica del Estado.

http://infoestcommunia.net/la-lucha-resurge-en-la-universidad/

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